Catedral de Culiacán; templos del estado de Sinaloa México

Los templos del Estado de Sinaloa México

 

 

LA CATEDRAL DE CULIACÁN

 

Por: Héctor R. Olea

La primera iglesia que tuvo la Villa de San Miguel de Culiacán se ignora la época en que fué construida. La más antigua referencia que sobre ella se encuentra, a juzgar por lo que apunté en mi libro Andanzas del Márquez de San Basilio, es la nota que el obispo de Guadalajara, don Alonso de la Mota y Escobar, escribió durante su visita en el año de 1602.

Era esta parroquia un pequeño edificio construido de piedra y mezcla, de una nave con dos capillas o cruceros, techada de madera y ladrillo, con su coro y órgano, tenía tres puertas grandes con su clavazón de cobre y aldabones de fierro, la principal o mayor y otras dos a los costados, cuatro pilas de piedra embutidas para el agua bendita, el bauptisterio estaba en el mismo cuerpo de la iglesia con su pila y resumidero también de piedra y rematando el edificio, una torre antiestética de dos cuerpos con tres campanas y una esquila de bronce.

Existe de esta torre un daguerrotipo que publicó la revista bilíngüe (ingles y español) «Sinaloa lustrado» y que, por gestiones oficiales, se publicó a fines del siglo pasado.

Esta iglesia tenía seis altares, en el Presbiterio, el mayor, dedicado al arcángel San Miguel; en uno de los cruceros, la Capilla del Señor San José; en el cuerpo de la iglesia, el altar titulado de Nuestro Padre Jesús, el de las Animas y el de San Nicolás; y, por último, en uno de los cruceros, el de la derecha, la capilla de Nuestra Señora de los Milagros.

En los inventarios que se conservan y que pertenecieron a la Secretarla de Estado y Asuntos Eclesiásticos se anotan las imágenes siguientes: en talla la Dolorosa con un resplandor de plata, la Soledad, San Juan, San Francisco, San Pedro y San Antonio, el calvario consistente en un crucifijo de tamaño natural y las cruces con los ladrones bíblicos Dimas y Gestas, una imagen de la resurrección, la urna de madera sobre dorada con el Santo Entierro cubierto con un cotense viejo.

En relación con esta ultima el obispo de la Garza y Ballesteros en una de sus Cartas Pastorales afirma que cuenta con la Cofradía del Santo Entierro y que las procesiones, por las calles de Culiacán, son las mis devotas y concurridas.

La iglesia era pobre, así lo declaró años más tarde el obispo de la Loza y Pardave, en vestidura y joyas, apenas contaba con paramentos de plata y de otras clases, vasos sagrados, ornamentos en diversos colores: verdes, morados, encarnados, negros y blancos para las pompas de la liturgia. Esta parroquia era llamada «la iglesia vieja», tenia al frente el campo-santo al cual se entraba por la misma iglesia, había una puerta de dos manos con chapa.

Al lado sur de esta iglesia inicio la construcción de la Catedral el obispo Fray Francisco de Rousset y Rosas, conforme a su biógrafo el Padre don Vicente de P. Andrade, el cadáver de éste se sepultó en la postura de sentado en el cimiento del altar mayor de la nueva catedral, cuando murió el día 29 de diciembre de 1814.

Suspendido el proyecto por largos años, cimentada ya la República, lo reanudó el obispo Lic. don Lázaro de la Garza y Ballesteros en 1836 y, con mucha actividad, comenzaron los trabajos para fabricar el templo, en un solar situado entre «la iglesia vieja» o templo parroquia! y la plaza grande o mayor, en que se colocó, otra vez, la «primera piedra» de la iglesia Catedral el día 22 de mayo de 1842.

El Br. don Pedro de la Loza y Pardavé, en este acto, dio lectura a unas preces, ante numerosa concurrencia del clero, autoridades del Estado, ilustre Ayuntamiento, alumnos del Seminario Conciliar de Sinaloa, Curas de la Parroquia, Bachilleres Padres don Antonio Fernández Rojo y don Jos6 de Jesús Espinoza de los Monteros; del Secretario y Pro-secretario de Cámara y Gobierno de la Mitra, Lie. don José Álvarez Bonilla y Br. Loza.

Una junta de vecinos, presididos por el gobernador del Estado don Pomposo Verdugo, designó una comisión integrada por don Francisco de Orrantia, don Rafael de la Vega y Rábago, don Agustín Hass y don Cosme de la Vega para la colecta de fondos públicos destinados a la construcción de la catedral; la imagen de Nuestra Señora del Rosario, conocida popularmente por «La Peregrina», varias veces, sal id a reunir limosnas con el mismo fin por toda la jurisdicción de la parroquia desde el mes de diciembre de 1848.

Las obras se interrumpieron, por diversas causas, hasta que el obispo de la Loza y Pardave, en 1854, las continuó ya que puso en la fábrica de esta catedral todo su empeño pero apenas logro elevar, con muchos esfuerzos, algunas varas de sus gruesas paredes, porque volvieron a detenerse los trabajos debido a los trastornos públicos y a los once destierros que sufrió el mitrado durante la Guerra de Reforma y, después, por la Intervención Francesa.

Al badiraguatense obispo don José de Jesús Uriarte y Pérez le tocó, en su pontificado, adquirir el reloj público para la catedral que fue encargado a Francia y armado y colocado por el señor Carlos Jorganes el día 15 de agosto de 1882. Igualmente se colocó en su frontis una estatua en bronce del Arcángel San Miguel patrono de la ciudad. El día 11 de diciembre de 1885 se cerró la gran cúpula y el 19 se concluyó todo el templo, poniéndose la cruz sobre la linternilla, en presencia del obispo Uriarte y Pérez, pero éste no la vio puesta al culto debido a que falleció al poco tiempo de terminada.

El Vicario Capilar, en Sede Vacante, Pbro. Br. don Saturnino Campoy, puso pavimento de mármol al nuevo templo, construyó el altar y adquirió un órgano.

A la llegada del nuevo obispo Dr. Fr. Jesús María de Portugal y Serrato, O.F.M., y siendo Cura del Sagrario, el Dr. don José de Jesús María Echeverría y Aguirre (después obispo de Saltillo, Coahuila) se cambió el culto de la antigua parroquia a la nueva catedral, en el año de 1885.

En la lista de los últimos donantes figuró, en forma prominente, la señorita Severa Orrantia, dueña de una tienda por la calle del Comercio (hoy general Ángel Flores) conocida después por «Mercería Tamayo».

La catedral de Culiacán al escribir estos apuntes cumplid de terminada su construcción exactamente un siglo.

 

Tomado del libro: Pinceladas del viejo Culiacán, Olea, Héctor R., Ediciones del Ayuntamiento de Culiacán, 1985.

 

 

 

Tomado del libro: Pinceladas del viejo Culiacán, Olea, Héctor R., Ediciones del Ayuntamiento de Culiacán, 1985.

 

 

Catedral de Culiacán; templos del estado de Sinaloa, México
Catedral de Culiacán; templos del estadod e Sinaloa, México

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