Pedro Corbalán, primer intendente de Sonora y Sinaloa

 

Gente en Sinaloa

 

Pedro Corbalán, primer intendente de Sonora y Sinaloa

 

El catalán Pedro Corbalán, en 1770, fue nombrado intendente de Sonora y Sinaloa: el suyo era un cargo nuevo en la Nueva España, cuyas funciones no estaban definidas sino en forma vaga o por ordenamientos preparados para otras regiones de América, y debió responsabilizarse de cuidar los intereses fiscales del rey en una región en la que, hasta entonces, no habían existido dependencias de la real hacienda.

Sus responsabilidades crecieron aún más durante sus primeros años de ejercicio como intendente, pues, el mismo año de 1770, habiendo renunciado Juan Claudio de Pineda al cargo de gobernador, Corbalán fue nombrado para sustituirlo interinamente, lo cual hizo hasta la llegada, en 1772, del nuevo gobernador Mateo Sastre. Más tarde, en 1777, volvió a hacerse cargo del gobierno de Sonora y Sinaloa, sin dejar su empleo de intendente. Ambos puestos los desempeño hasta 1787, fecha en que salió de la provincia, comisionado para dirigir la Intendencia de Veracruz.

Poco tiempo hacía que José de Gálvez había fundado la Real Caja de Álamos cuando Corbalán entro en funciones como intendente de Sonora y Sinaloa. Esa real caja respondía a una necesidad, porque los mineros, o más bien los comerciantes que acaparaban la plata producida en la región, tenían que llevar el metal hasta Guadalajara para quintarlo (o sea, para pagar el impuesto correspondiente llamado «quinto real»). Pero con la nueva caja resultó perjudicada la gente de las poblaciones del sur, puesto que en adelante habría que hacer viaje hasta Álamos para quintar el metal y luego regresar hasta Guadalajara o hasta la misma ciudad de México, donde se adquirían las mercancías de importación.

Fue por eso que los comerciantes y mineros del real de El Rosario, San José de Copala y Culiacán pidieron al intendente en 1770 que la Real Caja de Álamos fuera trasladada al sur de la gobernación. Corbalán comunicó la petición a las autoridades superiores del virreinato y recomendó que se estableciera en El Rosario una segunda caja real, dependiente de la de Álamos.

Al mismo tiempo comenzaron a producirse quejas por parte de los capitanes de los presidios del norte (Altar, Tubac, Terrenate y Fronteras), pues, como los situados (o sea el dinero para la paga del personal militar) se tenían que recibir en la real caja recién establecida, alegaban que les resultaban muchos inconvenientes de tener que cobrar en un lugar tan distante de los presidios como era Álamos. Proponían, en consecuencia, que la real caja se pasara mejor a Ures o Arizpe.

Ante estas diversas propuestas, y después de un largo periodo en que se vertieron las más variadas opiniones acerca de este problema, en 1779 se optó por trasladar la real caja a El Rosario, pues era en la parte sur de la gobernación donde se hallaban los más importantes y estables centros productores de plata. Para satisfacer también la demanda de los jefes presidiales, a sugerencia de Corbalán se estableció una pagaduría en Arizpe, la que se puso en un principio al cargo de un oficial real de nombre Pedro García. La Pagaduría de Arizpe empezó a funcionar en 1780 y la Real Caja de El Rosario en 1783.

Pedro Corbalán fue un funcionario celoso en el cuidado de los intereses fiscales del rey, pero poco pudo hacer para aumentar las rentas reales. A él le tocó organizar el sistema administrativo de los estancos, que, como recordaremos, sólo se establecieron en un principio en el distrito de Álamos y en las provincias que se hallaban al sur de éste. Se empeñó también en acrecentar el número de tributarios, lo que consiguió en las provincias meridionales de la intendencia pero no en las de las Pimerías, Sonora y Ostimuri.

Pero su atención se centró principalmente en los problemas militares de la región. Como gobernador tenía injerencia en las cuestiones de mando militar; como intendente estaba obligado a canalizar recursos económicos para el sostenimiento de la tropa y a cuidar del oportuno abastecimiento de la misma. Preocupado siempre por la insuficiencia de los recursos financieros de que podía disponer, hizo gestiones para que se aumentaran las tasas de impuestos de algunos productos estancados, como la sal, el tabaco, la pólvora y los naipes. En 1775 reclamó que los ingresos registrados en la real caja, entonces en Álamos, se destinaran exclusivamente a gastos militares. En la provincia de Sonora, dichos gastos llegaron a absorber la mayor parte del presupuesto de la intendencia. Hacia 1784, de un total de egresos de 284 mil pesos, 249 mil se aplicaban al pago de sueldos del personal militar. Los restantes 35 mil pesos Servían para dar al obispo una compensación económica, pagar los suel¬dos de los funcionarios civiles y cubrir los sínodos de los misioneros.

Con los indios siguió Corbalán una política acorde con las excitativas del rey y de las altas autoridades del virreinato: no dar tregua a los rebeldes y auxiliar en lo posible a los indios que estuvieran de paz. De las necesidades de la provincia, decía Corbalán, «ninguna es más grave que la de castigar prontamente con rigor a los enemigos». Llegó a sugerir al virrey que, de los grupos indígenas que se hallaban en rebeldía, fueran desterrados a La Habana todos los varones mayores de doce años y que las mujeres y niños se enviaran a las Californias.

En cambio procuró el intendente proporcionar ayuda a los indios pacíficos para que pudieran sembrar sus tierras y tener ganado. De los almacenes militares se extrajeron a veces recursos alimenticios para proporcionarlos a indios en desgracia y ocasionalmente también se tomaron fondos de la real caja para comprar animales domésticos, herramientas y semillas con el fin de distribuirlos entre la población indígena.

Pedro Corbalán fue partidario de la integración de indios y «gente de razón». Abogó porque no hubiera restricciones para que los españoles, mestizos y mulatos se avecindaran en los pueblos de indios. Llevó adelante el reparto de tierras en favor de los pobladores que no las tenían y procuró que quedaran claramente delimitadas las que pertenecían a las comunidades indígenas. Su actuación en este sentido mucho contribuyó al debilitamiento del sistema de propiedad comunal existente en los pueblos de indios, pues ocurrió frecuentemente que las tierras otorgadas en propiedad privada, tanto en favor de los pobladores indígenas como de la «gente de razón», se tomaran de las que anteriormente se habían tenido por tierras de comunidad.

 

Tomado de: Historia General de Sonora, volumen II, De la Conquista al Estado Libre y Soberano de Sonora, Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo 1985.

 

 

Pedro Corbalán
Firma de Pedro Corbalán, primer intendente de Sonora y Sinaloa

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