Los dos antonios de Cosalá

Gente de Sinaloa

 

LOS DOS ANTONIOS DE COSALÁ

 

Por: Alfredo Ibarra Rodríguez

 

ANTONIO SALAZAR

Contraesquina de la plazuela, bajando para La Canela, vivía don Bruno Simansky, polaco alemán. Tenía tres hijas de extraordinaria belleza. Una de ellas casó con don Antonio Salazar. Tuvieron un niño que llevó el mismo nombre que su padre.

El Sr. Salazar emigró y poco después murió la mama. Toño quedó al cuidado del abuelo.

Con frecuencia don Bruno llevaba al niño al campo. No pocas veces, acostados en el suelo, don Bruno explicaba al niño la maravilla de las plantas, sus partes, la función de cada una, sus cualidades, su clasificación y la tabla de Linneo y las plantas sin clasificar. Llevaban a la botica las plantas que necesitaba don Bruno y les extraía los elementos medicinales con los que curaba o surtía recetas.

El amado abuelo murió.

El niño quedó como algunas plantas en tierra seca que había estudiado su abuelito, solo y a merced de todos los vientos.

El huracán de la guerra lo desarraigó porque tenía una endeble raíz, su tía Victoria. Unido a la caravana, emprendió viaje a Los Ángeles.

Había una diferencia: los emigrantes iban en familias. Toño iba solo. Iba como un becerrito lepe. Era un niño.

Fue mandadero, lavó platos, fregó pisos en los hoteles como lo hizo el Lic. Carlos C. Echeverría, como Juárez hacía puros en Nueva Orleans para vivir. Toño durmió en la calle o en los rincones donde otros derrotados le permitieron. Vivió con cierta alegría infantil porque lo alentó siempre el acendrado amor de su abuelo. Cuando lloraba por el hambre, por el frío o por los golpes que otros mayores que él le propinaban para quitarle algo suyo, recordaba con amargura al abuelo que lo había dejado solo.

Toño logró el empleo de barrendero en la Universidad de California. Se le mandó a Botánica. Ya sabía inglés. Llamó la atención por algunas observaciones acertadas y para probarlo le propusieron conseguir plantas mexicanas no clasificadas. Toño las pidió a la tía Victoria, ya viuda de mi padrino don Heraclio Gandarilla.

Terminados los estudios de las plantas y su clasificación, pasaron a los jefes que las aprobaron sin modificación y al fin, en honor de Toño, con su apellido Salazaris, fueron incluidas en catálogos y farmacopeas.

El niño que quedó como plantita azotada por los vientos, siguió en el vértigo de la mala fortuna y su vida se apagó en la miseria en la ciudad de México cuando pisaba el umbral de la juventud.

 

ANTONIO BASOCO

Quienes vivieron mucho tiempo en Cosalá, fueron Isabelita, Gracia y Virginia Corona, excelentes maestras originarias de Colima.

Creo que fue Virginia la que estuvo trabajando unos anos en Guadalupe de los Reyes, donde casó con don Antonio Basoco. Tuvieron un hijo, Antonio y por motivos que desconozco, Virginia regresó a trabajar a Cosalá.

Cuando estalló la Revolución, Toño tendría unos 10 años o menos. En 1911 vino el éxodo y la familia Corona emigró a Los Ángeles en donde Toño siguió estudiando. Su juego favorito era el violín, que llegó a tocar con maestría.. Hizo estudios de matemáticas y llegó al doctorado en Ciencias Exactas. Fue nombrado rector de la Universidad de Nebraska, casó con una alumna suya, distinguida por su belleza y otras cualidades.

Los servicios del Dr. Antonio Basoco Corona fueron tan relevantes que fue honrado, sin dejar la rectoría, presidente de otra universidad, puestos destinados a personas sumamente distinguidas en la ciencia.

Al extenderse los estudios sobre la teoría de la Relatividad, el Dr. Basoco desarrolló una fórmula matemática que cupo sobradamente en una hoja de papel de carta. Esa fórmula circuló en el mundo científico de América, Europa y Asia y por ella le concedieron honores varias universidades.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 9, página 31.

 

Los 2 antonios de Cosalá
Los dos antonios de Cosalá: gente de Sinaloa, México

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