La Cordelliere, corbeta francesa en Mazatlán, historia de Sinaloa México

Historia de Sinaloa México

 

LA CORDELLIERE, CORBETA FRANCESA EN MAZATLAN

 

Con datos tornados de los apuntes de un guerrillero

 

El gobierno de Sinaloa, después de poner a disposición del presidente Juárez la brigada que como contingente de sangre fue a engrosar el ejército de la Republica, para detener el avance de los soldados de Francia, se dio a la tarea de preparar la defensa del territorio sinaloense.

 

En Mazatlán se organizaron dos batallones de la Guardia Nacional. Uno se denominó Guerrero, compuesto en su mayor parte de profesionistas y comerciantes, agricultores y empleados de la federación, del estado y del municipio. Este cuerpo se distinguió por su arrogancia y pulcritud. La malicia popular llegó a denominarlo Batallón de la Pomada, por el hecho de que lo formaban jóvenes soldados extraídos de la sociedad porteña, a quienes antes se les había visto de señoritos, y, más tarde, cubiertos de polvo, ensangrentados y olorosos a pólvora, después de las duras jornadas. Formaban parte de este batallón, entre otros muchos, los señores Eufemio Cárdenas, Patricio López, Jorge Granados, Francisco y Bruno Cañedo, Arturo Butchart, Zenón Iglesias, Leopoldo y Francisco Schober, Juan y José María Mexemin, Francisco A. González, Adolfo y Jorge Willhelmy, José María Saracho, licenciado José Betancourt y Francisco Medina, todos ellos deseosos de luchar por la patria.

El otro cuerpo se llamó batallón Hidalgo, compuesto por artesanos, jornaleros y cargadores. Esta corporación dio hombres notables por su arrojo y valor durante las campañas contra las tropas francesas, distinguiéndose los señores Juan N. Navarro, Diódoro Corella, Martín Ibarra, José y Francisco Palacios, Miguel González, Desiderio Rivera, Lucas Mora, Ascensión Correa, Juan Aldana, Juan Miramontes, Calixto Peña y Benito Camarena.

 

Corría el año de 1864. El gobierno federal había ordenado al coronel de ingenieros don Gaspar Sánchez Ochoa, que se encontraba en Mazatlán, se encargara de la dirección de las obras de fortificación que debían levantarse por el lado norte del puerto, para hacer frente a las hordas de Manuel Lozada, ya que el famoso Tigre de Álica se había aliado al gobierno imperialista para invadir el estado de Sinaloa.

Al llamado que hizo el coronel Sánchez Ochoa acudió una multitud de mazatlecos, que voluntariamente, con empeño y entusiasmo, se dieron a la tarea de construir parapetos en las líneas de defensa.

 

El día 26 de marzo de 1864 se avistó en Mazatlán, por el rumbo de Puerto Viejo, la corbeta de guerra francesa Cordelliere, la cual empezó desde luego a lanzar metrallas sobre las fortificaciones que se estaban construyendo, a fin de abatirlas.

Al tener conocimiento de lo anterior, el general Jesús García Morales, gobernador y comandante militar del estado, que se encontraba accidentalmente en el puerto, ordenó inmediatamente la movilización de un pelotón de artilleros con una pieza de montaña, al lugar del ataque, bajo el mando del capitán primero Jesús Gamboa, para que repeliera la agresión y cañoneara a la corbeta Cordelliere, habiéndolo hecho con tan buena puntería que muy pronto alojó dos metrallas en el costado de la nave francesa.

Por su parte, el coronel Ignacio M. Escudero, prefecto político y jefe de las guardias nacionales, formó a retaguardia del pelotón de artilleros sus dos batallones, el Hidalgo y el Guerrero, listo para combatir al extranjero y proteger a aquel puñado de valientes, que, serenos ante el peligro y cual si fueran soldados veteranos, estuvieron contestando el fuego de la Cordelliere, hasta que ésta se retiró, amparándose detrás de la isla de Venados, con el objeto de reparar sus desperfectos.

Dos días después volvió a aparecer la corbeta y comenzó de nuevo a disparar sus proyectiles sobre las defensas de la playa norte, y otra vez más se emplazó la pequeña pieza republicana, y el hábil artillero Jesús Gamboa llegó a hacer blanco en tres ocasiones consecutivas en la cubierta de la Cordelliere.

El comandante francés, iracundo y desesperado, ordenó que dos lanchas cañoneras, con un fuerte contingente de marinos, se dirigiera hacia la playa y efectuara un desembarco a inmediaciones del lugar conocido con el nombre de El Sábalo.

El comandante Escudero, al darse cuenta del movimiento, emprendió la marcha al frente del batallón Guerrero, que hizo su llegada a paso veloz, impidiendo el desembarco total del enemigo y obligando a los que ya habían alcanzado tierra a volver sobre sus lanchas precipitadamente, no sin dejar en su huida algunos muertos y heridos, como resultado del nutrido fuego de los Crinolinos, como llegaron a llamarse, más tarde, los bizarros soldados mazatlecos.

Los marinos franceses, al retirarse, hicieron varios disparos con muy mala puntería, a lo que los soldados republicanos contestaban con gritos de «¡viva México!»

Este día glorioso para las armas sinaloenses, los habitantes de Mazatlán lo pasaron en medio de un regocijo popular extraordinario, recorriendo las calles en manifestaciones patrióticas.

La corbeta Cordelliere permaneció algunos días más frente a Mazatlán, y cuando menos se esperaba, se hizo a la mar llevando en sus costados y en la cubierta las huellas de las granadas mexicanas.

El día 5 de mayo siguiente, aprovechando el general García Morales la conmemoración de la batalla de Puebla, hizo un llamado al pueblo mazatleco, el que se congregó a inmediaciones del parque Zaragoza, para glorificar a los vencedores de los franceses de la Cordelliere.

El general García Morales, después de una patriótica arenga, poniendo de relieve el valor y patriotismo de los soldados sinaloenses, condecoró al capitán primero Jesús Gamboa y al teniente Ignacio Bravo, quienes fueron aclamados delirantemente. A continuación un grupo de señores y señoritas de la mejor sociedad mazatleca, repartió a los demás artilleros ramilletes de flores, que les fueron entregados juntamente con un escudito de oro.

 

 

Embarcación francesa de guerra
Corbeta francesa

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