Daniel Gámez Enríquez, gente de Sinaloa

 

 

Gente en Sinaloa

PROFESOR DANIEL GAMEZ ENRIQUEZ

 

Por: Esteban Zamora Camacho 

 

«Mis tres Sinaloas y yo»

Don José G. Heredia, escritor e historiador nacido en Sinaloa de Leyva, se emocionó cuando encontró en los archivos un documento relativo a la fundación de la Villa de Sinaloa, en 1583, por don Pedro de Montoya, pero la realidad, suficientemente aclarada por otros historiadores como Antonio Nakayama, Filiberto Leandro Quintero y Héctor R. Olea, es la de que esa fundación corresponde a otro asentamiento que tuvo lugar en la región del valle del Río Fuerte, nos dice el profesor Daniel Gámez Enríquez.

Maestro de primaria, inspector escolar, presidente municipal, oficial mayor de la Liga de Comunidades Agrarias en el Estado, don Daniel estudió y se recibió en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio cuando ya había criado y educado a sus hijos.

Retirado del Magisterio desde el año de 1983, después de más de 40 años de servicios, el profesor Daniel Gámez Enríquez se dedica ahora a escribir la información que, de las fuentes de la tradición oral, ha recopilado sobre la historia regional.

Ha reunido 32 biografías de personajes nacidos en el municipio de Sinaloa, pero al que le dedica una mayor devoción es a Teresa Urrea, «la santa de Cabora», nacida en Ocoroni y llevada por su padre al pueblo indígena de Cabora, en el Estado de Sonora, cuando todavía era una niña. Víctima de ataques epilépticos, Teresa permaneció durante tres días privada de la razón y al salir del estado agudo de su enfermedad los vecinos consideraron que se trataba de un caso de resurrección.

Muy pronto empezaron a atribuirle poderes sobrenaturales a la niña «resucitada» y la gente acudía a ella para pedirle que curara a los enfermos los que, por sugestión, encontraban alivio inmediato después de que Teresa le imponía las manos.

Aunque algunos historiadores ponen en duda la participación de Teresa Urrea en los levantamientos de los indígenas de Sonora y Chihuahua, que culminaron con la sangrienta represión del pueblo de Tomochic, don Daniel asegura que la santa de Cabora fue alma de la insurrección, la que siguió apoyando desde su destierro en Estados Unidos, por lo que debe considerársele entre los precursores de la Revolución.

Otro de los protagonistas de la historia favoritos del profesor Gámez Enríquez es el cacique Nacabeba, personaje que a muchos de los que nos hemos asomado al pasado sinaloense nos ha parecido siniestro ya que después de haber asesinado al Padre Gonzalo de Tapia usaba la calavera del mártir jesuita como vasija para beber en ella.

Sin embargo, para el profesor Gámez Enríquez, Nacabeba es un héroe que tuvo la vergüenza, el talento y la dignidad de defender a su tierra en contra de quienes vinieron a despojarlos injustamente.

Nacabeba era un obstáculo para la obra evangelizadora del Padre Tapia, quien después de tratar de convencerlo de que dejara de predicar en contra del Evangelio y abandonara sus costumbres, que eran motivo de mal ejemplo para sus hermanos de raza, dio cuenta de lo que pasaba al alcalde Miguel Maldonado, el que mandó detener y azotar al indio levantisco.

«Lo amarraron a un palo en la plaza pública —relata don Daniel— y le pegaron una pela en las nalgas bichis hasta que lo dejaron zonzo».

Más que el dolor físico de los azotes, a Nacabeba le ardió en el corazón la afrenta. Encendido en odios y rencores, asesinó al Padre Tapia en una población que el profesor Gámez asegura que se llamaba Tabalopa, y se levantó contra los conquistadores, a los que hizo víctimas de feroces asaltos e incendios.

Nacabeba se refugió con los zuaques, pero temeroso de que cayeran en la tentación de aceptar los ofrecimientos de los españoles a cambio de la entrega del cabecilla insurrecto, se fue con los tehuecos, los que lo traicionaron y lo vendieron.

La mujer de Nacabeba fue degollada y su hija enviada como esclava a la Ciudad de México. El cacique fue descuartizado en la plaza pública de San Felipe y Santiago, hoy Sinaloa de Leyva, que había sido el escenario de la afrenta que lo lanzó a la rebelión armada contra el yori.

En sus apuntes, don Daniel consigna datos desconocidos sobre Gabriel Leyva Solano, precursor de la Revolución y activo dirigente en la lucha contra la dictadura de don Porfirio Díaz, que se inició en la oposición en una campaña política durante la cual «hasta los pericos del monte gritaban ¡viva Ferrel!».

Don Daniel ha titulado a su obra «Mis Tres Sinaloas y yo», en referencia a la villa de Sinaloa de Leyva, al municipio de Sinaloa y al Estado de Sinaloa.

¿Por qué «y yo»?

—»Porque aspiro a que se me conozca y a que se divulguen mis garabatos. He escrito un drama, poemas y canciones que incluyo en la última parte de mi libro para salvarlos del olvido».

 

Tomado del libro Sinaloa: Paisaje humano, Zamora, Esteban, Editorial Culiacán, S.A, Imprenta Venecia S.A., Tacubaya, D.F. México, 1988.

 

 

Profesor Daniel Gámez
Profesor Daniel Gámez Enríquez, gente de Sinaloa

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