La invasión norteamericana en Sinaloa

Historia de México

 

LA INVASIÓN NORTEAMERICANA EN SINALOA

 

Por: José Mena Castillo

El día 7 de septiembre de 1846 se avistó en aguas de Mazatlán la corbeta norteamericana Lawaren y el día 27 la Veren. No emprendieron operaciones hostiles, retirándose la primera después de algunos días.

A fines de octubre llegaron hasta la bahía y tiraron anclas varias unidades de la flota enemiga, entre otras la corbeta Cyane. Se esparció la noticia de que los americanos trataban de efectuar un desembarco por Puerto Viejo y con este motivo se movilizó alguna gente de la guarnición hacia dicho lugar. La especie resultó ser una falsa alarma.

Sin que hubiera podido saberse el fin que se perseguía, al día siguiente del sucedido anterior salieron de la playa cuatro embarcaciones pequeñas con alguna gente que al parecer tomaron rumbo hacia la corbeta Cyane. Advertido el movimiento, los del buque americano botaron al agua tres lanchas con marinería encaminándola al encuentro de las embarcaciones mexicanas. Éstas, por su parte, al notar la dirección que seguían los invasores, se devolvieron apresuradamente varándose en la playa.

Cuando esto sucedió los americanos hicieron varios disparos de pistola que ningún daño causaron y a su vez regresaron a la corbeta. Al rendir parte sobre este incidente sin importancia, el coronel Rafael Téllez, que defendía la plaza de Mazatlán, quiso hacerlo pasar como una escaramuza en que había rechazado a los invasores.

Más tarde, el 17 de febrero de 1847 fue declarado sujeto a bloqueo el puerto de Mazatlán. La notificación de esta medida bélica se la comunicó al coronel Téllez el comandante americano de la corbeta, Portsmouth, con explicaciones adjuntas sobre las consecuentes restricciones al tráfico marítimo. Además, a fines del mismo febrero hizo su aparición en aguas de Mazatlán una goleta enemiga que no llevaba más misión que aprovisionar a todas las unidades de la flota estadounidense que sostenían en el bloqueo. Como por aquellos días Téllez se encontraba en abierta rebelión, todo lo que hizo fue trasmitir al general Anastasio Bustamante, que se encontraba en Tepic, los informes relativos.

El 22 de septiembre de 1847 se avistó por segunda vez en aguas de Mazatlán la fragata americana Portsmouth, dando origen su presencia a la especie de que el ataque sobre el puerto se desataría de un momento a otro. Alarmado el coronel Téllez por las actividades navales del enemigo, indicativas de las hostilidades próximas, se dirigió en demanda de auxilio al gobierno del Estado de Jalisco; mas como quiera que en los círculos oficiales de aquella entidad fuera bien conocida la conducta escandalosa y truculenta del comandante en Sinaloa, se le contestó sin dilación que podía contar con la ayuda militar del caso, siempre que las fuerzas unidas para combatir al invasor quedaran bajo las órdenes del general José María Yánez. La condición que se le imponía a Téllez era inaceptable porque significaba nada menos que el fin de sus manejos dictatoriales, y consecuentemente no la aceptó.

El primero de noviembre llegó al puerto la barca Irie, anclando frente al Crestón. El día 10 de noviembre se avistaron las fragatas Independence, Congress y Cyane, fondeando por la tarde, la primera, a la vista de Olas Altas, y la segunda en Puerto Viejo. Al día siguiente, es decir, el 11 del mes expresado, el comodoro William Brandford Subrick pidió la rendición del puerto en un plazo perentorio de cuatro horas.

La comandancia militar, que desde la noche de la víspera había retirado a los quinientos hombres que formaban la guarnición al paraje llamado Palos Prietos, contestó lacónicamente que la plaza no se rendía.

Una hora antes de que feneciera el plazo, cuando la ciudad había sido totalmente abandonada por el elemento militar, el presidente de la Junta Municipal, cumplimentando un acuerdo urgente de la misma, abordó el buque insignia del comodoro americano para pedirle una prórroga; y como no se concediera, haciendo hincapié en el hecho de que Mazatlán había quedado reducido a la calidad de un centro de población civil inerme, pidió que a sus habitantes se les impartieran las garantías elementales reconocidas por el derecho de gentes. Se le dieron al comisionado municipal las seguridades que solicitaba, y es de justicia decir que los invasores cumplieron sus promesas.

Al vencerse exactamente las cuatro horas del ultimátum comenzó el desembarco de las fuerzas americanas. Entre tropa de línea y marineros saltaron a tierra sinaloense aproximadamente 400 hombres con cuatro piezas de artillería que tomaron posesión del cuartel de la ciudad así como de todos los puntos estratégicos. Al mismo tiempo, las tropas mexicanas se movilizaron de Palos Prietos para ir a estacionarse al Venadillo. Pocos días después el enemigo desembarcó el resto de su artillería emplazándola sin tardanza.

El día 18 de noviembre llegó hasta el campamento mexicano la noticia de que los invasores trataban de hacer un nuevo desembarco por la desembocadura del río Presidio. Con el intento de cerrarles el paso se movilizó el coronel Téllez hacia el punto; pero inútil resultó su marcha porque era el lugar denominado Urías el verdadero objetivo del enemigo, y hasta él avanzó en la madrugada del día 20.

Se aprestó a la defensa de aquel acantonamiento una fracción de tropa mexicana, al mando del capitán del puerto Carlos Horn y cuatro oficiales, trabándose un combate que se prolongó por espacio de seis horas, al cabo de las cuales, rechazados los americanos, se retiraron llevándose a sus heridos y dejando en el campo un oficial muerto. Con posterioridad a este encuentro, único que se libró en territorio de Sinaloa entre las armas nacionales y las de Estados Unidos, el invasor no volvió a salir del puerto.

Mientras tanto, el coronel Téllez protestó obediencia y sumisión al Supremo Gobierno y reconoció a don Rafael de la Vega como gobernador de Sinaloa, contra el que se había rebelado, entregando la comandancia militar al coronel don Carlos Cruz Echavarría, abandonando el Estado, acompañado de su familia, con un salvoconducto.

La guerra entre México y Estados Unidos se redujo, en lo que concierne a Sinaloa, a la ocupación de Mazatlán y el control del puerto y costas adyacentes por las fuerzas de tierra y unidades navales de la mencionada potencia enemiga. Las autoridades municipales porteñas, que siguieron funcionando bajo la bandera del invasor, constreñidas por el ineludible deber de mantener activos los servicios públicos indispensables a la vida ciudadana y de asumir en cualquier emergencia la representación colectiva, así como la población civil inerme, tuvieron que plegarse y se plegaron a su triste condición de vencidos con la amarga resignación de la impotencia.

Sin que se registraran fricciones entre invasores y vencidos, el ansiado desenlace de la contienda llegó al cabo de siete meses a contar de la fecha en que los americanos ocuparon Mazatlán. El 2 de febrero de 1848 se firmaron los Tratados de Guadalupe; el 13 de mayo los aprobó el Congreso de la Unión, y el 17 de junio del mismo año los invasores evacuaron el puerto, recibiendo la plaza el nuevo comandante militar de Sinaloa, general Manuel Castillo Negrete.

 

 

Invasión norteamericana en Sinaloa
Litografía de la guerra México – Estados Unidos; Batalla de Buena Vista

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