Elsie Cota y sus bellos ojos, sinaloenses en el mundo

Aquellos bellos ojos de Elsie Cota

Por: Enrique Ruiz Alba

«Como el camello se refugia en un oasis ante los embates del simún, así mi corazón cargado con los pesares que Alá se dignó enviarme, se refugia en el mundo de los ojos de Elsie».

Así cantó el poeta árabe cautivado por aquel par de ojos negros ¡sinaloenses!, a cuyo embrujo no escapó el mágico pincel de Diego Rivera, la brocha maestra de Fanny Ravel, la lente artística de Magda Farkas y las manos escultoras de un maestro rumano, Titi Simioum, que modeló su busto, el cual se exhibe en el museo de arte de Bucarest.

Elsie Cota Ramos (ahora de Parra), embajadora universal del rostro indigenista mexicano, representativa de nuestra Constitución hecha mujer, bailarina non que llevó en su arte y su rostro el mensaje de paz a Europa, Asia y América Latina, «la de los ojos de venado» como la describió Renato Leduc, revela los lectores de El Sol de Sinaloa, parte de su vida artística, de sus grandes triunfos y de aquel momento feliz de su vida, allá en Pekín, cuando bailó con Mao Tse Tung, el líder de millones de chinos.
Elsie Cota nació en este Culiacán en 1934, pero fue en El Rosario, en el Jardín de Niños «Dr. Martiniano Carvajal», en donde realizó sus primeros estudios, los preescolares, únicos que recibiría en Sinaloa. La primaria, secundaria y profesional fueron en la capital mexicana, llevada por su madre.
Y en ese monstruo capitalino hubo de vencer las primeras dificultades, mostrar su entereza e imponerse a base de estudio y talento a las burlas y prejuicios que su color moreno y su baja estatura le acarreaban entre sus compañeros. «La totonaca», «la chichimeca», «la cora», eran algunos motes que le endilgaban en las aulas, pero un gran escritor, don Miguel Covarrubias, profesor de Antropología, le llenó de valor años después, le dijo que era un orgullo poseer rasgos y características indígenas, así como un par de ojos ¡aquellos ojos! que irradiaban belleza, poesía.

Sabios consejos que Elsie recuerda ahora con explosión de gratitud, aliento que le impulsó a romper la barrera del prejuicio y a sentirse cada vez más orgullosa de sus rasgos, de su personalidad. Se sintió liberada, se elevó a las alturas del estudio y hasta allá sintió el último aguijón de la envidia, del resentimiento ajeno.

¿Cómo era posible que aquella morenita, baja de estatura, hubiese alcanzado puros dieces en los cursos de baile, si nadie antes lo había logrado?

Diez en el primero, segundo y tercer curso de danza moderna (1953-1955); diez en primero y segundo curso de ballet clásico (1952-1953); diez en el primer curso de danza regional y un nueve en el segundo «porque nadie es perfecto, si te ponemos un diez aquí serás la bailarina perfecta y ésta no existe ni existirá nunca», le dijeron.

Ella no respondió nada, las lágrimas que rodaron por sus ojos lo dijeron todo.

Además de sus estudios en la Academia de Danza Mexicana del INBA, Elsie realizó otros en el Instituto de Antropología, complemento necesario para la danza. Ello le sirvió también para elaborar su tesis «la importancia de la danza en la educación del niño en la escuela primaria». Se tituló en 1958.

Muchos años después, al impartir cursos a maestras de jardines de niños, tuvo por alumna a aquella profesora que en El Rosario, cuando chiquilla, le enseñó las primeros, las rondas

Infantiles. El destino la colocó en situación de devolver algo de lo aprendido.

Elsie pone música búlgara en el tocadiscos y reanuda la charla:

«Fui al festival de Varsovia en 1955, al de Moscú en 1957 y al de Viena en 1959. Representé a México en el aspecto artístico, era la delegada. Fui también a la primera gira de una delegación artística mexicana a países capitalistas y socialistas, visitamos París, Roma, Praga, Bucarest, Moscú, Pekín, Nankín, Hanchou, Shanghai y Kensing. La visita a China se efectuó después del viaje a Moscú, en 1957, y fue la primera delegación occidental que penetró a ese territorio».

¿Cómo ocurrió tu encuentro con Mao Tse Tung?

«Fue en Pekín, ahí también estuvo Chou En Lai y otros importantes funcionarios del gobierno chino. Hubo un festival en la Plaza del Pueblo, en donde actuamos. Al final el pueblo congregado baila y canta. El presidente Mao baja de su palco unos minutos para iniciar la fiesta, bailando con la gente del pueblo Nosotros estábamos ahí cuando bajó, me tomó del brazo y dio unos pasos conmigo, luego sonrió y tomó a otra compañera y así continuo por espacio de diez minutos más o menos».

¿ En que países de los visitados viviste?

«En Checoeslovaquia, ya que fui becada en el Conservatorio de Praga, de 1958 a 1960. Años después viví en Cuba, fui contratada como maestra de danza por 6 meses y permanecí casi 5 años. Allá conocí a Roberto Lopo Parra, campeón panamericano de gimnasia y me casé con él. Tenemos ahora tres niños, Janitzia y Aarón que nacieron en La Habana y Xiomara, nacida en Culiacán. Hablo el idioma checo, pues viví en la región y estudié su lengua, pero no domino el eslovaco».

¿Tu encuentro con Diego Rivera?

«Mi papá, Jesús Lazcano Ochoa, me llevó un día para que le conociera, en el estudio de San Ángel. Al mismo tiempo que le miraba volteó y me vio de frente. «Esto es lo que yo ando buscando», dijo, y me invitó a sentarme para dibujar mis ojos nada más.

Días después volví al estudio esperando ver algún cuadro mío, pero al no descubrirlo inquirí a Diego sobre ello y me contestó: «tus ojos están en todos mis cuadros, son los ojos de todos los indígenas mexicanos» ¿ Qué mayor obsequio pude tener del artista que ver mis ojos en sus obras?

Elsie muestra fotografías que atestiguan su trayectoria artística, de entre éstas sobresale una de aquella época, cuando Diego Rivera se fijó en ella. Le fue tomada por Magda Farkas, quien retrató además a Roció Sajaón, Rosa Reyna, Ana Mérida, Beatriz Flores, Raquel Gutiérrez, Elena Noriega y Socorro Bastidas, todas bailarinas de ballet de primera magnitud, cuando Elsie era apenas estudiante.

Sin embargo la foto de ella hizo historia. Magda Farkas la metió a concurso fotográfico y obtuvo el primer lugar, siendo publicada en una revista de la época.

Tiempo después la pintora Fanny Ravel le pidió posara para ella. La Ravel hizo un mural de la Constitución en la que aparece la figura de Elsie simbolizando a nuestra Carta Magna.

Y su figura se internacionalizó cuando un escultor rumano realizó una escultura de su busto, la cual se exhibe en el Museo de Artes de Bucarest.

 

«En Moscú, el director cinematográfico Alexandroff, que dirigió la película «Otelo», filmó el ballet «La Manda» que interpretamos allá y obtuvo mucho éxito. Es la única actuación en el cine. En Praga actué en la Facultad de Teatro y en la Academia de Artes Musicales y trabajé en Radio-Praga, pasando noticias en español para los países de América Latina. Tuve actuaciones en la televisión y 50 representaciones en la región de Eslovaquia».

¿Que anécdotas recuerdas de tus viajes por el mundo?

«En París estaba de embajador don Antonio Carrillo Flores, quien ofreció un coctel a la delegación nuestra. Todas mis compañeras vestían ropa parisina, a la moda, yo llevaba un traje de Papantla, folclórico. El embajador me llamó aparte para decirme: «la felicito, señorita, usted es la única que viste traje mexicano, es un ejemplo que deben seguir los demás». Enseguida se dirigió al resto del grupo y les repitió lo mismo, aconsejándoles presentarse con vestimenta mexicana en cada lugar que nos presentáramos».

¿Quiénes fueron tus maestros de baile?

«Recuerdo entre otros a Guillermo Keis Arenas; el gran maestro originario de Culiacán, José Limón; a Xavier Francis, Ana Sokoloff, María Tereskova, Zora Sembenova, Stefan Toth, Argelier León, Sergio Martínez Furé y Miguel Benett».

¿Entre las actuales maestras sinaloenses de baile, tienes alumnas?

«Di cursos a muchachas que ahora son maestras de baile, como Alicia Montaño, Rosalba Salazar, Lidia Beatriz Valenzuela, Judith Félix Salgueiro, Lorena Cárdenas, María Luisa Carrasco Ponce, María Luisa León Solano, Georgina Núñez Ibarra y otras más».

¿Cómo calificas tu actuación profesional en Cuba?

«Bueno, aquel contrato de 6 meses se prolongo por 5 años y en ellos pude adquirir nuevas experiencias, al tiempo que enseñaba las mías. De mi trabajo se encuentran editados tres libros sobre folclore mexicano y grabados discos con música nuestra. Son los libros ediciones explicativas sobre nuestro folclore. Pero en Cuba se enseña también folclore de todos los países, habíamos diez maestros de diversas nacionalidades, y en el caso de México se grabó un disco completo de larga duración con La Bamba, La Zandunga, El Carretero, El Gusto y otros sones mexicanos».

¿Lograste hacer amistad con personalidades de todos los países visitados?

«En China conocí a Mao y Chou En Lai, en Cuba a Fidel Castro, al Ché Guevara y a Nicolás Guillén, de quien tengo un libro («Elegías Antillanas») dedicado; tengo otros de Pablo Neruda y León Felipe; conocí también a Ilya Eremburg, famosa escritora, a Tamara Bunke Bider, la famosa bailarina de ballet clásico en el mundo; a Olga Fedikova, en fin, poetas, artistas, escritores y políticos muchos».

¿Sigues en la actividad artística?

«Nunca podré dejarla. Ahora imparto clases en la escuela secundaria «Jesusita Neda»

¿Alguno de los hijos sigue tus pasos?

«La más pequeña, Xiomara, empieza a bailar y tiene facultades. Creo que será bailarina».
Elsie Cota de Parra, la morenita y bajita de estatura que llevó el arte y los rasgos indígenas de México a muchos países del mundo; la que inspiró a poetas y artistas, la que bailó con un presidente chino y actuó para reyes (los de Bélgica), es toda sencillez y buen carácter.

En el hogar, donde le visitamos, vive modestamente, rodeada de su esposo y sus hijos, pero también de fotografías, cuadros, diplomas y todo un mundo de cosas que atestiguan su grandeza artística que debe enorgullecer a todo buen sinaloense.

Los bellos ojos mexicanos de Elsie Cota asombraron a los artistas de varias nacionalidades.

 

 

Tomado del libro, Olor a tinta, Enrique Ruiz Alba, compilador, Figueroa Díaz, José María, El Diario de Sinaloa, Culiacán, Sinaloa, 1994.

 

 

Elsie Cota
Elsie Cota y sus bellos ojos

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