Gral. Carlos Pacheco Villalobos, gente de Sinaloa México

Gente de Sinaloa

 

GRAL. CARLOS PACHECO VILLALOBOS (1839-1891)

 

Destacado ministro porfirista

 

Por: Humberto Ruiz Sánchez

Creo que todos sabemos que la historia de México registra en sus anales a un presidente de la República al cual le faltaba un pie, ese personaje es el Gral. Antonio López de Santa Anna, cuya extremidad perdió en la llamada «Guerra de los Pasteles» contra los franceses en Veracruz; y también hubo dos presidentes más a quienes les faltaba un brazo, ellos fueron el Gral. Manuel González de los tiempos porfiristas, y el celebérrimo «Manco de Celaya», Gral. Álvaro Obregón.

Ahora queremos narrar la historia de un personaje desconocido que fue pieza importantísima en la época porfirista; a este señor le faltaba una pierna y también un brazo, y sin embargo llegó no sólo a general sino a gobernador y también ministro; ¿interesante no? comencemos pues.

Su origen

El pueblo de Toro, Choix —esa comunidad que quedó en el fondo de la presa Miguel Hidalgo— vio nacer a don Carlos Pacheco el año de 1839; muy joven se trasladó a Chihuahua y es quizá por eso que otro dato lo registra como nacido en esa entidad; nosotros nos apegamos a lo que afirma y asegura el probo historiador Filiberto Leandro Quintero.

Creemos de justicia dejar asentada la versión chihuahuense que corresponde al insigne historiador don Francisco R. Almada; dice: Nació en San Nicolás del Terrero, perteneciente al municipio de Belleza, Chihuahua el 16 de octubre de 1839. Fueron sus padres el Lic. Carlos Pacheco y dona Altagracia Villalobos; hizo su instrucción primaria en Hidalgo del Parral y en 1856 a la edad de 17 anos se radicó en la ciudad de Chihuahua donde permaneció hasta enero de 1858″.

Ahora, ¿porqué esta situación de dos versiones tan distintas con respecto a su lugar de nacimiento?., bueno, así fue común en épocas en que no existía el Registro Civil. A don Carlos en un momento dado de su vida le convino decir que era chihuahuense y chihuahuense se quedó.

Lo cierto es que en ese tiempo los mineros se movían mucho de lugar y la sierra colindante entre Sinaloa y Chihuahua era su radio de acción y era también mucho más fácil por la cercanía trabajar en las poblaciones de Sinaloa que en las de Chihuahua.

Quien esto escribe cree más en la versión de don Filiberto L. Quintero pues en Choix hay muchos familiares de Pacheco como los citaremos más adelante, además el en su juventud prefirió mucho esta región para sus correrías y primeras andanzas en la milicia.

Ese mes de enero de 1858 abandona la ciudad de Chihuahua y se incorpora a las fuerzas liberales comandadas por el coronel José Esteban Coronado; ahí fue dado de alta como subteniente el 17 de enero de 1858 iniciando así su carrera militar.

A los dos días de su alta tuvo su bautizo de fuego, pues el 19 asistió al ataque y recuperación de la ciudad de Chihuahua que había sido tomada por los conservadores. Ahí se vio que el jovencito aquel, tenía tamaños para esas cosas de la guerra.

Cuando se viene el movimiento político denominado «Plan de Tacubaya» que no era otra cosa que buscar el derrocamiento del presidente Juárez, Carlos Pacheco no se adhiere a dicho plan, esto le cuesta, ser encarcelado.

Largos días de prisión no lo hicieron comulgar con los cabecillas que mediante ese golpe se apoderan de la Presidencia de la República, sus nombres: Gral. Félix Zuloaga — de Álamos, Sonora— y Gral. Miguel Miramón, el mismo que después caerá con Maximiliano en el cerro de Las Campanas.

Carlos Pacheco tomó parte en la ocupación de Hidalgo del Parral, toma de la ciudad de Durango y a las demás acciones de guerra que libran los chihuahuenses hasta llegar a Guadalajara en octubre de ese mismo año.

Siempre combatiendo al lado de su jefe el ahora general José Esteban Coronado (tiene estatua en el Paseo de la Reforma) estuvo en varias acciones en los estados de Zacatecas y Guanajuato; ahí en la famosa Batalla de Silao ocurrida el 10 de agosto de 1860 tuvo la la¬mentable desgracia de ver caer muerto a su queridísimo hermano el Gral. Francisco Pacheco; Carlos tiene en ese momento 21 años de edad.

Otro choiceno ilustre, Jesús E. Valenzuela en sus memorias escritas en 1905 relata que está perdida la resistió enormemente el joven Pacheco y no la olvidó nunca pues se trataba de su hermano mayor a quien admiraba por su brillante carrera militar.

Tal vez tratando de borrar de su mente la pérdida de su hermano, se viene a combatir a Durango y ya trayendo esa ruta bajó al estado de Sinaloa donde por principio de cuentas tomó parte activa en la «Batalla de los Mimbres» y la toma de Mazatlán, luego pasa a Tepic donde por algún tiempo defiende esa plaza.

Vuelve a Sinaloa y ahora lo encontramos en el norte; ha dejado a su antiguo jefe y hoy forma parte de las tropas del Gral. Ignacio Pesqueira, quedando asignado a la brigada del Gral. Plácido Vega.

Precisamente de ese tiempo es este pasaje o episodio muy nuestro, muy regional, cuando en la llamada Batalla de Salitral —rancho entre El Fuerte y Álamos— celebrada el 18 de agosto de 1861, un balazo pegó en la cacha de la pistola que sostenía un joven de 21 años llamado Zacarías Ochoa, vecino de Ahome y una astilla del arma se le incrustó peligrosamente en la mano, fue entonces cuando extrajo el fragmento con los dientes; y esa cicatriz la llevó don Zacarías toda su vida como galardón y recuerdo de aquella acción.

Este señor viene a ser bisabuelo del Lic. Francisco Labastida Ochoa, que fuera gobernador de Sinaloa.

Carlos Pacheco ya establecido en la región, el 26 de septiembre de 1861 ingresó a la Guardia Nacional del Estado de Sinaloa y lo que son las cosas, llevaba ya casi cuatro años de carrera militar y sin embargo su grado seguía siendo el de subteniente.

Meses más tarde combatirá Carlos Pacheco en Sinaloa a las órdenes Plácido Vega, y así se llegará aquella fecha negra, trágica como lo fue la invasión del ejército francés que en abril de 1862 hizo su arrogante presentación bélica en nuestro país.

La Intervención Francesa está en todo su apogeo, el Presidente Juárez necesita gente de donde sea para detener el avance del ejército galo, y ordena a Plácido Vega que deje la gubernatura de Sinaloa que en ese momento detenta y prepare un ejército y se traslade al centro del país. Así el día 1ª de febrero de 1863 un ejército mal armado y mal provisionado se embarca en Mazatlán rumbo a Zihuatanejo.

Cruzar el inmenso estado de Guerrero a pie, arrastrando cañones y carretas con municiones, sorteando enfermedades de la zona, fue una odisea que en sí encierra el heroísmo de los sinaloenses aún sin entrar en batalla. El hambre, las inclemencias y las enfermedades hicieron presa de aquellos infelices.

Aquel ejército de dos mil hombres desembarca en Zihuatanejo ya con las marcas de la penosa travesía y las precarias condiciones de alimentación. De ahí la emprende a pie! rumbo a México, el Gral. Plácido Vega y Dasa va orgulloso con su «Brigada Sinaloa». Un joven de 24 anos con barba tan crecida que parece cuarentón, es el teniente Carlos Pacheco.

Son dos meses de travesía desde el día aquel en que partieron de Mazatlán. Cuando llegan a México, diezmados a la mitad son seres harapientos y autómatas, pero aun así se presentan al presidente Juárez en misión cumplida. Nada más justo que dar algunos nombres de aquellos desdichados: Crispín de S. Palomares, Jesús Toledo, Félix Almada, Carlos Pacheco y el orgullosísimo general Plácido Vega y Dasa.

Este contingente sinaloense es destinado al Ejército del Centro cuyo general en jefe lo es Ignacio Comonfor. Plácido Vega no se queda en México, recibe nuevas comisiones del presidente Juárez y se regresa al noroeste, pero Carlos Pacheco sí se queda incorporándose a las fuerzas republicanas antes señaladas.

Este ejército del centro que mencionamos sufre una dolorosa derrota el 10 de mayo de 1863 en la batalla de San Lorenzo, Puebla, a manos del general francés Aquiles Bazaine; fueron dos mil bajas entre muertos, heridos y prisioneros; esta derrota determinó la rendición de Puebla, pero nuestro biografiado salió ileso para seguir escribiendo páginas heroicas como se verá más adelante.

Bueno, dejemos atrás lo amargo de la derrota de San Lorenzo; de aquel mermado segundo Batallón de Sinaloa ya casi no queda nada, un puñado se incorpora ahora al Ejército de Oriente que es comandado nada menos que por Porfirio Díaz; ahí conoce Carlos Pacheco al hombre que va a significar tanto en su vida; por principio de cuentas lo asciende a capitán 2º.

En este nuevo cuerpo Pacheco asistió a todas las operaciones militares del Estado de Oaxaca, fue promovido a capitán I2 en mayo de 1864; protestó contra el imperio de Maximiliano y tomó parte en la defensa de la capital o sea la ciudad México.

Cayó prisionero de los franceses en febrero de 1865, duró un año preso y en cuanto fue liberado y ascendido a comandante del Batallón de Fieles de Oaxaca recibió la jefatura de Cazadores de Oaxaca.

Ahí en Oaxaca cayó nuevamente en ma¬nos del enemigo; los franceses con su característica saña lo van a pasar por las armas, como a tantos otros, pero un suceso providencial se presenta; es canjeado junto con otros, por un grupo similar de prisioneros imperialistas.

En la batalla del 2 de abril al lado de Porfirio Díaz

Así peleando en esa región, como ya dijimos al lado del general oaxaqueño Porfirio Díaz, le tocó intervenir muy en serio en la famosa y célebre batalla del 2 de abril o sea la Toma de Puebla, acción que cubrió de gloria al Gral. Díaz pero que al joven Pacheco casi le costaba la vida, pues un cañonazo que se fragmentó muy cerca de él, le destrozó una pierna también un brazo.

Dicen las crónicas de esa batalla que el joven Carlos Pacheco que en ese momento tenía 27 años, no quería retirarse del campo de batalla hasta no ver consumada la victoria, pero sus compañeros lo obligaron.

Al final de cuentas le fueron amputadas ambos miembros —brazo y pierna; por este hecho de armas recibió sobre el campo tenido con su sangre, el ascenso a teniente coronel. Había luchado en más de media república desde Chihuahua hasta Oaxaca, y fue menester que medio lo mataran para alcanzar apenas ese grado en casi diez años de lucha, así eran las cosas en ese tiempo; pero se ganó a pulso el mote de «El Heroico Inválido», continuó su carrera hasta llegar a general.

Los franceses se retiraron de nuestra patria en febrero de ese ano de 1867; y el emperador Maximiliano es fusilado el 19 de junio, consumándose así el triunfo liberal. En ese momento comienza una nueva faceta para Carlos Pacheco: da inicio su carrera política en la cual hará papel distinguido, de gran actividad no obstante su carencia física que lo obliga a usar muletas.

Al termino de la guerra, don Carlos se radicó en la hermosa y heroica ciudad de Puebla; ahí por principio de cuentas es nom¬brado Administrador del Timbre (hacienda); este cargo lo desempeño pero de noviembre de 1867 a mayo del 1870. En ese puesto se distingue como organizador y demostrando una honradez que hacía mucho tiempo no se veía en los administradores de los bienes del Estado poblano. Dura en el puesto casi tres años mientras que en la Presidencia de la República está don Benito Juárez.

Don Carlos Pacheco diputado

 

Por 1870, dada su trayectoria y actuación política, es nombrado diputado por el distrito de Cholula, Puebla; en ese cargo se encuentra cuando muere el presidente Juárez el 18 de julio de 1872.

El 6 de julio de 1874 el gobierno federal le otorga una pensión vitalicia como inválido de guerra extranjera, pero ésta le es retirada por el presidente Lerdo de Tejada por haberse adherido al partido porfirista.

Con la muerte de don Benito Juárez se dejan venir acontecimientos que van a favorecer enormemente a Carlos Pacheco, ya que siendo como se sabe, incondicional del caudillo oaxaqueño Porfirio Díaz, a él se une una vez más al enarbolar la bandera del famoso Plan de Tuxtepec en marzo de 1876, movimiento bélico que le dio el encumbramiento a don Porfirio.

El presidente Lerdo de Tejada abandona la capital derrotado por el Gral. Díaz el 20 de noviembre y para el 24 de ese mes don Porfirio toma la ciudad de México.

 

Don Carlos Gobernador de Puebla

 

Cuando los acontecimientos anteriores tienen lugar, el coronel Pacheco se desempeña como comandante militar del estado de Puebla, recibiendo asimismo nombramiento apareado al gobernador del Estado; así protegía Díaz esa zona importantísima del país en aquel álgido período de 1876 a 1877. Y una vez más la actuación de don Carlos Pacheco fue sobresaliente, por lo cual la legislatura de Puebla lo declaró «Ciudadano del Estado».

Al detentar Díaz la Presidencia de la República de 1877 a 1880, el coronel Pacheco no tiene mucha dificultad para asumir la gubernatura del Estado de Morelos; como se ve, siempre en puestos y lugares estratégicos para salvaguardar los intereses de don Porfirio.

Pero don Carlos no se duerme en sus laureles ni se le suben los humos por ser importante y estar junto al hombre fuerte del régimen como se verá. Al frente del gobierno de Morelos realiza otras de sus acostumbradas administraciones llenas de vitalidad, dinamismo y honestidad. Su periodo fue de dos años, de 1878 a 1879; ese tiempo bastó para realizar en la entidad una obra —como ya dijimos— sobresaliente y de muchos logros que aún se recuerda por allá en la tierra de Emiliano Zapata, que precisamente ese ano de 1879 estaba naciendo. Ahí construyó el ferrocarril y el Teatro Principal de Cuautla que lleva o llevaba su nombre, estableció el servicio telefónico y muchas mejoras más.

 

Ministro de guerra

En noviembre de ese mismo año de 1879 es ascendido a general brigadier y en la misma fecha deja la gubernatura del Estado de Morelos porque es llamado por el presidente Díaz para que se haga cargo del puesto más delicado y de más responsabilidad que por ese tiempo hubiere: La Secretaría de Guerra y Marina. Le tocó combatir insurrecciones como la de Veracruz, pero en realidad el país estaba ya en poder del porfirismo desde un año antes cuando cae derrotado el glorioso brazo derecho de otros tiempos de don Benito Juárez, el Gral. Mariano Escobedo.

Como ministro de Guerra y Marina termina don Carlos el primer período de don Porfirio Díaz como presidente, o sea el 30 de noviembre de 1880. Manuel González asume el poder del país y nombra al Gral. Carlos Pacheco nada menos que gobernador del Distrito Federal, pero don Porfirio se queda ahí cerquita para vigilarlo, como ministro de Fomento. El engranaje porfirista está pues aceitadito y firme para continuar aquella, aún incipiente dictadura. Por lo pronto don Carlos Pacheco recibe el 8 de mayo de 1881 la banda de Gral. de Brigada.

El 27 de junio de 1881 Díaz renuncia a su ministerio para encargarse de la gubernatura de su tierra, el Estado de Oaxaca; no duró ni siete meses en Fomento, cargo que inmediatamente tomó Carlos Pacheco renunciando a su vez a la gubernatura antes citada.

En la llamada Secretaría de Fomento, Colonización e Industria hace Pacheco un papel, como nadie hasta ese momento lo había hecho; construye ferrocarriles, puentes, muelles portuarios, pozos e irrigación, telégrafos, teléfonos, rutas fluviales y otras vías de comunicación; duró 19 años en el puesto y fue aquello un notable ciclo constructivo.

Hombre de gran talento natural, desplegó una energía y capacidad poco común en la dirección de su secretaría que cobró importancia nacional, no hubo al frente de ella otro titular que hubiera igualado sus dotes administrativas; bajo su acción personal cobraron vida todos los demás departamentos de la Secretaría que vino a ser una de las más importantes por el fuerte impulso que dio a todos los negocios que se movían bajo su control. El Gral. Pacheco promovió el mejoramiento de toda clase de ganado, introdujo numerosos ejemplares del extranjero, así como cereales, fomentó las plantas forrajeras y distribuyó gratuitamente millares de ejemplares de animales domésticos y vegetales para mejorar las especies.

En el orden cultural, la imprenta de la Sria. de Fomento ejecutó la edición de muchas obras históricas, científicas y literarias de importancia, en forma tal que ningún otro ministro lo ha ejecutado ni antes ni después. Fue popular la frase que decía: «Fomento es Pacheco».

Una crónica de ese tiempo dice: En Fomento, Pacheco desarrolló una actividad que si por una parte lo ha convertido gracias a su habilidad empresarial en uno de los hombres más ricos de México, por otra ha colaborado decisivamente al desarrollo del país. A él en gran parte se debe que los capitales extranjeros fluyan sin descanso hacia la minería y los ferrocarriles. También apoyó firmemente el desarrollo de la agricultura y fomentó abiertamente todo tipo de colonización, eso sí perjudicando grandemente a los indígenas poseedores de agostaderos y propiciando el florecimiento de los grandes latifundios, pero que a decir verdad eran en ese tiempo tierras ociosas y baldíos nacionales.

 

Los latifundios nacieron en el régimen de Juárez

A decir verdad los latifundios no los inventó ni Porfirio Díaz ni el ministro Carlos Pacheco; el sistema latifundista se estableció durante los regímenes de Juárez y Lerdo de Tejada, quienes enajenaban grandes extensiones de terreno a una misma persona o empresa sin limitación alguna; también esos regímenes autorizaron el funcionamiento de las compañías deslindadoras de terrenos baldíos que en todas partes de la nación dejaron un amplio y profundo descontento por el afán de acaparamiento y lucro con que procedieron y las numerosas injusticias que se cometieron. Como muestra de estos grandes latifundios tenemos el del Gral. Luis Terrazas en el Estado de Chihuahua, quizá el más grande de toda la República.

El general Pacheco fue electo senador de Chihuahua para el cuatrienio de 1882 a 1886, pero a él le interesaba más estar en el centro junto a don Porfirio Díaz, así que esta chamba se la pasó a su suplente don Ignacio Fernández quien cubrió todo el periodo.

El Gral. Luis Terrazas era el amo y señor de Chihuahua, se creía más importante que el propio Presidente de la República don Manuel González; para apaciguarlo fue ungido candidato a gobernador don Carlos Pacheco, pues sólo un hombre de su brillo e importancia lo podía contrarrestar; en esa forma en las elecciones de 1884 ganó la gubernatura de Chihuahua el general Pacheco, así el 4 de octubre de ese año, inicio su gobierno. Inmediatamente lanzó la iniciativa para la construcción de dos vías férreas en territorio del Estado, una que partiera de la ciudad de Chihuahua y terminara en el corazón de la Sierra Madre Occidental, y la segunda de Ciudad Jiménez pasando por Parral para concluir en Belleza. No logró su propósito por la brevedad del tiempo frente a los destinos de Chihuahua, detalle que aclararemos más adelante.

 

Insólito! Caso único en los anales políticos de México

Un caso raro, curioso, insólito sucedió cuando el general Pacheco fue electo gobernador de Chihuahua, al mismo tiempo fue también electo gobernador constitucional del estado de Morelos, entidad que ya había gobernado en forma sobresaliente como ya los asentamos, pero como la cosa en Chihuahua estaba muy difícil, acordaron él, el presidente González y el poder tras el trono —léase Porfirio Díaz— su traslado al lejano estado norteño.

El presidente González cumple su pe¬ríodo el último de noviembre de 1884 y don Porfirio Díaz —como dijimos— vuelve al poder, a recuperar la silla que le había prestado a su querido compadre. El presidente Díaz, a los ocho días jala a don Carlos Pacheco a su lado haciéndolo renunciar a la gubernatura de Chihuahua e instalándolo otra vez como su ministro de Fomento, comprobando pues que el gran oaxaqueño lo necesitaba junto a él por su increíble e ilimitada capacidad; la estrella del general Pacheco seguía brillando intensamente.

Ya está don Carlos Pacheco una vez más en Fo¬mento haciendo de la suyas. En el noroeste —o sea nuestra región— dio todas las facilidades y firmó todos los convenios para que el norte-americano Albert K. Owen llevara a cabo sus sueños y proyectos en la zona del río Fuerte. Cuantas veces tuvo problemas Owen —y vaya que fueron muchos— recurrió a don Carlos, al presidente González y al Presidente Díaz, a cada quien en su tiempo, todos lo atendieron y le ayudaron; su fracaso no quedó por el gobierno mexicano.

Vamos a transcribir otra crónica aparecida en Chihuahua: «una encuesta que hemos realizado en los cafés y mentideros de esta ciudad acerca del personaje más notable y sobresaliente (después del presidente) del régimen que concluye mañana 30 de noviembre de 1884, da el triunfo absoluto e indiscutible al Gral. Carlos Pacheco, el insólito estadista y hombre de negocios que de momento hasta se nos olvida que le falta un brazo y una pierna».

Por todas estas circunstancias y apreciaciones se nos antoja pensar que si el Gral. Díaz hubiera desistido de convertirse en un dictador retomando la presidencia en el siguiente periodo o sea al finalizar el de su compadre Manuel González, don Carlos Pacheco hubiera llegado fácilmente y con todos los méritos a ser presidente de la República.

Hay una anécdota de don Carlos curiosa y sin paralelo, que no sé si le favorece o le denigra; fue su decidido apoyo a la inmigración europea «como único camino para mejorar la raza y embellecer al pueblo mexica¬no, considerado por ese entonces como feo, sucio, hambriento y chaparro».

En ese tiempo la prensa mundial desató una feroz campaña antimexicana, difamación que se inicio a raíz del fusilamiento del príncipe europeo o sea el Emperador Maximiliano. Así los rubios preferían para inmigrar a los Estados Unidos o la América del Sur, cualquier lugar menos México. En estas circunstancias, se dice que don Carlos Pacheco logró importar a dos mil italianos bien parecidos y de buena estatura, con el beneplácito de las damas de ciertas capas de nuestra sociedad. Volvemos a apoyarnos en la memoria de Chucho Valenzuela, escritor y político de esa época.

No seré yo (dice Valenzuela) que fui amigo íntimo de Pacheco quien niegue que le gustaban las mujeres y el vino, en estos menesteres era muy especial, muy sociable y fiestero aunque tuviera que permanecer sentado toda la noche por su impedimento, pero cuando de acostarse en lecho de amor se trataba, su desventaja disminuía y prácticamente ese impedimento no era tal para cumplirle a satisfacción a su pareja.

Luego Valenzuela cambia de tema más de personaje para rememorar lo siguiente: Cuando el joven Pacheco perdió a su hermano se convirtió en un soldado impulsivo, temerario que no medía el peligro y obraba con bravura carente de estrategia o premeditación. Así cuando ya las hazañas pasadas eras sabrosas pláticas de salón en años de paz y al calor de unas copas, don Porfirio solía asegurar que no había conocido hombre más valiente que el general Sostenes Rocha y el también general Carlos Pacheco; y para que el viejo dictador héroe de mil batallas lo reconociera y así lo externara era que la cosa ardía, sí señor.

Bueno, ya dejando lo que dice Valenzuela, quien esto escribe no encontró por ningún lado datos de esposa e hijos que debió haber tenido, a pesar de haberlos buscado inclusive en Chihuahua y México.

Queremos recalcar que la estrecha afinidad del Gral. Pacheco con los también generales Díaz y González se deriva indudablemente de los acontecimientos de aquella memorable batalla del 2 de abril en la cual también el Gral. Manuel González perdió un brazo, pero que a don Porfirio como ya dijimos lo encumbró a insospechadas alturas militares y políticas.

Al terminar 1888, don Porfirio le agarra aún más amor a la silla y no la suelta; se reelige para el siguiente período de diciembre de 1888 a noviembre de 1892; y como don Carlos Pacheco está haciendo brillante papel como ministro pues también sigue firme en Fomento.

Terrazas descontento por su eliminación pugnaba por recuperar una situación que consideraba como propia, y así provocó una división en el congreso en junio de 1887 formando el grupo de diputados terracistas; Pacheco se presentó en Chihuahua el 11 de junio y asumió el ejercicio del poder ejecutivo y muy pronto acabó con la división del congreso y dejó asegurada la elección de las nuevas autoridades.

Se regresó a México el 30 de julio de 1887 para hacerse cargo de su ministerio, a continuar la acción constructiva que lo distinguía de los demás ministros porfiristas.

Por decreto del 16 de octubre de 1888 el congreso local lo declaró «Benemérito del Estado», y le otorgó una medalla de oro con la siguiente leyenda: «Carlos Pacheco Benemérito del Estado de Chihuahua».

Las legislaturas de Morelos, Chiapas y Sonora lo declararon ciudadano de sus respectivos Estados. Entre las condecoraciones que le fueron concedidas se contaron la de Primera Clase de la Guerra de Intervención Francesa y El Imperio; las que otorgaron los gobiernos de los estados de Guerrero, Oaxaca y Puebla, y El Busto del Libertador» que le concedió la República de Venezuela.

Pacheco es riquísimo, así que renuncia a su alto cargo el 21 de marzo de 1891; llegaba una primavera más pero él se dio cuenta que las suyas se habían ido. Debe haberse sentido mal, de lo contrario no se hubiera «rajado» .

De cualquier manera y por su gran actuación, a los diez días o sea el 31 de marzo fue ascendido a general de división, grado que el Senado de la Republica ratificó por aclamación el día 2 de abril de 1891, aniversario de la gloriosa Toma de Puebla en donde —se recordará— fue mutilado; habían transcurrido desde esa fecha 24 años.

Pacheco siempre tuvo contacto con sus parientes de acá de Choix, por ejemplo su primo hermano don Miguel Gastélum y Pacheco al radicarse en Agua Caliente Grande hizo tales méritos y fue tanta su influencia que al pueblo ahora se le llama «Aguacaliente de los Gastélum»; y un hijo de don Miguel fue prefecto del Distrito de El Fuerte en el año de 1912, se llamó Alfonso Gastelum y Pacheco.

Volviendo a don Carlos, este célebre glorioso y pintoresco personaje sólo sobrevivió escasos seis meses a su renuncia, pues dejó de existir en la ciudad de México a una edad relativamente corta de sólo 52 años el día 15 de septiembre de 1891.

Pero si tomamos en cuenta el milagro aquel de Puebla cuando el cañonazo le explotó materialmente en los pies, pues se puede decir que prácticamente vivió de «extra» esos 24 añitos y pico. Y como hizo historia y por qué no decirlo también dinero el ilustre «mocho» de Toro, Choix, Sinaloa.

El cuerpo de Pacheco fue sepultado con todos los honores en la Rotonda de los Hombres lustres del Panteón de Dolores en la ciudad de México; no podía ser de otra manera, dio un ejemplo de voluntad creadora, de fuerza de espíritu sin parangón en nuestra historia. Con motivo de su fallecimiento la legislatura lo¬cal decretó nueve días de luto en todo el Estado de Chihuahua.

Y aquel pequeño pueblo enterrado en la agreste geografía chihuahuense que se llamó San Nicolás del Terrero, hoy como siempre, desde el día de su muerte lleva por nombre «Villa Gral. Carlos Pacheco».

En la ciudad de Chihuahua hasta hace muy poco había en un importante parque un hermoso busto de bronce del Gral. Pacheco, pero como las políticas cambian, y en forma errónea y despiadada hay que borrar todo vestigio de profirismo pues el busto fue desmontado y guardado; en 1989 aún se encontraba arrumbado en un rincón de desperdicios de la Universidad de Chihuahua; como si así se pudiera borrar la historia de esa época que no por ser porfirista deja de ser historia.

Y para que no se olvide, o mejor dicho para recordarlo y valorarlo con justicia, allá en Cuernavaca tiene un monumento y fue declarado «Benemérito del Estado de Morelos» por su brillante actuación cuando fue su gobernador. Además en el propio Distrito Federal tienen o tenían —porque quizá ya lo desaparecieron— un hermoso parque recreativo que también perpetúa su memoria. Si, dejó huella don Carlos Pacheco indudablemente, pero en su tierra nada lo recuerda, ni una callecita, ni un busto, ni nada. «Nadie es profeta en su tierra».

 

Tomado de; 18 Encuentros con la historia, revista cultural Presagio, 2000.

 

 

Carlos Pacheco
Carlos Pacheco, ministro porfirista, Gente de Sinaloa México

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