Provincia de Sinaloa, México

 

Testimonios de la historia de Sinaloa, México

 

PROVINCIA DE SINALOA

 

Por: Alonso de la Mota y Escobar

 

Volviendo otra vez a la villa de Culiacán, caminando entre el poniente y el norte, cae la provincia que llaman Sinaloa, que descubrió el capitán Pedro Almidez Chirinos, enviado del gobernador Nuño de Guzmán desde la villa de Culiacán. El principio de esta provincia dista treinta leguas, donde está fundada la villa de San Felipe y Santiago de Sinaloa, cabecera de los pueblos siguientes: Baboria, Matapan, Cubiri, Mocorito, Bacobirito, Guasave, Nío, Chiguiri, Ahome, Ocorone, Teguecos, Chicorato, sin otros muchos pueblos marítimos que en uno y en los otros habrá de cuatro a cinco mil bautizados de todas edades, poblados y pacíficos. Es tierra de temple muy caliente, de gente mucho más crecida y blanca que la demás. Tiene grandes y caudalosos ríos y el principal de ellos se llama de Sebastián de Ébora, que fue el soldado que primero lo descubrió.

Habiendo llegado a este paraje el capitán Chirinos sucedió una cosa bien sonada en el mundo, y fue que, habiendo ido desde México con buen ejército, el capitán Pánfilo de Narváez el año de veinticuatro al descubrimiento y conquista de La Florida, y habiéndose desbaratado todo su campo, se salvaron tres personas de él, que se llaman Cabeza de Vaca Castro, Andrés Dorantes y Castillo Maldonado, que habían estado todos en México y se vinieron a pie desde La Florida por tierras pobladas y despobladas, desnudos y descalzos, trayendo por rumbo al sur, en cuyo viaje gastaron más de ocho años que, como no traían guía cierta, hicieron por él grandes rodeos allende que les obligaba a hacerlos caudalosos ríos y esteros, de cosmógrafos hallan que habrá quinientas leguas desde donde se perdió Pánfilo de Narváez hasta esta villa; llegaron los susodichos a esta provincia de Sinaloa al tiempo que el capitán Chirinos la comenzaba a descubrir. Las ternuras y regocijos que estos peregrinos hicieron con la no pensada vista de sus amigos y con verse ya entre ellos a cabo de tantos peligros, remítolo todo a la historia que de esta anda.

Y volviendo a nuestro instituto digo que remata en esta provincia de Sinaloa todo lo descubierto de este obispado hacia la banda de entre norte y poniente. Tienen la doctrina de estos indios Padres de la Compañía, de los cuales me dijeron cuando yo estuve allí, estaban bautizadas el número de personas arriba dichas. Tiene su Majestad allí de presidio a un capitán y veinte soldados pagados a su costa, en cuyo amparo están seguros estos Padres que con buena industria van trayendo cada día a estos gentiles al conocimiento del dios verdadero. Es como dicho queda esta tierra muy cálida y la gente toda desnuda y sumamente haraganes, que si no es en pescar y en sembrar algún maíz, no se ocupan en otra cosa, y algunas veces en hacer guerra a sus vecinos y comarcanos. Danse en esta tierra muchas legumbres y frutas de mata, como son melones, pepinos, cohombros y calabazas. El ganado mayor vacuno dicen se da escasamente y algo desmedrado, atribuyéndole a los grandes calores de la tierra.

Hay en la cercanía de esta villa de Culiacán tres reales de minas a doce, quince y veinte leguas. El uno de ellos se llama de Las Vírgenes, otro de San Hipólito y otro de Las Vegas, que en tiempos pasados fueron minas de gran prosperidad, cuyo beneficio era por fundición y de ley muy gruesa, ya todos tres reales se despoblaron y destruyeron el año de seiscientos dos con la rebelión y alzamiento que hicieron los indios de la nación Acaxe.

Está hoy el de Las Vírgenes poblado con dos haciendas de mulas, donde se benefician los metales. En tiempo de estos reales estaban en pie eran doctrina de un clérigo que de presente ya no lo hay por no haber quien dé salario y ahora con la nueva paz se han tornado a poblar.

Juntamente se ha descubierto el valle de Carantapa, que dista de la villa de Culiacán hacia el norte cuarenta leguas, en el cual se han hallado muchas vetas, y hay ya dos haciendas de agua en que se benefician los metales por azogue. Tienen la doctrina de este valle Padres de la Compañía, y hay grandes esperanzas de que han de ser ricas estas minas con cuya codicia se irán poblando aquellos valles de españoles, y los indios bárbaros se vendrán a la conversión y reconocimiento de la ley evangélica, porque ya parece que se llegan los tiempos en que Dios tenía determinado para la vocación de estos pobres, y para llamarlos pueblo suyo, que hasta ahora no lo eran, y para que sean parte de su iglesia los que hasta aquí eran cultores de la ignorancia y moradores de la tiniebla y ejecutores de la crueldad y que con rabia más que brutal andaban sedientos de sangre humana y hambrientos de la misma carne. Lo cual vemos ya con la mano de Dios convertido en deseos de su fe y conocimiento y en abrazar la paz y concordia de los españoles.

 

 

Mota y Escobar, Alonso de la Descripción geográfica de los reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya y Nuevo León

Tomado del libro: Antología Histórica Sinaloense, Bonilla Zazueta, Marta Lilia (compiladora), Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2008.

 

Pitayas, Sinaloa, México
Historia de México; Provincia de Sinaloa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *