La hulama, juego de pelota

 

Historia y cultura de Sinaloa, México

 

LA HULAMA, JUEGO DE PELOTA

 

Por: Armando Franco Rojo

Además de los estadios, que aún se conservan entre las ruinas arqueológicas nacionales, en los cuales, según la tradición, se jugaba entre los indios, he encontrado, en mis búsquedas, una descripción muy interesante sobre el particular, escrita por Fray Diego Durán.

Según ella, el táctli, o taxtle, como decimos en Sinaloa, era «como de cien o doscientos pies de largo, tenía paredes laterales, y, en ambos lados de su parte central había sendas piedras labradas, con agujeros en el centro por los que se deberían pasar las pelotas de los bandos en competencia, para decidir a cuál de ellos correspondía la primera jugada. También servían dichas piedras para marcar la línea transversal llamada «analco» que separaba a los jugadores».

«Todos los que jugaban este juego -copio textualmente- lo jugaban en cueros, puestos encima de los bragueros unos pañetes de cuero de venado para defensa de los muslos que siempre los traían por los suelos».

«La pelota era tan grande como una pequeña bola de jugar bolos (boliche?) y estaba hecha de olin (hule?) resina de un árbol particular que cocida se hace como nierbos y tiene una propiedad que salta y repercute hacia arriba «.

«A algunos de estos jugadores sacaban de aquel lugar muertos cuando la pelota les daba en el estómago, por la codicia de alcanzar la pelota antes de los demás».

Por lo transcrito se colige que en ello se trata más bien del ya desaparecido juego de «la hulama «, en la cual se usaba una pelota de hule macizo del tamaño de un balón, la que los jugadores devolvianse mutuamente con el cuadril, puestos boca arriba y apoyándose en las manos y los pies. Cuando «el hule» -así se nombraba la pelota recibía un fuerte impulso, los contrincantes, incorporándose rápidamente, seguían rechazándolo por el aire, también con el cuadril, para cuyo efecto corrían al encuentro del balón, de una manera tan peligrosa, que a menudo, cuando éste daba en el hígado o el estomago del deportista, caía muerto.

 

JUEGO PELIGROSISIMO

Este bárbaro juego, como todos los deportes peligrosos y salvajes, enardecía a las multitudes, que se trasladaban, casi en totalidad de un pueblo a otro, a contemplar el espectáculo.

Allá en los lejanos días de mi infancia, me tocó presenciar muchas veces, tarde por tarde, frente a la vieja casona del rancho de mi abuelo en Aguanueva, el desarrollo de varios partidos de «hulama», jugado entre los peones, sin que se registrara, por fortuna, ningún accidente fatal.

Pero en Elota, por esos mis¬mos tiempos, cuando con motivo de unas fiestas del día de San Juan, se efectuaba una reñida «hulama «, vi caer, herido de muerte, a un joven jugador, víctima de un golpe en el hígado; acontecimiento que conmovió a todo el pueblo, por tratarse de un muchacho muy estimado en la localidad.

 

La «hulama», debido al valor, pericia y ligereza que exigía, así como por el peligro que entrañaba, generalmente constituía uno de los números mis atrayentes de las fiestas pueblerinas y era de notarse la exaltación y la nerviosidad con que los espectadores, entre gritos de entusiasmo y azoro, iban siguiendo las peripecias del juego, especialmente cuando la pelota volaba por el aire y era devuelta por los atrevidos encontronazos de los jugadores de cada bando hasta que el punto se resolvía en favor de alguno de ellos.

Debido al alto número de victimas que las «hulamas» hacían año por año, el gobierno del Estado de Sinaloa, allá por los años del noventa, prohibió este depone, por peligroso. A la fecha, creo que no existe en la mente de las actuales juventudes, ni el recuerdo de aquel juego.

 

LA PELOTA DE «BRAZO»

Mayor supervivencia ha tenido el juego de la pelota de brazo, que no difería de la «hulama» más que en el tamaño de la bola. Tengo noticias de que aún se practica en algunas rancherías del Estado.

Este deporte, de indudable origen indígena, se juega con una pelota, ya sea de hule, estambre o trapo, del tamaño común y corriente, algo así como la que se usa en el beisbol, pero elástica.

El campo de juego, no es como entre los aztecas, recinto cerrado y construido, con materiales perdurables. La escasa densidad demográfica de la costa occidental fué en los tiempos prehispánicos y sigue siéndolo en la actualidad, incapaz de construcción de obras monumentales. Por ello y por el calor predominante en aquellas regiones tropicales, la pelota se jugaba al aire libre. Al efecto, se trazaba sobre el suelo el taxte, consistente en unas paralelas de longitud variable, a cuya mitad, una línea transversal llamada «analco»servía para separar a los dos bandos contendientes.

La entrada de los jugadores se resolvía entre ellos, a cruz y raya, tocándole a los ganadores dar principio.

El juego consistía en devolverse mutuamente entre los jugadores la pelota, rechazándola con el antebrazo, el que se vendaban con una faja o ceñidor, a fin de soportar los golpes.

Primeramente los jugadores, boca abajo, apoyándose en el suelo con las rodillas y la mano izquierda, luchaban con el antebrazo derecho porque la pelota no fuera a pasárseles o a caer; pero cuando ésta tomaba impulso y volaba por los aires, los contendientes se incorporaban rápidamente con el objeto de continuar la lucha, siempre recibiendo la bola con el antebrazo.

Las condiciones del juego, como la de todos los juegos primitivos, eran sencillísimas, pues consistían, simplemente, en completar en el menor tiempo posible los siete puntos que se peleaban. Cada punto se llamaba «male», palabra que mezclaban con las numéricas castellanas, para decir: male uno, male dos, male tres, etc., hasta completar los siete puntos. Al llegar a las cinco entradas, los juga¬dores cambiaban de lugar, yéndose, los que estaban en el lado opuesto al sol, al punto contrario y viceversa.

La última jugada se anunciaba con las palabras «se van «, a las que los perdidosos contestaban «las mulas pa’Cabazán «, frase, es¬ta última, que creo era un localismo, que repito para hacerle fiel a mis recuerdos.

Eran puntos malos, la caída de la pelota por no haber sido rechazada; la salida de ella antes de pasar por el «analco», a lo que llamaban «guala»; el hecho de dejarse tocar por la bola durante el encuentro y el de que se la devolviera con el codo o con el dorso de la mano.

Las jugadas buenas consistían: en hacer pasar la pelota a lo largo del taxte, ya por el suelo o por el aire, sin ser devuelta por la parte contraria. Cuando la pelota se salía del taxte más allá del «analco», no se contaba la jugada.

 

TODO SE ACABA

Cuando fuí a Sinaloa, harán unos diez años, vi con tristeza que este deporte autóctono, ya casi no se juega, arrollado por el beisbol. Ello me hizo pensar en nuestro incurable complejo de imitación, en nuestro «changuismo» por las cosas extranjeras, que va matan do nuestras viejas costumbres, algunas de ellas tan originales y pintorescas como la pelota mexicana, que deberíamos de conservar siquiera para atraer el turismo, mejorándola si se quiere, a fin de que no se perdiera del todo nuestra típica personalidad.

Desde el punto de vista de la cultura física, la práctica de este deporte es un ejercicio completo, pues mueve todos los músculos del cuerpo, que corre, salta, se arrastra, se tira, se levanta y además desarrollo la vista, la agilidad y la destreza.

Desde el punto de vista estético, el deporte resulta sucio y primitivo, aunque nunca salvaje, como el box y los toros. Creo que modernizándolo en condiciones, vestuario y equipo, podría figurar con decoro al lado del beis.

Pero no quiero invadir los terrenos, para mi vedados, de la educación pública, saliéndome de mis funciones de cronista. Vayan estos recuerdos, que ya se esfuman, por el efecto de los años y la distancia, a despertar los entusiasmos de las actuales juventudes hacia un deporte auténticamente nacional que debiéramos conservar con cariño frente al avance de las modas exóticas que nos invaden.

N. de la R. Este artículo fue pubis cado en la Revista «Letras de Sina¬loa » en marzo de 1951. La sugerencia que hace Armando Franco Rojo, de que este hoy desaparecido deporte de la «pelota de brazo» vuelva a promoverse, con las modificaciones del caso, sigue teniendo validez.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 2, páginas 15-16.

 

La hulama
Hulama juego de pelota prehispánico en Sinaloa

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