Luisa, la malinche de Sinaloa, biografías de mujeres sinaloenses

Biografías de mujeres sinaloenses

 

LUISA, CACIQUE, CAPITANA Y MANDONA

 

Por: Lourdes Ruiz Miramontes

 

 

Así se expresó de ella el cronista Baltazar de Obregón, y tuvo razón para ello, pues aquella indígena nacida y bautizada en Culiacán, mujer de extraordinaria inteligencia, gobernó a las tribus ocoronis convirtiéndose en precursora de las féminas sinaloenses en materia política e impartición de justicia.

Luisa aprendió con facilidad varias lenguas, y por esta cualidad figuró como intérprete y sirvió a los planes de conquista de Francisco Vázquez Coronado y Francisco de Ibarra, razón por la cual se le ha dado en llamarle también «La Malinche Sinaloense».

Solo que el término anterior, además de servir a los extranjeros, comprende también la relación sexual con los extraños, como el caso de doña Marina con Cortés, pero no es el caso de Luisa de la que no existe ningún indicio de que haya tenido relaciones de este tipo con los blancos, aunque si las tuvo y constantes con los de su raza, pues raptada en San Miguel por los ocoronis en repetidas veces, «en cada ocasión que era conducida al poblado, se convertía en la esposa del cacique en turno».

Luisa pertenecía a la tribu tahue, aprendió el mexicano con los nahoas que dejó como esclavos Nuño de Guzmán en Culiacán, y luego, en sus repetidos raptos, conoció otros dialectos que se hablaban en el norte de San Miguel.

En tales condiciones, Francisco Vázquez de Coronado la llevó en su expedición 1540-1542 como intérprete a su viaje por Cíbola y Quivira, según informe de Obregón. «Esta Luisa fue cautiva en cinco parcialidades desde donde vino derrotándose de valle en valle, desde donde quedó huida u olvidada de los de Francisco Vázquez Coronado viniendo del viaje a Cíbola». El cronista añade: «era versadísima en las lenguas que se hablaban desde el río Petatlán hasta la Paraguería y la región de los Pimas, además de que hablaba el mexicano».

En 1564, Francisco de Ibarra la llevó como intérprete a la conquista del norte. Sabia de la influencia que la cacica tenía sobre las tribus ocoronis que gobernaba, cosa que confirmó al entrar a Ocoroni acompañado de 200 guerreros de Petatlán, enemigos acérrimos de los primeros. Ibarra continuó el viaje hacia el norte, acompañado de Luisa lo que «dió notable pena a los de su pueblo», pero trás la fundación de San Juan de Carapoa por Ibarra, ella regresó para seguir gobernando a su pueblo.

También acompañó a Ibarra a Sonora, y «sirvió de intérprete en toda la Jornada con mucha fidelidad». Después fue con él a San Sebastián, en donde los nativos cansados de los malos tratos de los españoles se rebelaron y decidieron acabar con ellos. Luisa ayudó a los colonizadores, informándoles de los planes indígenas. Comunicó que pensaban matar a tres frailes, y rogó al padre Fray Juan de Herrera que se fuera para salvar su vida, pero no fue escuchada. El fraile fue asesinado.

El historiador Antonio Nakayama, al cuestionarse si la ayuda de Luisa a los castellanos fue un acto de entreguismo fatalista, se responde: «puede uno suponer que habiendo sido testigo de la cruel conquista de Nuño de Guzmán, y consciente de la superioridad de las armas europeas, Luisa haya querido evitar mayores males a sus hermanos de raza, ya que la toma de la región de Culiacán por los españoles, fue de lo más brutal que se registró en esa etapa, que cambió completamente la vida de los indios americanos».

El mismo autor dice que Luisa es un verdadero enigma, algo que no podemos descifrar, sin embargo la considera «una de las mujeres más extraordinarias nacida en el Estado de los Once Ríos».

 

 

Luisa, cacique indígena de Sinaloa
Luisa, la malinche sinaloense

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