La prehistoria en Sinaloa, México

 

Historia y cultura de México

 

LA PREHISTORIA EN SINALOA

 

 

Por: Antonio Nakayama

Historia es la narración de los hechos y acontecimientos más notables y dignos de memoria que se han venido registrando en la humanidad a través de los siglos, y para que llene con más facilidad y exactitud su cometido, los hombres encargados de escribirla se han venido auxiliando en los últimos años de algunas otras ciencias. Para mejor entender el pasado de los pueblos que la Historia se encarga de relatar, tenemos la necesidad de conocer la estructuración del escenario donde el hombre ha venido actuando hace cientos de miles de años, es decir, que necesitamos enterarnos de cuáles fueron los inicios del planeta en que vivimos. Desde luego que estando esta obra reducida a meros apuntes, no es posible entrar en forma amplia al estudio sobre la materia, por lo que solamente daremos una ojeada rápida a la etapa de la infancia de la tierra.

La Geología ha dividido en cinco etapas la existencia de nuestro planeta, a saber: la Azoica, que quiere decir sin vida, pues en este periodo no hubo en el planeta los elementos necesarios para la aparición de cualquiera forma de existencia animal o vegetal; la Primaria, o Paleozoica, que significa vida antigua, caracterizada por la uniformidad de la temperatura atmosférica en toda la tierra, y por la presencia de los primeros rudimentos de vida, los cuales se iniciaron en el mar y después aparecieron en la corteza terrestre en forma vegetal; la Secundaria, o Mesozoica, que quiere decir vida intermedia, la cual fue una de las más largas y se significó por las manifestaciones de una vida exuberante representada por enormes saurios, reptiles voladores y la existencia de espesas selvas de árboles gigantescos; la Terciaria, o Cenozoica, cuyo nombre significa vida reciente, en la que se afirmaron los mares y continentes en la forma que ahora tienen, y aparecieron los mamíferos, entre ellos los monos antropoides. La última era es la Cuaternaria, una de cuyas dos etapas, denominada Pleistoceno se caracterizó por las grandes glaciaciones que sufrió el planeta y por la aparición del hombre. La otra se denomina Reciente, y es la etapa que vivimos.

¿Cómo ha sido posible deducir el tiempo en que el ser humano hizo acto de presencia en la tierra? Es una verdad incontrovertible que desde que el hombre apareció, todos los pueblos han seguido el mismo ritmo evolutivo, el mismo camino, y sobre esta base y para encontrar la solución a tan fascinante y difícil incógnita, la ciencia se ha valido de dos tipos de documentos acerca del hombre prehistórico: los antropológicos y los arqueológicos. Los primeros consisten en restos humanos, y los segundos en objetos de piedra y hueso, y así, con la ayuda de los dos valiosos auxiliares que son la Antropología y la Arqueología, y del concurso de la Geología y la Paleontología, ha sido posible el discernimiento de la aurora del hombre en la tierra.

La presencia humana en la era cuaternaria ha sido constatada por geólogos, antropólogos y arqueólogos. En el ano de 1856 fue descubierto en Neanderthal, Alemania un gran cráneo con abultadas prominencias óseas sobre las cuencas de los ojos, del cual se dijo que había formado parte de un tipo inferior a todas las razas humana existentes, dándose al ser a que había pertenecido la designación de Hombre de Neanderthal, y en 1892, Eugene Dubois encontró en Java una calota craneana de gran antigüedad, habiéndose denominado al espécimen a que perteneció Pitecantropus erectus. El geólogo alemán Otto Schoetensack practicó excavaciones en Mauer, a diez kilómetres de Heidelberg, Alemania, y el 21 de octubre de 1907 descubrió una gran mandíbula humana, la que estaba rodeada de numerosos fósiles de leones de caverna, tigres de dientes de sable, bisontes, cerdos, rinocerontes, hipopótamos y otros animales pertenecientes a las especies que hoy habitan en las tierras cálidas. Al hallazgo se le designó Homo Heidelbergensis, atribuyéndoseles a sus restos una antigüedad de 250,000 a 500,000 años, mientras que el Hombre de Neanderthal se le calculan de 50,000 a 100,000.

Después han surgido nuevos descubrimientos, de los cuales los más interesantes han sido el del Hombre Solo, llamado así por haber sido encontrado en el río Solo, de la isla de Java; el del Hombre de Pekín, o Sinantropus, y el del Hombre de Rodesia, cuyo hallazgo tuvo lugar en África. En Europa se hallaron los del Hombre de Cro-Magnon, con cuya presencia se llega a la etapa inmediata al hombre actual, y por último, y en fechas muy recientes, se descubrieron en África del Sur los restos de un ser al que se denominó Australopithecus, el cual parece ser el más antiguo antepasado del hombre que se haya encontrado hasta la fecha, pues se le adjudica una antigüedad que sobrepasa los 750,000 años.

Visto de manera tan rápida lo referente a la aparición del hombre en el mundo afroeurasiano, pasaremos a ocuparnos de la presencia humana en América, la cual ha sido siempre un verdadero misterio debido al aislamiento geográfico de nuestro continente. pues si lo observarnos en un mapamundi nos damos cuenta de que no tiene ninguna conexión con el resto de la masa terrestre. Desde luego que no siempre debió ser así, y existe una teoría expuesta por un brillante geofísico alemán apellidado Weneger, que sostiene que en un principio los continentes integraban una sola masa. y que posteriormente unas grietas que se formaron durante el curso de las edades geológicas separaron lo que hoy es el continente americano del macizo continental, y que al separarse, ambas partes se fueron alejando en sentido opuesto al de la antigua unión. Es curioso constatar que esta teoría tiene bases científicas muy serias. y por otra parte, que es notable el hecho de que los contornos litorales de las dos Américas encajan bastante bien con los de Europa y África, y que además hay similitud de flora y fauna entre ellos. Sin embargo, para la solución de la incógnita del poblamiento de América, esa tesis es inadmisible. pues la separación tuvo que haber ocurrido en el Terciario, y en esta etapa todavía no existían indicios de que el hombre hiciera su aparición en el planeta.

Cuando Cristóbal Colon descubrió el continente americano, los europeos se encontraron ante grandes interrogaciones: ¿quiénes eran los seres que se había encontrado en las nuevas tierras? ¿Eran seres racionales? Cómo habían llegado a esos lugares que eran desconocidos para el resto del mundo? Se forjaron muchas teorías acerca de los hombres americanos haciéndolos aparecer como descendientes de los fenicios, y hasta de los cartagineses. Algunos quisieron ver en ellos a la posteridad de los vástagos de Sem, hijo de Noe, y otros más, conjeturaron que eran nada menos que la descendencia de las diez tribus perdidas de Israel. El punto más debatido en el que tomaron parte teólogos y sabios, fue el de si eran seres racionales, o bien irracionales que apenas si se diferenciaban de los animales, pero esta cuestión fue resuelta por la Iglesia, que con su sabiduría de mil quinientos años y por medio del Papa Paulo III definió que eran verdaderos hombres capaces de recibir la fe.

Si aceptamos la tesis de que el hombre no es originario de América, entonces, para darnos una idea sobre el poblamiento de nuestro continente tenemos que recurrir a las modernas teorías expuestas sobre la materia. El notable antropólogo norteamericano Ales Hrdlicka fue uno de los más entusiastas sostenedores de que los primeros hombres llegaron a América por el estrecho de Behring procedentes de Asia, teoría que aunque atacada es muy admisible dado que en el Cuaternario no había hielos en esa zona que es la parte del continente que tiene más proximidad con el viejo mundo. Por su parte, Paul Rivet, el eminente antropólogo francés, expuso la tesis de las comunicaciones interoceánicas con elementos malayos, australianos, polinesios v asiáticos, probadas con las incursiones de los polinesios en los mares del sur, la del Inca Tupac-Yupanqui, y las muy recientes de la Kon-Tiki y la de M. Willis.

Es aceptada la teoría de que América se pobló en virtud de tres oleadas de emigraciones cuyo origen fue marcadamente asiático, melanesio, australiano v polinesio, y algunos antropólogos han fijado en seis los principales grupos primarios que se establecieron en América del Norte, que es la zona que nos interesa para nuestro estudio. Entre esos grupos hubo uno que es conocido con el nombre de Sonóridos, del cual habremos de ocuparnos después por la importancia que tuvo en el poblamiento de lo que ahora es México, y por la significación histórica de los núcleos a que dio origen.

Los descubrimientos más interesantes de evidencias humanas en la América del Norte tuvieron lugar en Folsom, del Estado de Nuevo México, donde fueron halladas quince puntas de flecha junto a la osamenta de un bisonte, apreciándoseles una antigüedad de 15 000 a 20 000 años, y a esta cultura se le dio el nombre de Folsomiana; en Cueva Sandía, del mismo Nuevo México, donde se encontraron otras calculadas en una antigüedad mayor que las de Folsom, y luego hubo más hallazgos como los de la cultura Cochise y la de los Canasteros (Basketmakers). La prueba más antigua de la aparición del hombre en México, se encontró en Tepexpan, a unos treinta kilómetros de la capital del país, y a sus restos se les atribuye una edad de diez mil años.

Tras de haber visto en forma tan acelerada la aparición del hombre en América del Norte, entramos a la parte medular de este capítulo: la presencia de los humanos en Sinaloa, que es una de las grandes incógnitas que se nos presentan. en virtud de que en esa entidad no se han efectuado exploraciones científicas, ni estudios dedicados a esclarecerlas. En la época prehistórica, la región que hoy ocupa Sinaloa fue un lugar transitado por grandes mamíferos como el mamut, el rinoceronte, camélidos v otras bestias, lo cual se ha comprobado con los hallazgos de los fósiles de estos animales. Las dilatadas llanuras del noroccidente mexicano eran lugar de comunicación para aquellas bestias, que se movían libremente desde Arizona hasta Sinaloa, pues sus restos han sido localizados en toda esa vasta región, solamente que en Arizona los descubrimientos revisten un carácter científico dado que se ha venido efectuando una metódica investigación, lo cual no sucede en el noroeste de México, donde los fósiles han sido encontrados de manera casual.

Es muy posible que el hombre haya hecho su aparición en la época en quo la vegetación tropical cubría lo que hoy es el territorio sinaloense, e imperaba el mamut, ya que en Arizona se han encontrado puntas de flecha entre los huesos de ese gigante prehistórico, por lo que es fácil conjeturar que si el mamut arizónico v el sinaloense fueron coetáneos. El hombre también haya puesto sus plantas en el suelo de Sinaloa en ese período después de un lento peregrinar por la vía terrestre, o bien navegando en frágiles balsas empujadas por las corrientes oceánicas. Infortunadamente, no tenemos ningunas noticias de esos hombres, y todo lo anterior no es más que una mera suposición que no puede ser probada en virtud de que los fósiles del. mamut encontrados en Sinaloa son pocos v fragmentarios y no se han localizado entre ellos implementos líticos que establezcan con firmeza la presencia primaria de nuestros remotos ancestros.

 

 

Tomado del libro: SINALOA, Un Bosquejo de su Historia, Nakayama A., Antonio, Instituto de Investigaciones de Ciencias y Humanidades, talleres de Impressart Editorial, Culiacán, Sinaloa, 1982.

 

Prehistoria de Sinaloa, México
La prehistoria en el estado de Sinaloa, México, América

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