La Cruz del Perdón en la villa de San Miguel de Culiacán

Historia del estado de Sinaloa, México

 

 

LA CRUZ DEL PERDÓN

 

Por: Héctor R. Olea

El cronista don Francisco Sedano al describir la ciudad de México en el siglo XVIII, informa de la cruz de mañozca colocada en el cementerio de la catedral y que fue traída por el obispo don Juan Sáenz de Mañozca —por eso lleva su nombre— en el mes de septiembre de 1648.

«Había muchas cruces en la ciudad —anotó el historiador— aparte de las innumerables que a manera de adorno estaban en relieve en las fachadas de las casas y en los dinteles de puertas y ventanas; las había en varios nichos, en muchas esquinas, en el centro de algunas plazas, en los atrios de iglesias y conventos».

El autor cita las principales cruces y sus usos como la de Cachaza (1745),» a su pie se ponían los cadáveres de los pobres para recoger dinero con que enterrarlos» y la alta cruz del Convento de San Francisco.

En la villa de San Miguel de Culiacán, se levantó en un predio al poniente de la población, siguiendo la tradición y costumbre española, La Cruz del Perdón que servía de adoratorio externo a los penites, a las autoridades para ejecutar la pena de pública flagelación a los ladrones y a los reos sentenciados a muerte para pedir perdón por sus pecados.

No se sabe la historia ni la fecha exacta en que se construyó La Cruz del Perdón, pero es muy probable que la levantó don José de Gálvez, Visitador General de Nueva España, durante su visita a Culiacán, confirma esta hipótesis porque tenía la costumbre de dejar una huella del cristianismo como lo hizo en Mazatlán al ordenar que se colocara una cruz en uno de sus cerros, que aún se conserva, después volvió al puerto donde se hizo a la vela para California, el 2 de julio de 1768.

La Cruz del Perdón fué objeto de muchas leyendas. Los viejos vecinos no olvidaban, en sus pláticas, la ejecución y última rogativa en este sitio de un sujeto apodado «El Güero» Nicho, puñalero de oficio, que asesinó en la Plaza de «Armas» al Comandante neo-granadino Heraclio Núñez, la noche del 11 de enero de 1853.

Otra referenda la hizo Ireneo Paz, el 20 de octubre de 1867, al relatar una manifestación política, escribió:

«Paseamos a nuestro vice-gobernador triunfante por las calles de la ciudad, seguidos de las dos músicas que se iban alternando con sus sonatas, aumentándose las hachas encendidas hasta más de 500.

«Llegamos a la plaza de la Cruz, llama así por contener una en el centro rodeada de gradas. Esta fué la que escogimos para convertirla en tribuna: todavía nos faltaba perorar a los ciudadanos. Hicimos que Adolfo Palacio subiera el primero, quien realmente conmovido, expresó magnificas ideas de concordia, paz y libertad».

La Cruz del Perdón desapareció cuando se trazo, en septiembre de 1898, el jardín que se nombró «general Antonio Rosales» y se colocaron las estatuas de éste y del general Ramón Corona, reproducción de las hechas a los referidos republicanos que representan a Sinaloa en la avenida Reforma de la capital de la República.

El Alcalde don Quintín Díaz Jiménez ordenó, en 1918, plantar en las plazas públicas naranjos para que Culiacán fuera aromada por los azahares como Córdoba la española y que, durante mis fatigas de colegial, me hacían evocar los versos del poeta Alfonso Reyes:

«En los árboles ardían las ascuas de las naranjas, y el huerto en lumbre viva se doraba».

 

Tomado del libro: Pinceladas del viejo Culiacán, Olea, Héctor R., Ediciones del Ayuntamiento de Culiacán, 1985.

 

La Cruz del Perdón en Sinaloa durante la colonia
La Cruz del Perdón en Sinaloa, época colonial

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