El Ayale y el Bule, redención de mi pueblo, identidad sinaloense

Identidad sinaloense

El Ayale y el Bule, redención de mi pueblo

 

Por: Rafael Guerra Miguel

 

En la flora silvestre de Sinaloa, por mandato propio de la naturaleza, germinan desde tiempos primitivos plantas de frutos carnosos y semillas sin albúmen que nuestros indígenas bautizaron con el nombre de «TECOMATE» o COATZTECOMATE», y cuyo significado, según la lengua Nahuatl, no es otro que el de «recipiente», «vaso». Su forma redonda ingeniaba a nuestros nativos para la elaboración de instrumentos percusivos que en la actualidad conocemos como «maracas».

Más para ofensa de nuestro regionalismo, aseguran los investigadores venidos de la Vieja Castilla, que «maraca” proviene del guaraní mbaracá (sic) representando el instrumento musical de los guaraníes, que consiste en una calabaza seca con granos de maíz o chinas en su interior, para acompañar el canto aborígen.

En nuestra flora, sin embargo, la fruta llamada «Tecomate» o «Coaztecomate» —mejor conocida como «EL AYALE«— no puede considerarse, a la usanza guaraní, como una especie de calabaza, pués botánicamente ésta es de tallo sarmentoso, con pelo áspero, hojas sencillas y alternas, flores regularmente unisexuales de cinco sépalos y cinco estambres; en tanto que aquella, prolifera con hojas alternas de cuatro sépalos en dos filas, corola cruciforme y estambres de glándulas verdosas en su base. Ambas, si bien es cierto, pertenecientes a la familia de las angiospermas dicotiledóneas, pero clasificadas unas como cruciformes y otras como cucurbitáceas.

«EL AYALE» popularizado durante muchos años como diminuta «barrica » para añejar vinos o mezcales de la región, suele resultar a los hombres del medio rural como el mejor de los bálsamos en enfermedades respiratorias, pero, sobre todo, medicina casera de gran remedio para el asma y la tós.

 

Cuentan lugareños del sur de la entidad, que en más de una ocasión los franceses hubieron de reconocer el gusto por los buenos vinos añejados en el regazo del «AYALE», y relatan, como ejemplo, que un doctor nayarita alcanzó inesperado triunfo en el certamen vitivinícola celebrado en París allá por la década de los treinta de nuestro mesiánico siglo XX.

Con todo y que los labriegos sinaloítas propician los más diversos usos al «AYALE«, éste sigue siendo fruto de consumo vernáculo, alambicado, yerbero y musical, que solo se expende en los puestecillos de vendimia provinciana, rústica, hebdomadaria y pintoresca.

Curiosamente, al correr del tiempo, generaciones de sabrosa picardía campirana trocan el significado botánico o nahuatlaca del «AYALE», por el del somático sitio de la entrepierna varonil que representa la dignidad que nunca se pierde y la valentía gallarda del macho, atrevido y mujeriego.

 

En cuanto al espíritu chancero y jocoso de la inactividad humana, o bien, sobre la resignación cívica de cerviz gibosa, «EL AYALE«, vuelve a ser expresión metafórica para denotar la insuficiencia hormonal de los hombres.

En este mismo sentido, otra fruta de la flora silvestre de Sinaloa: «EL BULE«, es fuente inagotable de inspiración mordaz y satírica de la paisanada. Causa risa, por ejemplo, que para manifestar la lamentable o afortunada proximidad de terminación de un encargo público, se diga en tono festivo salpicado de fina ironía «ya se le está acabando el agua al bule«. Igualmente, si se quiere demostrar capacidad personal y lo innecesario de la ayuda ajena, acostúmbrase a decir con aire de autosuficiencia, que a veces raya en la balandronada, «no necesito bules para nadar«.

«EL BULE» a diferencia del «AYALE», no es recipiente de añejamiento etílico debido a que su fruta, también carnosa, tiene un sabor amargo, repulsivo. Los jornaleros, gente resignada de mi pueblo, aprovechan la mayor dimensión del «BULE» para que, previa extracción de su fruto, se convierta en la cantimplora rustica, fiel compañera del «rancho» diario de los humildes. Cortado a la mitad, «EL BULE» se transforma en el «jumate» de los pobres, regadera sencilla que sigue bañando las esperanzas de un amanecer sin horizonte aún.

Desgraciadamente, la ecología de esta época adulterada intenta arruinar la flora silvestre de Sinaloa y como «presagio » de cumplir su amenaza de apocalípsis, empieza a exterminar las plantas del «AYALE» y el «BULE», parangón quizá de la naturaleza con el epílogo de los «hidalgos» de mi tierra.

Por ello, si a la ecología, o a quien sea y como se llame, es necesario vencer; debemos luchar por vencerlos, en defensa de la flora silvestre de Sinaloa y en justa apología de los «AYALES» y los «BULES» frutos autóctonos de la redención de mi pueblo.

 

Tomado de; Presagio, Revista de Sinaloa; numero 4, páginas 12.

 

 

El Ayale y el Bule
Ayale y Bule

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