Don Plácido Vega y Dasa; gente de Sinaloa

Gente de Sinaloa

 

DON PLÁCIDO VEGA Y DASA

 

Por: Alejandro Hernández Tyler

 

Al general don Plácido Vega, el complicado personaje sinaloense —traidor para unos, patriota para otros, ambicioso político para los más— tocó en suerte organizar y ser el conductor de la Brigada de Sinaloa, contingente de fuerza armada que nuestro Estado puso a disposición del Gobierno del Presidente Juárez, en 1863, para combatir durante la Intervención Francesa.

Después del triunfo diplomático por don Manuel Doblado, Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno Mexicano, haciendo que las escuadras de Inglaterra y España se retirasen de la bahía de Veracruz, la voz de Juárez, aceptando la lucha con Francia, se había dejado oír:

«En la guerra se observarán las reglas del derecho de gentes por el Ejército y por las autoridades de la República. Tengamos fe en la justicia de nuestra causa. Tengamos fe en nuestros propios esfuerzos y unidos salvaremos la independencia de México».

 

El Gobierno de Sinaloa, de acuerdo con el decreto presidencial de 12 de abril de 1862, en el que se ordenaba que «ningún mexicano desde la edad de veinte años hasta los sesenta podrá excusarse de tomar las armas, sea cual fuere su clase, estado y condición, so pena de ser tratado como traidor», dirigió una excitativa a los prefectos políticos para que procedieran urgentemente a organizar la guardia nacional y poner en pié de guerra a los hombres señalados en proporción a cada municipio, para completar «el contingente de sangre pedido a Sinaloa, de 1,000 soldados, para detener el avance de los franceses».

El general don Plácido Vega, a la sazón gobernador del Estado, contestó el pliego del Gobierno Federal con las frases patrióticas que privaban en la época:

«Nunca he pensado en que Sinaloa contribuya sólo con los mil hombres que se ha asignado a él para la guerra extranjera, sine que ya me ocupo activamente de organizar la brigada de ese nombre, con la cual emprenderé mi marcha …».

La Secretaría de Guerra y Marina había dispuesto que el contingente de fuerzas sinaloenses, unido a los de San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes y Jalisco, formando un Cuerpo de Ejército a las órdenes del general Jesús González Ortega, saliera inmediatamente «haciendo jornadas forzadas, para la salvación de la República».

El Gobierno de Sinaloa urgió nuevamente a los prefectos políticos, apuntando «que la sangre mejicana ha corrido en la lucha que la Nación sostiene contra las fuerzas francesas». Consideraba, además, «amagada nuestra cara independencia por la actual invasión, debiendo, por lo mismo, prepararnos sin demora alguna a la defensa del humor nacional… «.

Nueve largos meses transcurrieron en la organización de la Brigada de Sinaloa. Se acusa de esa lentitud a don Plácido Vega, quien, después de la reconcentración de los contingentes de los municipios, en el puerto de Mazatlán, tuvo que sortear nuevas dificultades. Decía a la Secretaría de Guerra y Marina, en Julio de 1862:

«Cuatro buques de guerra franceses cruzan el litoral de la costa mexicana, desde el puerto de Acapulco hasta San Francisco, Alta California, tocando a todos nuestros puertos, repentinamente, y esta circunstancia ha venido a entorpecer una vez más la salida de las, fuerzas de Sinaloa, que había dispuesto verificar por agua y por tierra; tengo indudablemente qué batirme con los reaccionarios para abrirme paso, por hallarse nuevamente sublevadas numerosas gavillas rebeldes de la Sierra de Álica, que hoy ocupan el Cantón de Tepic».

Por fin, en enero de 1862, la Brigada de Sinaloa quedó definitivamente organizada, bajo el mando del general don Plácido Vega, con el siguiente Estado Mayor: general Emilio Lanberg, Segundo en Jefe; coronel José María Flores, Mayor de Ordenes, doctor Francisco Allanac, Jefe del Cuerpo Médico Militar y Licenciado Mariano Castro, Fiscal de Guerra, Además 2 tenientes coroneles de infantería; 4 comandantes de batallón; 4 pagadores; 25 capitanes de infantería; 3 segundos ayudantes; 14 tenientes; 2 sub-ayudantes; 33 subtenientes, 3 tambores mayores; 2 armeros; 1 cabo de gastadores; 1 cabo de cornetas; 8 gastadores; 29 sargentos primeros; 54 sargentos segundos; 23 cornetas; 17 tambores; 130 cabos y 1307 soldados.

La brigada de Sinaloa salió del puerto de Mazatlán el día 26 de enero de 1863, según una comunicación oficial del general Jesús García Morales, Gobernador Substituto del Estado, dirigida al Secretario de Guerra y Marina. El viaje marítimo fue hecho a bordo de los paquebotes nacionales «Conde Cabourt» y «María» y el americano «Alerta», desembarcando los tres batallones de que se componía la brigada, en Zihuatanejo, para ir de allí, por tierra, hasta Manzanillo.

El día 5 de febrero de 1863, diez días después de zarpar los paquebotes que conducían a las tropas sinaloenses, fondeó en las aguas de la bahía de Mazatlán la fragata de guerra «Palais», llevando a bordo al almirante de la escuadra francesa del Pacífico. La fragata insignia, y tres unidades navales más, habían bombardeado, días antes, el puerto de Acapulco.

Don Plácido Vega, cumpliendo su palabra empeñada, se hizo a la mar a bordo del vapor chileno «Esmeralda», frente a las bocas de los cuarenta cañones de la fragata del Almirantazgo francés, para ir a ponerse a la cabeza de la Brigada de Sinaloa.

El inquieto general desembarcó en Manzanillo, asumió el mando y condujo a las tropas sinaloenses hasta la ciudad de México, dejándolas, por acuerdo del Presidente Juárez, bajo las órdenes del general don Porfirio Díaz.

Don Eustaquio Buelna, el destacado historiador sinaloense, es severísimo con don Plácido Vega, criticando su vida pública:

«Fue el gobernador más absoluto, un dictador con las facultades que le daba la situación anormal del país. Auxilió a otros Estados con tropas y recursos y derrochó la hacienda federal y la del Estado. Hizo importante el nombre de Sinaloa, pero deprimió las garantías de los ciudadanos. Fue el gobernante que más abusó de la leva. No había casi Gobierno. Toda su política era tener correspondencia con infinidad de personas, aún de la más baja esfera, y por cartas dirigía la Política del Estado. Tuvo prestigio mientras pudo gozar de facultades extraordinarias; pero, estando en orden constitucional, cometía frecuentes atentados e irregularidades, acostumbrado, como se hallaba a los procedimientos arbitrarios y despóticos».

La Brigada de Sinaloa, durante más de cuatro años, ofrendó lealmente su heroísmo y su coraje defendiendo, en cien épicas jornadas, el honor de la República.

Y, en el epílogo sangriento del Imperio, los soldados sinaloenses desfilaron, en la histórica mañana del 19 de junio de 1867, frente a los cuerpos abatidos de Maximiliano, Miramón y Mejía, en el escenario del Cerro de las Campanas.

 

 

Tomado de la revista: Letras de Sinaloa, número 52, páginas 34-37, Universidad Autónoma de Sinaloa, 15 agosto 1955.

 

Don Plácido Vega
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