Guadalupe Rojo de Alvarado y el periódico Juan Panadero, mujeres ejemplares de Sinaloa

Mujeres ejemplares de Sinaloa

 

GUADALUPE ROJO DE ALVARADO

Al recordar la contribución aportada por el estado de Sinaloa a la Revolución Mexicana, debe incluirse entre los precursores sinaloenses el nombre de Guadalupe Rojo.

Guadalupe Rojo, mujer sinaloense de pura cepa, luchó por largos años desde la capital de la República preparando el espíritu bélico para la rebelión popular contra el régimen porfirista, mediante una tesonera labor periodística de oposición con su publicación Juan Panadero, cuya labor, en conjunción a la que desarrollaron los otros periódicos antigobiernistas editados durante la dictadura, coadyuvó grandemente a incubar y hacer realidad el advenimiento de la Revolución de 1910, encabezada por Francisco I. Madero.

Guadalupe Rojo nació en Culiacán el año de 1856, en el seno de una de las más distinguidas familias de la ciudad. A pesar de que su cuna fue auténticamente burguesa, su vida se caracterizó por el entusiasmo con que luchó en favor de la clase desheredada, para la que anhelaba obtener una mayor justicia social. Contrajo matrimonio con el minero sinaloense Abrahán Izabal. Habiendo enviudado en plena juventud y residiendo en Mazatlán, conoció al que fue su segundo esposo, el señor Casimiro Alvarado. A la sazón, Alvarado trabajaba en el escritorio de una importante casa comercial del puerto. Temperamento soñador, amante de la poesía y la literatura, tenía un espíritu a lo don Quijote, anheloso de la gloria de combatir injusticias sociales y abusos de los poderosos; despreciaba el dinero y prefirió bregar por el bien colectivo, repudiando la vida cómoda y tranquila. Indignado por los abusos del gobierno porfirista, encauzo su vida por la senda espinosa del periodismo de oposición. Alvarado encontró en su esposa la abnegación, el espíritu de sacrificio y el talento necesarios para hacerla su colaboradora en la lucha emprendida en pro de la reivindicación politicosocial de México. Juntos fundaron en Guadalajara, Jalisco el periódico de oposición y de carácter popular y jocoso llamado Juan Panadero, sufrieron por su labor informativa social persecuciones del gobierno local lo que los orilló a trasladarse a la capital del país, ciudad de México, donde continuaron editando dicha publicación manteniendo el mismo nombre.

Muerto Alvarado en 1899 a consecuencia de las frecuentes prisiones que sufrió por su labor periodística, ya que en la cárcel de Belén de la ciudad de México contrajo la enfermedad que lo privó de la vida, su viuda se mostró digna continuadora de la obra revolucionaria de su esposo, asumiendo valientemente la dirección de Juan Panadero, publicación que continuó fustigando con tesón a los caciques grandes y chicos del porfirismo, actuación que le valió haber sido reducida a prisión, de 1899 a 1910, por diez veces, en las bartolinas de la fatídica cárcel de Belén.

Ni la pobreza ni las prisiones ni la insolencia y arbitrariedades de los poderosos del régimen, pudieron nunca quebrantar su carácter valeroso. Los esbirros de la dictadura pudieron darse cuenta de la fuerza que da el luchar por un ideal.

En la azarosa vida periodística de Guadalupe Rojo abundan los hechos que revelan a qué precio pagó su actitud perseverante en las filas de la oposición. Por brevedad se mencionará sólo un suceso de su vida: en 1904 Juan Panadero hizo una valiente campaña en favor de los campesinos de Yautepec, Morelos, que estaban siendo despojados de sus tierras por la insaciable voracidad de los poderosos terratenientes Escandón y de la Torre y Mier. A consecuencia de dicha campaña, Guadalupe Rojo fue internada en la cárcel de Belén, de donde fue sacada y conducida a pie y entre filas de fuerza armada a la estación de San Lázaro, para llevarla a Yautepec.

Internada en la cárcel de esa población, el pueblo campesino en masa hizo acto de presencia a las puertas de la prisión, protestando por el atentado y reclamando la libertad de la prisionera. Las manifestaciones de indignación popular asumieron proporciones de motín, siendo lapidado el edificio de la jefatura política y la cárcel, a despecho de la fuerza armada, a tal grado, que el jefe político temeroso de que la multitud libertara a la periodista, reforzó la guardia de la prisión.

Las autoridades de Yautepec pretendieron asesinar a Guadalupe Rojo, envenenándola. El crimen no llegó a consumarse debido a que la prisionera se conquistó las simpatías de las reclusas. En efecto, comisionada la llamada «mayora» de la cárcel para que administrara a la periodista mortífero brebaje, estuvo a punto de cometerse el atentado. Pero la «mayora», que sentía simpatía por la prisionera, se negó a realizar el crimen diciéndole: «Mire usted lo que me mandaron que le diera a beber, para envenenarla, pero no lo hago aunque me suceda lo que sea.» Y, al decir eso, arrojó sobre el pavimento el líquido venenoso.

Entre tanto, el jefe político de Yautepec, pérfidamente, y para dar explicación de la esperada súbita muerte de la prisionera, valiéndose de la prensa de Cuernavaca esparció la versión de que la periodista sufría frecuentes ataques cardiacos que podían serle fatales. Cuando mediante arduas gestiones judiciales se logró obtener su libertad, los campesinos de Yautepec mostraron a Guadalupe Rojo su gratitud colmándola de obsequios, y en manifestación de agradecimiento el pueblo en masa acompañó a la periodista hasta el ferrocarril que la retornó a la ciudad de México.

Siendo Presidente de la República don Venustiano Carranza, la XXVII Legislatura concedió a Guadalupe Rojo una pensión vitalicia por sus servicios prestados a la Revolución, pensión que se extinguió a su muerte, acaecida el día 15 de agosto de 1922.

Sinaloa debe sentir orgullo de haber sido la cuna de dama tan admirada por su valor civil, por la entereza ejemplar con que siempre supo defender sus ideales, a costa de múltiples prisiones y amargos sacrificios sufridos con estoicismo. Sinaloa, honrando la memoria de Guadalupe Rojo, inculca a las jóvenes generaciones sinaloenses el culto por la virtud ciudadana en pro del bienestar colectivo.

La vida revolucionaria de Guadalupe Rojo puede sintetizarse así: «Valerosa periodista sinaloense que, identificada con la vida dolorosa del pueblo mexicano, hizo de su vida un constante sacrificio, luchando incansablemente contra los abusos de los poderosos y defendiendo con tesón a los oprimidos.»

 

 

Juan Panadero, periódico de Guadalupe Rojo
Niño voceador con el periódico Juan Panadero, editado en Guadalajara y ciudad de México por la sinaloense Guadalupe Rojo

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