Alberto Vega Olazábal, personajes de Sinaloa

Personajes de Sinaloa

 

Alberto Vega Olazábal, El Poeta Romántico

 

 

Por: Enrique Ruiz Alba

Del fértil campo de la telegrafía emerge la señera figura de Alberto Vega Olazábal, quizá el último de los poetas clásicos, románticos, que ha dado Sinaloa.

Lira virtuosa la del bardo cosalteco, cuya música penetra a lo más recóndito del espíritu, en sublime transmisión. Frágil, sencilla, entendible, la expresión de este artista de la palabra que hace reflexionar hasta convencer, de que el poeta no se construye artificiosamente, sino que trae el don, la compañía de las musas, desde el nacer.

Alberto solo recibe instrucción primaria. Ni academia ni universidad, ni círculo o peña literaria para avezarse en los secretos de rima y métrica, existen en su pueblo. Aún los libros, en el siglo pasado, son difíciles de llegar a donde el está. Pero hay talento, fuerza de voluntad, sed de aprender y Alberto lo logra.

Primero en la tienda, como empleado, hurga en todo aquello que cae en sus manos. Zona mineral floreciente a fines del siglo pasado, Cosalá se cosmopoliza. Capitales extranjeros y quiénes los representan, se asientan en el Real de Minas de Cosalá, y ellos si pueden disponer de lectura. Y si hay libros, deben aprovecharse, aún a costa de amistar con el explotador. La tienda es un magnífico medio para lograr tal fin.

¿Surgen sobre las tablas del mostrador los primeros versos del joven aeda?

Precisarlo se antoja imposible, son tantos los años transcurridos que nadie puede atestiguarlo. Pero si nos atenemos al ritmo de trabajo imperante en un pueblo en bonanza, poco tiempo tuvo para abrir las válvulas de la inspiración. Tal vez el excesivo trabajo y la necesidad de expresarse, de cantar a la vida, le impulsan a dejar el empleo y buscar otro que le permita la realización de sus sueños. Así, se introduce al mundo mágico de la telegrafía, del tic tac sonoro, de la magneta y alambres ideados por Samuel Morse, tan compatible con la poesía: como que ambos son magníficos medios de comunicación.

Soñador, romántico, dispone ahora del elemento tiempo para iniciar su obra. A la vez que su diestra transmite mensajes, su corazón emite versos. Fluyen los primeros con el siglo naciente, y de seguro expresa en ellos la impotencia pasada:

Cuando hay firmeza, voluntad y aliento,

no teme el barco ni jamás se abate

por más que brame en el océano el viento.

 

Cantos primarios, llenos de candor, han de surgir inspirados en la bella tierra del bardo cosalteco, que muchos años después ha de recoger para integrar su libro «Cármenes y Páramos».

 

Alegre casi al pie de la sierra,

ostenta hacia el Sur un bello paisaje,

y brota del norte de límpido aguaje

prolífera linfa que baña la tierra.

 

Los brotes armados en Sinaloa interrumpen la incipiente producción del bardo. Federales y revolucionarios le presionan para que traicione el sigilo telegráfico, pero hombre honrado, responsable, profesional, opta por abandonar la tierra antes que revelar los secretos a él encomendados. El tic tac de la magneta enmudece y sale Alberto rumbo a Culiacán con esposa e hijos.

Favorable cambio. Los nuevos aires le sientan, para 1915 redobla su acción la lira, los versos proliferan, ora formando romances, ora formando elegías, ninguna de las formas poéticas escapan a su talento, el soneto difícil es también vencido.

 

Van los déspotas con la frente erguida

pletórico su ser de orgullo necio;

mirando a los de abajo con desprecios

sin pensar de la altura, en la caída.

 

iFatuos! Ilusos tenéis por adefesio;

hombres fieras indignas del aprecio

del lebrel que asocia a vuestra vida.

 

¡Oh!, míseros mortales inhumanos.

 

que habitáis el planeta de pasada,

sin comprender que somos los humanos,

en el mundo, después de la Jornada,

crisálidas de innúmeros gusanos;

orugas que se pierden en la nada.

 

AlbertoVega Olazábal canta a todo lo que le rodea, así surgen cantos campiranos a Cosalá, a Piaxtla, a los crepúsculos culiacanenses; entona himnos a la mujer, a la Universidad, al periodismo, al mundo social que le rodea. Poeta popular, capta, recoge y convierte en verso todo aquello que ve, mientras puede, pues la ceguera le ataca y le priva de la hermosa facultad de la visión.

Más de cien poemas se recogen en «Cármenes y Páramos», libro en el que como los señala María de la Luz García, «el juego de toda una vida rica en emociones y en exquisita sensibilidad poética destila en todas sus páginas».

Un admirador del bardo, el Profr. Juan Macedo López, autor de la semblanza, se pregunta inquieto: ¿A qué escuela literaria pertenece este generoso bardo cosalteco? y el mismo se responde: «a ninguna. Porqué su poesía siempre surge espontánea, sin aliños ni adornos frondosos, tal como lo quería Martí; el verso ha de formarse, definitivamente, en el corazón».

Alberto Vega Olazábal murió en 1955, dejándonos ese «Joyel de mis recuerdos» como llamó a su libro, editado un año antes y el que solo alcanzó a palpar, más no a leer, pues para entonces la invidencia le había hecho su presa.

Tres años después de su muerte, fue publicada la «Antología Sinaloense» de Ernesto Higuera, en la que figuran obras de 33 poetas sinaloenses, pero en ningún lugar el nombre de Alberto Vega Olazábal, como tampoco ninguno de sus Cantos.

¡Imperdonable omisión que nunca fue reparada!

Pero los cantos del poeta siguen vivos en el alma del pueblo. Son reto permanente a la injusticia del hombre.

 

 

Alberto Vega Olazábal
Alberto Vega Olazábal, El Poeta Romántico de Sinaloa

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