Huitzilopoxtli el dios culichi, identidad sinaloense

Identidad sinaloense

HUITZILOPOXTLI, el dios culichi

 

 

Por: Enrique Ruiz Alba

 

La madre Cuatlichi, dice la leyenda, introdujo debajo de sus enaguas de serpiente tres plumas arrancadas a la cola de un Huitzil, y a poco tiempo parió al nuevo Dios que pedían los mexicas (aztecas).

Y así nació Huitzilopoxtli en Sinaloa, muy cerca de Huey Colhuacan, tal vez en lo que ahora conocemos como municipio de Angostura. De ahí partió también —se supone— la primera peregrinación azteca hacia el centro del país que culminó con la fundación de la capital Tenochtitlán.

¿Por qué nació Huitzilopoxtli en Sinaloa? ¿Por que se le conoció como Dios de la guerra si la composición de su nombre tiene más sentido poético que bélico?

 

Todo tiene su explica tratándose de estas cuestiones. Un estudioso del tema, el doctor Nicolás Vidales Tamayo, nos las da gustoso como un obsequio a los lectores de El Sol de Sinaloa al cumplir su vigésimo primer aniversario.

«Los mexicas al llegar a Huey Colhuacan (Culiacán) adoraban a Opoxtli, dios de las artes de pesca. Las tribus que venían del alto norte y atravesaron la Sierra Madre partieron de Nuevas Casas Grandes, Chihuahua, penetraron a Sinaloa por la región de Badiraguato, estableciéndose finalmente en Angostura, cerca del mar.

Se tiene conocimiento que explotaron la pesca, de ahí su adoración por Opoxtli, pero también comerciaron con sal obtenida de Montelargo y su zona de Malacatayá.

Para poder realizar su peregrinación de los aztecas hacia Tenochtitlán fue menester eliminar primero a las tribus colhuacas establecidas aquí, y para ello pidieron a Cuatlichi, madre de los dioses, que los protegiera por medio de un nuevo dios.

La madre Cuitlichi o Coatliche (coatl: víbora y chichi: madre) pidió se le entregaran tres plumas de la cola de un Huitzil (pajarillo regional que conocemos ahora con el nombre de chirri; se alimenta principalmente de abejas) para concebir al dios protector de la batalla.

Entregadas que le fueron las plumas, la madre Cuatlichi se las introdujo debajo de las enaguas de serpiente y a poco tiempo parió al nuevo dios, al que se le dio el nombre de Huitzilopoxtli, compuesto por el de Huitzil, pajarillo que la engendró y el de opoxtli, dios de las artes de pesca al que seguían adorando.

Cuenta la leyenda que la madre Cuatlichi dio a luz en plena batalla, y simultáneamente, al producirse el nacimiento de Huitzilopoxtli se registró el triunfo de los mexicas sobre los colhuacanes o colhuacanenses, hecho que explica también el por qué se le consideró el dios de la guerra».

¿Existen, doctor, vestigios de tales hechos?

 

«Los hay y son verdaderamente importantes. El más sobresaliente sin duda lo es el documento impersonal que es el cerro del Tecomate, en donde está grabado el acontecimiento, o sea la madre Cuatlichi pariendo a Huitzilopoxtli. Pero además esta la tira de la peregrinación (códice Boturini) en la que aparece pintado el jeroglífico de Colhuacan como un cerro torcido, lo que no deja lugar a dudas sobre tal suceso.

Por lo que respecta a la batalla en Huey Colhuacan ganada por los aztecas, que se supone se libró en la parte noroeste y cerca de esta ciudad, los triunfadores le erigieron su primer templo a Huitzilopoxtli con hojas de maguey en la población tomada, y ese templo esta también dibujado en la tira de la peregrinación.

Se ha dicho que Culiacán estuvo ubicado más al norte de donde está actualmente, de manera concreta en Culiacancito, ¿es verdad eso?

 

«Falso, Huey Colhuacan se fundó aquí, junto a la confluencia de los ríos (Humaya y Tamazula) y aquí la encontraron los nahoas en su peregrinación. Ya los toltecas en su peregrinar, a su paso por este lugar, descubren los tres signos físicos que también tiene Tlalpan La Vieja, que son: a) la confluencia de dos ríos; b) tierra colorada especial para alfarería; y c) un cerro con forma de seno de mujer inclinado hacia el oriente que ahora conocemos como el cerro de La Campana».

Me decías al principio que de aquí partió la peregrinación de los aztecas o mexicas que culminó con la fundación de Tenochtitlán, y ahora refieres que los nahoas encontraron a Huey Colhuacan en su peregrinación ¿se trata de la misma caminata?

«Habrá que empezar de más atrás para explicarlo. Los aztecas venían de Huey Tlapalan que se supone estaba en la confluencias de los ríos Gila y Colorado, en el estado de Arizona. Fueron varias peregrinaciones las que partieron de ahí en dirección al sur en busca de mejores condiciones de vida. Esto ocurrió en la era neolítica, es decir, superando el horizonte arcaico en que las tribus iniciaron la agricultura y la cerámica, así como otras artes.

Una de esas peregrinaciones fue la que atravesó la Sierra Madre Occidental en dirección a la costa. Hay vestigios de su paso por Casas Grandes, Chihuahua, continuando su marcha por lo que ahora es el municipio de Badiraguato, hasta Llegar a la región de Angostura.

Buscaban comida y mejores condiciones para desarrollar la agricultura, así como mejor asentamiento y tranquilidad. Es de hacerse notar que todo lo encontró aquí y pueden considerarse como pioneros de la industria agrícola en Sinaloa. Fue pues después de la batalla contra los colhuacanes que cayeron en la cuenca del río Humaya y luego bajaron hasta su confluencia con el río Tamazula.

Aquí encontraron un pequeño poblado que los toltecas en su primera peregrinación llamaron Tlapanconco, que significa «lugar donde hay tierra colorada». Hay que señalar que los toltecas en su primera peregrinación, anterior a la de los aztecas, avisaron a los demás pueblos nahoas del norte de la existencia de este lugar para que se vinieran; hecho que se comprueba con la marcha precisa que hicieron por la Sierra Madre Occidental para caer en la cuenca del Humaya y llegar a la confluencia de los dos ríos».

¿Se conocían toltecas y aztecas o nahoas?

 

«Hubo una primera peregrinación de los toltecas mucho antes que la de los aztecas, pero ese será motivo para otro trabajo. Por ahora hay que señalar que los primeros, luego de avisar a los nahoas de la existencia de este lugar, regresaron con ellos mismos sirviéndoles de guías, de tal manera que junto con las tribus nahoas venían también toltecas. Cuando llegaron aquí, los toltecas, «cumplida su misión», se fueron al sur, quedándose los aztecas.

«Las tribus nahoas le pusieron al lugar el nombre de Colhuacan, que quiere decir «en donde tuerce el camino» o «se tuerce el camino». Viene de las palabras Colt (torcido) Hua (donde) y Can (camino). Resulta curioso que muchas palabras aztecas se sigan usando al paso de los siglos, como Colt o colti que se aplica a quienes sufren la torcedura del cuello.

«Pero existe otra versión respecto al nombre de Colhuacan: se dice fue tomada por el Cerro de la Chiva, el cual, visto desde la confluencia de los ríos, semeja la cabeza de una persona que esta acostada mirando al cielo; de ahí deriva también el uso de la palabra Colt o colti, que significa torcido».

¿Los aztecas, nahoas y mexicas mencionados aquí, eran los mismos?

«Aztecas y nahoas si, antes del nacimiento de Huitzilopoxtli.

Es innegable que al abrazar la religión del nuevo dios, se denominan mexicas que quiere decir «hijos del ombligo». Eso ocurre después de la batalla en que nació Huitzilopoxtli y al salir la peregrinación de un lugar muy cercano a Culiacán, el cual debemos ubicar en el municipio de Angostura.

En efecto, la Tira de la peregrinación o Códice Boturini, uno de los escasos documentos precortesianos que afortunadamente se conserva, dice al principio que los aztecas o mexicas salieron de una isla que estaba en una bahía y llegaron a Colhuacan, no sin antes enfrentarse con las tribus de colhuacas ya asentadas aquí.

El mismo Códice indica que las tribus pidieron a la madre Cuatlichi les diera un dios que les protegiera en la guerra naciendo pues, Huitzilopoxtli, como ya lo hemos dicho.

No habiendo duda sobre el nacimiento del nuevo dios en Sinaloa; ni tampoco de que el hábitat —lugar en donde habitaban los aztecas— estaba en territorio nuestro como prueba el mural de Tecomate con la madre Cuatlichi pariendo a Huitzilopoxtli; y lo confirma la Tira de la peregrinación con el jeroglífico de Colhuacan como un cerro torcido, queda claro que no se debe situar a Aztlán y a este Colhuacan en otros lugares de la república».

En efecto, doctor, en México se me ha dicho que allá está el verdadero Colhuacan, una de las ciudades más importantes en los siglos XIII y XIV junto con Azcapozalco, Chalco y Texcoco, y que la nuestra es una «burda» imitación de aquella. La nuestra ¿fue primero?

«Así es, cien años después de que los nahoas o aztecas convertidos ya en mexicas se establecieron aquí, partieron hacia el sur hasta llegar a lo que luego llamarían Tenochtitlán. Es fácil suponer que en el recorrido tardaron algunos años, pues a su paso iban fundando pequeños poblados. Detrás de ellos van pequeños grupos de colhuacas, y en muchos de los pueblos fundados repiten los nombres de los que aquí dejaron.

Inclusive a varios les bautizan con el nombre de Colhuacan chico, en recuerdo de su Huey Colhuacan.

Culiacancito viene a ser Culiacán chico, lo que indica que trataban de diferenciar a los nuevos pueblos del Huey (viejo) Colhuacan.

Hay que tomar en cuenta que la llegada a Tenochtitlán y su fundación por los aztecas o mexicas se produce en 1325, y Colhuacan en lo que ahora es el Distrito Federal empieza a florecer a fines del mismo siglo. Antes no hubo Colhuacan allá.

«Pero no es el único caso, aquí fundaron también Cihuatlan (lugar de las mujeres) e hicieron lo mismo a su paso por Jalisco; y así hay muchos casos, pero el Colhuacan principal es el de aquí, ningún otro».

En la plática con el doctor Vidales Tamayo, surge un hecho trascendente como se vio en párrafos anteriores, y es el que se refiere al cambio de nombre de los aztecas por el de mexicas, aunque nunca perdieron el primero.

A partir del nacimiento de Huitzilopoxtli, «los hijos del ombligo» se denominan los mexicas, y con ello nace el nombre que luego llevará lo que con el tiempo sería nuestro país y naturalmente el de sus habitantes: mexicanos.Ello significa que Huitzilopoxtli con su nacimiento no solo trajo el triunfo para los nahoas y aztecas que lo pidieron a la madre Cuatlichi, sino que dio a los mexicanos y a la patria misma y finalmente acompañó a sus fieles adoradores a la culminación brillante de la peregrinación iniciada en Sinaloa: la fundación de Tenochtitlán.

No hemos querido dejar el trabajo a medias, el doctor Vidales nos ha indicado que en Sinaloa existen numerosos indicios del paso de los mexicas por el sur del estado, y nos invita a conocer uno de ellos: el Tlacuilole, palabra azteca que significa «lugar de los tlacuiles o artistas».

Este sitio, lamentablemente olvidado por los culiacanenses y nuestras autoridades, está a solo quince kilómetros de Culiacán, por el rumbo de Sanalona. A unos 200 metros del rancho Los Naranjos, por la margen izquierda del río Tamazula, éste forma un recodo en torno a la falda pétrea de un cerro, conocido como «cerro pintado».

Sobre las enormes rocas, en una área aproximada de 100 metros, están los petroglifos (petro-piedra; glifo-surco o canal) entre los que destaca una porción llamada el gran mural».

Hay dos opciones para llegar hasta ellos, trepar con grandes dificultades por las mismas piedras o bien cruzar a nado la hondura acuática que forma ahí el recodo del río. Pero vale la pena si se hace acompañar de alguien como el doctor Vidales que sabe el significado de los petroglifos y el camino para llegar a ellos.

El doctor Vidales explica, en torno de la figura del ocelote, que los tlacuiles o artistas mexicas le agregaron una cola muy larga cuyos extremos tiene una recurvatura, lo cual indica que las tribus ya conocían el movimiento retrógrado que tiene Venus. Al ocelote le colocaron una nutria en el hocico.

Los numerosos animales representaban la variedad de los mismos en la región, los cuales cazaban y les servían de alimento.

En los petroglifos hay dibujadas plantas de maíz, frijol, papa y otros alimentos que cultivaban y consumían. Para los artistas de ese tiempo, nos dice el doctor, era muy importante adorar lo que veían, lo que comían.

Representaban artísticamente las cosas más importantes, sin ir más adelante. Pero siempre destacaban las figuras de sus dioses.

Nos informa que más adelante del Tlacuilole, a flor de tierra, están sepultados restos probatorios de la estancia de las tribus mexicas en ese lugar, a su paso temporal por el mismo rumbo a la Tenochtitlán.

Con la idea de volver para tratar de comprobarlo y también visitar el cerro del Tecomate para conocer el mural de Cuatlichi, agradecemos al doctor Vidales Tamayo su valiosa colaboración brindada para este modesto trabajo, con el cual el reportero festeja los 21 años de El Sol de Sinaloa y el séptimo de laborar agradablemente en el mismo.

 

El Sol de Sinaloa: Diciembre de 1977.

 

Tomado del libro: Olor a tinta, Enrique Ruiz Alba, compilador, Figueroa Díaz, José María, El Diario de Sinaloa, Culiacán, Sinaloa, 1994.

 

 

Huitzilopoxtli, dios de la guerra
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