La Plaza de Armas

 

Documentos de la historia de Sinaloa, México

 

LA PLAZA DE ARMAS

 

La noticia más remota que hay sobre esta plaza la escribió el obispo de Guadalajara, el geodesta don Alonso de la Mota y Escobar, quien dice que al norte de la iglesia «existe una gran plaza», que vio cuando visitó la Villa de San Miguel de Culiacán en 1602.

Por referencias, en otros documentos, se sabe que durante el siglo VII se le llamaba Plaza Mayor, cuyo nombre perduró por toda la época colonial hasta los primeros años de la Independencia de México.

El coronel don Fermín de Tarbe, Comandante Militar de la Provincia, tenía su cuartel frente a la Plaza y en ella hacían sus revistas militares, ejercicios y ceremonias cívicas los soldados de las Milicias Pardas en 1825.

Por este tiempo se le llamó Plaza de Armas y se levantó, por disposición del gobierno, un obelisco para conmemorar la acción de armas del pueblo culiacanense que exigió la reposición del gobernador don Francisco de Iriarte y Conde, al derrotar en los aledaños de la ciudad, en un lugar llamado «El Palmito», a las fuerzas al mando del coronel José Navarrete que eran partidarias de los legisladores sonorenses, el da 9 de julio de 1829.

Este monumento, en 1838, durante el gobierno centralista se demolió junto con una parte de la iglesia vieja con el pretexto de construir, a un nivel más alto, el atrio de la actual catedral.

La Plaza de Armas, en 1839, recibió el nombre de La Alameda, porque tenía plantados numerosos álamos, y por orden del Ilustre Ayuntamiento se dieron a don Antonio de la Vega veinticinco pesos para la plantación de nuevos árboles y pagar a los boteros su riego que en asnos subían el agua del río Tamazula.

Esta vieja Plaza ha sido testigo mudo, a través de más de cuatro siglos, de todos los sucesos públicos de significación en la población culiacanense.

El señor don Antonio de la Vega era el Síndico del Ilustre Ayuntamiento y el encargado del ornato de la ciudad que contaba para ello con los productos causados por la introducción de harina que hacia don José María Aguirre y, además, los rendimientos del registro de solares.

Dada la escasez de recursos económicos del Ilustre Ayuntamiento se acordó rentar, por un año, la Plaza La Alameda para diversiones públicas, es decir, establecer en ella una feria, lo cual se aprobó en la sesión del 29 de febrero de 1841.

En la citada junta se adjudicó La Alameda para el fin indicado a don Francisco de la Vega (hermano del Síndico) pagando la pensión anual, expresada textual, «establecida para los demás terrenos egidos».

Don Rafael de la Vega y Rábago gobernador del Estado construyó en 1848 los portales que al estilo español circundaron por muchos años la plaza, este personaje sufrió las penosas jornadas del 47, siendo declarado el primer benemérito del Estado.

En aquel tiempo el santanista capitán Pedro Valdés, que se había declarado gobernante y comandante militar de Sinaloa, asaltó con sus fuerzas la capital y saqueó la casa de los De la Vega, que era residencia oficial, ubicada enfrente de La Alameda y en ella incendió el archivo del Estado, el de octubre de 1852.

La plaza conservó el nombre de La Alameda hasta que se juró la Constitución Política de la República, entonces recibió la denominación de Plaza Constitución, en el mes de marzo de 1857.

En la Plaza Constitución, al lado sur, frente a un muro de adobes de la iglesia antigua, demolida en su totalidad hasta el año de 1885, fue fusilado por órdenes del enérgico Prefecto, Dr. don Mariano de la Cuesta, Vicente López (a) «El Rey», acusado de «estar pronunciado contra el gobierno», la ejecución se hizo por la mañana del día 1 de agosto de 1873.

La Plaza Constitución, en la penúltima década del siglo XIX en el centro tenía un poste que sostenía una gran farola de luz alimentada con petróleo, era un cuadrado yermo, al oriente la arquería de los portales de la casa del Senador de la República, don Joaquín Redo; al norte, «La Lonja» y la cantina «El Trasvaal»; al poniente, los edificios de los pudientes vecinos: Fernández Rojo, Verdugo y De la Vega, que dirigían la política estatal y, al norte, al lado derecho de la nueva catedral, todavía la anti-estética torre y una nave derruida de la iglesia vieja.

El Ing. don Mariano Martínez de Castro, gobernador del Estado, hermoseó la abandonada Plaza Constitución. En el centro levantó un kiosco (quiosco, palabra persa que significa pabellón), construido en San Francisco, California y que fue inaugurado por el citado gobernante el día 5 de febrero de 1888.

En este cobertizo daban audiciones musicales las orquestas de la ciudad en días festivos y los jueves y sábados la banda de música de «Los azulitos» dirigidos por el maestro don Ángel Viderique, llamados así por sus uniformes de mezclilla azul. En esta época se llamó Plaza Principal, tenía en el centro un círculo y los laterales embanquetados con cemento y un jardín de cuidados prados. Allí se celebraron, cada año, los más ruidosos carnavales de la última década del siglo XIX.

Al ser asesinado, por un fanático, el Presidente Electo de la República se le cambio el nombre por Plaza Álvaro Obregón, en el mes de julio de 1928.

 

Tomado del libro: Pinceladas del viejo Culiacán, Olea, Héctor R., Ediciones del Ayuntamiento de Culiacán, 1985.

 

Plaza de Armas, plaza constitución
Plaza de Armas o Plaza Constitución, hoy llamada Plazuela Obregón en Culiacán, Sinaloa, México

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