El paso de la cabalgata jesuita por Sinaloa

 

Historia de Sinaloa México

 

EL PASO DE LA CABALGATA JESUITA POR SINALOA

 

Por: Amalio Barrera Avilés

Los años que precedieron al derrumbarse el poderoso Imperio Azteca, la tierra sinaloense todavía era dominada por naciones bárbaras que escasamente habían conocido la cultura occidental. La Historia, sigilosamente, preparó el camino para trazarle al jesuismo una misión gigantesca que borró las horribles huellas de la Conquista; los misioneros jesuitas, santos varones de la fe, hicieron más humana su labor cristiana entre los pueblos indios. La cabalgata heroica de estos valientes soldados de San Ignacio de Loyola inculcó a las ciudades paganas un credo lleno de robustez evangélica, porque, inspirados por la luz de la fe, fue el regalo de Dios que llevaron dentro de sus corazones para hacerlo llegar como mensaje de paz y trabajo al indio redimido.

Uno de tantos misioneros que integraban esa Cabalgata Jesuita, y que midieron la región india por sus pies, fue el insigne Padre Andrés Pérez de Ribas, quien dejó la sublime huella de su inmenso apostolado. Su paso fue el signo que esculpió de blancura tan azarosa misión espiritual. Junto al sublime jesuita, otra figura egregia aparece evangelizando dentro del marco jesuistico, desarrollando tremendas actividades como columna recia de las misiones, esencialmente en las cuencas del Mocorito ( Sebastián de Évora), Sinaloa (Petatlán) y del Fuerte (Zuaque), fue el sublime Padre Gonzalo de Tapia que abrió caminos imposibles para cumplir con su misión de santo. El Padre Tapia vino a las Indias en 1584, donde dedicó su vida a la conversión del indio; pero su apostolado, al que le dio gloriosa nombradía en la Nueva España, fue opacado cruelmente por el feroz Nacabeba, indio tehueco sin entrañas que acabó con la vida del santo en Teborapa el 10 de julio de 1594. El sacrificio del Padre Tapia, a manos de Nacabeba, no quedó sin recibir su castigo porque fue tenazmente perseguido por Diego Martínez de Hurdaide, quien por fin lo capturó y le ejecutó en un pueblo de los tehuecos.

La trayectoria del jesuismo a través de tierras inhóspitas pobladas por tribus sanguinarias, y su misión tan llena de ardua labor, es digna de recordarse siempre por el desinterés que le tenían a la vida, pues su tarea, de verdaderos santos, fue cristianizar al indio, para ellos el sacrificio en aras de la fe, mediante su inigualable espíritu de bondad en redimir al indio para incorporarlo a la civilización. Es indiscutible su misión en este concepto: los jesuitas, como Tapia, Santaren, Velasco, Villafañe, Pérez, Parcal y otros tantos abnegados evangelizadores de esta gigantesca Cabalgata espiritual, en sólo 30 años de dura lucha contra la idolatría, lograron conquistar el territorio de Sinaloa. Acabaron, después de tantas pruebas heroicas, con las espantosas costumbres bárbaras, unieron pueblos y crearon ciudades, ennoblecieron los sentimientos paganos transformándolos en devotos de Cristo; evangelizaron a los «cubiris», bamoas, níos, ahomes, guazaves, zuaques, tehuecos, tzoes, huites, bacoburitos, chicoratas y yecoratos.

Al sentir su presencia, las tierras de esta región, la espiritualidad llena de sublimes congojas de estos cruzados del jesuismo endulzaron con sus métodos cristianos todas las encrucijadas de Sinaloa; y con ello, al fin de tan tos sacrificios, hicieron más labor humana que todo el poderoso arsenal de los conquistadores, al incorporar a los indios a la fe y civilización. «La Cabalgata Heroica de los Misioneros Jesuitas», de Alfonso Trueba, ilustre biógrafo nacional, nos dice con toda la formidable belleza de sus escritos, como la exposición histórica de sus estupendos hechos: «Al evocar los grandes civilizadores de estas regiones de nuestro país nos presentamos una cabalgata heroica por que son héroes evangélicos que cabalgan, que van en sus mulas o en sus jamelgos ensanchando la patria al paso de sus cabalgaduras. Esperemos que tu, lector benévolo, nos ayudes a difundir el conocimiento de !éstas sí! gigantescas figuras de la historia de México».

Los ensayos espirituales que desarrollaron los jesuitas a través de largas jornadas, y a través de innúmeros poblados, el P. Pérez de Ribas, en sus crónicas por la defensa de la fe, son de carácter exclusivamente originales.

En todas las partes fundamentales de sus formidables relates refiere con particular cuidado que el número de idiomas indígenas era infinita Los misioneros jesuitas tuvieron que arrostrar todas estas pruebas, tuvieron que aprender todas las lenguas bárbaras; «sin libros, sin papeles, sin arte, vocabularios ni calepinos» pues en toda esta complicada situación, los misioneros vencieron la prueba de asimilar el lenguaje indio, llegando a escribir gramáticas y diccionarios, legando esa esforzada tarea a las generaciones venideras.

La prosperidad de la misión jesuita en Sinaloa llegó al clímax de la fama en los años siguientes. A la muerte del glorioso Padre Tapia fueron continuas las revueltas y amenazas de las tribus del norte, que obstaculizaron el avance de la cristianización, pero al comenzar el siglo XVII toman otro giro las cosas con el gobierno del capitán Hurdaide y la ejecución de Nacabeba. De la conversión de los cubiris, bambos y níos, se empeñan los PP. Méndez y Santaren, a costa de enormes dificultades, en su labor de apostolado. Al Padre Hernando de Villafañe se le asigna la misión de evangelizar a los guazaves; el P. Pérez de Ribas ejerció su misión durante once años con los ahomes; el P. Méndez toma a su cargo a los tehuecos. La conquista espiritual más difícil fue someter a la fe a los sinaloas, nación compuesta por mil familias. Su cristianización se le debe al humilde jesuita, de dulzura y bondad desconocidas y de ejemplar existencia: el abnegado Padre Cristóbal Villata.

La historia del jesuismo en Sinaloa es un vivo reflejo de tanta y conmovedora realización de hechos que pasan del heroísmo al sacrificio por esa pléyade luminosa de almas sin par, y, al pasar de siglos, la obra inmortal de esos soldados de Cristo quedó esculpida en el purísimo lienzo de la santidad.

 

El Diario de Culiacán. 17 de abril de 1959.

 

 

Los jesuitas en Sinaloa
Los jesuitas en Sinaloa

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