Andrés Vidales Cabada, personajes de Sinaloa

Personajes de Sinaloa

ANDRÉS VIDALES: un médico filantrópico

 

 

Por:  Enrique Ruiz Alba

De Cuando en 1959 surgió la idea de imponer el nombre del médico Andrés Vidales Cabada al imprimación Centro de Salud «A» construído por Salubridad y Asistencia en Sinaloa, se gestó un verdadero acto de justicia para el médico prototipo de rectitud, bondad y servicio.

Considerado a la fecha el primer médico sanitarista de Sinaloa, Andrés Vidales Cabada afrontó una multa del siglo pasado la peligrosa misión de luchar contra la peste bubónica -la misma que mató a la diva Ángela Peralta famosa en Mazatlan- en retén establecido en Oso y Quilá . La peste no llegó un Culiacán.

Pero más fue notable su participación en la campaña contra la fiebre amarilla que llevó a la tumba al Obispo de Culiacán apellidado Carrillo, actuación que le mereció el reconocimiento de las autoridades, toda vez que la misma llevaba el riesgo de contagio y la perdida de la vida.

Por estas razones se le considera el pionero sanitarista en la entidad y por las mismas y otras más su nombre le fue Impuesto al Centro de Salud de Culiacán.

Nada más justo que recordarle nuevamente en ocasión del «Día del Médico» y evocar que junto  sus colegas Ruperto L. Paliza y Ramón Ponce de León , formaron la trilogía de profesionistas médicos de principios de siglo en Culiacán, Culiacán de aquel entonces contaba con 15 mil Habitantes.

Su hijo, también médico Nicolás Vidales Tamayo, relata que su padre nació en esta ciudad el 30 de noviembre de 1864, y murió a los 81 años de edad, el 12 de febrero de 1945.

Se graduó en la Escuela de Medicina de Guadalajara el 9 de noviembre de 1893 y recibió el titulo un mes después firmado por el señor Luis C. Curiel, gobernador constitucional sustituto del Estado de Jalisco. Vidales Tamayo mostró el titulo al reportero el cual conserva celosamente al igual que otras pertenencias personales del ameritado profesionista.

Un dato interesante nos proporciona Vidales Tamayo: su padre llegó a ejercer la medicina a Culiacán el 4 de enero de 1894 y trabajó ininterrumpidamente en su tierra natal por espacio de 52 años, hasta 2 meses antes de morir.

Y no dejó bienes al morir, ningún capital hizo, en vida se entregó por completo a la carrera médica multas pecado de lucro y atendió, curó al enfermo aunque no llevase Dinero.

«El nació aquí y aquí ejerció toda su vida. Siempre vivió en la misma casa que construyó (Obregón 89 norte) antes de casarse. En 1909 contrajo nupcias con mi madre Natalia Tamayo de Vidales, procreando 10 Hijos, de los cuales dos Murieron siendo pequeños. Sobrevivimos Lupita, Anita, tu servidor, Mercedes, María Antonieta, Rafael y Marta «, nos dice Nicolás.

Sabemos que tu padre realizó obra social en su tiempo ¿En que consistió esta?

«Cuando el Dr. Andrés Vidales Cabada llegó un Culiacán como Médico solo existia el Hospital del Carmen, se requería de otra institución para atender un gente menesterosa. El ayudó y participó en la creación de la Beneficencia Pública, institución que estuvo ubicada por la antigua calle del Pescado, ahora que lleva el nombre de Zaragoza. Beneficencia Pública para que con los años se creara como Institución el Hospital Civil, pues el edificio se construyó de 1925 a 1929 siendo terminado durante el Gobierno del General Macario Gaxiola.

Antes, colaboró con la Institución Rockefeller y fue jefe de brigada en la lucha contra la peste bubónica y después contra la Fiebre Amarilla: salió un los pueblos a enfermos atender, a controlar el mal y eso le convirtió en El Primer Médico sanitarista en Sinaloa.

¿Intervino en la Revolución o en la Política?

«El fue maderista de corazón, pero en vez de usar el rifle, usaba el bisturí y demás instrumental quirúrgico en los heridos para operar y curar. La casa llegó a convertirse en hospital con tantos enfermos. Al triunfo de Madero fue electo diputado por el distrito electoral de Culiacán, pero al ser asesinado junto a Pino Suárez, mi padre tuvo que irse a México, mi madre y Lupita que apenas tenia ocho meses. La estancia en la capital de la fue de 6 Meses al cabo de los cuales regresaron, se había producido la caída de Huerta «.

En la casa paterna, frente a doña Natalia y Anita, el Dr. Vidales Tamayo muestra los cuartos que sirvieron de hospital, uno de los cuales fue acondicionado por su padre como sala quirúrgica con equipo de esterilización, «muy avanzado para aquellos tiempos».

Dice Nicolás: «Aquí operó mi padre, hizo amputaciones, trepanaciones y todo tipo de intervenciones quirúrgicas, siempre se mantuvo al del tanto del avance de la medicina y en los momentos desocupados leía y releía revistas científicas a las que estaba suscrito, lloró de enojo e impotencia cuando se enteró que mi madre había vendido las revistas por kilos «.

¿Llegó a hacer trepanaciones ?

«Y con berbiquí, eran las herramientas de la época. Un día aquí afuera un sujeto fue apuñalado en la cabeza. El instrumento cortante penetró hasta el cerebro, metieron al herido a la casa y hubo necesidad de operar, de hacer la trepanación y se hizo. El tipo sanó, vivió más de la un mes con nosotros y solo le quedó una leve parálisis en una pierna, pero vivió «.

El médico Vidales Cabada trajo de Mocorito al Dr. Cliserio García y trabajaron por algún tiempo en sociedad. Juntos realizaron operaciones pero surgieron dificultades entre ambos que les impulso a separarse.

«Es que mi oficina era padre, pero consiente, no fanaticó de cuando el médico García le invito a participar en política le respondió negativamente y le dijo:». Mi Tiempo es para esas cosas ya pasó, mi profesión es la medicina ya estoy dedicado ella » .

Y he aquí ESTABA bronceado y bronceado estudiaba un Diario, un músico que murió de una infección enorme en la nariz y el médico Vidales Cabada pidió a sus familiares le permitieran obtener la calavera para estudiar detenidamente el caso, a lo cual accedieron.

Vidales Cabada no escapó a los riesgos que tienen los médicos de ayer, de Ahora y de siempre: las amenazas.

Y esto fue testigo doña Natalia, su compañera inseparable.

Precisamente en los días aciagos de la Revolución, cuatro generales se plantaron frente a la puerta de su casa: ¡salga! le gritaron, es urgente. Ninguna identificación, nada de súplicas ni favores, una época militar orden y el médico la cumplió. Abrió la puerta y en la banqueta, roja de sangre, un montón de heridos en espera de ser atendidos. «O los cura o …….»

La casa se convirtió en el hospital, hombres con piernas o brazos vendados, otros amputados, algunos moribundos pero ahí estaba la acción del médico a quien no importó investigar si se trataba de amigos o enemigos, lo importante era curar, salvar vidas.

Y aquellos caballos salvajes tipos que iban a levantarle en La Madrugada porque «la vieja’sta mala» vaya y que necesito una verla, y que víctimas del desespero lanzaban su amenazante «apúrese porque si se muere se muere uste también», de aunque, como los muchas veces ocurrió, salvada la vida, ni siquiera se acordaban de pagarle sus servicios.

Sin embargo, esto poco importo al bondadoso médico, vivió de su trabajo decorosamente, no dejó ni capital bienes a su familia; cumplió fielmente el juramento hipocrático, expuso su vida cuando las pestes para salvar las de otros y hombre ordenado, vicios pecado, sembró existencia durante su octogenaria vida.

Salud en su día, señores médicos, y adelante por el camino marcado por don Andrés Vidales Cabada .

El Sol de Sinaloa, Octubre 22 de 1977

 

Tomado del libro, Olor a tinta, Enrique Ruiz de Alba, compilador, Figueroa Díaz, José María, El Diario de Sinaloa, Culiacán, Sinaloa, 1994.

 

 

Andrés Vidales Cabada
Dr. Andrés Vidales Cabada

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