Carlos Esqueda Pérez, biografías de personajes en Sinaloa

Personajes en Sinaloa

 

CARLOS ESQUEDA PÉREZ, CRONICA PARA UNA BIOGRAFÍA

 

Por: Jesús M. Sánchez Camacho

 

Leyendo el LEXICÓN DE SINALOA del maestro Carlos Esqueda Pérez, en la parte que corresponde a los comentarios del ilustre mentor Juan Macedo López, sobre el autor, vino a mi mente un sin número de vivencias que tuve con tan ilustre filólogo. Pero dejemos que sea Don Juan Macedo quien haga la presentación: «Moradores habituales de la casa del maestro, que disponía de habitaciones y moblaje destinado al uso de los maestros que por necesidad del servicio educativo Estatal o Federal, en los períodos vacacionales de Julio y Agosto, una mañana se presentó un profesor que venía de una ranchería de Badiraguato, a solicitamos hospedaje. Algo había en el docente de abstracción, de fuga del mundo real. No tenía su voz aridez ni sus expresiones faciales, dibujos, esbozos de alejamiento o de adustez.»

Por ese tiempo el profesor y periodista Macedo López colaboraba para el periódico EL REGIONAL y se daba unas desmañanadas, empezando a las seis de la tarde y terminaba entre las dos y tres de la madrugada. «Desde las seis de la tarde hasta las dos de la mañana tecleábamos una venerable máquina de escribir…¿L.C. Smith, Toñico? para entregar «hueso» a los tipógrafos que elaboraban con nosotros en el «El Regional». Llegó la ocasión en que el Maestro desconocido me entregó dos cuartillas impecablemente redactadas, sin borrones o tachaduras y de texto ameno, grato, firmaba «CARLOS ESQUEDA«.

Así comienza su primer encuentro con quién tendría una larga amistad hasta el fin del autor de «Crónica de Guamúchil» y «Lexicón de Sinaloa«. Esto ocurrió alla por el año de 1942.

Fue en el mes de Marzo de 1944 cuando viene por primera vez a Guamúchil, era ésta una polvorienta y olvidada población que ni el cotidiano ulular del tren la hacia despertar de su letargo. El tiempo era muy especial, estaba por empezar la primavera y todo el montecillo oloroso en floración, el clima benigno y sobre todo la gente, hizo que Don Carlos se enamorara de esta población y sus aledaños.

Don Carlos Esqueda, fue un eterno solitario, gustaba mucho de jugar con su soledad, era enemigo de que le movieran sus cosas, especialmente sus libros. Un día vino a visitarlo Martha Castro Cohn, funcionaria del Instituto Mexicano del Seguro Social, gran intelectual, amante de las letras y del léxico nuestro, y gran amiga el profesor Esqueda, ella junto con dos compañeras se dieron a la tarea de limpiarle la casa, cuando llegó el maestro grande fue su sorpresa al ver su casa que no la conocía por limpia, pues uno de los problemas de su soledad era la falta de asepsia. Obvio es comentar los remilgos con que se expresó por tal osadía, que tuvo que pasar un tiempo para que Martha regresará por la amistad perdida.

El silencio, fue siempre su característica peculiar, inconcebible para muchos, para los que lo tratamos posiblemente no, porque entendimos que en su soledad recreaba el tiempo, alguien comentó que era un misántropo, creo yo que lo que fue era un amante de su pequeño y gran mundo, de su pensamiento, porque para darse a la creación como él se dio., se necesitan mil soledades.

Solía salir de compras al mercado, unas al medio día y otras por la mañana, con su clásica bolsa de plástico de imitación ixtle, enrollada y abajo del brazo, y después de conversar con uno que otro parroquiano se integraba a su modesto estudio fotográfico manejado por su eterno discípulo: Gregorio Lozoya. Toda la vida lo encontrábamos escarbando en los libros, dándole a las notas del piano o si no escribiendo algún artículo. Cierto día un estudiante pelafustán después de haber platicado y escuchado hablara tan insigne anfitrión en su taller, lo paso a que siguieran dicho diálogo en su biblioteca, y el único comentario de tan insulso mozalbete fue la expresión «a mí no me gustaría ser rata de biblioteca» por lo que dejó profundamente herido al investigador del habla sinaloense, y con cajas destempladas lo sacó de su mundo intelectual.

Don Carlos nace en la ciudad de Guadalajara, Jalisco un 24 de Diciembre de 1910, muy chico se lo lleva a los Estados Unidos de Norteamérica su abuelo materno, cuya actividad era ebanistero, desconozco la razón por qué le fue cambiado el apellido original que era Nuño por el de su abuelo: Esqueda. Permanece unos años en ese país, ahí aprende el inglés, la literatura y la historia sajona y norteamericana, luego se le encuentra en el estado de Puebla en el magisterio rural: Chipilo, la capital y muchos pueblos de la sierra poblana. El maestro Juan Macedo López escarbó sobre sus estudios logrando averiguar sus especialidades sobre latín, El Griego, Las lenguas Romances de España, de Francia, de Cataluña, de Italia, Galicia, Las Lenguas Primigenias Germánicas, El Misterio del Idioma Euskaro, La Historia Universal, Las Culturas Precortesianas, del México Antiguo, todo ese cosmos de conocimiento lo recogió de sus estudios y sus lecturas.

Cuando llega a Guamúchil se instala en la casa de la familia Mariscal, decanas en los quehaceres de hostelería la comarca. Luego se cambiaria al callejón No.3 en la parte sur de la población, donde actualmente se encuentra Ferretería González. Dura un largo tiempo en ese lugar hasta que por un desahucio judicial tuvo que abandonar dicho solar, don Carlos Esqueda siempre vivió como el más pobre de los mortales, sus penurias por las que atravesó, siempre las llevó con estoicismo y dignidad. En lo personal absorbía los golpes de la adversidad. Fue catedrático de la escuela secundaria por cooperación, él nunca admitió indisciplina, ni toleraba los vaivenes de la política estudiantil, por tales motivos se retira de la docencia y se encierra en un silencio total. En la casa por este polvoriento callejón Don Carlos y su penuria a cuestas se las batían para subsistir manejando su estudio fotográfico, revelando rollos e imprimiendo retratos, impartía clases de pintura de música, y al mismo tiempo era gerente de la Cámara de Comercio.

Después de ese desalojo que sufre por la pobreza en que se encontraba se cambia a una casa propiedad de Don Ricardo Angulo en la avenida del ferrocarril, ahí parece que mejora un poco su economía pues se pone en auge la fotografía de aficionados, dándole a la gente por maquilar sus retratos.

El Sr. Sergio Félix castro, amigo de Don Carlos Esqueda, le renta dos cuartos por la avenida Silverio Trueba, en ese tiempo avenida Libertad y una de las calles más transitadas de la localidad, -ahí estuvo el cuartel del Ejército Nacional- Permanece por un tiempo en esa avenida y consolida el trabajo en la fotografía con la fabricación de marcos para la misma y se da tiempo para cumplir como Gerente de la Cámara de Comercio Local, teniendo como Presidente de la misma al Sr. Arnulfo Alcalá, persona de gran valía, con la que sostuvo grata amistad por mucho tiempo. La secretaria de dicha institución fue la Srta. María Elena Pérez hoy de Verdugo. Misma que fungió como secretaria particular en su negocio de fotografía y como fotógrafo el Sr. Alejandro Parea, como se mencionaba anteriormente el revelado de rollos para aficionados estaba en auge, esto se hacía en tanques de diez litros de capacidad y de un metro aproximadamente, donde esto se manejaba manualmente.

Otro relato curioso en la vida de nuestro biografiado, es que cuando dejó la docencia por motivos que se detallan aparte, se va a trabajar a una pequeña fabrica de dulces propiedad del Sr. Ángel Mariscal, y le entra con ganas a la pequeña factoría haciéndola de encargado de la misma en la elaboración de ricos caramelos y fruta cristalizada y orejones de tomate que eran la delicia de chicos y grandes de la región.

Después de todo ese deambular por diferentes partes de la ciudad y de experimentar en distintos trabajos, el maestro se entrevista con su gran amigo, el Sr. Humberto Rochín quien le propone la venta de dos lotes que están por la avenida Matamoros casi esquina con la calle 16 de Septiembre, hoy Matamoros 724 sur, en él se encuentran dos cuartos, los que usaba para la fabricación de mosaicos de pasta, al profesor le conviene el trato y se cambia a vivir a ese inmueble instalando su negocio de fotografía, ahí permanecería hasta su muerte un 28 de Diciembre de 1984. Gregorio Lozoya su fiel acompañante llegó con el maestro en el ahí de 1955 para que le diera clases de pintura, las que tomó y actualmente es un excelente dibujante y colorista al oleo, pastel y acrílico. Nunca se imaginaba Gregorio que esa relación duraría 29 años hasta la muerte del maestro!

En el domicilio por la avenida Matamoros, funcionaba como «Casa de la Cultura», se impartían clases de piano, de dibujo y de pintura, de literatura y sobre todo se organizaban pláticas de diferentes tópicos, era muy interesante escuchar al maestro disertar por los temas que se escogían con una erudición extraordinaria. Dentro de los alumnos que destacaron en piano son Elvia y Eduardo Ceceña, los hermanos Germán y Horacio Inclán, Ignacio Barrancas; y en pintura el maestro Gregorio Lozoya. Era muy respetuoso con el modo de pensar de cada persona, y le gustaba mucho corregir la forma de hablar de sus interlocutores.

Cierto día fue ha saludarlo Doña Guadalupe Vda. de Romero pianista y organista de la parroquia de la virgen de Guadalupe, le llevó a presentar una paisana de ambos y una vez que conoce a su coterránea le comunica Doña Lupita del virtuosismo de la huésped a la que inmediatamente el anfitrión le suplica que toque unas partituras, la dama accede de muy buen gusto, se sienta en el banquillo y destapa el piano y se viene una polvareda que se pierden la pianista y los paisanos Jaliscienses, acto seguido la docta en el teclado le da el primer golpeteo a la tecla y surge de nuevo una tolvanera que la virtuosa dama opta por retirarse a la casa de Doña Guadalupe. Después le comenta el profesor a Gregorio: «Que delicada me salió ésta».

Don Carlos Esqueda Pérez no fue simplemente un estudioso de las palabras, tanto en lo semántico o lo etimológico, sino que fue un investigador de la envoltura que da el uso de las mismas, el siempre llegó a al meollo de la investigación, porque él se enamoró del habla nuestra cuando por primera vez lo escuchara allá en las altas y lejanas tierras de la serranía sinaloense. En la pobreza en que se encontraba logró editar en mimeógrafo los dos volúmenes de Lexicón y la Crónica de Guamúchil con la cooperación de la gente de este pueblo. A él se le debe parte muy importante de la emancipación municipal porque precisamente en «Crónica de Guamúchil» le destina dos o tres capítulos a los problemas municipales.

La vida de Don Carlos Esqueda fue de heroísmo y abnegación de amor por esta ciudad a la que quiso como si hubiese sido su solar natal, el hurgó en las parroquias, en los archivos en los libros -escasos libros- que sobre el particular existen en nuestra entidad y gracias a su tesón nos deja un legado de la historia de esta ciudad nuestra a la que tanto amamos y respetamos.

Hoy que se cumplen 50 años de que llegó a estas tierras, el prestigiado maestro y 10 años de su partida para siempre Guamúchil está en deuda con él porque le debemos el estudio que hizo de nuestras gentes y de la ciudad misma. El último artículo que escribió fue en el periódico «Noroeste» en su columna «Apostillas y Comentarios» el artículo intitulado REYES HEROLES Y «SU» ESCUELA LAICA. Eso lo escribió el día 24 de Diciembre de 1984. El profesor moriría cuatro días después en el Seguro Social de la ciudad de Culiacán el 28 del mismo mes.

Me causó estupor cuando leí en un diario de la ciudad de Culiacán de la que fue colaborador por bastante tiempo el Sr. Carlos Esqueda, el comentario de un personaje de cuyo nombre no quiero acordarme ni me interesa, que si viviera el autor del LEXICON DE SINALOA, lo quemaría junto con sus libros con leña verde, como lo hicieran los curas retrógrados de la «Santa Inquisición» que tanto daño le causaran al país.¡ Cuanta razón tenía Juárez, al quitarles los poderes pues con ellos se habían criado! Que fácil es echarle a los muertos, ellos no se pueden defender, afortunadamente el maestro Esqueda no necesita que lo defendamos el presente artículo no pretende eso, es un apunte para recordar a una figura que nos merece el más profundo respeto.

Un muro de silencio envolvió eternamente la vida del ilustre mentor, constantemente solo, cobijado en su soledad, jugando con ella.

Su misantropía no era fortuita, el vivía en su constante pleito consigo mismo, pero jamás irradiaba amargura. Nos fuimos con la finta, nos fijamos exclusivamente en la figura Quijotesca que deambulaba por las calles como sonámbulo con su bolso de plástico de imitación ixtle enrolladla y bajo el brazo.

 

Tomado de: Brechas, Órgano de Difusión Cultural de la Región del Évora, número 23, Guamúchil, Sinaloa, otoño de 1994.

 

 

Carlos Esqueda
Carlos Esqueda Pérez

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