El espíritu del indio Bachomo, alienta aún en Sinaloa

Documentos de la historia de Sinaloa, México

 

 

ALIENTA AÚN EN SINALOA EL ESPÍRITU DEL INDIO BACHOMO

 

Por: Luis Spota

 

Bachomo -el hombre que vino del norte a encender la Guerra Santa del Río Fuerte y que murió fusilado por el entonces coronel José Gonzalo Escobar a la entrada de uno de los pueblos por él arrasados- aún alienta por los anchos campos de Sinaloa, jinete en su veloz corcel de humo, realizando increíbles actos de taumaturgia.

Para el cora, para el huichol, para el mayo, yaqui y pima sonorense, Felipe Bachomo, el feroz cabecilla no ha muerto -no murió cuando las balas del famoso Quinto de Sinaloa, victimaron su recio cuerpo acallando para siempre su terrible voz de trueno, al fin de los «dieces» ensangrentados, ante las vías de la polvosa estación de Los Mochis.

 

No ha muerto Bachomo, y en torno él voces indias tejen leyendas en las noches del valle y de la sierra, relatando sus novelescas carreras por los llanos de Occidente. Y este mayo, que en su hora fué el símbolo de los aborígenes derechos postergados, -que dejó a sus espaldas lumbradas de incendio y sangre de violación, es ahora, el espíritu, mesiánico símbolo de bondad, paz, concordia.

 

Este indio que otros indios consideran inmortal, errabundea incansable concediendo favores, sanando a los enfermos, esperanzando a los desesperados, haciendo que de los cielos resecos bajen las lluvias, conteniendo las devastadoras inundaciones del Fuerte, el patriarca de los ríos sinaloenses, en cuyas aguas, durante años, espejeó la fama del Tigre de Jaguara.

YAVIENE BACHOMO…!

Años revolucionarios del 13 al 18. Por Durango y Chihuahua, como estampida, resuena el nombre de Francisco Villa. En el noroeste, brilla una estrella en alza: Álvaro Obregón. Carranza y su cortejo de adulones refúgianse en Nogales. Un joven militar prepara ya batallas que le han de dar fama: Ramón F. Iturbe.

 

Y en el valle del Fuerte, cerrado por la sierra de Camayeca y el Pacífico, Bachomo pone en pie de guerra a dos mil indios del desierto de Sonora, del llano de Sinaloa, de las montañas de Nayarit y, alzando falsa bandería viIlista, inicia su leyenda de caudillo invencible y sanguinario.

Ya viene Bachomo…!

El grito sembraba pánico y hasta los extensos cañaverales apretaban sus tallos, miedosos. Bachomo-canana de gruesas balas sobre el pecho; corto mausser de caballería al flanco, negras 45 al cinto- era la representación de la furia desencadenada, a la que no detenía las tropas enemigas, ni los lamentos de sus víctimas.

Durante años Bachomo señoreó en el valle. Noche a noche, en diferentes sitios, repetíanse las matanzas: la indiada, borracha y brutal, disparando locamente sus armas; los gritos de las mujeres, entre la orgía que duraba hasta el alba; la degollina implacable; el pueblo en llamas, de punta a punta…! Y al clarear el retorno al cuartel de Jaguara, rebosante de botín de bacanora y tesgüiño, alcoholes terribles…!

 

ITURBE, ELVENCEDOR; BACHOMO, EL «SANTO»

Y esto todos los días, hasta que uno, el vencedor de Culiacán, Ramón F. Iturbe, jefe de la Primera Division del Noroeste, dispuso batirlo.

Al frente del 5o. de Sinaloa, salió el coronel José Gonzalo Escobar.

Semanas enteras se prolongó la campaña contra los indios. Las huestes de Bachomo midieron sus armas con el enemigo y fueron derrotadas. Al invencible caudillo del Río Fuerte, capturado más tarde, conduciéronlo a la ciudad de Los Mochis, donde, tras brevísimo juicio revolucionario, tuvo que enfrentarse al pelotón. El cadáver quedó terriblemente destrozado.

Fieles indios cavaron allí mismo, al lado de la línea férrea, una tumba, cubriéndola de piedras. La tumba, veinticinco años más tarde, se conserva exactamente igual, y a todas horas del día o de la noche, manos misteriosas colocan sobre ella, velas y flores, aguardiente y comida, para el derrotado guerrillero.

A raíz de su muerte, indios peregrinos corrieron el rumor de que Bachomo aparecíase por las noches, montando en caballo de viento, y que concedía gracias y favores a quienes se los solicitare. Desde entonces principió la leyenda de las apariciones, leyenda que todos en el norte de Sinaloa conocen y difunden en las pláticas nocturnas.

 

Los milagros que ha hecho Bachomo son muchos: cuando, por ejemplo, las siembras padecen por la sequía, los terratenientes indios de Sinaloa, Sonora o Nayarit, hacen largos viajes para llorar entre el montón de piedras que improvisa el mausoleo. Y las lluvias vienen, abundantes, frescas!

Si, en las crecidas, el gran Río Fuerte amenaza con inundar los campos, los indios imploran y Bachomo contiene las aguas; si el hielo está pronto a quemar el tomate, el caudillo interviene y logra magníficas cosechas.

Si un padre ha perdido a su hija o un esposo a su esposa, Bachomo las hace tornar, contritas, al techo común. Y si un amante desespera, Bachomo calma sus ansias haciendo que la amada le corresponda…

Y se cuentan también curaciones milagrosas: ciegos que ven, lisiados que sanan, mudos que hablan, repentinamente, con sólo invocar el nombre del guerrillero.

Muchos lo han visto en sus paseos por el llano; muchos también aseguran que los ha salvado del peligro, de la emboscada enemiga; y todos, afirman que Bachomo no ha muerto y que errante, cumple el mandato divino de consolar a quienes a él se dirigen, reparando con bienes inapreciables el mal que él a tantos causó.

 

Letras de Sinaloa, mayo de 1951.

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 2, páginas 6-7.

 

Felipe Bachomo
Felipe Bachomo, dibujo

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