La reconquista de Chametla y Culiacán, historia de Sinaloa México

Historia de Sinaloa México

 

LA RECONQUISTA DE CHAMETLA Y CULIACÁN

 

En 1530 el conquistador Nuño Beltrán de Guzmán empezó su compaña que se derivó en la conquista de Chametla y Culiacán situadas ambas en lo que se conocería como provincias de Sinaloa, pionero en estos menesteres en el noroeste de la Nueva España, años más tarde otro conquistador, Francisco de Ibarra, se dio a la tarea de consolidar y ampliar el dominio español en estas regiones.

Francisco de Ibarra hizo su expedición hacia la provincia de Sinaloa. En Ocoroni le pidió a la cacica de ese lugar llamada Luisa, que le sirviera de intérprete, ya que sabía la lengua náhuatl y otras tres de aquellas provincias, y había sido intérprete de Francisco Vázquez de Coronado. Ibarra y su gente fundaron por mayo o junio de 1564, en la región del río Fuerte, la villa de San Juan Bautista de Carapoa, donde construyeron un fuerte y una iglesia.

Cuando Don Francisco de Ibarra «El Fenix de los Conquistadores» acababa de fundar San Juan, llegó Juan de Saldívar que venía de Guadalajara con una cédula real para Ibarra. En esa carta el rey le ordenaba continuar sus conquistas, por lo que Ibarra decidió partir para Chametla inmediatamente. Tomó el camino de Culiacán, en donde fue muy bien recibido por su amigo Pedro de Tobar y por los pobladores que le dieron ropa, víveres, caballos y lo necesario para su empresa.

Ibarra entró a la provincia de Chametla sujetando a unos pueblos con medios pacíficos y a otros atacándolos. De esta forma la provincia de Chametla pasó a formar parte de la Nueva Vizcaya, con desagrado de la audiencia de Guadalajara, ya que Chametla estaba en su jurisdicción.

Ibarra actuó de acuerdo a una cedula en donde el rey le ordenaba que todos los pueblos donde no hubiera iglesia ni doctrina podían añadirse a la Nueva Vizcaya, y que los indios de estos pueblos podían ser otorgados en encomienda a sus soldados. En la provincia de Chametla, Ibarra dominó a los xiximes y fundó la villa de San Sebastián y pronto sus hombres descubrieron las minas de Pánuco, Copala y Charcas.

Después fue a Cíbola; pero, al no encontrar riquezas en ese lugar, regresó a Sinaloa, donde accedió a los deseos de sus hombres, que pedían repartir la provincia y sus pueblos, estableciendo formalmente las encomiendas.

Francisco de Ibarra se fue a vivir definitivamente a San Sebastián porque desde allí controlaba sus negocios en las minas. La prueba de ello es que pasó sus últimos días en el mineral de Pánuco, donde murió en 1575, a los 36 años de edad.

Antonio Nakayama, quien estudió con cuidado la historia de Sinaloa, señala en su libro Sinaloa: el drama y sus actores que el conquistador Francisco de Ibarra «abrió nuevos horizontes a la incipiente economía de la región, pues aparte de haber iniciado la explotación minera en forma intensiva procuró incrementar la ganadería y pastoreo», lográndolo en base a la utilización de la mano de obra indígena. Como fundador de pueblos, Ibarra logró que los territorios de la Nueva España se ampliaran ya que las fronteras se llevaron más al norte.

En 1568 se había asegurado la reconquista de la provincia de Chametla con las explotaciones mineras, pero no podía decirse lo mismo de la provincia de Sinaloa porque ante los abusos de los españoles los indígenas empezaron a rebelarse y los conquistadores tuvieron que abandonar San Juan y la provincia de Sinaloa y refugiarse en Culiacán.

La provincia de Sinaloa permaneció abandonada por los españoles hasta que en 1582 el capitán Pedro de Montoya, que ya había acompañado a Ibarra en sus campañas, emprendió su reconquista. En Culiacán reclutó 36 hombres «con sus armas y caballos», y entre ellos a Antonio Ruiz quien escribiría una relación de los acontecimientos principales que sucedieron en la provincia de Sinaloa desde 1568, fecha en que se despobló San Juan, hasta finales del siglo XVI.

Esta expedición partió de Culiacán a principios de 1583 y atravesó varios pueblos de indios: Bacubirito, Chicorato, Baboría y El Opochi. Los españoles decían a los indios que andaban buscando «metales de plata» y estos los conducían a los lugares donde había algunas vetas. Gracias a mujeres indias que servían de intérpretes a los españoles, muchos pueblos de indios aceptaban a los conquistadores en paz; pero como éstos sólo pensaban en las minas, obligaban a los indios a indicarles dónde se encontraban y les daban tormento cuando se negaban.

Dado que no hallaban minas suficientes, y que los soldados estaban desesperándose, Pedro de Montoya fundó la villa de San Felipe y Santiago de Carapoa el 30 de abril de 1583 sobre las márgenes del río Fuerte y cerca de donde había estado la villa de San Juan. Esta villa duró poco tiempo, pues al año siguiente la destruyeron los indígenas.

 

 

Tomado del libro: SINALOA, tierra fértil entre la costa y la sierra, Monografía Estatal, SEP, México, 1982.

 

 

La reconquista de Chametla y Culiacán
La reconquista de la provincia de Sinaloa por parte de los españoles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *