Cuentos de Sinaloa, Hermes González Maldonado

La Noche de los Mapaches

De: Hermes González Maldonado

Doña Marcelina era una mujer posesiva que cargaba a Don Cipriano, su marido, marcando el paso. Ella llevaba las riendas del hogar y decidía lo que se tenía que hacer. Don Cipriano con tal de ver feliz a su mujer, apechugaba cuanto le era posible, porque así le convenía al viejo que nunca le tuvo amor al trabajo.

No tenía muchos amigos Don Cipriano y los pocos que lo visitaban llegaban con cierto temor de que Doña Marcelina los echara y solo le permitía platicar en la orilla de la cerca, a veces ante la presencia de un perro bravo, del cual decían las malas lenguas era Doña Marcelina convertida.

La casa de los viejos estaba situada cerca del camposanto y se rumoraba que dona Marcelina aparte de ser bruja también era espiritista. Ahí acudían las mujeres, a las sesiones pues la mujer gozaba de la fama de ser una excelente mediunidad. Las visitantes se divertían a sus anchas viendo como la médium atraía con facilidad las almas de los muertos que vagaban en el espacio y las viejas mitoteras se tapan la boca para no soltar la carcajada cuando Doña Marcelina hablaba ya con voz de niño, o ya de hombre.

Así pues, la vieja emulaba a Sutzuma, aquel mago azteca que mantuvo a raya al Rey Ahuizotl, porque se le presentaba con diferentes formas. Dicen que la bruja se revolcaba en un hormiguero en un claro del cementerio y ahí adoptaba diferentes formas de animales con el propósito de hacerle el bien o el mal según lo requería la ocasión. Cierta vez, cuentan que una niña indígena no tenía corona para hacer la primera comunión. Doña Marcela se convirtió en mariposa blanca y de esta forma adornó su cabeza.

Una celosa mujer abandonada por el marido va en busca de ayuda a Doña Marcelina. La despechada le contó a la maga que la rival con la cual se iba a casar su marido era una vieja de dudosa vida moral.

Mira -le dijo la bruja a la mujer- a esa robamaridos la vamos a hacer pasar un buen rato en ridículo, nomás tú callada.

La mujer celosa le pregunta a la maga que si era cierto que a la novia que no era doncella se le caía la corona en la puerta mayor de la iglesia.

-Son consejas muy viejas, tu nomás espera, le contesta la maga. La novia llegó resplandeciente a la iglesia de la Natividad. De improviso una parvada de zanates sale del campanario y uno de tal bravura, derriba a picotazos la corona y velo de la desposada.

Una tarde llegaron a Don Cipriano unos amigos pescadores solicitandole prestada la canoa para ir a hacer «babagüi» a los esteros de Babarasa. Doña Marcelina dio la contraorden pero el viejo en esta ocasión no le hizo caso. Los Pescadores llegan al estero, botan la canoa y suben contentos rumbo a la pesca, esperanzados en hacer buen guato. De la sorpresa surgió el miedo pues una multitud de mapaches se abalanzó sobre la embarcación en actitud rabiosa.

Un mapache gordo y cenizo atacó a uno de los pescadores defendiéndose a canaletazos hasta quebrarle una de sus extremidades huyendo el animal hacia los manglares.

A la mañana siguiente los Pescadores entregaron la canoa contando lo sucedido a Don Cipriano.

Entren con confianza -les dijo- a la vieja la tengo en cama, pues no me lo van a creer que anoche, no supe como, se me quebró de una muñeca. Ahí la tengo entablillada.

 

Tomado del libro; El Abuelo de Tierra (Tamazula), González Maldonado, Hermes, Colección “Soles y Estrellas” Vol. 1, Diplomado en Geografía e Historia de Sinaloa, edición Creativos 7 Publicidad, Culiacán, Sinaloa, 2001.

 

 

La Noche de los Mapaches
Cuento sinaloense, La Noche de los Mapaches

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