José de Jesús María Uriarte y Pérez, gente de Sinaloa México

Gente en Sinaloa

 

José de Jesús Uriarte y Pérez

PRIMER OBISPO DE SINALOA

 

 

Por: José María Figueroa Díaz

En Batopito, Badiraguato, nació José de Jesús María Uriarte Pérez, octavo hijo del matrimonio integrado por don Domingo Uriarte y la señora María Pérez, siendo bautizado en la hoy cabecera municipal el 12 de diciembre de 1825.

Un verdadero apostolado ejerció este ilustre sacerdote que con el tiempo y en premio a sus grandes virtudes, llegó a convertirse en el primer Obispo de Sinaloa.

Un extenso trabajo en el que lamentablemente se omite el nombre del autor, me ha permitido conocer la trayectoria de este personaje que a los once años, concluida la instrucción primaria, se inscribió en el Seminario Conciliar de Culiacán, en donde destacó notablemente en las ciencias y en las virtudes. El 22 de septiembre de 1850 coronó su brillante carrera al recibir la altísima dignidad sacerdotal. En Badiraguato canto su primera misa.

En 1853 dio pruebas de su celo apostólico. En esa época apareció el cólera Morbo y desafiando el peligro del contagio «día hubo en que administró los sacramentos hasta a cien enfermos. Dios le preservó de contraer tan terrible mal».

Pasada la epidemia desempeñó en el Seminario la cátedra de teología moral. Después fue nombrado párroco de Quilá, cuya iglesia construyó. El 23 de noviembre fue nombrado Rector del Seminario, a cuyo frente estuvo hasta su promoción al episcopado.

El padre Uriarte tuvo pasta de mártir. Durante la persecución de la Iglesia en Sonora, tanto él como el ilustrísimo don Pedro Loza y otros eclesiásticos sufrieron vejaciones y acosos por parte del gobernador Plácido Vega y sus subalternos. Veamos esto que ocurrió en 1859.

«El general (Coronado) dio cuenta al Gobernador del Estado don Plácido Vega, quien mandó que se presentara en Mazatlán el señor José de Jesús María Uriarte y Pérez. Esto acontecía en el mes de julio; luego que llegó a dicho puerto acompañado de los presbíteros Pérez Serrano y de su sobrino el padre Rojo, los mandó al cuartel incomunicados, donde estuvieron hasta las tres de la tarde en pie, sin dejarlos mover y sin permitirles ningún alimento ni agua y repitiéndoles que les daría libertad si entregaban diez mil pesos, o todos los documentos relativos a las propiedades eclesiásticas; más en caso de resistencia, los echarían al mar o los desterrarían. Tanto el señor Uriarte como sus dignos compañeros, contestaban según el lenguaje de los mártires, que no podían ni debían acceder a semejantes exigencias».

«De aquel inmundo cuartel los pasaron a otro, y debido a las súplicas de un buen vecino, don Tomás Gómez, donde como un acto de consideración se les concedió que pudieran tomar alimentos y agua. Mediante el influjo de otra persona, salieron a una casa particular. Permanecieron en el puerto hasta agosto que regresaron a Culiacán, extenuados y tristes por tantos malos tratamientos y vejaciones de que fueron víctimas».

Nuevas persecuciones obligaron al padre Uriarte a salir de Culiacán, a fines de 1860 se fue de incógnito a Álamos, Sonora, y a principios de 1861 «dispuso ocultarse entre los montes hacia el rumbo de Mocorito».

Estos sitios de su cautiverio, los describe así el autor:

«Mocorito fue el punto de la residencia ordinaria del señor Gobernador de la Mitra (de Sonora), viviendo en la casa cural unida a la iglesia, obra de Jesuitas, teniendo además allí un cuartito con poca luz y ventilación, al que se entraba para suministrarle los alimentos, por una puerta falsa, y, en cuyo interior tenía un escondite subterráneo, como sepultura, con la tapadera de un canal dispuesto para un caso de asalto, que nunca se dio por fortuna, aunque sí algunos casos de susto que lo hicieron esconderse allí… Una de las veces que el señor Uriarte huyó a los montes, vivió tres meses en el desierto a un lado del Portezuelo, ranchito que se hallaba entre Mocorito y Badiraguato. Los padres le construyeron sobre un árbol una carpa formada con un cuero de buey, dentro del cual se hallaba recostado en un lecho de cañas lloviéndole casi todos los días. Tomando por alimento una sopa que le hacía un indio, que era su única compañía, cuando no le llegaban recursos de Mocorito».

Desde su escondite, narra el autor, el señor Uriarte estaba al corriente de todo y dirigía con admirable prudencia el Gobierno de la diócesis en tiempos muy calamitosos. «El Seminario, de quien era su dignísimo Rector, fue clausurado y profanado, lo mismo que la casa episcopal, e invadida la parroquia de Culiacán algún tiempo por un mal eclesiástico. Su benemérito hermano, el señor cura de Badiraguato, don Domingo, así como su otro hermano don Antonio, sufrieron pérdidas notables en sus intereses (veinte mil pesos), y el primero sucumbió el 5 de enero de 1863 consumido por la tristeza que le causó presenciar la persecución de su iglesia en Sonora».

Debido a la intervención de las señoras principales de Culiacán, el general don Ramón Corona concedió las garantías suficientes al padre Uriarte para volver a Culiacán, y éste, el 23 de septiembre de 1866, celebró misa de acción de gracias en la que predicó: «La iglesia es invencible, sus ministros podrán ser encarcelados, desterrados, degollados o asados en una parrilla, pero jamás vencidos».

El día 24 se volvió a abrir definitivamente el Seminario. Trasladado el señor Loza a la arquidiócesis de Guadalajara, continuó la Mitra de Sonora bajo la acertada dirección del señor Uriarte, hasta 1868. El señor Alamán fue designado para suceder al señor Loza en el Obispado de Sonora, y como renunció al cargo, el señor Labastida, que se encontraba en Roma, fue consultado acerca de la personalidad del señor Uriarte y de la conveniencia de que cubriera la vacante de la sede en Sonora, a lo que respondió que no le conocía, pero creía sin duda era el más a propósito «por haber gobernado tanto tiempo y tan diestramente esta diócesis».

En el consistorio celebrado el 25 de julio de 1869, se le nombra Vicario General de la Diócesis y en su vacante, Vicario Capitular por autoridad apostólica. Llegaron las bulas y el señor Uriarte salió de Culiacán el 25 de febrero para alcanzar su episcopal consagración en la ciudad de Durango.

«Deseoso más bien del provecho espiritual de las almas que del suyo temporal, solicitó de la Santa Sede la división de su Obispado en dos sedes; lo consiguió por un decreto consistorial el 3 de marzo de 1883, y se nombró en el consistorio del 15 de marzo de dicho año al señor Uriarte como primer Obispo de Sinaloa y al señor Rico para Sonora».

«El pontificado del señorJosé de Jesús María Uriarte y Pérez, primer obispo de Sinaloa fue pacífico: visitó su grey, signo característico de un buen pastor, y dio mayores pruebas del gran don de gobierno que poseía. Sostuvo con su clero una correspondencia constante, en la cual se descubre al Prelado revestido de paternales entrañas. Además, sobresalía en todo por su humildad».

«Brillaba también por su mortificación; su lecho fue siempre unas duras tablas y cubierto con un sencillo zarape. No usaba jamás bebidas fermentadas. Quizá lo hizo para conseguir del Señor que cierta persona, para él muy querida, abandonara el execrable vicio de la embriaguez».

«De sus bienes patrimoniales fundó en Culiacán un hospital bajo el patrocinio de la Inmaculada Virgen en su tierna advocación del Carmen, el cual tuvo principio el 12 de septiembre de 1880».

El ilustrísimo señor José de Jesús María Uriarte Pérez, murió víctima de una congestión el 26 de mayo de 1887. Tres días estuvo expuesto el cadáver que se embalsamó, circunstancia que dio origen a las manifestaciones sinceras de profunda pena de todos los habitantes de Culiacán, por la pérdida de un prelado tan lleno de virtudes y tan amado.

 

 

José de Jesús María Uriarte y Pérez
José de Jesús María Uriarte y Pérez, primer Obispo de Sinaloa

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