Poemas de Sinaloa, Hulama

Poemas de Sinaloa

Dr. José Ramón Sato Parra

 

“Hulama”

Folklórica costumbre de mi tierra

cubrirse el antebrazo en un segmento,

que busca el conservar entre dos rectas

un esferoide que vuela al firmamento;

y que al impulso viril del antebrazo

parece un proyectil que lleva el viento.

 

Fastuosas luchas rubrica el gran evento

en el autóctono jugar a la pelota.

 

Los hombres que jamás por un momento

fatigas en sus rostros se les nota,

eslabonan labores campiranas

y persisten bajo el sol, que es su elemento.

 

Se inquieta la marisma engalanada

en el Gran día que al fin se ha despejado;

Toberi, San Luciano y la Cercada,

han trocado por «cueras» sus arados,

y la manta trigueña y amarrada

de antebrazos broncíneos y tostados,

formalizan el Hulama «escriturado».

 

Como irreal personaje de leyenda

invicto en El Playón, está «El Dulcero»,

gigante pescador con atarraya,

que en mar adentro es sin par atarrayero,

en tierra firme el mejor de los «maleros»;

y en la indiana «topada» de pelota

está «El Cuate» de Caitime, su eterno compañero.

 

Ya los costeños tomaron su partido

y los rústicos atletas van confiados;

sus caballos y bueyes han vendido

y sus garbanzales ya fueron apostados;

todo está, por jugarse en gran Hulama

donde habrá un vencedor y gran vencido.

 

Desde la sierra, bajó sonoro grito

el audaz reto de «Luis Guamuchileño»,

que junto al «Zurdo» que habita en Mocorito

de la Misión, el héroe lugareño,

lo aclaman Cerro Agudo y Palmarito,

y conquista el corazón del mazateño.

Las enramadas pletóricas de gente

con arrogantes sombreros baten palma;

está la muchedumbre ya impaciente

sonoros cascabeles hay en su alma.

 

En «el Analco» del «taste» va el Hulama

con flamígero entusiasmo del ambiente.

El encuentro comienza con «la pehua»

y «el topador» acecha como fiera,

espera que en «la huala» del «malero»

se esfumen las angustias de su espera;

o al devolver con la «caída» de su brazo

se estremezcan los hules de la esfera.

 

El sol canicular arroja lumbre y

se escucha el griterío de la gente,

la bronca interjección es su costumbre

al liberar emociones de su mente

y con gritos que lanza al adversario

excitan la pasión ardientemente.

 

Incansables, eternos contendientes

que al ébano del brazo le dan vuelo,

desafiando el calor, su sangre hirviente

otros Hulamas, se juegan con el cielo;

y el sol es la pelota del espacio

que en el ocaso se oculta…

 

El Hulama ha terminado, ya se apresta

el vencido a pagar lo que ha perdido,

y el vencedor a cobrar lo que ha ganado;

la música de viento en la enramada

tocando «El Toro» o «El Novillo Despuntado»

al espontáneo incita el «zapateado».

No hay tristezas, no hay odios ni rencores;

porque si alguien perdió, ya estaba escrito,

y si tremendo fue «el male» del «Dulcero»

muy fina calidad de gran «malero»

demostró el «Zurdo» que vive en Mocorito.

 

El Hulama, el inmortal rodar de la pelota

pasatiempo ancestral avasallante,

antigua tradición que se remonta

al imperio pagano muy distante.

 

Hulama eterno, es la vida palpitante,

que al perdurar entre rectas el nahoa

«huechando» la pelota rebotante,

¡quisiera darle un triunfo, a Sinaloa!.

 

 

 

Hulama
Jugador de Hulama, juego de los antiguos pobladores de Sinaloa

2 comentarios sobre “Poemas de Sinaloa, Hulama”

    1. Gracias por tu comentario estimado Silvestre, efectivamente México es rico culturalmente, en cada estado del país hay siempre algo que nos distingue,, saludos cordiales.

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