El Rosario, Sinaloa, México; Ciudad de la Plata

Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa, México

 

EL ROSARIO, CIUDAD DE LA PLATA

 

Por: Antonio Nakayama

 

Una de las ciudades de más prosapia y con mayor historial en el Estado de Sinaloa, es la de Rosario. Enclavada en la vieja Provincia de Chametla, otrora poderoso señorío indígena que fuera testigo de las trágicas fogatas del Muy Magnífico Señor don Nuño Beltrán de Guzmán; de la muerte del Maese de Campo Lupe de Samaniego, y de los desvelos mineros de don Francisco de Ibarra, ha escrito Rosario páginas de historia que otras ciudades sinaloenses no han podido emular.

Cuenta la leyenda —hermosa como todas las leyendas que «…el año de mil seis cientos cincuenta y cinco días tres de agosto bíspera del glorioso patriarca Sr. Sto. Domingo de Guzmán, día sábado…» el caporal Bonifacio Rojas descubrió la primera veta de un río de plata que corría durante casi tres siglos, y que hizo su descubrimiento al habérsele «…cortado el Rosario e ynclinándose a recoger las — quentas…»‘

Y desde ese día comenzó la afluencia de españoles, criollos y mestizos que atraídos por la fiebre de oro y plata —enfermedad de la que nunca curará la humanidad—, formaron un nuevo pueblo que fué bautizado con el nombre de Real de Minas, al incidente que puso al descubierto la gran riqueza que constituyó la estructura de una población que en cortos años desplazó a la vieja e histórica de Chametla, convirtiéndose en el núcleo económico de una dilatada región.

Como todos los pueblos mineros, tuvo altas y bajas, y para el año de 1747, pese a que varias minas habían sido abandonadas por falta de facilidades para trabajarlas, las que estaban en explotación eran lo suficientemente ricas para dar vida al Real y a toda la Provincia de Acaponeta.

En las postrimerías del siglo XVIII era el poblado más próspero de todo el noroeste de la Nueva España. En 1772 su población alcanzaba los 5,000 habitantes, y para 1800 llegaba a los 7,000. La riqueza de la región era muy grande, y el Real de Nuestra Señora del Rosario como centro vital de ella, monopolizaba el comercio de todo lo que hoy es el sur de Sinaloa y parte del Estado de Nayarit.

 

El doctor Gutierre Tibón, en un artículo que hemos consultado, apunta: ‘En la historia de la minería mundial no ha habido ni una sola mina con la Ley de los minerales de Sinaloa. En el Rosario, sobre una tonelada de mineral cuatrocientos quilos eran de oro».

Este auge movió al gobierno virreinal a establecer en el mineral las Cajas Reales y la significación alcanzada por la población le ganó el privilegio de que los Obispos de Sonora tomaran posesión en su hermosa parroquia, que todavía se levanta como mudo testigo de una grandeza que desapareció cuando el río de plata se secó.

En los años que siguieron a la consumación de la Independencia en Sinaloa, el Real ganó el título de ciudad con el nombre de Asilo del Rosario, que le fue otorgado por el Congreso Constituyente del Estado de Occidente, al que ofreció protección y asilo en su pugna con el gobernador Francisco de Iriarte.

Todavía en ese tiempo Rosario era la ciudad más rica de la región noroccidental. Como población sus numerosos edificios constituidos de rosada cantera; la plateresca parroquia con su maravilloso retablo; sus tres capillas, y una laboriosa muchedumbre que hormigueaba por sus empedradas calles, la situaban en un lugar que no tenían las demás.

A ésto hay que agregar que en ella se encontraban el Tribunal Superior de Justicia para Sonora, Sinaloa y las dos Californias,; el Juzgado de Distrito; la Comisaría General de Hacienda; una oficina de ensaye; una aduana terrestre; una hacienda de beneficio y numerosos artesanos en oro, plata y carpintería. Además, su comercio era muy fuerte, ya que allí tenían su sede algunas de las casas comerciales más respetables del país.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 12, página 11.

 

El Rosario, Sinaloa, México
El Rosario, Sinaloa, México; Ciudad de la Plata

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