El Tacuarinero, Ferrocarril Occidental de México

 

Historia y cultura de Sinaloa, México

 

EL TACUARINERO

 

Por: Héctor R. Olea

 

Los viejos vecinos de Culiacán, quizá, todavía evocan el Ferrocarril Occidental de México más conocido por «El Tacuarinero», mote adjudicado porque viajaban en él desde la costa las vendedoras de «tacuarines», provincialismo que procede de la palabra cahita «tacarin», que significa pan de maíz amasado con manteca de res y cosido al horno en forma de rosca.

El Ing. don Mariano Martínez de Castro firmó, siendo electo gobernador del Estado, un contrato con el Ministro de Fomento general don Carlos Pacheco para la construcción de este Primer Ferrocarril del puerto de Altata a Culiacán, el 16 de agosto de 1880.

El gobernador Martínez de Castro traspasó la concesión para la construcción y manejo del ferrocarril en proyecto, cuatro meses después, a Mr. Adams un industrial de Nueva York, quien organizó la «Compañía Sinaloa y Durango» y el capital fue suscrito en Boston de conformidad con las leyes de Massachusetts.

Los trabajos para la construcción del referido ferrocarril que se amplió hasta Durango se iniciaron, después de elaborarse las cartas topográficas y de hacerse la localización de la ruta hasta Culiacán, en el mes de junio de 1881.

 

En estas labores ferroviarias tuvieron ocupación doscientos trabajadores con un salario de setenta y cinco centavos (seis reales) diarios, «un jornal» —informó el gobernador- que por primera vez se ha pagado en estos pueblos».

Por la vía marítima se trajo al puerto de Altata la primera locomotora y algunos vagones de fabricación inglesa, el convoy se componía de una pequeña máquina de vapor alimentada con leña, que tenía una grande y cónica chimenea, una sirena demasiado aguda y la caseta del maquinista, el tren al caminar arrojaba por los émbulos chorros de fluido caliente; un carro de primera con bancas de madera sin respaldos y ventanillas laterales sin vidrios; luego los vagones de segunda enjaulados con dos bancas lateras y, por último, algunas plataformas para la carga y un pequeño depósito para el agua.

Al quedar construidos los primeros nueve kilómetros de vía se colocó el convoy en forma experimental, el día 15 de enero de 1882.

Al terminarse una extensión de veinticinco kilómetros de vía, de Altata a Bachimeto, asistió el gobernador Martínez de Castro y una numerosa comitiva oficial, la máquina fue bautizada con el nombre de «Locomotora Martínez de Castro», pronunció un discurso alusivo al acto el Lic. don Benigno Frías y Camacho y el gobernante declaró inaugurado el primer tren («El Tacuarinero»)que corría por tierras sinaloenses el día 5 de mayo de 1882.

 

La construcción del ferrocarril (El Tacuarinero) para el 14 de Julio de ese mismo año alcanzó a llegar a terrenos del heroico pueblo de San Pedro; el 25 de agosto a Bachigualato y la línea completa se abrió al tráfico cuando llegó hasta Culiacán el 5 de febrero de 1883.

La compañía de Boston operó la línea hasta 1890 en que la traspasó a una Compañía de Londres bajo el nombre de «Ferrocarril Occidental de México». El señor G.R. Douglas siguió como Administrador General puesto que ocupaba desde 1886. El conductor del tren por muchos anos lo fue el inglés Charles King, apodado «Chalequín» y, después, don Tito Tabizón además de un maquinista y «el pasa leña»o fogonero.

Los principales propietarios del Ferrocarril señores R.R. Symon y el influyente porfirista don Sebastián Camacho agenciaron ante el gobierno de la federación el permiso para establecer una flotilla de vapores llamados: «Manzanillo», «Guaymas», «Porfirio Díaz» y «Altata», que hacían sus viajes por la costa del Pacífico, además de algunos barcos de matricula norteamericana.

Hubo por la obra del ferrocarril debido a la ocupación de terrenos de propiedad particular algunas demandas judiciales, pero el gobierno en su defensa aclaró: «Que esa zona había sido adjudicada por denuncia de terrenos baldíos» y la empresa inglesa manifestó ante los tribunales, «ser éste el ferrocarril) del gobierno federal», pero no obstante promovió con el apoyo oficial por conducto del regente de la empresa el influyente don Sebastián Camacho, «algunos juicios de expropiación».

El señor don José Roiz sostuvo, por estos líos judiciales, una razonada controversia con los funcionarios del gobierno, sin éxito, por medio de las columnas del periódico: «El Correo de Occidente».

Tal es la historia de «El Tacuarinero “que hoy es sólo una arca de recuerdos por aquellas típicas escenas de sus rurales viajeros. El tren tuvo también sus tragedias como aquella donde perdieron la vida dos estudiantes, Gámez y Olivas, compañeros fraternales y amigos sinceros, que la muerte apagó siendo una chispa que pudo llegar a ser llama y, por último, la muerte espantosa de un señor de apellido Siordia.

Culiacán era entonces una aldea sencilla, alegre, aseada, donde las familias en diaria tertulia frente al zaguán de sus casas contaban sabrosas anécdotas. «El Tacuarinero» es ahora sólo una estampa nostálgica de las antiguas comunicaciones, lentas y románticas, en aquel Culiacán de mis recuerdos.

 

 

Tomado del libro: Pinceladas del viejo Culiacán, Olea, Héctor R., Ediciones del Ayuntamiento de Culiacán, 1985.

 

 

 

El Tacuarinero, ferrocarril
El Tacuarinero, Ferrocarril Occidental de México, cubrio la ruta Culiacán – Altata

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