Como fue jurada en Sinaloa la Constitución de 1857; historia de México

Historia de Sinaloa México

 

COMO FUE JURADA EN SINALOA LA CONSTITUCIÓN DE 1857

 

Por: Alejandro Hernández Tyler (compilación)

 

La adopción de la Constitución Política de 1857, por los Estados de la Unión Mexicana, marcó una de las épocas de más trascendencia en la historia de nuestras instituciones republicanas, ya que ello vino a nacionalizar la ideología fundamental y a establecer los principios de aquel formidable movimiento evolutivo de nuestro pueblo que se llamó la guerra de Reforma.

Con la ley fundamental de la nación el Congreso Constituyente señaló en la República la adopción de los derechos del hombre, ya esbozados primordialmente en la Acta Constitutiva de la Federación, en 1824, y dibujó con trazos firmes, al margen de aquella época de dolor y de vergüenza, los lineamientos de nuestra vida social y política.

La Constitución de 1857 es la piedra angular en que descansan, hechos ley, los anhelos de los héroes y los pensadores de la Reforma, y constituye, en la historia del desenvolvimiento político de México, la más preciada joya del viejo arcón de la República.

Don Ignacio Comonfort, presidente sustituto de la República en 1857, el día 17 de marzo del mismo año, por conducto de la Secretaría de Estado y del despacho de Gobernación, «ordenaba jurar la Constitución Política de la República Mejicana, decretada en el nombre de Dios y con la autoridad del pueblo mejicano, sobre la indestructible base de su legítima Independencia, proclamada el 16 de setiembre de 1810, y consumada el 27 de setiembre de 1821».

La comunicación oficial enviada a los gobernadores de los Estados de la Unión, que fue rubricada por el ministro don Ignacio de la Llave, traía anotados, como principales, los siguientes artículos:

Artículo 1°.—El día 19 del presente mes, a las diez de la mañana, jurarán la Constitución ante el Presidente de la República, los secretarios del despacho, los Presidentes de Suprema Corte de Justicia y de la Marcial, el Gobernador del Distrito, el Jefe de la Plaza Mayor, los directores de cuerpos facultativos y el Comandante general.

Artículo 4°.—Los días en que se efectué la ceremonia que ordena la presente ley, se tendrá como de festividad nacional, disponiendo las respectivas autoridades lo conveniente para que tengan lugar las manifestaciones debidas, en solemnidad de estos días.

Artículo 5°. —En las capitales de los Estados y Territorios será publicada por bando nacional la Constitución, el domingo inmediato al día en que sea recibida.

Artículo 7°. —Los ayuntamientos de las capitales de los Estados y Territorios, jurarán por sí a nombre de las poblaciones que representan, en el mismo día indicado en el artículo anterior, y ante los gobernadores o jefes políticos.

Articulo 8°. —La fórmula del juramento será la siguiente: — ¿juráis guardar y hacer guardar la Constitución Política de la República Mexicana, expedida por el Congreso Constituyente el 5 de febrero de 1857?—Sí juro.—Si así lo hiciereis Dios os lo premie, y si no, él y la Nación os lo demanden.—Respecto de los que no ejerzan autoridad, se suprimirán las palabras «hacer guardar».

Artículo 9°.—Los Gobernadores y jefes políticos reunirán las actas en que conste haber sido jurada la Constitución, y las remitirán al Ministerio de Gobernación.

Artículo 10°.—Los Funcionarios, Autoridades y Empleados comprendidos en la presente ley, que no presten el juramento correspondiente, no pueden continuar desempeñando las funciones públicas que les competen.

En Culiacán, capital del estado de Sinaloa, la Constitución «firmada en el salón de sesiones del congreso de Méjico a cinco de febrero de mil ochocientos cincuenta y siete, trigésimo séptimo de la independencia», fue publicada, por primera vez, en el periódico oficial La Bandera de Ayutla, número 30, tomo II, y promulgada el día 19 de abril por el «Exmo. Sr. D. Miguel Ramírez, a consecuencia de la separación temporal que le otorgó el jefe supremo de la República al Exmo. Sr. Gobernador D. Pomposo Verdugo.»

«. . . como segundo vocal del Consejo y por enfermedad del primero, don Agustín Martínez de Castro. En realidad fue porque no quisieron promulgar la Constitución de 1857,» dice don Eustaquio Buelna en su obra Apuntes para la Historia de Sinaloa.

Don Pomposo Verdugo, que reasumió el mando el día 7 de junio, aparece, el 23 del mes siguiente, firmando un acta de protesta de la Constitución de la República.

A otro día de la promulgación, el 20 de marzo, el gobernador interino doctor Miguel Ramírez, según las actas que obran en los archivos del gobierno de Sinaloa, prestó el juramento solemne en el salón de la Corte de Justicia siendo las diez de la mañana, tomándolo después «de los señores que componen el H. Consejo de Gobierno, los ministros del Superior Tribunal, el señor Prefecto del Distrito, el Comandante general y demás autoridades y jefes de la Federación y del Estado».

Los funcionarios y empleados que en este acto se negaron a protestar el cumplimiento de la nueva ley fundamental de la República, fueron:

Clemente Espinosa de los Monteros, vocal primero del H. Consejo del Gobierno y ensayador de la casa de la moneda de Culiacán.

Tomás Gómez, consejero del Gobierno y Tesorero General del Estado.

Manuel Onofre Parodi, ensayador e interventor de la casa de la moneda.

Lic. Francisco Verdugo y Amador, tasador general de costas del estado.

Leonardo Ibarra, administrador de correos.

Luis Tirado, administrador de papel sellado.

Fernando Escudero, Miguel Salas y Carlos Jorganes, munícipes de la Junta municipal.

Pedro Rochín, síndico de la misma Junta municipal e Ignacio Martínez Valenzuela, teniente coronel del ejército, comandante general de la plaza.

Días antes, el 1° de abril, el gobernador Ramírez decía, al Ministro de Relaciones de México, lo siguiente:

No habiendo recibido este Gobierno la Constitución dada por los representantes del pueblo, ni la ley electoral, he dispuesto reunir al Consejo de Gobierno el día de mañana para proceder, con su acuerdo, a publicarla y jurarla, por considerar bastantes para el efecto los ejemplares que de dichas leyes ha recibido oficialmente la Alta Corte de Justicia.

Muéveme a tomar esta determinación el temor de que los enemigos de las libertades públicas, hayan sustraído los ejemplares que se remitieron a Sinaloa de alguna de las Admrs. de correos del tránsito, con el fin de que avancen sus tenebrosas maquinaciones, como en efecto lo han logrado, aunque no de una manera alarmante todavía, sus colaboradores en el Estado, trasmitiendo en secreto la circular del arzobispo de México.

Dígnese V.E. dar cuenta con lo expuesto al E.S. Presidente sustituto, asegurándole que estoy dispuesto, en unión de la mayoría de los sinaloenses, a sostener a todo trance los principios proclamados por S.E. y la Constitución que los representantes del pueblo han dado a la Republica.

 

El gobernador, habiéndose promulgado la carta fundamental de la República en Culiacán Sinaloa, se dirigió a los señores prefectos del estado para que, de acuerdo con las instrucciones recibidas de México, se procediese a promulgar la nueva Constitución de 1857 en los principales pueblos de su jurisdicción.

El señor don Francisco Camilo Orrantia, jefe de la prefectura del Fuerte, contestando al gobierno del estado, comunicó «que no podía prestar el juramento pedido por considerar el acto, sino opuesto, al menos poco conforme con sus principios religiosos».

Ante la negativa del prefecto, la Constitución fue promulgada por los oficiales de la Guardia Nacional, por estar «dispuestos a jurar fiel observancia y guarda de esta ley fundamental, más que por cumplir con una ceremonia oficial, por rendirle un homenaje que arranca de nuestras íntimas convicciones. . .»

En Mazatlán «los actos solemnes de la publicación y juramento fueron acogidos por el pueblo con las emociones más explícitas de un verdadero patriotismo y exaltado entusiasmo».

En el mismo puerto se levantaron actas al protestar el cumplimiento de nuestra carta fundamental, el señor don José María Yáñez, general en jefe de las fuerzas de los estados de occidente y los jefes y oficiales de su Estado Mayor; comandante general del estado y capitán del puerto. A este acto siguieron los de «los sargentos segundos, cabos y soldados que se hallaban de guarnición a bordo del pailebot de guerra Iturbide, que se encontraba en la mar resguardando las costas. . .»

Y, todavía más, el gobierno del estado recibió igual información de la protesta de los miembros del Cuerpo de Lanceros de Córdoba, Batallón Fijo de Mazatlán, del cuerpo de Artillería, empleados del estado y del escuadrón Activo de Lanceros de Mazatlán.

En Cacalotán, el alcalde don Ignacio S. Maldonado procedió al acto «estando en una mesa el Libro de los Santos Evangelios, un Santo Cristo y dos velas ardiendo». Concluido el acto «después de haber precedido la petición oficial y negativa de la misma forma que el señor Cura Párroco don Vicente Vargas me hizo, estas campanas las mandé, no obstante, repicar a vuelo y tirar cohetes en solemnización de tan fausto acontecimiento».

Don Manuel Serrano, subprefecto de partido de Concordia, dispuso que a las cuatro de la tarde del viernes 8 del corriente [mayo de 1857] se tocará alarma y se hará la señal al centro. Todos los ciudadanos armados del mejor modo posible, concurrirán al sitio ya sabido, y presentes en sus respectivos cuerpos, formarán: 1° Una escolta de caballería que guardará la descubierta.—2° El cuerpo de alumnos de la escuela de primeras letras.—3° El cuerpo de policía de la ciudad.—4° Los lanceros del municipio.—5° Autoridades y empleados de fuera.—6° La Banda Enciso.—7° El Cuerpo municipal y su acompañamiento bajo mazas.—8° La Compañía de Guardia Nacional.—9° Las patrullas de la policía rural de la comprensión.—Situados por este orden en la plazuela de la parroquia, marcharán en procesión por las calles del centro de la ciudad, haciendo alto en tres sitios diferentes, en los cuales será leída la Constitución por los ciudadanos subprefecto, teniente de la Guardia Nacional y preceptor de primeras letras. La procesión terminará en el atrio, donde habrá una tribuna en que los ciudadanos que gusten, expliquen al Pueblo los grandes beneficios que pueden emanar, mediante la paz pública, de una Constitución tan liberal. A las cuatro de la tarde del sábado 9 del corriente, se reunirán en el mismo orden que el día anterior todos los cuerpos expresados y puestos los Santos Evangelios en un atril colocado en el atrio de la parroquia, el primer vocal de la R. Junta Municipal tomará juramento al subprefecto de guardar y hacer guardar la Constitución de 1857. En seguida este funcionario lo recibirá de todos los miembros de la Corporación, al síndico, los alcaldes, al Jefe Mayor de Policía Rural, al Comandante de Guardia Nacional y jefes de las oficinas de la Federación y del Estado.

 

En Bamoa, el 10 de mayo,

 

se procedió a jurar la Constitución, cuyo juramento se ha solemnizado con repique de campanas y la principal música de este pueblo, la misma que salió por las calles acompañada de una gran reunión de personas que al efecto estaban este día, y en medio de las voces de los instrumentos se oía las de los ciudadanos que decían «viva la Constitución». Parece que se complacen los habitantes de este pueblo en ver que nuestro Supremo Gobierno General se ha tornado medidas tan altamente sabias y que por estas procura poner en el camino recto de la felicidad a nuestra República.

El alcalde de Ocoroni se dirigió, por su parte, al Gobierno, diciendo que habiendo sido citados todos los funcionarios de este pueblo y su comprensión, celadores y demás jefes de cuarteles y manzanas para hoy día de la fecha [18 de abril] a prestar el juramento prevenido en la Constitución, estando reunidos en el local destinado por mí al objeto solo diez funcionarios, faltando el juez suplente, dos celadores y un jefe de manzana, después de publicada la Constitución y entendidos de ella, se resolvieron unánimes rehusar el juramento, a la vez que yo lo rehúso también. Por lo que en atención al decreto he depositado la vara en el vocal más antiguo de este pueblo, que es don Facundo González.

Don Marino Salazar, que había cesado en sus funciones de Juez propietario, se presentó al alcalde de Badiraguato diciendo que convencido del error en que estaba por su ignorancia y la sorpresa en que lo puso las voces que circulaban en el público de las penas con que conminaban los SS. Párrocos a los que juraban la Constitución, le hicieron negar su juramento; pero que dando lugar a mejores reflexiones, estaba dispuesto a otorgar su juramento al código fundamental, como en efecto lo otorgó [. . .]

En Cosalá

después de una breve alocución y previa de la lectura de la Constitución Política de la República, en cumplimiento del art. 6° del Supremo decreto de 17 de marzo del presente año y de conformidad con lo dispuesto en la prevención 7 de abril último, se procedió al juramento [. . .] No juraron el joven escribiente C. Francisco de P. Vega por habérselo impedido su padre a quien obedeció como menor de edad, y ni el otro guarda.

En el pueblo de Baimena

al proceder al juramento por el alcalde propietario, ante el síndico de policía, se negó a prestarlo, pretextando temor a la excomunión fulminada por el Arzobispo de México, ofreciendo que lo haría cuando aquella se levante[. . .]

En Mocorito, se hizo la publicación por bando solemne, que presidió el subprefecto don José Belén Orrantia, prestando su juramento en el Salón de la Municipalidad, a otro día, por sí y a nombre del pueblo.

En Quilá, el 4 de mayo, ante el alcalde propietario don José María Aragón protestaron los empleados del estado, negándose el alcalde suplente don Tiburcio Urrea.

«En el pueblo de San Juan Bautista de Badirahuato»—reza una acta levantada el día 3 de mayo del mismo año— se promulgó la Constitución estando «reunidos en el edificio municipal (previa citación que se hizo por escrito) todas las autoridades y empleados que suscriben, con algunos vecinos que a son de caja se convocaron, como a las diez de la mañana, precedidos por el Sor. Juez Conciliador C. Marino Salazar».

Don Juan B. Mendía, subprefecto del entonces Partido del Rosario, el 7 de abril comunicaba al Gobierno el cumplimiento de las disposiciones relativas remitiendo copia de las comunicaciones tenidas por esta subprefectura con el Sor. Cura y Vicario foráneo, encargado de esta parroquia, con motivo de la negativa de este Sor. a contribuir de manera alguna con las campanas a la solemnización de los actos de la promulgación y juramento de la expresada Constitución; lo cual dio lugar a que se forzara la puerta del caracol para que pudiera haber repique.

Los documentos, que se guardan en los archivos del gobierno, dicen así:

 

Documento núm. 1.—Debiendo promulgarse hoy y jurarse mañana, entre diez y doce del día, la Constitución Política de la República, dada por el Soberano Congreso Constituyente con fecha 5 de febrero del corriente año, espero que para la solemnidad de estos actos dé usted las órdenes necesarias a efecto de que en ambos se repiquen; así como que se sirva disponer lo conveniente para que el acto segundo finalice con un Te Deum. Con tal motivo tengo el gusto de ofrecer a usted mi particular aprecio y consideración. Rosario, mayo 3 de 1857. Sor. Cura don Vicente Vargas, encargado de la Vicaría de este Curato. Presente.

Documento núm. 2.—Vicaría Foránea del Rosario. En contestación a la atenta comunicación de usted, fecha de hoy, que acabo de recibir, tengo que manifestarle que, penetrada la Iglesia de un justo dolor y sentimiento, por contener la Constitución a que Vd. se refiere, artículos vitales y contrarios al espíritu que la gobierna, no me es posible, en manera alguna, acceder a los deseos que en su citada comunicación me indica y menos aún puedo permitir se repique y se cante el Te Deum, cuando la misma Iglesia ha promulgado una excomunión contra los que presten su juramento a la tal Constitución. Protesto a usted las consideraciones de aprecio con que me distingue. Dios guarde a Vd. muchos anos. Rosa¬rio, mayo 3 de 1857. Encargado por ausencia y enfermedad del Sor. Vicario, V. Vargas. Sor. Subprefecto del Partido. Presente.

Documento núm. 3.—Necesitando el libro de los Evangelios y un Crucifijo para que pueda tener lugar el acto del juramento que hoy mismo deberá otorgar a la Constitución Política de la República, espero se sirva usted mandar se entreguen al portador de este oficio para el objeto indicado. Dios guarde a Vd. muchos años. Protesto a usted mi particular aprecio y consideración. Rosario, mayo 4 de 1857. Sor. don Vicente Vargas, cura y vicario foráneo, encargado de esta parroquia. Presente.

 

Documento núm. 4.—Para salvar mi responsabilidad, en este momento mando un propio al Sor. Vicario, que aún está cerca, para que determine en el asunto lo conveniente; porque por los motivos que ayer expuse en mi carta-nota, la Iglesia no debe cooperar directa ni indirectamente a la promulgación y juramento de una Constitución opuesta al espíritu que la gobierna. Con lo que por ahora queda contestada su nota que acabo de recibir, protestándole siempre las consideraciones de todo mí aprecio. Dios guarde a Vd. muchos años. Rosario, 4 de mayo de 1857. Por enfermedad y ausencia del Sor. Vicario. V. Vargas.—Sor. subprefecto del Partido.—Presente.

 

Documento núm. 5.—Impuesto de las dos comunicaciones, una que con fecha tres recibí ayer y otra que con fecha cuatro acabo de recibir, me es sumamente sensible la negativa de Vd. para permitir que se repique y facilitar el libro de los Santos Evangelios y un crucifijo para el otorgamiento del juramento de la Constitución de la República, máxime cuando en conferencia privada me ofreció Ud. facilitarme lo último. La humildad y virtudes evangélicas de que lo supongo a Vd. adornado, no creo que le impidan el cumplimiento de una disposición emanada de la autoridad civil, pues si bien su deber le impone la obligación de advertir al pecador, no puede jamás extenderse a provocar la desobediencia al poder que represento y el cual, siendo una emanación de Dios, Vd. debe obedecer como lo prescriben no sólo las leyes civiles, sino las canonícas y aún lo aconsejan los Santos Padres. Vd. juzga a la Constitución opuesta al espíritu de la Iglesia, pero sin fundarlo, y si no fuera por que la discusión de esta materia es ajena de estas comunicaciones oficiales, con gusto la aceptaría pues me sobran fundamentos de autoridades intachables por Vd. para probarle lo contrario. Mas no queriendo distraerme de mi objeto, insisto de nuevo en mi propósito de que permita Vd. hacer uso de las campanas, pues siendo éstas de la población, deben estar a las órdenes de las autoridades, principalmente cuando de lo que se trata no es de hacer un uso indebido, y de que me mande un crucifijo y libro de los Evangelios, para el otorgamiento del jura-mento referido, haciendo a Vd. responsable en caso de nueva negativa. Quedo esperando la contestación de Vd., pues no puedo demorar por más tiempo la solemnidad de este acto. Protesto a Vd. mi particular consideración. Dios y Libertad. Rosario, mayo

4 de 1857.—Sor. Cura y Vicario foráneo de esta Parroquia.— Presente.

 

Documento núm. 6.—Vicaría foránea del Rosario.—Si bien estoy encargado de esta Parroquia es sólo con relación a impartir auxilios espirituales y no con la de injerirme en asuntos de importancia. La premura del tiempo y la concurrencia de las circunstancias han hecho que aún esté yo aquí y que el Vicario no me haya contestado sobre lo que le he consultado; pues contrayéndonos al asunto que nos ocupa, si en mi propia parroquia ocurriera el caso, a nada me determinaría sino consultando antes al Vicario de mi determinación. Tengo a la vista la excomunión fulminada por nuestro Ilmo. Prelado contra los que juren la nueva Constitución, así mismo como su paternal excitativa a los párrocos para que inculquen y adviertan a los fieles ser ilícito aquel juramento. ¿Y cómo podré desatender éstas cosas que emanan tan inmediatamente de mi superior? De aquí es que, obrando con juicio y racionalidad, se me concederá la justicia y apreciaré suplicándole a Vd., como se lo suplico, que si a bien no tuviere esperar lo que el Vicario conteste, pese en su consideración las razones que aunque sucintamente dejo expuestas y que obrando con la prudencia que a Vd. caracteriza, dé el lleno a las disposiciones de sus superiores sin contar con la Iglesia, que ni directa ni indirectamente puede ni debe mezclarse en estos asuntos. Temo mucho una falta a Dios y más con escándalo de los hombres y per juicio de mi conciencia, y esto me exonerará de hacerme en manera alguna responsable de las consecuencias que a caso se sigan por mi negativa, como Vd. me indica. Vd. me aprobó, en conversación particular, mi consulta al Vicario y espero tendrá Vd. la bondad de que la esperemos, ya que se ha diferido el acto por la deferencia y consecuencia de usted, porque sin la vuelta del propio que al instante he puesto, a nada me puedo determinar; protestando a usted, como siempre, las protestas de mi aprecio y consideración. Dios guarde a Vd. muchos años. Rosario, mayo 4 de 1857.—Sor. Sub-prefecto del Partido.—Presente.

 

Documento número. 7.—Siendo Vd. el encargado de la Vicaría y curato de esta ciudad, según lo demuestran las comunicaciones oficiales que he recibido, a Vd. y no a otro es a quien toca resolver mi solicitud. En tal virtud y deseando dar punto a la contestación, cuando antes con el carácter de Vicario se niega Vd. y ahora se excusa con que ha consultado Vd. con el propietario, siendo así que ha hecho uso del carácter de aquella autoridad, lo que no me ha dejado duda alguna de que Vd. es quien debe resolver, por cuya razón espero que así lo verifique en el acto, dejando a Vd. la responsabilidad de las consecuencias de su negativa. Protesto a Vd. mi consideración. Dios y Libertad.—Rosario, mayo 4 de 1857.—Sor. Cura y Vicario foráneo de esta Parroquia.— Presente.

Documento núm. 8.—Vicaría de esta Parroquia.—A su nota que acabo de recibir, no puedo contestar tan satisfactoriamente como deseara por estar pendiente aún de lo que me conteste el Sor. Vi¬cario, a quien puse un propio hace más de cinco horas, lo haré, pues, en cuanto éste vuelva. Yo, a la verdad, ni aun debía estar aquí y sólo por ausencia y enfermedad del Sor. Cura me he encargado de impartir auxilios espirituales, sin deber mezclarme en otros asuntos sin previa consulta; y más cuando no es de mi incumbencia calificar si la Constitución o no contraria al espíritu de la Iglesia, esto, corresponde a otras personas a quienes tenemos un deber sagrado de atender y respetar y de modo alguno me es triste desatender. Repito que por momentos espere el dictamen del Vicario, al que nos atendremos para determinarnos. Dios guarde a Vd. muchos años. Rosario, 4 de mayo de 1857.—Por ausencia del Sor. Vicario. V. Vargas.—Sor. Subprefecto del Partido.—Presente.

Documento núm. 9.—Vicaría foránea. En este mismo momento y después de contestada la nota anterior de Vd. acabo de recibir la resolución y determinación del Sor. Vicario, relativa al asunto que nos ocupa, quien me manda diga a Vd. lo que a la letra copio: «Considerando la Iglesia Santa [como lo ha manifestado por medio de sus pastorales] ser ilícito el juramento de la nueva Constitución, no puede tomar ella participio alguno en dicho acto, por ser ilícito para ella; así es que no me es posible acceder a los deseos de Vd. respecto al Santo Cristo y Evangelios que Vd. se sirve pedirme. Vd. convendrá en que si la Iglesia reprueba ese acto, mal hiciera en cooperar a él de algún modo ya directo, ya indirecto.» Lo que transcribo a usted, con el gran sentimiento de no poder obsequiar su solicitud, manifestándole al mismo tiempo, que las atenciones espirituales de mi Parroquia, mis enfermedades y quehaceres a que debo atender, me hacen retirarme dentro de poco, quedando siempre en obligación de subvenir a las necesidades espirituales que en esta ocurran. Dios guarde a Vd. muchos años. Rosario, mayo 4 de 1857.—V. Vargas.—Sor. Subprefecto del Partido.—Presente.

 

De la Villa de Sinaloa, el subprefecto don Antonio S. Ramos, decía el 4 de mayo:

procedí el jueves 30 del ppdo. a la publicación de la carta fundamental del pueblo mejicano, disponiendo previamente organizar un piquete de hombres armados con armas de particulares, ya para darle más respetabilidad al acto, ya para que se hicieran algunas descargas en su solemnización; así se verificó; pero no me fue posible conseguir las campanas, como verá Vd. por la contestación original que dio a esta Subprefectura el Sor. Cura y Vicario foráneo de esta Villa, cuya pieza original acompaño marcada con el número 1; tampoco se consiguió la música por ser los instrumentos del mismo cura, quien los tenía anticipadamente recogidos. Esta Subprefectura, pues, mandó publicar la Constitución, autorizando el acto en cumplimiento de un deber, y quitando así las esperanzas de los desafectos. En seguida fue victoria da por la fuerza armada y por los concurrentes. La mayor parte de esta población está amedrentada, creyendo que en la Constitución se atacan los principios de la Religión Católica, y esta es la razón porque no se han prestado muchos a la solemnización de los trabajos de nuestros representantes; sin embargo hay algunos, aunque pocos, que han manifestado su regocijo al ver, por fin, constituida la Nación.

En la Villa de Choix se promulgó la Constitución el 17 de mayo, presidiendo el acto el Alcalde único Conciliador don Candelario Peña; y en la de San Ignacio el 29, ante el subprefecto don Juan García.

El general José María Yáñez, Jefe de las fuerzas de los Estados de Occidente, el día 10 de junio remitía al Gobierno el acta en que consta haber prestado juramento a la Constitución Política del país, ante el Sor. Comandante General de este Estado, el Sor. Gral. D. José María Cadena, Coronel D. José María Flores, Teniente Coronel Grado comandante de escuadrón D. Juan Esteban Orozco y capitanes D. Fernando Tagle y D. Pánfilo B. Barasorda, que han llegado últimamente a este puerto[. . .]

En vista de las dificultades surgidas entre las autoridades civiles y eclesiásticas en aquellos días, el gobernador Ramírez, en el mes de mayo, reclama al Obispo don Pedro Loza, por haber mandado dirigir circulares a los jueces y celadores de los pueblos para que no juren la Constitución, pues si lo hicieren no podrían ser absueltos, ni en artículo de muerte, sino previa retractación.

Finalmente el mismo gobierno, con fecha 28 de mayo, dirigió a los prefectos del estado, para su fiel observancia, la siguiente circular:

 

El E.S. Gobernador, considerando que si algunas personas, guiadas ya por un verdadero fanatismo, ya por coadyuvar a las siniestras miras de los enemigos de la libertad o ya por ambas cosas, abusan maliciosamente del candor de la clase menos instruida del pueblo, haciendo entender a éste que la nueva Constitución es una ley herética e impía que ataca nuestra religión, llegando el atrevimiento de los que así se empeñan en extraviar la buena opinión hasta el extremo de hacer creer a las familias que al jurar dicha ley se jura contra Dios, no es difícil que la juventud, a quien desde su temprana edad debe manifestársele lo cierto y dársele mejores consejos, reciba como una verdad lo que no es sino la más descarada mentira; S.E. ha tenido a bien resolver que en todas las Escuelas de enseñanza secundaria y aún en las de primaria del Estado, sea adoptada la Constitución Política de la República, como uno de los libros en que se instruirán a los jóvenes más adelantados de dichas escuelas, y, por consiguiente, más próximos a entrar en sociedad; a cuyo efecto los Sres. Preceptores fielmente explicarán a sus discípulos el verdadero sentido de los artículos de la repetida ley, cuyo conocimiento se hace más necesario cuanto que ella comprende al hombre más opulento como al humilde aldeano. Y considerando asimismo S. E. que es preciso y de todo punto necesario que a los jóvenes, a la vez de infundírseles máximas de moralidad y demás virtudes cristianas, se les inculque el amor a la patria y los sagrados deberes para con ella, pues un Preceptor encargado de dirigir a la juventud nunca podrá decir que cumple con su delicado encargo, si descuida este importante deber que constituye uno de sus principales preceptos, me ordena diga a V. S. prevenga a dichos directores de los establecimientos de enseñanza, la observancia de esta práctica, cuyos resultados en lo de adelante producirán la paz pública y la respetabilidad del Gobierno.—Educados así los jóvenes, vendrán con el tiempo a ser dignos ciudadanos, patriotas y conocedores de sus derechos; y entonces ya no será fácil que, como desgraciadamente ha sucedido hasta aquí, algunas clases turbulentas y enemigas de la libertad y del progreso se sirvan, como se han servido para sus depravadas miras, de las masas del pueblo ignorante a quien han hecho cómplice en las varias sediciones y motines que tanto han afligido a la República.

 

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Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

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