La Insurgencia en Sinaloa, México

Historia de Sinaloa México

 

 

LA INSURGENCIA EN SINALOA

 

Por: José G. Heredia

 

Proclamada la Independencia de la Nueva España por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla en la noche del 15 y 16 de septiembre de 1810, en el pueblo de Dolores, de la Intendencia de Guanajuato, y obtenidas las importantes y sonadas victorias de San Miguel, Celaya, Guanajuato y Valladolid, el movimiento tenía que cundir y cundió vertiginosamente en otras regiones del virreinato, distinguiéndose en secundarlo la Nueva Galicia donde con todo empeño lo abrazaron don José Antonio Torres, Miguel Gómez Portugal, Huidobro, Godínez y Alatorre, poniendo en sus actividades, al mes de iniciada la rebelión, en grave apuro a la misma ciudad de Guadalajara, una de las más importantes de la Colonia, después de la capital.

Ante el incremento alarmante de las fuerzas insurgentes en la Nueva Galicia, el comandante general y presidente de la Real Audiencia de Guadalajara, brigadier don Roque Abarca, no obstante su avanzada edad y las dificultades que le oponía la Junta Auxiliar de Gobierno, Seguridad y Defensa de la Provincia, sostenida por sus enemigos entre los que sobresalía el doctor don Francisco Antonio Velasco de la Vara, activamente logró levantar doce mil hombres para enfrentarlos a la sedición.

Esta fuerza, que contaba en su seno a la juventud estudiosa y aristocrática de Guadalajara, fue dividida en dos fracciones a cuyo frente estaban el oidor don Juan José Recacho y el teniente coronel don Tomás Villaseñor, siendo derrotados el 4 de noviembre de 1810, en la Barca y Zacoalco, respectivamente, por los insurgentes que obedecían las órdenes de Huidobro y de don José Antonio Torres.

Las expresadas derrotas, y muy especialmente la de Zacoalco donde se agostó la flor de la aristocracia jalisciense, sembraron el terror en la ciudad de Guadalajara y determinaron que los oidores Recacho y Alva y el obispo Ruiz Cabañas, huyeran al puerto de San Blas, dejando abandonado al intendente Abarca, quien ante el avance del victorioso ejército de Torres, se retiró a San Pedro, inmediato a la capital, que quedó desguarnecida y fue ocupada por dicho jefe el 11 de noviembre del citado año de 1810, al frente de más de veinte mil hombres, y adonde llegó el 26 del mismo mes el propio Generalísimo don Miguel Hidalgo y Costilla.

Una vez ocupada la capital de la Nueva Galicia, el valiente y generoso Torres, comprendiendo lo importante que sería extender la lucha hacia el oeste del país, comisionó al cura de Ahualulco, don José María Mercado, para que hiciera la campana de San Blas a Tepic, cosa que con toda brevedad llevó a feliz término, apoderándose de las referidas plazas. Por su parte, Gómez Portugal, penetrado de los grandes beneficios que se obtendrían con la dominación de la Intendencia de Sonora, designó para que la ocuparan a los señores don José María González Hermosillo y don José Antonio López, oficial este último de una de las divisiones que operaban en el Sur.

Estos nombramientos o designaciones fueron confirmados posteriormente por el Generalísimo don Miguel Hidalgo y Costilla en la ciudad de Guadalajara, otorgándole al cura Mercado, con fecha 27 de noviembre de 1810, es decir, un día después de su arribo a esta capital, el cargo de comandante en jefe de todas las fuerzas que operasen en la región de San Blas a Tepic, y a don José María González Hermosillo el de teniente coronel, en diciembre 13 del mismo año.

Una vez extendido este último nombramiento, se procedió a organizar la expedición con toda actividad y el día 1°. de diciembre del citado año salió Hermosillo con dirección del Norte, incorporando en los pueblos por donde pasaba a la gente que se le había preparado, y llegó a la Magdalena, distante como veinte leguas de su punto de partida, el día 7 del referido diciembre, con mil setecientos hombres, de los cuales 200 eran de caballería, con sesenta y ocho fusiles y cuarenta pares de pistolas. A este mismo lugar había venido el día anterior el R. P. Dominico don Francisco Parra, nombrado su consejero por el Generalísimo con más de quinientos soldados, ciento cuarenta y cinco caballos, treinta y cinco rifles y cuarenta pares de pistolas.

El día 8 salieron de este punto las fuerzas insurgentes, tocando en su ruta los pueblos de Tepic y Acaponeta, adonde llegaron los días 11 y 15, respectivamente, del expresado mes de diciembre, después de haber visto aumentar rápidamente sus contingentes con numerosos voluntarios y de recoger en el primero una partida de cañones que se conducían de San Blas a la capital de la Provincia. Muy rápida había sido la marcha, pues Acaponeta se encuentra ya en los límites de la Nueva Galicia con la Intendencia de Sonora, y como no habían sufrido contratiempos y sí hallado el ánimo del pueblo dispuesto en su favor, como lo demuestra la facilidad con que se hacían de adeptos, los soldados, llenos de entusiasmo, se presentaron el diecisiete del mismo diciembre a las orillas del rico mineral de El Rosario, donde estaban las cajas reales, en el Sur del territorio sinaloense.

Esta plaza estaba defendida por el coronel comandante don Pedro Villaescusa al frente de mil hombres y con seis cañones, y fue atacada el 18 a las seis de la mañana por dos columnas de mil hombres cada una, mandadas por el coronel Quintero y por el capitán don Trinidad Flores, que pasaron casi a nado el río, por el Este y Oeste, respectivamente, de la población, peleando con tal denuedo que los realistas huyeron a refugiarse en las propias casas del mineral, dejando libre la entrada a los insurgentes.

En vista de este fracaso, Villaescusa mandó a la tarde de ese mismo día dos oficiales a parlamentar con Hermosillo quien les admitió su rendición, los trató con dulzura y les recogió su armamento, dejándolos en absoluta libertad.

Villaescusa no supo estar a la altura de esta generosidad que muy bien hace olvidar el acto de barbarie cometido por soldados insurgentes en un artillero realista, y violando su palabra, haciendo mal uso de la escolta que por gentileza le había dejado el vencedor, furtivamente salió para la Villa de San Sebastián, hoy Concordia, y de ahí se trasladó a San Ignacio, donde se hizo fuerte habiendo reclutado en el camino a todos los simpatizadores que quisieron seguirlo y enviando repetidas instancias al Intendente don Alejo García Conde que se encontraba en Arizpe, Sonora, para que activara su viaje y viniera a prestarle auxilio con sus valientes y aguerridos indios. Habiendo sabido Hermosillo la conducta reprobable de Villaescusa y su nueva actitud bélica, reunió toda su gente y salió para San Ignacio el día 25 del repetido diciembre, con cuatro mil ciento veinticinco infantes, cuatrocientos setenta y seis caballos, novecientos fusiles, doscientos pares de pistolas, los cañones recogidos y gran número de lanzas, habiendo notado, al pasar revista, que los soldados realistas se habían fugado para reunirse con su antiguo jefe.

El día 27 de diciembre de 1810 las fuerzas insurgentes hicieron su entrada en la población de San Sebastián, cuyos habitantes les hicieron un cariñoso recibimiento, echando a vuelo las campanas y prestando su poderosa ayuda en dinero e influencia, el patriota cura José María Aguirre que gozaba de merecida reputación.

En San Sebastián el teniente coronel José María González Hermosillo recibió una carta firmada por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla, enviada desde Guadalajara, en la que le decía:

«…procurando avanzar cuanto sea posible a la toma de Cosalá, en donde se me ha informado hay grandes caudales de reales y mucha plata en pasta útil, y muy necesaria para la manutención de nuestras tropas y crecidos gastos del ejército. Estoy en la inteligencia de que usted obra con toda eficacia, sin más estímulos que los de un verdadero patriota, pero siendo regular el compensar los servicios hechos a la Nación he querido condecorarlo con el grado de Coronel, cuyo título le acompañó en premio de la victoria alcanzada y le prometo el de Brigadier por la toma de Cosalá y presa de los caudales existentes en aquel lugar. Dios guarde a usted muchos años.- MIGUEL HI-DALGO Y COSTILLA, firmado».

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 52, páginas 13-15.

 

 

La lucha Insurgente en el estado de Sinaloa, México
La Insurgencia en el Estado de Sinaloa

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