El folclor, identidad sinaloense

Identidad sinaloense

 

EL FOLCLOR

 

Por: Daniel Gámez Enríquez

El folclor de los mayos, los yaquis y sus hermanos de la región cahita, es una mezcla de elementos nativos propios de las tribus, y de elementos extraños asimilados defectuosamente del cristianismo; la introducción de la religión cristiana dio origen a la transformación en las costumbres, obligándolos a olvidar algunos usos primitivos.

La danza, lo que más acostumbran en sus fiestas religiosas o profanas, a la postre de esa conjunción de elementos ancestrales, viene a resultar una amalgama de prácticas que mistifican los ritos cristianos, ya que la forma de efectuar las ceremonias se ajustan a su peculiar liturgia.

Los bailes autóctonos y los ceremoniales religiosos, se encuentran vinculados a las circunstancias de la vida social de los pueblos cahitas; sus danzas tradicionales que son su verdadera pasión, vienen a ser el foco en que se reconcentra el interés de sus fiestas; por esta razón las festividades religiosas se complementan con los bailes de el pascola, el venado, los matachines. Al baile de los matachines los indígenas o judíos danzantes les arreglaron o mezclaron otros. Entre la ejecución de los matachines introducen el baile de el caballo loco, que consiste en imitar danzando a un caballo rebelde, como desobedeciendo el freno o la rienda.

También le mezclan el baile de la toche, pero casi no quieren ejecutarlo por difícil y cansado; su ejecución es semejar o imitar a una toche o liebre que salta mucho sentada, sostenida por las dos extremidades traseras. Imitan también al torito; a la cuichi; al pajarito, etc.

En la danza de los matachines imitan a muchos animales y la ejecutan un grupo de varios danzantes al son del violín y otros instrumentos de percusión.

 

El pascola

La danza o baile de el pascola, cuyo nombre es una voz cahita compuesta de pasco, fiesta, y óla, viejo, de manera que el pascola según la etimología de la palabra, significa el viejo de la fiesta.

Dentro de las modalidades que tiene esta danza, el pascola o danzante utiliza unas sonajas de ayal o tecomate con piedritas adentro cuando baila al son del tambor y la flauta, pero en sus bailes ordinarios lo hacen a los acordes de dos violines, un arpa y a veces un tambor. En ocasiones se les agrega el arco, que consiste en un largo carrizo conteniendo una cuerda. En un extremo lleva de sostén un puente y hacia el otro una clavija tensora para afinar; el arco produce al rascar la cuerda con un dedo un sonido de una sola nota.

Los músicos son parte integrante de toda representación o ejecución de la danza. Tocan para los matachines, para los pascolas, para el venado. Cuando las fiestas son solemnes, los instrumentos son los de cuerdas, y se acompañan del tambor y la flauta. En las fiestas grandes siempre hay dos conjuntos situados aparte y tocan alternándose una variedad de piezas, algunas de ellas llevan el nombre de animales: el coyote, el tecolote, el pájaro, el mapache, la toche, el torito, etc., propios para los estilos de bailes correspondientes. Cuando el pascola ejecuta la danza, se rige en los instrumentos de cuerda; con una introducción la música inicia la fiesta en forma lenta y va desenvolviéndose gradualmente hasta alcanzar el tiempo requerido para la danza. Una vez que cada pascola, cuando son varios, ha bailado su turno y por un cierto espacio de tiempo, viene entonces un período de descanso, durante el cual se desarrollan las bufonerías que acostumbran los pascolas entre sí o dirigiéndose a su auditorio. La personalidad del pascola no sólo depende de sus cualidades de buen bailador, depende también de su habilidad para ejecutar actos tendientes a divertir y hacer reír a su público. Es un chanceador estupendo, actor teatral magnífico, sainetista tremendo en su estilo: sus historias, sus críticas, sus anécdotas, sus chocarrerías, son grandemente festejadas. Acostumbran a expresarse en forma bilingüe, según el caso o la ocasión. La danza del pascola es para nuestros aborígenes la danza más usual, al grado que llega a ser imprescindible en las fiestas familiares, sociales y funerales.

Es genuinamente autóctona: danza bárbara, ceremoniosa, mágica, primitiva, enraizada en las más afirmadas y remotas tradiciones.

 

La danza del venado

La danza del venado es la más esplendida, exquisita, vistosa y elegante. De carácter mímico o imitativo como las danzas que le agregan a los matachines. Esta danza la interpreta un solo individuo, quien imita al venado en sus aspectos más trascendentales. El comportamiento del danzante, la expresión de sus movimientos, el atuendo de su disfraz y aún la música misma, dan la elegancia en la que se sustenta el baile. Así pues, el gallardo porte del venado, sus movimientos, sus pasos, su inquietud y su viveza, son transportados a la danza y convertidos en ritmo y versión sobre la sensibilidad y temperamento

del danzante.

El atuendo o vestuario del venado, al que los indios llaman en su idioma mazocoyotero, mazocobata Baila en camiseta o con el tronco desnudo; pero lleva una especie de túnica o envoltura de tela blanca que se extiende desde la cintura hasta la rodilla. Sobre los tobillos lleva tenavarias, en la cintura un cinturón de cuero del que cuelgan cerca de unas 100 pezuñitas de venado y en sus manos dos sonajas de ayal o tecomate, llamadas aibose, que suenan de continuo mientras baila.

Esta danza es la representativa de los cahitas de Sonora y Sinaloa y ha sido tan gustada y elegante que ha traspasado las fronteras de México para presentarla en el extranjero donde ha sido muy aplaudida y admirada.

 

Ilustración: Pintura de la artista sinaloense Rina Cuéllar, tomada de la portada de Presagio, Revista de Sinaloa número 73, octubre de 1995.

El folclor sinaloense
Músico mayo, el folclor sinaloense

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