Iglesia de Santa Úrsula, Cosalá; templos del estado de Sinaloa México

Los templos del Estado de Sinaloa México

 

LA IGLESIA DE SANTA URSULA

 

Por: José María Figueroa Díaz

El templo de Santa Úrsula, patrona de Cosalá, cubre con su manto señorial al pueblo católico cosalteco.

Sus orígenes, la mano y el nombre del sacerdote inspirador, el que hizo posible con su creativa actino se construyese, están sepultados en las páginas posiblemente de una historia perdida.

Los viejos archivos fueron carcomidos por el voraz comején y algunos destruídos por la vorágine que incendió a Sinaloa durante la Guerra de la Reforma y la Revolución de 1910.

Los documentos que lograron salvarse de estos dos torbellinos no dan luces sobre la fecha en que se empezó a edificar y ni de quien fue el autor.

Se dice que probablemente existan estos datos en el Arzobispado de Durango, en la Iglesia de Chametla. Nadie, que se sepa, se ha preocupado por hurgar en el pasado de este templo.

Su crónica, pues, está sumergida en la penumbra del olvido y del tiempo…

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La leyenda oral señala que los ricos mineros del siglo XVII, para salvar sus almas del infierno o del purgatorio, cooperaron para levantar el templo de Santa Úrsula, con barras de plata, marcos y tejos.

La pobrería de aquella época— criollos, mestizos e indígenas— aportaron lo que humanamente pudieron: faenas diarias, piedra, cal, arena y, sobre todo, su gran espíritu místico.

Como la gran mayoría de los templos construidos por los padres españoles, éste se encuentra mirando a la plaza central de Cosalá. Esto era una tradición y una costumbre de la hispanidad.

Es una construcción sencilla, sin ínfulas de grandeza, pero es el templo mayor del pueblo creyente cosalteco, que siempre ufano y orgulloso, hoy más que nunca cuando la iglesia ha recibido el baño de la limpieza y de la pulcritud, la presenta sin un atisbo de vergüenza a los ojos de todo el mundo.

En su pilita bautismal sostenida por cuatro pequeñas columnas, hecha de una sola piedra, han acogido su nombre cristiano miles de lugareños.

Aquí recibieron el agua bendita cosaltecos que han destacado en la política, en la ciencia, en las letras, en la música y en todas las manifestaciones del pensamiento humano.

Entre estos personajes se encuentran, en sus distintas épocas: Francisco Iriarte Conde, Leopoldo Sánchez Celis, Miguel Armienta, Alberto Vega Olazábal, Alejandro Hernández Tyler, Roberto A. Hernández Aragón, Francisco Campaña, Luis Pérez Meza, Gustavo D. Cañedo, Alejandra Retamoza, Alfredo Ibarra Rodríguez, Jesús Lazcano Ochoa, Benjamín J. López, Jesús Agustín Aragón, Octavio Aragón Hernández, Agustín Vega Armienta y otros más, muchos de los cuales aparecen en esta monografía humana que presenta este número de Presagio.

Tiene, pues, esta hermosa pila bautismal mucho de la historia que durante siglos se ha escrito y se escribirá en el gran solar sinaloense.

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Este templo consta solamente de una torre, casi una copia de las dos que se levantan en la catedral de Culiacán. Construída antes, según testimonios verbales, es indudable que sirvió de modelo para la iglesia de San Miguel Arcángel.

Desde hace mucho tiempo los sacerdotes que han tenido a su cargo la parroquia de Santa Úrsula, han concebido la idea de edificarle otra torre, pero ha quedado esto únicamente en «sanos y santos», proyectos.

 

Cuenta, además, con una hermosa cúpula que parece una mezquita arrancada de un paisaje musulmán. Está hecha sin haberse utilizado una sola varilla y ningún saco de cemento. Esos albañiles de aquellos tiempos eran unos verdaderos artífices de la construcción.

Visto, admirado por todos los cosaltecos, ha sido el reloj de sol, que les ha dado la hora, sin pararse ni descomponerse jamás, desde hace cerca de 200 años. Está colocado en la esquina oriente del templo, en su parte exterior.

La inscripción de este «Elguin natural» sobre la fecha de su «nacimiento» está incompleta. Una bala perdida durante algún combate o dirigida intencionalmente, casi la borró. Sólo queda el guarismo 18 y enseguida el orificio producido por el impacto.

El edificio está remozado. Su fachada, y sus muros pintados de color blanco, dan la impresión de una niña pulcramente vestida para recibir la primera comunión o de una novia que va al altar a unirse en los lazos sagrados del matrimonio.

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En sus mocedades el templo de Santa Úrsula perteneció a la diócesis de la Nueva Vizcaya. Montado en su mula, bajando por las veredas de la sierra, el obispo de Durango venía a hacer su rutinaria visita pastoral y a recoger la parte que le correspondía de los diezmos y primicias entregados por la feligresía cosalteca.

Las investigaciones para conocer el lugar donde fueron enterrados los restos del conquistador Francisco de Ibarra, han sido acuciosas. Los historiadores, varios de los cuales han ido a España a hacer esta indagación en los archivos de Las Indias, en Cádiz, no han podido dar con sus huellas. La búsqueda ha sido incesante, abrumadora, pero se han estrellado en la noche de la historia.

Sin embargo… ¿los huesos— o lo que queda de ellos— de Francisco de Ibarra no podían estar descansando en el cementerio de Santa Úrsula? Existe tal hipótesis que respaldan las viejas versiones orales transmitidas de generación en generación. Desafortunadamente no tienen ningún apoyo por escrito. Los infolios de la iglesia, que podían dar luz en este caso, fueron destruídos o mutilados.

Pero todo pudo haber sucedido. ¿Vendría a morir a Cosalá, cansado de su vida aventurera, el aguerrido fundador y conquistador del Nombre de Dios, la Guadiana, San Juan Bautista de Carapoa, Chametla, San Sebastián, Concordia, Copala y Pánuco? ¡Quién sabe!

El enigma del paradero de sus restos, mientras que alguien da con ellos, seguirá en pie, vigente, envuelto en el silencio del tiempo…

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El interior del templo es sobrio sin muchos adornos ni figuras. Al fondo se levanta el altar mayor, dos en los extremos, dos en los cruceros y uno en el lado oriente.

Existió otro altar —según cuenta el párroco Ramón Sotomayor— pero la incuria lo hizo desaparecer. «Se despegó y no se supo a donde fue a dar».

Toda la edificación, excepto la torre, está hecha de piedra, a la que se le está quitando la pintura que la cubre, para darle una mejor presencia, su genuina, la real, la que debe de tener.

Los altares, las almenas y los rosetones son de cantera labrada.

Un hermoso púlpito de madera tallada, en cuyo techo tenía grabada una paloma simbolizando al Espíritu Santo, también no se sabe su paradero.

Valiosísimas esculturas talladas en madera que datan del siglo XVII, como son las de Jesucristo, el Señor del Perdón, la Purísima Concepción, Santa Úrsula y un óleo de la Virgen de Guadalupe, presiden y enseñorean el sagrado recinto.

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Era costumbre de los padres misioneros franciscanos o jesuitas, constructores de los templos de la Nueva España, para su protección o comunicación, abrir largos túneles de un lugar a otro del pueblo.

En Cosalá, según se cuenta, también existen dos de estos pasajes subterráneos. Uno parte de la iglesia de Santa Úrsula a la capilla de la Vírgen de Guadalupe y el otro a la casa del señor Oscar Osuna, que por su arquitectura a base de arquería puede suponerse que en el pasado sirvió de convento.

Todavía ninguno de ellos ha sido explorado.

Permanecen cerrados a los ojos del mundo. Algunos mineros, de ayer y de hoy, se han ofrecido para excavarlos y recorrerlos, pero no han llegado a cristalizar su buena intención o simple deseo de curiosidad.

El que va a la capilla —que por cierto fue profanada durante la última revolución al convertirla los soldados en caballeriza después fue reconciliada en el año de 1935 —dicen que mide alrededor de 200 metros y el otro túnel como 120.

Una labor de comadrejas, haciendo honor a una de las etimologías de la palabra Cosalá, arrancaría más de algún secreto o tesoro escondido que guardan estos pasajes bajo los viejos caserones de este bello pueblo colonial.

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 10, páginas 18-20.

Ilustración tomada de: Presagio, Revista de Sinaloa; portada del número 10, pintura del artista sinaloense Héctor López Gámez “Torek”.

 

 

Iglesia de Santa Úrsula, Cosalá
Iglesia de Santa Úrsula en Cosalá, Sinaloa, México; pintura de Héctor López Gámez «Torek»

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