Los primeros pobladores blancos en Sinaloa, México

 

Historia de Sinaloa México

 

 

LOS PRIMEROS POBLADORES BLANCOS

 

Por: Manuel Bonilla, hijo

 

De entre el polvo que cubre los folios amarillos y ajados de los viejos incunables, pacientes y sabiamente escritos por las manos flacas y largas de los monjes, o torpemente garrapateados por la pluma ruda de los guerreros de leyendas que, esgrimiéndola como si fuese una espada, la historia de los pobladores blancos de este continente ha ido surgiendo, exhumada por la perseverancia inagotable de los que amamos la brillante gloria y la poesía encantadora de aquellas edades de arrojo y de fiereza. La historia de Sinaloa, en lo que mira la época anterior a la Conquista, y por lo que toca a los hechos de los que en nombre de la Cruz y del Rey tomaron posesión de estos parajes hermosos y ubérrimos, yace aún envuelta en denso velo de olvido y de misterio.

La paciencia de los estudiosos ha fijado con absoluta claridad quiénes fueron los primeros pobladores blancos que pisaron suelo sinaloense.

Nuño Beltrán de Guzmán, el terrible Presidente de la Real Audiencia, nombrado Gobernador y Capitán General de Pánuco y Galicia de la Nueva España, habiendo atravesado lo que hoy es Jalisco y Nayarit, seguido de numerosos guerreros indígenas amigos y con no menos crecido séquito de Portugueses y españoles, acampó en el pueblo de Ixcuintlán -hoy Santiago Ixcuintla- y mando saquear y arrasar la comarca que no quiso dársele de paz.

La crueldad de Guzmán fue castigada al caer diluvio tal sobre su campamento, que no quedó, en muchas leguas a la redonda, cosa propia para el sustento de los hombres y las bestias que formaban aquel ejército feroz, y los que no fueron arrollados por las aguas, murieron de peste.

Movió esta gran desgracia a Nuño Beltrán de Guzmán a cambiar de campo a tierras más propicias, y así fue como el año de 1530 se dirigió a Acaponeta en donde entró de paz y descansó dos meses, los de julio y agosto, para esperar refuerzos y reparar sus armas, «que se habían tornado de orín y hubo que reemplazar por otras que se hicieron con manta de algodón».

En Acaponeta supo el atrevido aventurero que más adelante, pasando algunos ríos, y por el rumbo de la costa del mar del Sur había un pueblo grande y de mejor asiento que aquel caluroso Acaponeta, y habiendo despachado exploradores, uno de los cuales fue Pedro Alméndez Chirinos, confirmaron éstos la versión de los indios.

Dispúsose la marcha a fines de agosto de 1530, y en ésta la segunda Jornada vadearon los españoles el río de las Cañas, yendo a dormir en territorio sinaloense, en el llano de las Vacas, correspondiente a un lugar cercano al actual pueblo de Chametla.

Poco tranquilizadora fue la acogida que dieron los sinaloenses al gobernador Guzmán y a sus hombres, pues en el llano mencionado, según lo cuentan todos los cronistas, apareciéronse al caer la tarde diez mil indios «emplumados, muy galanes y armados de arcos, flechas y rodelas» y dieron sangrienta batalla a los españoles.

Derrotados, los indios pidieron parlamento y dijeron que sólo habían querido de la fuerza y ligereza de «los venados o fieras» en que venían montados los hijos del Sol, y que, habiéndola visto superiores a cuanto se imaginaban, por leales y sumisos servidores se rendían.

Nuño Beltrán de Guzmán dio al cacique una pluma española que arrancó de su celada, y como los indios le rogasen que no entrase desde luego a Chametla, que era el pueblo que venían buscando, resolvió pasar la noche en el Charco de los Caimanes, a dos leguas del actual pueblo de Chametla, situado sobre el río del Rosario o Baluarte, que por ambos nombres es conocido.

Los indios le hicieron gran recibimiento al día siguiente en Chametla, saliendo adornados con plumas de garzota y de papagayos que, según un cronista de aquella época, «parecían como flores de mayo» y armados con sus «armas de arcos tan grandes, que parecían turquescos, lanzas y dardos de Brasil». Después de muchas ceremonias, salió el cacique, a quien formaron valla sus súbditos, y llevaba un coselete de «cuerpo de caimán y una rodela de pluma de diversos colores, y todo él muy galán, con muchas plumas muy vistosas y un tigrillo de seis meses, muy manso, con un collar de venas de concha y un cascabel de cobre… traía su arco guarecido de plumas, y una diadema por encima de la frente, el cabello muy trenzado y afeitado el rostro con embije y alcoholado con mucha bizarría»… (fray Antonio Tello. Crónica de la Santa Provincia de Jalisco).

Regalaron los indios a Guzmán y los suyos, que eran cerca de nueve mil, con pescados, ostión, aves, maíz, pan y miel en tan gran cantidad, que bastaba para cuatro ejércitos como aquel.

De los que con Nuño de Guzmán vinieron en aquella ocasión, conserva la historia el nombre de los siguientes: Cristóbal de Barrios, Caballero de la Órden de Santiago y Veinticuatro de Sevilla; Pedro AlmÉndez Chirinos, factor de México; José de Angulo, Diego Hernández Proano, Miguel de Ibarra, Francisco Flores, Juan de Camino, Diego Vázquez de Buendía, Juan Fernando de ‘Íjar, Juan Villalba, Cristóbal de Tapia, Cristóbal y Juan de Oñate. Iban, además los religiosos franciscanos fray Bartolomé de Estrada, fray Alonso Gutiérrez y fray Juan de Padilla o fray Juan de BadÍa o Badillo.

Éstos fueron, pues, los primeros blancos notables que entraron al territorio del actual estado de Sinaloa

Alejandro Hernández Tyler. Lecturas sinaloenses. Culiacan, Sin.: U.AS. 1982.

 

 

Tomado del libro: Antología Histórica Sinaloense, Bonilla Zazueta, Marta Lilia (compiladora), Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2008.

 

Los primeros españoles en el hoy estadod e Sinaloa, México
Los primeros españoles en el hoy estado de Sinaloa, México

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