La evolución social en el Sinaloa independiente

Historia de Sinaloa México

 

LA EVOLUCIÓN SOCIAL EN EL SINALOA INDEPENDIENTE

 

Por: Antonio Nakayama

 

Durante los años comprendidos del final del siglo XVIII a la mitad del siglo XIX, el panorama social de Sinaloa. con muy pocas variantes era igual al presentado desde la época de la conquista.

 

La educación se inició cuando los jesuitas empezaron a abrir escuelas en las misiones, donde aparte la doctrina cristiana se enseñaban las primeras letras a los niños indígenas. Esas escuelas. con la excepción de la que funcionaba en la villa de Sinaloa, se ubicaban en los poblados de indios donde tenían su asiento los misioneros, así que en las villas españolas y en el resto del territorio reinaba la más completa ignorancia. En la villa arriba mencionada, aparte de la escuela para tener un asiento firme que enviase periódicamente y recibiere misioneros de las Provincias de Sinaloa y Sonora, se fundó un Colegio… en donde se enseñaba a leer, escribir, tañer y cantar. Se agregó en 1610 un seminario para niños indios al cual acudían también los hijos de los españoles. Siendo lo anterior la realidad escueta en el aspecto educativo, únicamente las clases acomodadas podían darse el lujo de enviar a sus miembros a estudiar a México, Guadalajara o Durango para que siguiesen la carrera eclesiástica, pero aun en las familias de ese sector imperaba la falta de enseñanza, pues por lo general las mujeres más empingorotadas no sabían leer ni escribir. Después de la expulsión de la Compaña de Jesús, y con la erección del obispado de Sonora, se abrieron escuelas de primeras letras en Álamos, Culiacán, El Rosario y Sinaloa, pero como era natural, la gran masa de la población continuó sin poder disfrutar del privilegio de la educación.

 

Así pues, el aspecto educacional de Sinaloa fue completamente negativo desde la entrada de Nuño de Guzmán hasta la primera mitad del siglo XIX: las escuelas primarias escasísimas: no hubo colegios ni florecieron los ingenios. Los hombres que destacaron culturalmente fueron misioneros de la Compañía de Jesús, o si bien nacieron en la región se educaron en otras latitudes. Entre los primeros se encontraron los PP. Andrés Pérez de Ribas, Hernando de Santaren, Juan de Steineffer, Juan Bautista Velasco, Hernando de Villafañe, Pedro Méndez v otros muchos; de los segundos podemos citar a los PP. Hernando de Tobar, Nicolás de Calatayud, Francisco de Angulo, Carlos Espinoza de los Monteros y a un seglar autodidacto: Pablo de Villavicencio, escritor, periodista y precursor de la Reforma.

En el año de 1834, la Asamblea Legislativa decretó la erección de un establecimiento de educación pública que estaría bajo la inspección del gobierno. Se dividiría en dos secciones, una denominada de primeras letras, en la que se ensenaría lectura, escritura, aritmética práctica, francés, inglés y la doctrina católica. En la otra, que se titularía normal la enseñanza estaba reducida a la aritmética sublime, filosofía moral y religiosa, los principios más importantes de economía política, agricultura y geografía. Ignoramos si el establecimiento se abrió, pero todavía para el año de 1835 no funcionaba.

 

La apertura de las escuelas Lancasterianas a mediados de 1840 empezó a difundir un poco más la enseñanza, aunque este tipo de escuelas se redujo a muy contadas poblaciones de la Entidad. El año de 1838, el obispo de Sonora Lic. y Dr. don Lázaro de la Garza y Ballesteros inauguró el Seminario Tridentino v Nacional de Sonora que había fundado un año antes en la ciudad de México, y con la apertura de este centro de estudios se inició la etapa de la enseñanza superior en el noroccidente mexicano y se abrieron nuevos caminos para la juventud, ya que en ese plantel no solamente se impartía la enseñanza para la carrera eclesiástica. sino que también podían estudiar aquellos que después marchaban a otros lugares para obtener un título profesional. El Seminario, que pronto fue incorporado a la Pontilicia Universidad de México, ganó un sólido prestigio y su marcha ascendente se detuvo al iniciarse las guerras de Reforma y del Imperio.

 

En 1851 se creó el primer organismo oficial para incrementar la enseñanza, que fue obra del gobernador don José María Gaxiola, y al que se le dio la denominación de Junta Directora de Enseñanza Pública, a la cual se le dio un reglamento, aunque parece que no funcionó debido a que el Estado no gozaba de tranquilidad ni de estabilidad económica, y en 1852, en que protestó como gobernador el coronal Francisco de la Vega, pese a que en su discurso inaugural manifestó . . . promover con el mayor celo y perseverancia, y aun a costa de su propio peculio, si fuere necesario, la educación y enseñanza de la juventud, y de que envió al congreso una iniciativa sobre fomento de escuelas y recursos para sostenerlas, durante el tiempo que gobernó La enseñanza primaria y secundaria, estaban completamente muertas cuando debían tener animación y vida, Y por ésta la vida de los pueblos.

 

Al erigirse el Estado de Occidente, una de las preocupaciones del gobierno fue la adquisición de una imprenta. que era desconocida en Sinaloa y Sonora. y para el año de 1826 ya estaba trabajando en El Fuerte en la impresión de trabajos oficiales. Poco después. al trasladarse los poderes a la ciudad de Álamos, empezaron a circular los primeros periódicos que fueron Celajes de la Aurora en Occidente. y Opinión Pública de Occidente. que en este orden aparecieron el ano de 1829. Al efectuarse la división del Estado. la imprenta quedó en favor de Sinaloa. v los primeros impresos de lo que podemos llamar segunda etapa de la tipógrafa en la Entidad son del año de 1832. en que apareció el primer órgano informativo con el nombre de Los Gracos. semanario editado en Culiacán cuyo primer número salió el 16 de agosto. En Mazatlán. el primer periódico apareció en 1844 con el nombre de Mercurio Aporeo. y el primero de los órganos oficiales vio la luz el año de 1842 bajo la designación de Gaceta del Gobierno de Sinaloa.

Es curioso constatar el respeto que había en la época por la libertad de pensamiento. y como el gobierno que era el dueño de la única imprenta que trabajaba en la Entidad, aceptaba que en su taller se imprimieran virulentos ataques para el régimen, los que desde luego se contestaban e imprimían en la misma imprenta. El respeto a las libertades humanas estaba muy metido en la conciencia de los gobernantes, y solamente en la etapa del régimen del vice-gobernador Álvarez de la Bandera se tomó oficialmente la medida de cerrar la imprenta a los particulares y se penó la posesión de escritos e impresos lesivos para el gobierno, y este fue uno de los pretextos que aprovecharon sus enemigos para tirarlo.

 

El noroeste fue una de las regiones mexicanas donde reinó la insalubridad en forma pavorosa, y la falta de higiene — común a todo el país- fue uno de los factores para que las enfermedades atacaran a los habitantes en forma despiadada. El paludismo era endémico debido a los millones de mosquitos que se reproducían en charcas y pantanos: el sarampión y la viruela azotaban constantemente a la población, y la segunda era un verdadero flagelo que diezmaba a los habitantes con una frecuencia aterradora, pese a que desde principios del siglo había sido introducida la vacuna, ya que ni pueblo ni gobierno se preocupaban por la inmunización. La mortalidad infantil alcanzaba aterradoras proporciones, pues aparte del ardiente clima que causaba la deshidratación de los infantes, la falta de potabilidad del agua provocaba numerosos padecimientos. El colera morbus, que azotó a la Entidad en los años de 1833 y 1851, provoco una terrible mortandad en todo el territorio sinaloense, pero muy especialmente en Culiacán, que en el segundo de los años indicados registró la mayor catástrofe de su historia. No había médicos, ni hospitales ni boticas. Los habitantes se curaban por medios empíricos, o bien se ponían en manos de curanderos v brujos que con su ignorancia supina aceleraban el fin del paciente. Los primeros hospitales se abrieron en Mazatlán casi al finalizar la primera mitad del siglo XIX. Había uno militar y otro civil, pero en el resto del Estado no existía centro asistencial alguno, y cuando se tenía conocimiento de la proximidad de alguna epidemia, las autoridades recomendaban que se sahumaran las calles quemando ramas de árboles. Desde luego que este cuadro no era privativo de las ciudades y villas, si no que era común a todos los poblados y rancherías ya que la falta de medidas higiénicas provocada por la ignorancia se extendía a todos los sectores sociales.

 

Económicamente Sinaloa empezaba a superar la etapa de la colonia. La agricultura, al igual que siempre, estaba constreñida al cultivo del maíz y el frijol, pero estos productos no solamente servían para cubrir las necesidades de la población, sino que también se exportaban a Sonora y a Baja California. La caña de azúcar se empleaba únicamente en la producción de piloncillo, y el cultivo del algodón, que en la época precortesiana fue uno de los más distintivos en el valle de Culiacán. empezó a ser desarrollado de nuevo con la apertura de una fábrica de hilados en la capital del Estado, iniciándose así una incipiente industria. La minería había cobrado auge nuevamente con la explotación de las minas de Guadalupe de los Revés y de otras que se encontraban en el distrito de Cosalá, así como de las que se trabajaban en El Rosario v en el distrito de Concordia.

 

La apertura del puerto de Mazatlán constituyó una mejoría para la economía sinaloense. De un simple puesto de observación que tenía allí el gobierno colonial, se convirtió en el puerto de más movimiento en la costa del Pacífico. Con anterioridad a 1792 estaba habitado por unos cuantos mulatos, y en 1817 contaba con veintiún moradores, pero las ventajas de su bahía, que lo hacían muy superior a Chametla y Altata, hizo que las Cortes Españolas lo abrieran al comercio exterior en 1820, aunque la medida quedó sin efectos con el estallido del plan de Iguala, mas al independizarse el país, la Junta Gubernamental lo declaró puerto de altura, y desde entonces empezó a poblarse rápidamente convirtiéndose pronto en la población más importante de Sinaloa. Mazatlán monopolizó el comercio marítimo hasta la mitad del siglo XIX, pero la incorporación de California a los Estados Unidos de América vino a poner un límite al tráfico que por él se hacía, ya que la gran importancia que adquirió San Francisco le arrebató la preponderancia. Llamado originalmente Puerto de San Félix, se le comenzó a llamar Mazatlán, mas en 1828 se le dio el nombre de Puerto de Ortigosa en honor de un vecino de Concordia llamado Vicente Ortigosa que influyó ante el gobierno federal para que se abandonase el fondeadero de Puerto Viejo y los barcos atracasen en la playa sur. Nuevamente cambió de denominación el año de 1832, en que el primer congreso constituyente del Estado le otorgó la categoría de villa con el nombre de los Costillas, pero este cambio no prosperó y continuó llamándosele Mazatlán. Para 1850 contaba con casi cinco mil habitantes v su comercio exterior se mostraba bastante halagüeño ya que las cifras que acusaba el fisco eran de importancia. El comercio era de gran movimiento y estaba en manos de extranjeros que manejaban grandes capitales, pero que causaron graves daños al Estado con sus intromisiones en la política.

 

En 1846 se abrió en Culiacán la Casa de Moneda, y esto fue otro factor para el desarrollo económico, ya que la escasez de numerario que privaba en el noroccidente encarecía los precios de los artículos de primera necesidad, y entorpecía las operaciones comerciales. Por otra parte, el establecimiento vino a terminar con el contrabando de plata en pasta que se hacía en los minerales y sus poblados circunvecinos, y evitó que los comerciantes y mineros enviaran sus metales a Durango para el efecto de la acuñación, ahorrándoles gastos y las molestias y pérdidas que sufrían cuando las conductas encontraban asaltantes.

 

La situación económica del gobierno del Estado era miserable, dado que loa impuestos que se recaudaban alcanzaban solamente para el pago de sueldos de funcionarios y empleados. El comercio era escaso y renuente al pago de contribuciones, y fue precisamente este aspecto lo que motivó muchos de los cuartelazos y asonadas que se registraron durante largos años. Como ya hemos dicho, en Mazatlán había un grueso núcleo de comerciantes extranjeros que manejaban fuertes capitales, pero la evasión de impuestos debida al contraban¬do hacía imposible que el gobierno recaudase lo que justamente le correspondía, e igual pasaba en Culiacán donde el comercio estaba en poder de la familia De la Vega. Por otra parte, el comercio y los capitalistas estaban siempre bajo la amenaza de los préstamos forzosos que imponían los jefes de motines y asonadas, y de los que el mismo gobierno exigía para luchar contra aquéllos. El estado de cuentas del Estado de Occidente durante el período comprendido del lo. de noviembre de 1824 al 31 de diciembre de 1825 nos da idea de cómo andaban los gobiernos de esa época, pues los ingresos ascendieron a $ 127 007.06, mientras que los egresos llegaron a la cantidad de $ 158 813.03, es decir, que el gobierno de la Entidad tuvo un déficit de $ 31 815.97. Al desaparecer Occidente, los gobiernos de Sinaloa y Sonora se repartieron los útiles y enseres, habiendo tocado a Sinaloa por este concepto la cantidad de $3 469.07 y a Sonora $1409.09, y cuando Sinaloa inició su vida como Entidad federativa, su presupuesto anual para sueldos ascendió a la cantidad de $ 27 232.00 de los cuales $ 6 700.00 correspondieron al poder legislativo; $ 8 061.00 al ejecutivo; $ 7 265.00 para el judicial, y $ 5 296.00 a.la tesorería general.

 

Lo anterior, la lejanía, y el clima inmisericorde evitaban que a Sinaloa llegaran letrados con el objeto de establecerse, por lo que el ramo de justicia no podía andar peor, ya que si muchas veces la Corte de Justicia no podía integrarse por hombres preparados, era todavía más difícil conseguir material idóneo para que fuera a desempeñar el cargo de jueces a los puntos importantes del Estado. Este problema lo solucionaban los magistrados designando como jueces a los alcaldes, los que las más de las veces no tenían preparación alguna en materia de leyes. y esto puede dar una idea del estado que guardaba tan importante aspecto de la vida ciudadana.

 

Uno de los espectáculos más deprimentes y escandalosos que se observaban en el Estado era el del contrabando que se desarrollaba en el centro y sur de su territorio. En Culiacán, la familia De la Vega, dueña del poder político, monopolizaba también el económico, y para este último se valía del fuerte contrabando que se hacía por el puerto de Altata donde las autoridades aduanales estaban bajo su control, aunque las descargas de mercancía no solamente las efectuaban por ese lugar, sino que también utilizaban otros puntos como Baraditos, v la boca del río San Lorenzo. Por lo general el contrabando venía en barcos chilenos que frecuentemente visitaban las costas sinaloenses, o en naves de otras nacionalidades, como el Pride que trajo una costosa carga desde China. Como sabemos, los Vega se dedicaban al comercio, y al apoderarse del poder político vieron que amparados por este podían aumentar su riqueza v dada la soledad de las costas sinaloenses pudieron ejercer el negocio del contrabando que tan pingües resultados les dio. En Mazatlán, los comerciantes extranjeros hacían cosa igual apoyados en la venalidad de los jefes militares a quienes cohechaban fácilmente, y por lo demás contaban con la protección de las marinas de guerra de sus respectivos países, y como los De la Vega usufructuaban el dominio del gobierno y la hegemonía comercial en el norte, la animosidad estalló entre ambos grupos y esa rivalidad contrabandista dio motivo a trastornos tan serios como la guerra civil, ya que ninguno de ellos daba tregua al adversario.

 

En el aspecto humano, pese a la liberación política alcanzada por el país, la situación de los sectores sociales continuaba siendo la misma de la época de la colonia. El poderío político había pasado de las manos de los españoles a las de los criollos, que ejercían un fuerte dominio sobre el resto de la sociedad. La república se debatía entre el federalismo y el centralismo, pero en el noroeste de México no importaba mucho cuál de estas tendencias imperase; lo que interesaba era la dominación político-social por un criollismo representado en Sinaloa por la familia de la Vega y en Sonora por don Manuel María Gándara.

 

La clase media no pesaba en la vida ciudadana y era solamente un instrumento de la dominante que la utilizaba para sus maquinaciones políticas, y el sector humilde se movía en la mayor pobreza, especialmente aquellas personas que se dedicaban a trabajar como sirvientes, ya que la situación de éstos era comparable con la de los esclavos, pues aparte de que se les pagaban sueldos irrisorios, sus vidas estaban sujetas a la voluntad de sus amos. El primer congreso constituyente de Sinaloa legisló sobre sirvientes, y por la ley respectiva puede darse uno cuenta de cuál era la vida que llevaban. En 1851 el gobernador Francisco de la Vega dictó medidas tendientes a mejorar la situación de estos trabajadores, pero a pesar de esto, todavía continuaron prevaleciendo algunos vicios que venían desde la colonia. Por lo que se refiere a la raza indígena, su situación era todavía más penosa. Los nativos vivían en la mayor miseria, semidesnudos, trabajando como jornaleros en minas y campos agrícolas, enfangados en el vicio de la embriaguez y sumidos en la mayor ignorancia. En resumen, no se hacía caso de ellos. Al erigirse el Estado de Occidente, sus legisladores sintieron un interés romántico por los nativos, y expidieron una ley con el objeto de darles tierras. Un ordenamiento que en mucho se anticipó a la reforma agraria, pero al desaparecer la Entidad, ni los gobiernos de Sinaloa, ni los de Sonora, volvieron a acordarse de los infelices indígenas.

 

Las comunicaciones eran malas, ya que se reducían a caminos de herradura o a meras veredas. El viejo camino de la conquista seguía prestando servicio, pero sus condiciones deben haber sido pésimas ya que el gobernador don Rafael de la Vega tomó las medidas necesarias para construir la vía de El Fuerte a El Rosario, que era la de mayor importancia. El presidente López de Santa Anna proyectó el de Durango a Mazatlán, pero la situación caótica del país impidió que se iniciaran esas obras que hubieran dado mayor comunicación al Estado.

Siendo la minería el nervio motor de la economía sinaloense, los pueblos enclavados en las zonas mineras fueron los que cobraron mayor importancia durante la etapa de la colonia, y en la mayor parte del siglo XIX. Culiacán, que fue la primera villa fundada por los españoles en el noroeste, como tal y por ser la avanzada de la conquista estaba llamada a ser la principal población, sin embargo, ubicada en la zona costera y habiéndose dilatado la frontera hacia regiones más septentrionales, se estancó durante siglos. En cambio, poblados como Cosalá y El Rosario cobraron importancia económica que sólo terminó cuando la minería vino a menos, y fueron desplazados por los pueblos agrícolas situados en los valles costeños. Para mediados del siglo XIX Mazatlán era la primera población de la Entidad. Culiacán le seguía en importancia, y después El Rosario que había perdido mucha de su categoría con el cambio de las oficinas federales al puerto mazatleco. Sinaloa, El Fuerte y Concordia continuaban sosteniendo su posición de centros urbanos de más importancia en el Estado inmediatamente después de las arriba mencionadas. La zona norte de Sinaloa era un erial. Sus maravillosos valles no eran utilizados a pesar de la bondad de sus tierras. Guasave, Ahome, Mochicahui y otros poblados eran apenas pequeños burgos sin mayor relieve y pasarían muchos años para que jugaran un papel de importancia en la vida económica de Sinaloa.

La invasión de España por las tropas francesas, y la subsecuente abdicación de Fernando VII en favor de Napoleón, causaron serias modificaciones político-sociales en la península ibérica, que como era natural repercutieron en las colonias. americanas, en las que también se hicieron modificaciones en el sistema político. En las provincias de Sonora y Sinaloa se instaló una Diputación Provincial integrada por criollos; se erigieron nuevos ayuntamientos y se restablecieron algunos otros, y en 1810 ambas provincias enviaron como diputado a Cortes de Cádiz al Dr. Manuel M. Moreno, lo cual volvieron a hacer en 1818 nombrando a los señores Delgado y José María Quiroz y Millán.

 

Desde la época de la conquista y a través de toda la etapa colonial, los ayuntamientos normaron la vida de los pueblos por ser la expresión del gobierno propio de los mismos, así que conscientes de ellos los legisladores de Occidente, al expedir la constitución de la Entidad dieron gran importancia a ese capítulo y le dedicaron un espacio muy amplio, pero cuando se expidió la primera carta constitutiva de Sinaloa, tal parece que los constituyentes pasaron sobre ascuas al estampar los lineamientos de esa importante tase de la vida de la ciudadanía, así que es de pensar que las juntas municipales no hayan tenido mucha influencia en la marcha de la Entidad.

 

 

 

Tomado del libro: SINALOA, Un Bosquejo de su Historia, Nakayama A., Antonio, Instituto de Investigaciones de Ciencias y Humanidades, talleres de Impressart Editorial, Culiacán, Sinaloa, 1982.

 

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