Rafael Buelna, poesía sinaloense

Poetas sinaloenses

RAFAEL BUELNA

 

De  Enrique Pérez Arce

 

Sonora mar de Núñez de Balboa,

tus verdes olas de espumantes crines

con voz de caracoles y clarines

cantan en nuestras playas una loa:

¡es que acoge en sus brazos Sinaloa

a uno de sus preclaros paladines. . .!

 

Lo acoge para siempre, en un sereno

día de justicia radiosa,

brindándole el regazo de su seno

con el beso cordial que al hijo bueno

da la madre amorosa. . .!

 

Sopla un viento de Dios sobre la Historia.

El sol derrama vivos resplandores

como si fuera un día de victoria. . .

Ondean las banderas tricolores,

y el campo arroja deslumbrantes flores,

sobre el muerto inmortal que ungió la gloria!. . .

 

Va pasando el cortejo. En el ambiente

una emoción retrospectiva flota

¡algo que no se explica y que se siente!

El pueblo se descubre, reverente;

las mujeres murmuran: ¡fue un valiente!

y los hombres exclaman: ;fue un patriota!

 

¿ Cuándo sucumbió el héroe? ¿Qué metralla

destrozó su existencia? ¿Qué trinchera

defendía su arrojo? ¿Qué bandera

enrojeció su sangre en la batalla?. . .

Fue en la Revolución, que ha sido una

sola contienda con matices varios,

donde ha habido soldados con fortuna

y sin fortuna, pero sin duda alguna;

¡todos revolucionarios!

 

Rafael Buelna es el símbolo que encierra

el idealismo intrépido y ardiente

de las rebeldías de la tierra

que ahora lo recibe triunfalmente;

idealismo que fue sobre su frente

como divina estrella refulgente

que iluminó sus triunfos en la guerra!

 

Era un alma bravía

en la que se adunó la inteligencia

con la más asombrosa valentía.

La inspiración del arte y de la ciencia

sublimizó el ideal que en su existencia

todas las arrogancias encendía.

 

Como estudiante y como soldado

una patria soñó feliz y bella,

y al realizar su noble apostolado

reclamaba justicia, y fue inmolado;

la libertad amó, y murió por ella!

 

¡Justicia y libertad! tal era el grito

de aquella juventud desmelenada

cuyo romance aún nadie lo ha escrito,

cuando cayó en la trágica Jornada

con el gesto inaudito

de los semidioses de la Ilíada!

Va llegando el cortejo. La campana de su amada provincia, clamorosa hace vibrar su bronce en una diana de apoteosis final. La caravana

se detiene, por fin, junto a la fosa…

 

¡Resuenan los clarines de Ángel Flores!

¡ Juan Carrasco saluda en su bridón!

¡Hacen guardia los viejos luchadores!

¡Redoblan marcialmente los tambores

de los invictos yaquis de Obregón;

y Clara de la Rocha, con épicos ardores

canta el himno profundo de la Revolución!;

y en medio de estas sombras históricas, rodeado

de recuerdos augustos, majestuoso

y solemne, baja el joven soldado

sinaloense, a su eterno reposo.

 

Silencio. Más silencio. ¡Todo ruido ha cesado!

Callan todas las músicas. ¡Es que el tiempo pasado..

presenta armas, ante el muerto glorioso!

 

Tierra de Sinaloa: con fervores filiales,

nobles hijos del Colegio Rosales

en procesión litúrgica, van a ti con los ojos

llenos de lágrimas, en tu grandeza fijos,

para entregarte los sagrados despojos

de uno de los mejores de tus hijos. . .

¡Cúbrelos con tus rosas inmortales,

y recógelos en una sepultura

de mármoles y bronces dignos de su bravura,

dignos de sus ensueños, dignos de sus ideales,

para que en la memoria

de los siglos y en la lontananza

de la historia,

a la vez que una justa remembranza

sean como una fuente de enseñanza

y una señal de gloria

donde las generaciones venideras,

donde las juventudes de mañana,

aprendan a luchar por las banderas

tricolores, altivas y guerreras

de esta convulsa tierra mexicana!

 

Tomado de: Antología Sinaloense, Higuera, Ernesto, Ediciones Culturales del Gobierno del Estado de Sinaloa, Volumen I, 1958.

 

 

Rafael Buelna
Rafael Buelna, revolucionario sinaloense

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