La guerra de Independencia en Sinaloa; apuntes para la historia

Historia de Sinaloa México

 

 

APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA EN EL ESTADO DE SINALOA

 

Por: José G. Heredia

 

A don Aristeo Heredia, primer mártir de la Revolución Libertaria de México, asesinado en Sinaloa en 1878, por haberse rebelado en contra de la tiranía Cañedo-Porfirista.

José G. Heredia

 

Hace tiempo que me he dedicado con todo empeño a investigar la participación exacta que tomó Sinaloa en la Guerra de Independencia, habiendo obtenido en tales investigaciones muy poco material inédito, en virtud de ser los archivos oficiales que en el Estado existen, muy posteriores a esa época, y de faltar los eclesiásticos en todas las parroquias, excepto en la de Mocorito donde pude encontrar algunos datos desconocidos que, juntamente con los conseguidos en la ciudad de México y los ya publicados, reúno ahora en este trabajo.

Por estas razones, además de lo consignado en «México a través de los siglos», que fue tornado en su totalidad de los «Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México», muy pocos son los datos que se pueden obtener sobre este asunto tan interesante, pues habiendo desaparecido los archivos, con ellos también desaparecieron las noticias de la rebelión y los procesos incoados en contra de los insurgentes sinaloenses de cuya existencia aún se conserva tradición.

Hurgando en colecciones privadas, solamente pude encontrar en viejos papeles de familia una carta en la que se relata el paso de los soldados coloniales por un lugar inmediato a la ciudad de Sinaloa, en los albores de la Independencia, y un fragmento de otra en la que se participa el pronunciamiento de los señores Heredia en contra del Rey, y el envió de fuerzas de un presidio cercano, para someterlos.

Este dato rigurosamente cierto, y para mí muy valioso, unido a las circunstancias de tener en mi poder documentos fehacientes en que consta que mi bisabuelo, don Juan Nepomuceno Heredia, se había unido a los independientes en el sitio que puso a la ciudad de Durango el general don Pedro Celestino Negrete, el 4 de agosto de 1821, después de haber aceptado el Plan de Iguala, aumentaba más mi curiosidad por esclarecer estos puntos.

Pero ante la falta de datos, mis conocimientos sobre esta materia tuvieron que estar delimitados por mucho tiempo a lo consignado en «México a través de los siglos», relativo todo a la expedición que llevó al Sur de Sinaloa el coronel insurgente don José María González Hermosillo, quien, después del fácil y efímero triunfo de El Rosario, la terminó con el inesperado y pavoroso desastre de San Ignacio.

Guiado por mi natural afición a los estudios históricos y deseando, en la posibilidad de mi esfuerzo, contribuir al desarrollo de esta clase de estudios en el Estado de Sinaloa, he hecho detenidas investigaciones en el Archivo General de la Nación, donde he encontrado, desgraciadamente, tan pocas noticias inéditas, que apenas constituyen una pequeña ampliación a las ya conocidas y a las obtenidas en el Archivo Parroquial de Mocorito.

Como un estímulo para que personas más preparadas que yo y más competentes se ocupen de ampliar este punto histórico tan importante, procedo a publicar los documentos expresados y a formular un resumen de la Guerra de Independencia en Sinaloa, esperando que mi buena voluntad obligue a la indulgencia de los que lean.

Proclamada la independencia de la Nueva España por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla, en la noche del 15 al 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores, de la Intendencia de Guanajuato, y obtenidas las importantes y sonadas victorias de San Miguel, Celaya, Guanajuato y Valladolid, el movimiento tenía que cundir y cundió vertiginosamente en otras regiones del virreinato, distinguiéndose en secundarlo la nueva Galicia, donde con todo empeño lo abrazaron don José Antonio Torres, Miguel Gómez Portugal, Huidobro Godínez y Alatorre, poniendo con sus actividades, al mes de iniciada la rebelión, en grave apuro a la misma ciudad de Guadalajara, una de las más importantes de la Colonia, después de la capital. Ante el incremento alarmante de las fuerzas insurgentes de la Nueva Galicia, el comandante General y Presidente de la Real Audiencia de Guadalajara, brigadier don Roque Abarca, no obstante su avanzada edad y las dificultades que le oponía la Junta Auxiliar de Gobierno, Seguridad y Defensa de la Provincia, sostenida por sus enemigos, entre los que sobresalía el doctor don Francisco Antonio Velasco de la Vara, activamente logró levantar doce mil hombres para enfrentarlos a la sedición.

Estas fuerzas, que contaban en su seno a la juventud estudiosa y aristocrática de Guadalajara, fue dividida en dos fracciones a cuyo frente estaban el oidor don Juan José Recacho y el teniente coronel don Tomás Villaseñor, siendo derrotados el cuatro de noviembre de 1810 en la Barca y Zacoalco, respectivamente, por los insurgentes que obedecían las ordenes de Huidoro y de don José Antonio Torres.

Las expresadas derrotas, y muy especialmente la de Zacoalco, donde se agotó la flor de la aristocracia jalisciense, sembró el terror en la ciudad de Guadalajara y determinó que los oidores Recacho y Alva, y el obispo Ruiz Cabañas huyeron al puerto de San Blas, dejando abandonado al intendente Abarca, quien, ante el avance del victorioso ejército de Torres, se retiro a San Pedro, inmediato a la capital, que quedó desguarnecida y fue ocupada por dicho jefe el once de noviembre del citado ano de 1810, al frente de más de veinte mil hombres, y a donde llegó, el veintiséis del mismo mes, el propio Generalísimo don Miguel Hidalgo y Costilla.

Una vez ocupada la capital de la Nueva Galicia, el valiente y generoso Torres, comprendiendo lo importante que sería extender la lucha hacia el oeste de nuestro país, comisionó al cura de Ahualulco, don José María Mercado, para que hiciera la campaña en San Blas y Tepic, cosa que, con toda brevedad, llevo a feliz término, apoderándose de las referidas plazas.

Por su parte, Gómez Portugal, penetrado de los grandes beneficios que se obtendrían con la dominación de la Intendencia de Sonora, designó para que la ocuparan a los señores don José María González Hermosillo y don José Antonio López, oficial éste último de una de las divisiones que operaban en el Sur.

Estos nombramientos o designaciones fueron confirmados posteriormente por el Generalísimo don Miguel Hidalgo y Costilla en la ciudad de Guadalajara, otorgándole al cura Mercado, con fecha 27 de noviembre de 1810, es decir, un día después de su arribo a esa capital, el cargo de comandante en Jefe de todas las fuerzas que operaban en la región de San Blas y Tepic, y a don José María González Hermosillo el de teniente coronel, en diciembre trece del mismo año.

Una vez extendido este último nombramiento se procedió a organizar la expedición con toda actividad, y el día primero de diciembre del citado año salió Hermosillo con dirección del Norte, incorporando, en los pueblos donde pasaba, a la gente que había sido preparada, y llegó a la Magdalena, distante veinte leguas de su punto de partida, el día siete del referido diciembre, con mil setecientos hombres de los cuales doscientos eran de caballería, con sesenta y ocho fusiles y cuarenta pares de pistolas. A este mismo lugar había venido el día anterior el R. P. dominico don Francisco Parra, nombrado su consejero por el Generalísimo, con más de quinientos soldados, ciento cuarenta y cinco caballos, treinta y cinco fusiles y cuarenta pares de pistolas.

El día ocho salieron de este punto las fuerzas insurgentes, tocando en su ruta los importantes pueblos de Tepic y Acaponeta, a donde llegaron los días once y quince, respectivamente, del expresado mes de diciembre, después de haber visto aumentar rápidamente sus contingentes con numerosos voluntarios, y de recoger en el primero una partida de cañones que se conducían de San Blas a la capital de la Provincia.

Muy rápida había sido la marcha, pues Acaponeta se encontraba ya en los límites de la Nueva Galicia con la Intendencia de Sonora, y como no había sufrido contratiempos y sí hallado el ánimo del pueblo dispuesto a su favor, como lo demuestra la facilidad con que se hacían de adeptos, los soldados, llenos de entusiasmo, se presentaron el diecisiete del mismo diciembre a las orillas del rico mineral de El Rosario, donde estaban las cajas reales, en el Sur del territorio sinaloense.

Esta plaza estaba defendida por el coronel comandante don Pedro Villaescusa al frente de mil hombres, con seis cañones, y fue atacada el dieciocho, a las 6 de la mañana, por dos columnas de mil soldados cada una, mandadas por el coronel Quintero y por el capitán don Trinidad Flores, que pasaron casi a nado el río, por el este y oeste, respectivamente, de la población, peleando con tal denuedo que los realistas huyeron a refugiarse en las propias casas del mineral, dejando libre la entrada a los insurgentes.

En vista de este fracaso Villaescusa mandó, en la tarde de ese mismo día, dos oficiales a parlamentar con Hermosillo, quien les admitió su rendición, los trató con dulzura y les recogió su armamento dejándoles en absoluta libertad. Villaescusa no supo estar a la altura de esta generosidad, que muy bien hace olvidar el acto de barbarie cometido por soldados insurgentes en un artillero realista, y violando su palabra, haciendo mal uso de la escolta que por gentileza le había dejado el vencedor, furtivamente salió para la Villa de San Sebastián, hoy Concordia, y de ahí se traslado a San Ignacio, donde se hizo fuerte, habiendo reclutado en el camino a todos los simpatizadores que quisieron seguirlo, y enviando repetidas instancias al Intendente don Alejo García Conde, que se encontraba en Arizpe, Sonora, para que activara su viaje y viniera a prestarle auxilio con sus valientes y aguerridos indios…

Habiendo sabido Hermosillo la conducta de Villaescusa y su nueva actitud bélica, reunió a toda su gente y salió para San Ignacio el día veinticinco del repetido diciembre, con cuatro mil ciento veinticinco infantes, cuatrocientos setenta y seis caballos, novecientos fusiles, doscientos pares de pistolas, los cañones recogidos y gran número de lanzas, habiendo notado al pasar revista que los soldados realistas se habían fugado para reunirse con su antiguo jefe.

El día veintisiete del mismo mes, las fuerzas insurgentes hicieron su entrada en la población de San Sebastián, cuyos habitantes les hicieron un cariñoso recibimiento, echando a vuelo las campañas y prestándoles su poderosa ayuda, con dinero e influencia, el patriota cura don José María Aguirre, que gozaba de merecida reputación.

El veintinueve llegaron los insurgentes a San Ignacio, habiéndoseles reunido en el camino toda la guarnición del puerto de Mazatlán, y procedieron a tomar las alturas que dominaban la población por el lado sur.

El día treinta y uno se inició el fuego entre las avanzadas de una y otra parte, habiendo muerto en el río el sargento Hernández, de las fuerzas de Mazatlán, que se había incorporado, víctima de su imprudencia y de su valor, y el dos de enero de 1811 fue hecho prisionero el padre Parra y muerto el valeroso soldado Diego Somalia que lo acompañaba.

Mientras esto sucedía en San Ignacio, llegaba a marchas forzadas al pueblo de Elota, distante diez leguas del primero, y desde su residencia de Arizpe en Sonora, el brigadier don Alejo García Conde, Gobernador e Intendente de la Provincia Interna que formaban Sonora y Sinaloa, con doscientos soldados, como asienta éste en su parte, o con cuatrocientos, según dice el Padre Parra en su relato, que no considero muy exacto, pero que, por falta de otros datos me he visto obligado a seguir, y en la noche del cuatro al cinco de enero penetró a la población que tenían sitiada los insurgentes, sin ser sentidos por éstos.

El día ocho resolvió el coronel Hermosillo atacar la plaza que consideraba casi sola y fácil de tomar, y a las ocho de la mañana inició el avance de sus fuerzas, cruzando el río, para ir a caer en una emboscada donde murieron más de cuatrocientos insurgentes en muy poco tiempo, apoderándose de ellos tal pánico que a los pocos minutos abandonaron el campo junto con Hermosillo, sin salvar nada de lo que traían, pues dejaron los cinco cañones que llevaban, las municiones, caballos, mulas, camas equipajes, correspondencia y hasta el mismo estandarte de la virgen de Guadalupe, que fue encontrado en la hacienda de La Labor, muy cercana al mismo pueblo de San Ignacio. Entre los expresados documentos figuraban cinco dirigidos por el propio Generalísimo don Miguel Hidalgo y Costilla al coronel González Hermosillo, que el Intendente García Conde mandó al brigadier don Nemehuahua, y que éste, a su vez, los turnó al licenciado don Rafael Bracho, asesor de la causa que se instruyó al libertador y demás prisioneros, en Acatita de Bajan.

Uno de esos documentos consistía en el despacho de coronel expedido por el Generalísimo a favor de González Hermosillo, como premio a su acción desarrollada en el mineral de El Rosario, y los cuatro restantes son contestaciones a sus partes y en los cuales figuran instrucciones muy importantes que le giraba don Miguel Hidalgo y Costilla.

Estos documentos que publico íntegros, juntamente con otros, al final de estos apuntes, así como el Diario del Padre Parra, son suficientes para establecer la afirmación de que la expedición del coronel González Hermosillo y de don José Antonio López, fue rapidísima y feliz, hasta enfrentarse con las fuerzas realistas en la población de San Ignacio, que estaban mandadas por el coronel graduado don Pedro Sebastián de Villaescusa y por el propio general don Alejo García Conde, comandante de Sonora y Sinaloa, donde sufrieron el más completo fracaso, al grado de que uno de los mismos jefes de la expedición, el señor López, se presentó posteriormente a García Conde, pidiendo su indulto.

Los documentos que publicamos, al final de este trabajo nos autorizan a afirmar que todas las facilidades y adhesiones que el coronel Hermosillo encontró en su ruta al penetrar al Estado de Sinaloa, indicaban que la opinión de la mayoría de sus habitantes era favorable al movimiento libertador que se iniciaba. Esta opinión de mi parte se encuentra corroborada con el hecho de que en diferentes partes del Estado secundaron el referido movimiento, como sucedió en la ciudad de Sinaloa, donde lo abrazaron, entre otros, los señores don Juan Nepomuceno Heredia y su hermano don Manuel del mismo apellido.

Otro de los puntos del estado donde hubo un movimiento favorable a la Independencia Nacional fue Charay, en el Norte, según lo asienta García Conde en parte firmado en Culiacán, el día 25 de abril de 1811, ya de regreso para el lugar de su residencia, en los siguientes términos.

«DESPUES DE LA ACCIÓN DE CHARAY COMUNICADA A VUESTRA EXCELENCIA EN OFICIO 10 DEL CORRIENTE, NO SE ME HA PRESENTADO OTRA QUADRILLA EN LO ANTERIOR DE MI GOBIERNO; PERO A LAS ORILLAS DE ÉL, POR LAS FALDAS DE LA SIERRA MADRE Y CONFINES DE LA NUEVA GALICIA, HAN REPETIDO SUS TENTATIVAS».

Desgraciadamente, la comunicación relativa a la acción de Charay, así como otros partes a que hace relación el mismo García Conde, no aparecen en el Archivo General de la Nación, de donde he sacado estos apuntes. Es oportuno hacer notar en esta relación que desde esta época en que apenas alboreaba nuestra Independencia ya amenazaba a nuestra patria el fantasma de las invasiones filibusteros americanas que ocasionaron, más tarde, la perdida de más de la mitad del territorio nacional.

En efecto, el propio García Conde, con su nuevo carácter de comandante general de las Provincias Internas de la Nueva España, en el que sucedió al general don Pedro Bonavia, dice al virrey don Juan Ruiz de Apodaca, conde del Venadito, en carta firmada en Durango el 2 de

octubre de 1819, lo siguiente: » TENGO CONTESTADAS LAS ÓRDENES DE VUESTRA EXCELENCIA DE 25 DE AGOSTO ÚLTIMO Y 13 DEL SIGUIENTE SEPTIEMBRE, PARTICIPANDO A VUESTRA EXCELENCIA QUE EN VIRTUD DE LA PRIMERA ESTARÍAN PRONTOS POR MI PARTE LOS CUATROCIENTOS HOMBRES DE CABALLERÍA DE QUE TRATA, Y QUE EN CUMPLIMIENTO DE LA SEGUNDA HAVÍA DISPUESTO LOS CONOCIMIENTOS NECESARIOS PARA AVERIGUAR SI POR LA PARTE DE NUEVO MÉXICO SE INTRODUCEN AMERICANOS PARA HOSTILIZAR AQUELLA PROVINCIA, ASÍ COMO LO CONDUCENTE A SU SEGURIDAD Y DEFENSA. MÁS COMO DE LAS MISMAS ÓRDENES DE VUESTRA EXCELENCIA Y DE OTRAS NOTICIAS Y DOCUMENTOS QUE PARTICULARMENTE SE PROPAGAN ES DE INFERIRSE QUE PUEDE LLEGARSE AL CASO DE TENER QUE OPERAR CONTRA LOS CUERPOS DE EXTRANJEROS QUE TRATAN DE IMBADIR LOS TERRITORIOS DE ESTAS PROVINCIAS, DE VEO LLENO DE ALGUNAS REFLEXIONES A QUE DA LUGAR ESTE CONCEPTO Y QUE DESPUÉS DE MUCHA MEDITACIÓN ME OBLIGA A PRESENTARLAS A VUESTRA EXCELENCIA CON EL JUSTO Y ÚNICO FIN DE PROPORCIONAR EL MEJOR SERVICIO DEL REY NUESTRO SEÑOR Y CUMPLIMIENTO DE LAS DETERMINACIONES DE VUESTRA EXCELENCIA, DIRIGIDAS A LA CONSERVACIÓN DE SUS DOMINIOS».

En partes rendidos por García Conde, en abril y mayo de 1821, hace constar que no se había registrado en todas las Provincias Internas a su cargo ningún acontecimiento que debiera mencionarse, es decir, que la paz era absoluta en la vasta extensión de las Provincias de Sonora, Sinaloa, Durango y Nuevo México.

Entre las personas que secundaron el movimiento de Independencia en el Estado de Sinaloa, justo es mencionar a los señores José de Jesús Hidalgo y Costilla y su hermano Nicolás, parientes del Padre de la Patria, ambos mineros del Real de Pánuco, de donde extrajeron elementos para los insurgentes que se encontraban en San Ignacio, así como algunas barras de plata que igualmente pusieron a disposición de los independientes, por todo lo cual fueron procesados en la Real Audiencia de Guadalajara, según se demuestra con el documento relativo que publico en estos apuntes, y del cual existe original en el Archivo del Supremo Tribunal de Justicia de la ciudad de Guadalajara, de donde obtuve la copia de que hago mérito.

Antes de terminar estos apuntes es pertinente ocuparse de la actitud que el clero de Sinaloa y Sonora tomó ante el movimiento de Independencia, significando que, como en el resto de la Nueva España, las altas dignidades eclesiásticas, por ser nativas de España, se manifestaron contrarias a la causa de la libertad, y, las humildes, casi todas criollas o mestizas, lo hicieron en su favor, como lo pone de relieve la conducta del cura de San Sebastián, hoy Concordia, don José María Aguirre, observada con el coronel González Hermosillo cuando llegó a dicha población en la que le facilitó todo el dinero que tenía disponible y el que pudo conseguir con el vecindario.

Por su parte el señor don Francisco Rousset, obispo de Sonora y Sinaloa, al iniciarse la Guerra de Independencia, atendiendo a la instancia que el día 22 de septiembre de 1810 hizo el Presidente de la Real Audiencia de Guadalajara, al Regente y Oidores de la misma, para que tomaran las medidas conducentes a la conservación del orden y de la paz en la jurisdicción de la Nueva Galicia, fue proveído por aquella para que exhortara a sus ministros y estos a sus feligreses, en el respeto y lealtad a don Fernando VII, a cuyo efecto giró con fecha 29 de octubre de 1810 un Edicto Episcopal, por conducto de don José Joaquín Calvo, cura de la ciudad de Culiacán, en el que, en parte, dice:

 

…»HABIENDO EL TIRANO NAPOLEÓN CORROMPIDO A CASI TODA EUROPA Y EXTENDIDO A ESTAS BASTAS, REMOTAS, Y PRECIOSÍSIMAS PROVINCIAS EN ESTOS TIEMPOS DE DIABÓLICA CORRUPCIÓN EN TODO EL BUEN ORDEN Y GOBIERNO, POR MEDIO DE SUS PERVERSOS Y ASTUTOS COMISARIOS, CONSIGUIENDO QUE SE ROMPIERA EL FRENO DE LA OBEDIENCIA, SE ENVILECIERON UNOS HOMBRES CON OTROS CON EL ESPACIOSO NOMBRE DE DERECHOS DE GENTES DE CODICIA, LA ENVIDIA Y LA VENGANZA, Y NO HALLANDO BASTANTE ZELO A SUS PASIONES EN LOS ROBOS, ASESINATOS, HOMICIDIOS, SACRILEGIOS, ARRUINACIONES D ELOS SANTUARIOS CON INCENDIOS, FORMIDABLES CRÍMENES, DEJANDO SIN JURIDICCIONES AL REYNO Y A LAS LEYES SIN RESISTENCIA, SIN SÉQUITO Y SIN MANDO, HONESTARÁN CON LA COPA DE COMPASIÓN LA SERVIDUMBRE DE LOS TRISTES VENCIDOS, QUE QUEDARÁN POR HERENCIA DE SU MISERA POSTERIDAD, Y NO ESTANDO OLVIDADO EL JURAMENTO DE FIDELIDAD QUE TANTAS VECES HEMOS PRESTADO A NUESTRO AMADO REY EL SOR. D. FERNANDO VII, NO SE DEBEN BUSCAR PRECEPTOS PLAUSIBLES PARA VIOLARLO, PORQUE ROMPIDA UNA VEZ LA BARRERA DEL HONOR Y DE LA BUENA FE, ES IRREPARABLE LA PERDIDA».

 

Anteriormente don José Joaquín Calvo, cura de la villa de Culiacán, el 13 de octubre de 1810, en nombre del mismo Obispo de Sonora y Sinaloa, don Francisco Rousset, dirigió una circular al Clero de dicha Diócesis, en la cual condenaba enérgicamente «LA ABOMINABLE SEDICIÓN CONTRA EL TRONO Y EL ALTAR, DE PARTE DEL B. D. MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA, CURA DE LA CON GREGACIÓN DEL PUEBLO DE LOS DOLORES», agregando: «QUE LEVANTADO AQUEL AMBICIOSO CAUDILLO, SUS BASTOS DESIGNIOS SON DESMENTIR Y USURPAR LOS DERECHOS DE NUESTRO AMADO Y DESEADO REY EL SEÑOR DN. FERNANDO VII, DE LA MÁS RICA Y MÁS PRECIOSA PORCIÓN DE SUS ESTADOS».

Igualmente su sucesor, fray Bernardo del Espíritu Santo, que en mayo de 1818 llegó a la Villa de El Rosario, haciéndose cargo de la Diócesis de Sonora y Sinaloa, giró probablemente en ese mismo año, una pastoral que en parte dice: «EN LAS PRESENTES CIRCUNSTANCIAS MEDIA LA SEGURIDAD PÚBLICA, LA TRANQUILIDAD DE LOS PUEBLOS, LA CONSERVACIÓN DE LAS VIDAS, EL ARREGLO DE LAS COSTUMBRES, LA ASISTENCIA DE LA RELIGIÓN, LA SUMISIÓN Y LA OBEDIENCIA ENSEÑADA POR JESUS-CHRISTO, Y ENCARGADA REPETIDAS VECES EN LA DIVINA ESCRITURA AL LEGITIMO SOBERANO QUE LO ES DE TODAS LAS AMERICAS, EL SR. DN. FERNANDO VII, LA CONCORDIA, PAZ, UNIÓN DE ÁNIMOS Y CORAZONES BAJO DE SUS LEYES ECLESIÁSTICAS Y CIVILES QUE FORMAN UNA NACIÓN, UN PUEBLO, UNA RELIGION, QUE LOS FACCIOSOS HAN TURBADO, ROTO Y PROFANADO CON LA APOSTASIA MAS ENCONADA».

Don Bernardo Benovia, comandante general de las Provincias Internas de Occidente, decía, el 22 de julio de 1813, en manifiesto firmado en Durango e impreso en Guadalajara a sus habitantes, lo siguiente: «LA HORRIBLE Y CRIMINOSA INSURRECCIÓN DE TIERRA AFUERA; QUE ASOLO LAS PROVINCIAS DESGRACIADAS EN QUE SE PROPAGÓ, COMO UN FUEGO DEVORADOR, DISMINUYENDO SU POBLACIÓN, DESTRUYENDO LA AGRICULTURA, LAS ARTES, EL COMERCIO, LA MINERÍA, DIVIDIENDO LOS ÁNIMOS CUANDO GOZÁBAMOS DE UNA CONTANTE E INVIDIABLE PAZ, Y UNIÓN, Y LO QUE ES SOBRE TODOS LOS DESASTRES DANDO RIENDA SUELTA A TODA CLASE DE VICIOS AUNQUE GRACIAS A DIOS NO HA INFLUIDO EN ESTAS FIDELÍSIMAS Y EJEMPLARES PROVINCIAS, EN PERJUICIO DE SU UNIÓN, CONCORDIA, E INALTERABLE TRANQUILIDAD, PERO OBSTRUIDAS, COMO HAN ESTADO POR LARGO TIEMPO, LAS COMUNICACIONES, HA SUFRIDO, Y SUFRE, COMO ERA CONSIGUIENTE EN TODOS SUS RAMOS PRODUCTIVOS POR FALTA DE HABILITACIÓN EN UNOS, Y DE SALIDA EN OTROS».

Efectivamente, después de la derrota del coronel Hermosillo en San Ignacio, y de los movimientos esporádicos de la villa de Sinaloa, Charay y algunos otros más sin importancia, la paz volvió a reinar en el dilatado territorio de Sinaloa y el propio García Conde, sin exageración, así lo asienta en su hoja de servicios, con motivo de la instancia que elevó al Virrey de la Nueva España, para que le promoviera al empleo de Presidente de la Real Audiencia de Guadalajara que por aquel entonces se encontraba vacante y que en lo conducente dice:

«ACABA DE CONTRAER EL SINGULAR MERITO DE HAVER SALIDO DE SU CAPITAL A CAMPAÑA CONTRA LOS INSURGENTES, EN LA QUE LOGRÓ ARROJARLOS DE LAS DOS PROVINCIAS DE SU MANDO, MEDIANTE LA RÁPIDA MARCHA DE QUATROCIENTAS LEGUAS QUE EXECUTÓ AL EFECTO, CONSIGUIENDO DESTROZAR EL EXERCITO ENEMIGO, MANDADO POR EL SUPUESTO CORONEL HERMOSILLO, Y COMPUESTO DE MÁS DE OCHO MIL HOMBRES, EN LA BATALLA DE SAN IGNACIO, QUE MANDO PERSONALMENTE, Y CUYAS RESULTAS FUERON LAS DE DEXAR EL ENEMIGO EL CAMPO CUBIERTO DE MÁS DE SEISCIENTOS CADÁVERES, ABANDONAR SU ARTILLERÍA Y EQUIPAGES, Y HUIR EN PRECIPITADA FUGA, PERDIENDO EN CONSECUENCIA LOS INSURGENTES LOS PARTIDOS DE PIASTLA, COPALA, MALOYA, MAZATLÁN Y ROSARIO, DE QUE SE HAVÍAN APODERADO, POR LA DISTANCIA EN QUE SE HALLAN DE LA CAPITAL, Y LOS DEMÁS PUNTOS EN QUE SE MANIFESTARON DESPUÉS DE ESTA MEMORABLE BATALLA: DE MODO QUE SE HA LOGRADO PURGAR DE INSURGENTES TODO EL DISTRITO DE AMBAS PROVINCIAS, DEXARLAS EN PERFECTA TRANQUILIDAD, Y AUXILIAR CON 200 HOMBRES DE CABALLERÍA A LA NUEVA GALICIA, Y CON IGUAL NÚMERO DE INFANTERÍA, A LA NUEVA VIZCAYA, BATIENDO Y DESTRUYENDO A LAS PARTIDAS DE INSURGENTES QUE SE PRESENTARON POR LA PARTE OCCIDENTAL DE LA SIERRA MADRE, Y OTRAS EN EL INTERIOR DE LA PROVINCIA; Y RESTITUYÉNDOSE DESPUÉS A SU CAPITAL, EN EL RIGOR DE LA SECA, CONTINÚA DESEMPEÑANDO LAS FUNCIONES DE SU EMPLEO».

En ese estado de paz continuaron las Provincias Internas de Occidente, sin ninguna interrupción, hasta la consumación de la Independencia, como lo ponen de manifiesto los siguientes partes: «EN TODA LA SEMANA PRÓXIMA ANTERIOR NO SE HA RECIBIDO EN ESTA COMANDANCIA GENERAL NOTICIA DE OCURRENCIA ALGUNA DIGNA DE LA ATENCIÓN DE VUESTRA EXCELENCIA QUE ALTERE EL BUEN ORDEN QUE HA EXISTIDO EN ESTA PROVINCIA Y LAS DE SONORA, SINALOA Y NUEVO MEJICO QUE FORMAN SU DISTRITO; Y LO PARTICIPO A VUESTRA EXCELENCIA PARA SU DEBIDO CUMPLIMIENTO.

DIOS GUARDE A VUESTRA EXCELENCIA MUCHOS AÑOS. CHIHUAHUA, 24 DE ABRIL DE 1821. -ALEJO GARCIA CONDE.- EXCELENTÍSIMO SEÑOR» -EXCELENTÍSIMO SEÑOR VIRREY DE NUEVA ESPAÑA CONDE DEL VENADITO.- EXCELENTÍSIMO SEÑOR: DESDE EL ÚLTIMO PARTE SEMANARIO QUE DIRIGÍ A VUESTRA EXCELENCIA, BAJO EL NÚMERO 885 NO HA OCURRIDO NOVEDAD ALGUNA EN LAS PROVINCIAS DE MI CARGO DE PARTICIPARSE A VUESTRA EXCELENCIA, A QUIEN LO AVISO EN CUMPLIMIENTO DE MIS DEBERES PARA SU SUPERIOR CONOCIMIENTO.- DIOS GUARDE A VUESTRA EXCELENCIA MUCHOS AÑOS.- CHIHUAHUA, 15 DE MAYO DE 1821.-ALEJO GARCIA CONDE.- EXCELENTÍSIMO SEÑOR».

Por la documentación que he dejado transcrita, y puntos que he tratado, se llega al conocimiento de que la guerra de Independencia fue rápida y fugaz en el Estado de Sinaloa, que, ahogadas fácilmente las manifestaciones de rebelión de que se ha hecho mérito, el Virreynato quedó absolutamente dueño de todo el territorio de las Provincias Gemelas, extendiendo paulatinamente su imperio a todo lo que correspondía a las Internas de Occidente, que habían sido intensamente agitadas, para enseguida conminar casi toda la Nueva España, confinándose solamente el fuego de la noble causa en las montañas del Sur, donde levantaba la bandera de la rebelión el invicto e infatigable general don Vicente Guerrero. La poca densidad de la población de nuestro Estado, que apenas si llegaba entonces a 135,385 habitantes, junto con Sonora, según puede verse en la Estadística que publicó el señor don Fernando Navarro y Noriega, en el año de 1810, y que don Carlos Espinoza de los Monteros, diputado por dichas Provincias en 1823, hace llegar a 200,000; el escaso desarrollo de su riqueza agrícola, minera e industrial, de que nos da idea la Memoria presentada por la Diputación de las Provincias Internas con fecha 1°. de julio de 1822, al H. Congreso y la dificultad de las comunicaciones, que las tenían casi aisladas de los grandes centres de cultura y aprovisionamiento, explican muy bien esta fácil pacificación del territorio de dichas provincias.

Por otra parte, si la situación militar de la Nueva España era, como se deja dicho, muy favorable para el gobierno del virrey Apodaca, la noble y grandiosa causa de la libertad había ganado ya hasta a los propios realistas, y por diferentes motivos nos encaminábamos aceleradamente al fin halagador que culminó en el Plan de Iguala, el 24 de febrero de 1821, patriótico arreglo a que llegaron el gran don Vicente Guerrero, Jefe de las fuerzas insurgentes, y el de las contrarias, don Agustín de Iturbide.

De esta manera fue como la vieja ciudad de los Virreyes pudo ver sin efusión de sangre la histórica entrada del Ejército de las Tres Garantías, y con esto la consumación de la Independencia -suprema aspiración nacional- el célebre 27 de septiembre de 1821.

Tomado de: Revista Letras de Sinaloa No. 27 de 1951.

 

 

Tomado de la revista: Letras de Sinaloa, número 27, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1951.

 

Independencia en Sinaloa
La guerra de Independencia en el estado de Sinaloa, México

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