El proceso histórico sinaloense de la Independencia a la Revolución

 

Documentos históricos del estado de Sinaloa, México

 

 

EL PROCESO HISTÓRICO SINALOENSE DE LA INDEPENDENCIA A LA REVOLUCIÓN

 

El periodo comprendido entre la Independencia y la Revolución (1821-1917) fue la etapa histórica en que Sinaloa dejó de ser una provincia colonial de la Nueva España para transformarse en estado libre y soberano dentro de la Federación mexicana. Fue también la época en que la sociedad sinaloense adquirió la estructura que la caracteriza en el presente. A lo largo de este trabajo hemos presentado los acontecimientos más importantes que ayudan a entender cómo se fue gestando esta transformación de la organización política, económica y social de Sinaloa, en función de las condiciones internas de la región, de la interacción con la sociedad nacional y del impacto de los factores provenientes del extranjero. En este último apartado pretendemos exponer los puntos medulares de la historia descrita, con el propósito de ofrecer al lector una visión de conjunto de este proceso histórico.

A principios del siglo XIX era Sinaloa una provincia periférica del imperio colonial español, sujeta mediante mecanismos políticos y económicos a los grupos privilegiados de la sociedad novohispana que actuaban, principalmente, desde el exterior de la provincia. La riqueza producida en Sinaloa —metales preciosos— beneficiaba al fisco y a los todavía poderosos comerciantes de la ciudad de México y de Guadalajara, a través de un inequitativo sistema de intercambio.

El movimiento de independencia se llevó a cabo fuera de la región, pero afecto a Sinaloa al extinguir la dependencia del poder colonial con la consecuente desaparición de los mecanismos de control que actuaban sobre la sociedad local. El primer efecto de la guerra insurgente sobre el noroeste fue la dislocación del sistema comercial que lo ligaba al centro del virreinato, lo que obligó a los comerciantes locales a entablar relaciones abiertas con los contrabandistas europeos y angloamericanos que ya operaban en las costas de la región. Este ilícito tráfico fue un buen negocio para los comerciantes locales, que antaño fueran simples agentes de los comerciantes de México y de Guadalajara, y así empezaron a surgir varios grupos con poder económico; El Rosario, Cosalá, Culiacán, Álamos y Pitic fueron los poblados donde radicaban los grupos más importantes.

 

En 1821 la Independencia produjo la desaparición de los mecanismos a través de los cuales la autoridad virreinal ejercía el control político militar sobre la región y el nuevo gobierno que empezaba a formarse carecía de los medios para cubrir ese vacío. Esta coyuntura abrió la posibilidad para el desenvolvimiento político de los grupos locales de poder, apoyados en el lucrativo negocio del comercio exterior y sin más proyecto político que incrementar sus ganancias por medio del ejercicio del poder público. El periodo comprendido entre la Independencia y la Reforma (1821-1853) fue de auge para los grupos oligárquicos del noroeste. La competencia entre ellos produjo la división del Estado Interno de Occidente en 1830 y, posteriormente, los grupos sinaloenses contendieron entre sí por el control económico y político sobre el estado libre y soberano de Sinaloa. El grupo oligárquico de Cosalá fue desarticulado y la lucha continuó entre los de Culiacán y Mazatlán; al fin de este periodo los mazatlecos lograron vencer a los adversarios e imponer su hegemonía sobre el estado. No hubo en esta época una acción efectiva del gobierno federal en los asuntos de Sinaloa ni participación de los sinaloenses en los asuntos nacionales.

 

El periodo de la Reforma (1854-1867) fue un punto de ruptura en el proceso histórico nacional, en cuanto que se sentaron las bases y se desbrozó el camino para la implantación en México del sistema capitalista. El grupo liberal —dirigente indiscutido de la nación— decidió lograr que México ocupara el puesto que le asignaba el capitalismo occidental, es decir, hacer del país un productor de materias primas para la industria extranjera, un consumidor de manufacturas importadas y un campo abierto para la inversión del capital extranjero. También para Sinaloa la Reforma constituyó un punto de ruptura en su proceso histórico regional, en cuanto que el estado quedo involucrado en el proyecto que guiaría los destinos de la nación. A partir de la Reforma, Sinaloa inició su integración económica y política a la nación, como se advierte en el fuerte impacto regional de las guerras de Reforma e Intervención, y en la participación de los sinaloenses en la solución de estos conflictos dentro de su territorio y más allá de sus fronteras. Esta progresiva integración a la nación también cancelaría las condiciones que hicieron posible el libre juego de las oligarquías locales en el ámbito regional.

 

El periodo de los primeros gobiernos liberales (1867-1877) fue para Sinaloa una transición entre la época de las oligarquías locales y la de la implantación efectiva del proyecto liberal. Dentro del estado se inició la reorganización de la deteriorada economía y del sistema político, empresa en la que tuvo influencia decisiva lo que ocurría en el ámbito nacional. En efecto, la política aplicada por el gobierno federal en cuanto a la liberación del comercio y a la agilización de las comunicaciones, permitió la expansión de algunos mercados regionales y fue un paso firme hacia la articulación de un mercado nacional. Este hecho afectó al grupo de comerciantes mazatlecos en la medida en que progresivamente fue destruyendo el monopolio que les permitía obtener desmedidas ganancias. Socavada la base del poder económico, el grupo perdió influencia política y dejó de ser un obstáculo al desempeño de las funciones del gobierno estatal.

 

De mayor importancia en el proceso histórico sinaloense fue el periodo cañedista (1877-1909), durante el cual se llevó a cabo la implantación del proyecto socioeconómica del liberalismo, lo mismo que en otras regiones del país. Fue entonces cuando se formaron en el estado las condiciones propicias a la implantación del sistema capitalista, tales como: la concentración de los medios de producción en propietarios privados, la liberación de mano de obra, la importación de capitales y tecnologías extranjeros, la expansión del mercado interno ligado al mercado internacional, principalmente a través de Estados Unidos. Fue evidente la dinamización de la economía sinaloense, pero tuvo por contraparte la agudización de los desajustes sociales, esto es, la sobrexplotación del trabajo de las clases bajas, el progresivo deterioro de sus condiciones de vida y la acción de un régimen político cada vez más represivo.

 

En el curso del periodo revolucionario (1909-1917) los sinaloenses en armas liquidaron el régimen político cañedista y se sumaron a las fuerzas que dieron el triunfo a la Revolución a nivel nacional. Sinaloa estaba ya integrada a la sociedad nacional y los sinaloenses formaban parte del grupo triunfador que trazaría los nuevos cauces del desarrollo de México. A partir de este momento el proceso histórico de la entidad tendería hacia una mayor sujeción política respecto del nuevo grupo dirigente de la nación y hacia la consolidación de las estructuras del capitalismo dependiente.

 

 

Tomado del libro; SINALOA textos de su historia, Ortega, Sergio; López Mañón, Edgardo (compiladores), Gobierno del Estado de Sinaloa, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México, D.F., 1987.

 

de la Independencia a la Revolución en Sinaloa, México
Ejército Trigarante, Independencia de México

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