Noche de Navidad, poesía de Sinaloa

Poesía de Sinaloa

NOCHE DE NAVIDAD

 

De: Dr. José Ramón Sato Parra

 

Pátina de luna y soles

ha quedado en el silencio de los siglos.

 

Con sus sombras y esplendores

y riquezas y miserias,

se cobija en las tinieblas de distancia;

y despierta inundada de una luz iridiscente

como fina transparencia,

como si el polvillo fino de una rara mariposa

opacare los cristales,

y en su brillo opalescente

nos dejare su silueta.

 

Paina de muchas noches

de áureo polvo de los tiempos.

Tiempos idos. Tiempos viejos, cuyos puntos

de partida de gran Era,

susurraron villancicos;

y las ráfagas de vientos invernales

como en libros que jamás fueron abiertos,

en papiros olvidados, como antiguos alefatos

viejos temas escribieron.

 

Los históricos relatos

se iluminan en las horas que amanecen

con miríficos colores;

interrumpe el dulce sueño de los niños

al primer canto del gallo

con heráldicas trompetas

y las muñecas de las niñas parpadean

con la luz de las estrellas.

 

Los destellos de los astros ya fugaces

se deslizan en la sombra de la noche

y se desposan con la aurora;

canta el bronce en las campanas

y su júbilo conduce la gran nueva,

¡Un feliz advenimiento! ¡Un Dios Niño!

muy pequeño, porque está recién llegado…

 

Es eufórica noticia que se extiende

sobre tierras de Judea.

 

Es mensaje que sacude minaretes

y estremece en las almenas

a guardianes de torreones;

a celosos cancerberos tan ayunos de bondades

aquéllos, cuyo látigo se quiebra

en la espalda del esclavo

que sangrante se doblega;

i y tiembla y cruje,

el fenicio paganismo anquilosante de Caldea!.

 

…Hace siglos, una noche tal como ésta,

dos cansados peregrinos,

-viejos padres, de tantos y tantos peregrinos

que deambulan como errantes carpinteros

y que buscan guarecerse en un pesebre;

que siguen rutas sin oriente

como si la estrella guía se apagare

para siempre- de posada tras posada

negativa, un humilde cobertizo

protegiólos de los cierzos inclementes.

 

Hoy, el mundo codicioso

-que al final del Siglo Veinte se dirige

hacia otros mundos,

y va en búsqueda de nuevos horizontes

o de válvulas de escape de sus mil remordimientos-,

ha ignorado al peregrino;

al beduino arrepentido

que camina en el desierto de la humana indiferencia,

y solo tiene el espejismo alucinante

de un oasis de palmeras con arroyos cristalinos;

que ya no tiene fuerzas,

que ya no engendra dinamismo para conquistar su

meta.

 

Peregrinos que posada se les niega.

van sin rumbo.

 

Por los montes y planicies de su ensueño

ya no sienten las caricias

que los cardos con espinas les regalan;

ni se aterran

con la sangre que el guijarro y la cantera les

producen

con el filo de sus crestas.

 

Esta noche, es Noche Buena…

 

Noche Blanca de pastores, villancicos y oyameles,

que congrega a los humanos junto al fuego

de tizones en el campo,

-en un rústico concilio-

y al calor de los hogares citadinos

o de aldeas. Esta noche, meditemos…

y confiemos que la buena voluntad entre los hombres

desvanezca el aquelarre

y traiga Paz al Universo.

 

Anhelemos esta noche como en todas las futuras,

acercarnos a la senda que nos dió

aquel Niño Bueno.

 

Y en la rata de modernos peregrinos

columbremos el albergue milagroso,

y admiremos el pesebre betlemita

que arrulló en noche como ésta a Jesús, El Nazareno.

 

Tomado del libro; NOCTURNO A CULIACAN, poemas, Sato Parra, José Ramón, Talleres de Artes Gráficas Sinaloenses, Culiacán, Sinaloa, México, 1991.

 

 

Niño Jesús, Noche de Navidad
Niño Jesús en su pesebre, «Noche de Navidad»

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