La revolución maderista en Sinaloa

 

Historia de la Revolución Mexicana

 

LA REVOLUCIÓN MADERISTA

 

Por: Héctor R. Olea

Sinaloa en calma.— Telegramas de los Ayuntamientos en apoyo de Díaz.— La Guardia Nacional de Sinaloa.— Los primeros revolucionarios.— Los maderistas toman Tamazula y Topia.— Levantamientos revolucionarios: en Bequillos, Guamúchil, Badiraguato y Jesús María.— Las derrotas en la Cieneguita y Las Víboras.— Acción de Las Milpas.— Tropelías del teniente coronel Morelos, en Tamazula.— Toma de Guadalupe de Los Reyes.— Combate de San Ignacio.— El sitio de Mazatlán.— La muerte de Isauro Tirado.— Bombardeo del cañonero «Tampico.— Toma de Mazatlán.—Linchamiento del esbirro Marcial Ibarra.

He encontrado todo en calma —telegrafió Redo a Díaz—, sin que hasta la fecha haya habido un solo hombre que trabaje para trastornar el orden público».

Los Ayuntamientos, por indicaciones de Redo, condenaron el heroico episodio de Aquiles Serdán, en Puebla, que tuvo lugar en la Casa de Santa Clara, el 18 de noviembre de 1910, de la manera siguiente:

 

La comuna de la villa de Sinaloa, manifestó que: «No puede tolerar ningún atentado contra la paz de la nación y declara su adhesión al señor general Porfirio Díaz, presidente elegido por el pueblo»; presidente, licenciado Francisco Lavín y Vega y secretario, Donaciano Valdés.

En Badiraguato, el Ayuntamiento expresó: «Que tiene plena confianza en que el señor Presidente de la República, sofocará enérgicamente los movimientos sediciosos». Presidente, Pedro Castro; regidores: Federico Cañedo, Severo Traslaviña, Gregorio Velázquez, Alejandro Rojo y Uriarte; prefecto político, Eligio Abitia; y los vecinos: Rafael Cuen, Anastasio M. Martínez, Ramón Murillo, Manuel Rojo, Arnulfo Velázquez, Brígido Leyva, Jesús Cuen, Emilio Cuen, E.A. Salazar y J.I. Cuen.

En Mocorito, el presidente del Ayuntamiento: «…protesta indignado contra los perturbadores de la paz pública porque estima que todo intento de revuelta, toda tarea sediciosa, cualquier perturbación de la paz implica una labor abiertamente antipatriótica». El presidente, Manuel J. Esquer; secretario, E.S. Núñez; prefecto político, Miguel Gaxiola.

En Cosalá, los ediles presididos por José María Gaxiola y el secretario Manuel Conde, expresan: «…reprueban con toda energía alteraciones orden público suscitadas enemigos sociedad por antipatrióticas y sin fondo de legalidad y de justicia».

El Ayuntamiento de Concordia: “…protesta por los desórdenes provocados por malos mexicanos, sabrá sofocar las asonadas y mantener la tranquilidad en todo el territorio nacional». Presidente, Secundino Tirado y secretario M.R. Pérez.

«Un voto de confianza al señor general Díaz y la protesta enérgica contra agitadores vencidos en las últimas elecciones». Presidente del Ayuntamiento de Culiacán, Manuel Clouthier; vicepresidente, ingeniero Luis F. Molina; regidores; Ponciano Almada, Severiano Tamayo, Tomás Salmón, Faustino Díaz y licenciado Alejandro Buelna.

El presidente del Ayuntamiento del Rosario, Jesús J. Ramírez, protesta contra «los que pretenden, conductos ilegales, turbar la era de tranquilidad y crédito nacionales, era que constituye el más brillante capítulo en la admirable historia de nuestro digno gobernante, el señor general don P. Díaz».

El doctor Enrique Aldana, vicepresidente del Ayuntamiento de Mazatlán y el secretario, Pastor Cabañillas, «protestan airados por los acontecimientos de Puebla».

Sobre los Ayuntamientos de San Ignacio, presidido por el vicepresidente, Guillermo Laveaga y de El Fuerte bajo la presidencia de Aurelio Ibarra, no existen noticias.

Estos telegramas, testimonio evidente del servilismo que imperaba en la época, deben de ser conocidos por el público para que se forme un juicio histórico de la poca consistencia ideológica de algunos hombres.

La primera providencia de Redo contra la Revolución se tomó el día 10 de diciembre, ordenó, después de revistarlos y otorgarles grados y premios, la salida de 100 hombres al mando del prefecto Gonzalo Martínez; soldados federales del 28º y 17º batallones a las órdenes del mayor Santiago F. Rivero (a) «El Chivero» y «Las Guardias de El Fuerte y Choix», organizadas por el capitán Doroteo Carlos de Saracho, contingentes que combatieron a los revolucionarios, en Estación Terrazas, Chihuahua, el día 5 de marzo de 1911.

El señor Amado A. Zazueta, maderista y acomodado comerciante, originario de Sataya, Sinaloa, nació por el año de 1873, recibió del señor Madero un ejemplar del Plan de San Luis y desde luego compró de su propio peculio armamento para la rebelión armada que se preparaba, mandó llamar a la villa de Sinaloa donde era jefe de rurales al señor Juan M. Banderas para que fuese el jefe supremo del movimiento maderista, quien sin ninguna retinencia aceptó el cargo.

 

Banderas era de Tepuche, Sinaloa, vio la primera luz por el año de 1883, ex caballerango de las haciendas de Redo, hombre de campo, sincero y fuerte, bondadoso de corazón y firme en sus ideas políticas; corpulento, corcovado un poco de la espalda, de allí su mote: «El Agachado».

Igual invitación hizo el señor Zazueta a otros maderistas como José María R. Cabañillas, nativo de Culiacán, antirreeleccionista que no vaciló un momento y dejó a su familia en difícil situación económica, pues era un hombre pobre que vivía de su oficio de carpintero, pero un apasionado demócrata.

Un joven inquieto, Ramón F. Iturbe, sufría por esa época una injusta prisión, también fue invitado por Banderas y Cabañillas a participar en el movimiento rebelde, sugiriéndole, dado que se le permitía salir a la calle por estar próximo a finalizar su reclusión, concurriera a las juntas secretas que mantenían y que pusiera en libertad a los presos durante el movimiento proyectado para que «. estallara a las 2 de la mañana del día 6 de enero de 1911.

Iturbe nació en Siqueiros, pueblo cercano a Mazatlán, el 17 de noviembre de 1889, no obstante su juventud fue valiente un soldado del ejército libertador y el revolucionario que más destacó en Sinaloa.

La noche del 19 de noviembre fue descubierto el complot, por la denuncia que hizo un recluso, las autoridades catearon el domicilio particular de Iturbe, donde había ocultado armas y parque, pero logró escapar uno de los conspiradores llamado Epifanio Chávez y dio aviso a Banderas, Iturbe, Cabañillas, Agustín Beltrán, Francisco Ramos Obeso y a su hijo Francisco Ramos Esquer (a) «Pacheco» y otros más, quienes se lanzaron, por diferentes rumbos a la Revolución.

El señor Zazueta fue aprehendido y acusado de complicidad con los conspiradores, corrió el rumor de que se le iba a fusilar; pero su esposa Teresa Villa de Zazueta y su suegro, el minero Justo de Villa, entrevistaron al general Higinio Aguilar, jefe de armas en Sinaloa, quien le perdonó la vida.

Los hombres iban a la Revolución sin programas políticos, sin doctrinas de contenido social sino que, empujados por causas sociológicas, empuñan el rifle para defender su vida de las arbitrariedades y en busca de la libertad.

En esta época la gesta revolucionaria se reduce a la crónica de los sucesos, que convirtieron a los ciudadanos armados en héroes, a los precursores en ideólogos y a los valientes en tipos de romance popular.

El día 12 de enero de 1911, Ramón F. Iturbe y su secretario el guanajuatense Pablo Serrano, ex preceptor de Letras en Cosalá y después general del ejército revolucionario y Agustín Chaires Félix atacaron, con un grupo de 100 hombres, la plaza de Tamazula, Durango, sosteniendo un reñido combate contra las fuerzas del prefecto político, Ruperto Rodríguez.

El día 17 de febrero del mismo ano, al mando de 500 hombres, atacó Iturbe durante 12 horas la plaza de Topia, Durango, guarnecida por 350 federales, luchó sin éxito y tuvo que retirarse para volverla atacar el día 9 de mayo con 600 hombres; esta vez logró triunfar después después de 3 días de reñido combate, capturando a la guarnición con todos sus elementos de guerra y tomó prisionero a Santiago Sánchez Román, jefe de una «Acordada» del Estado.

Después de este triunfo de las fuerzas revolucionarias, éstas se dividieron en dos partes, una al mando de Domingo Arrieta marchó hacia Durango y, la otra, a las órdenes de Iturbe penetró a Sinaloa.

En el mes de marzo, Gregorio L. Cuevas, se levantó en armas en su pueblo natal llamado Bequillos, Mocorito, salió a perseguirlo, desde la villa de Sinaloa, una fuerza de voluntarios al mando de Antonio Rojo.

El 9 de marzo se posesionó del Mineral de Pánuco, Manuel A. Salazar (el famoso «Chango»), después tomó San Marcos y participó en el ataque a Mazatlán y al Rosario como jefe de guerrilla.

Salazar era de oficio zapatero y nació en el puerto de Mazatlán por el año de 1882, hombre simpático, dicharachero, en compañía de su padre Sabas Salazar estableció, en el Mineral de Copala, una zapatería » El Botín Rojo» y se hizo un excelente artesano; vino la revolución maderista y se convirtió en guerrillero al lado de Justo Tirado.

En Estación Guamuchil, en el mismo mes, se levantó un fuerte grupo de revolucionarios, al mando de Crescencio Gaxiola, que fueron combatidos por el capitán de rurales Ignacio Herrera y Cairo y los Nacionales de la villa de Sinaloa a las órdenes de Miguel Rochín.

El día 2 de marzo los revolucionarios Juan M. Banderas y Francisco Quintero toman la hacienda de Jesús María, Ocualtita e Higueras de Ballaca y, 22 días después, fue ocupado Badiraguato por los maderistas de José María R. Cabañillas, lugar donde permaneció 4 días, tuvo que desalojar la plaza porque, con fuerzas superiores, llegó a combatirlo el teniente coronel Luis G. Morelos.

En la Cieneguita, Badiraguato, el día 31 de marzo, más de 400 revolucionarios al mando de Banderas, Cabañillas, Quintero, Cuevas, Heredia, Simón Rochín y Conrado Antuna combatieron desde las 3:30 de la madrugada contra las fuerzas federales del teniente coronel Morelos; los rurales del Estado, al mando del capitán Ramón García y rurales del capitán Herrera y Cairo.

En esta acción triunfaron los porfiristas, que quitaron al enemigo una bandera con el lema: «Sufragio Efectivo. No Reelección» y ese mismo día Morelos volvió a derrotar a los maderistas en el Arroyo de las Víboras, días después, el gobernador Redo lleno de júbilo recibió al teniente coronel Morelos, en el puente Cañedo de Culiacán, entre repique de campanas, silbatos de las fábricas y flores.

En los primeros días del mes siguiente salió la columna militar del teniente coronel Morelos para Tamazula, pero antes de llegar, el día 9 de abril, tuvo un combate con los revolucionarios en Las Milpas, Sinaloa, 450 maderistas sostuvieron una pelea muy reñida con 500 federales, viéndose obligado Iturbe, en esta acción a replegar sus fuerzas a Tamazula, Durango, donde fue atacado de nuevo los días 11 y 12 del mismo mes, hasta que se vio obligado a evacuar la plaza por falta de parque sufriendo una pérdida de 80 muertos y 160 heridos, algunas cajas de explosivos, carabinas, sables, un anteojo de campana, una trompeta y una bandera. Los federales tuvieron también numerosas bajas y heridos en la acción, en la cual se distinguió un peluquero de Culiacán, Antonio Basaldúa y «Los Voluntarios de La Joya», al mando del indio Roque Baltazar, defensores de Redo.

El día 11 de abril, después de un ligero tiroteo, José María Ochoa, tomó la población de El Fuerte y se retiró a Sonora donde participó en el ataque a la plaza de Navojoa.

Era Ochoa originario de Ahome, Sinaloa, hijo del terrateniente Zacarías Ochoa, defensor del reyismo y de los intereses norteamericanos de Los Mochis, alcanzó el grado de general del ejército nacional.

El teniente coronel Morelos, en su pasión por el régimen porfirista, fue inhumano y cruel ejerciendo en la guerra el derecho de los fuertes, los días 12 y 13 de abril, permitió el saqueo general de Tamazula, fueron robadas las casas tanto de los ricos como de los pobres, la soldadesca cometió inauditos atropellos contra el honor de varias familias violando a las mujeres y colérico ordenó Morelos el fusilamiento de Adelaido Urtusuástegui, Ignacio Ríos, Desiderio Leal (ciego), Antonio Martínez y Francisco Salas (ciego).

—»Fusilen a todos los vestidos de amarillo (kaki) por si son revolucionarios» —vociferó Morelos.

Los soldados, defensores del porfirismo, despejaron a la virgen de los Dolores de una daga de plata y otras alhajas.

El día 15 de abril llegó Morelos a Culiacán, se le ofreció un banquete en el Hotel Palacio, concurrió el jefe de las armas general Higinio Aguilar, el gobernador Redo, el doctor Enrique González Martínez, Fernando García Guajardo, Fortunato Escobar, licenciado Ignacio M. Sais, licenciado Francisco Andrade y Canto, Alejandro Rojo y Uriarte, Jacobo Escalante, Carlos Castro, capitán José Jiménez y C. González Jiménez. Al calor de los brindis se llamó a Morelos, «el vencedor de Tamazula».

En el sur la Revolución cobró auge: se asaltó Guadalupe de los Reyes, por los guerrilleros Antonio M. Franco y Agustín Beltrán; Claro L. Molina se posesionó de Cosalá y dejó libre al prefecto José Sabás de la Mora, con el compromiso de que no volvería a tomar las armas contra los revolucionarios y también, derrotó en San Ignacio al prefecto José Osuna y a Fortunato Lafarga; el cabecilla Elpidio Osuna tomó Concordia; Cabañillas sorprendió en Los Brasiles, cerca de Estación Modesto, al capitán Jesús M. Nájera a quien derrotó por completo, se posesiono de Palmillas y suspendió el servicio de agua al puerto de Mazatlán.

El cabecilla Justo Tirado, Joaquín Cruz Méndez, Zeferino Conde, Isidoro Tirado (a) » El Chilolo», Ángel y Elpidio Osuna (a) «El Prieto», todos ellos originarios de Palma Sola, Sinaloa, le pusieron sitio al puerto de Mazatlán, el día 25 de abril y, dos días después, fueron secundados por Pomposo Acosta, Ángel Flores (a) «El Cachimba», Genaro M. Velázquez y Manuel A. Salazar.

Acosta era el cabecilla, hombre de algunos recursos económicos, originario de Siqueiros, Sinaloa, y un desinteresado maderista; Flores, que destacó después, nació en el heroico pueblo de San Pedro, Sinaloa, el 2 de octubre de 1883, hijo del agricultor Bruno Camacho y María Juana Flores, fue grumete en el vapor «Altata» y marino en barcos de matrícula extranjera, trabajo como estibador en los muelles de Mazatlán, le apodaban «El Cachimba» por su inseparable pipa, en que fumaba el rubio tabaco costeño; Velázquez era un hombre político, relacionado con las autoridades civiles y militares, fogoso, amante de la aventura y enérgico, nativo de Elota, Sinaloa, nació por el año de 1885.

Otro guerrillero famoso fue Juan Carrasco (a) «El Calero» y después «Juan Sin Miedo», segundo en jefe de Justo Tirado, nació en El Potrero, Sinaloa, el día 24 de junio de 1876. Hombre popular como pocos, coría parrandas sacando de «gallo» la tambora, buen jinete y valiente ídolo del pueblo que cantó sus hazañas en canciones y «corridos».

El día 29 de abril, a la una y media de la mañana, se escuchó un tiroteo en el cerro del Fortín y la loma Montuosa, los revolucionarios iniciaron el combate, al mando de Juan Carrasco, quien al galope de su caballo entró a las calles desiertas de Mazatlán y ocupó la planta de luz eléctrica dejando a oscuras la población.

Después de esta acción los maderistas volvieron a sus posiciones, mientras el cañonero «Tampico», al mando del capitán Guilibaldo Miranda, con su reflector iluminó las «loberas» enemigas y no suspendió su fuego hasta las cinco de la madrugada, pero al día siguiente, las autoridades civiles y municipales se refugiaron en los barcos surtos en la bahía.

Los maderistas volvieron a entrar al puerto, por el Astillero, recorrieron la ciudad en busca del prefecto político, licenciado Juan B. Rojo y del jefe de la policía, Julio Ramírez, pero éstos se encontraban ya en los barcos: «Ignacio L. Pesqueira» y «Benito Juárez».

Hubo, aquel 29 de abril, por parte de los maderistas una serie de actos heroicos, Isauro Tirado, hermano del cabecilla, desesperado porque no podía avanzar debido a que los federales del 5o. batallón tenían emplazado un cañón en el Panteón Núm. 2, al galope de su caballo se lanzó sobre la posición enemiga y pretendió lanzar la pieza; pero los federales que habían sentido la maniobra, no obstante la niebla de la madrugada, se rehicieron de la sorpresa que les causó aquella audacia y dispararon, en forma uniforme, creyendo que se trataba de una carga de caballería de los rebeldes.

Nadie contestó el fuego sólo oyeron los federales la voz colérica del guerrero Isauro Tirado que, asido a la boca del canon, gritó:

—¡Viva Madero!—y se desplomó muerto.

Los federales se conmovieron ante tanto valor, suspendieron el fuego, y entregaron el cadáver para que los maderistas le dieran digna sepultura.

Los días últimos de abril y primeros de mayo, con muy cortas interrupciones, el cañonero «Tampico» continuó ametrallando gran extensión de terreno, sin causar graves daños en el campo rebelde y, el día 5 de mayo, se le unió el cañonero «Zaragoza».

El puerto había sido previamente fortificado por el 5o. batallón, al mando del coronel José Moreno, resistió por largo tiempo hasta que por fin fue tornado por los revolucionarios, al amanecer del día 2 de junio de 1911.

«El Diario del Pacífico», bajo la dirección de Benigno Valenzuela, periódico enemigo de la Revolución, se publicó en el puerto hasta la salida de éste, el día 2 de mayo de 1911, que huyó en el vapor norteamericano «City of Sdney», vía Manzanillo, a la capital del país.

Las oficinas y talleres de esta publicación fueron incendiados por el pueblo mazatleco, en justa venganza a los ataques denigrantes que lanzó a los revolucionarios sinaloenses.

Marcial Ibarra, jefe de rurales, hombre sin escrúpulos, esbirro de la dictadura, que cometió las mayores infamias para ganarse el favor de los «científicos» y, por lo tanto, la odiosidad del pueblo y Julio Ramírez (a) «El Clavelito»,3 inspector de policía, se ocultaron a bordo del vapor «Ignacio L. Pesqueira» donde fueron aprehendidos por «Chilolo» Tirado y «El Prieto» Osuna, el día 3 de junio.

Ibarra fue conducido a la cárcel pública donde intentó suicidarse quemándose; pero sólo se causó quemaduras por lo que se ordenó que fuera sacado del establecimiento, en un coche de sitio, al Hospital Civil.

No faltó quien reconociera a Ibarra y diera aviso al pueblo, que en un momento se reunió, formando una muchedumbre de más de mil hombres, que siguió el carruaje tumultuosamente, gritando:

—¡Mátenlo! ¡Línchenlo! ¡Suéltenlo al pueblo!».

Los practicantes se preparaban ya para hacer la primera curación al lesionado, cuando la muchedumbre, forzando la puerta del hospital, penetró como un torrente desbordado, al grito de:

¿Donde está? ¡Miserable esbirro!

Ibarra pretendió refugiarse en la sala «Echeguren» pero fue alcanzado por un individuo que de un machetazo lo tiró al suelo. Luego llegaron otros, y otros más, descargando sus armas sobre el genízaro, dejándolo muerto.

Se presentaron los jefes, Juan Carrasco y Elpidio Osuna, que lograron dispersar a la muchedumbre enardecida.

El pueblo, digno y colérico, se había hecho justicia.

 

Tomado de: LA REVOLUCIÓN EN SINALOA, Olea, Héctor R, Centro de Estudios Históricos del Noroeste, Sociedad Cooperativa EL DIARIO DE SINALOA, Culiacán, Sinaloa, 1993.

 

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