Rafael Buelna Tenorio, un revolucionario honesto, gente de Sinaloa

Gente de Sinaloa

 

RAFAEL BUELNA TENORIO, UN REVOLUCIONARIO HONESTO

 

 

Por: Alberto Vega Chávez

 

«Un Granito de Oro desprendido de las vetas del ideal revolucionario».

Esencia pura de lo que fue Rafael Buelna Tenorio, encierra el pensamiento del poeta Juan Eulogio Guerra Aguiluz (oda a un granito de oro), enmarcado en placa de bronce en el interior del edificio principal de la Universidad Autónoma de Sinaloa, como perenne homenaje al joven rebelde salido de sus aulas para escribir una de las más hermosas páginas de México Revolucionario.

No es, como pudiera suponerse, el aspecto físico de Rafael Buelna Tenorio lo que inspira al bardo para construir la frase, no; sino el conocimiento fiel, exacto, de su vertical trayectoria, de su pureza revolucionaria, lo que da forma a tan bello pensamiento, pues ya como estudiante, ya como revolucionario; ora como militar, ora como idealista, el «Granito de Oro» deja constancia de la honestidad de sus actos, de su intelecto, de su temeridad que le llevaron a convertirse en el general más joven de la Revolución Mexicana.

Rafael Buelna Tenorio brilló como el oro puro, si: falsedades oropelescas. La historia —aún la no escrita— nos hablan de su honestidad revolucionaria. Tuvo, como muchos otros que si la aprovecharon, la oportunidad de amasar fortuna al amparo de la Revolución, pero no lo hizo: sus principios, su calidad moral, se lo impidieron. Ejemplos abundan, aún en situaciones no estrictamente económicas, de su conducta honesta.

Dígalo si no la primera prueba que nos d antes de ser expulsado del Colegio Civil Rosales: Organiza y encabeza aquella manifestación del 23 de junio de 1909, en apoyo del candidato popular José Ferrel, quién representaba la oposición al régimen porfirista que, con Diego Redo al frente busca la gubernatura del Estado. El cabecilla concluida la manifestación ya avanzada la noche regresa con sus seguidores al Colegio del que el interno, encontrando que las puertas del cárcel estaban cerradas con llave, por órdenes del director Dr. Ruperto L. Paliza. El brioso grupo, Buelna al frente, rompe candados y se introduce sus alojamientos.

El gobernador interino, Heriberto Zazueta sabedor de lo ocurrido, dicta órdenes, y el comandante de policía, Herrera y Cairo, las cumple: Rafael Buelna es sacado a sablazos de la institución y presionado a revelar los nombres de los demás revoltosos que «atentan contra la paz y el buen gobierno». Firme en sus convicciones, en muestra de honradez hacia sus compañeros, Buelna responde: «soy el único culpable, castíguenme a mí», y salva a sus amigos de la expulsión. Al día siguiente, acatando órdenes directas del gobernador, el Dr. Paliza convoca a reunión de la Junta Directiva y esta acuerda su salida del Colegio.

 

«‘¡He cortado mis estudios, pero que importa dice en carta dirigida al Club Democrático de Mazatlán, uno de los cuarteles del federalismo. Enseguida se traslada al puerto para afiliarse al Club. Se presenta ante don Francisco Valadés, director de El Correo de la Tarde, a quien solicita le acepte como colaborador. Don Pancho llama a su hijo José C. Valadés, y le dice: «hijo, de hoy en adelante este muchacho será tu compañero de cuarto».

Los valientes y agresivos escritos de Rafeal Buelna Tenorio se repiten a diario. Su posición revolucionaria., antigobiernista, le atraen las simpatías del pueblo y a El Correo de la Tarde, infinidad de lectores. La campaña política de Ferrel se robustece, convirtiéndose el periódico mazatleco en el principal propagador de su campaña política. Pero tal situación no había de durar mucho, don Francisco es presionado, aún amenazado por el porfirismo por permitir las colaboraciones de Rafael Buelna. «O impide que ese muchacho siga escribiendo o se atiene a las consecuencias», le dicen a don Pancho. Y éste, pensando más en la seguridad del muchacho que en la propia, le transmite la amenaza. Rafael, consciente de la situación, le responde: «le agradezco toda la ayuda que me brindó, pero no puedo escribir de otra manera, hacerlo sería traicionar mis ideales». Y se va a Guadalajara.

El «triunfo» de Diego Redo en las elecciones, hacen comprender a Buelna que no es por la vía electoral por la que ha de cambiarse el sistema porfirista, ni tampoco terminar con la opresión y las injusticias cobijadas por una paz ficticia que el régimen sostiene. Piensa en las armas, como muchos otros, y también que es el momento propicio. En México habría de encontrar, en Enrique Estrada, apoyo a sus pretensiones.

 

1923.- Álvaro Obregón es Presidente de la Republica. Buelna conspira en Guadalajara y amenaza con levantarse en armas, Obregón lo sabe y envía a Francisco Rivera para convencerlo de que desista de sus propósitos. Paco platica con el «Granito de Oro» y le transmite el ofrecimiento del Presidente: cargo diplomático en el extranjero con magnifica remuneración. Buelna rechaza la oferta. Rivera se va y regresa otra y una vez más ante Rafael Buelna Tenorio, encontrando siempre la misma respuesta de su parte: «dile a Obregón que sí estoy conspirando, pero que no traiciono, seguiré firme en mis convicciones hasta que muera».

¿ No es esta otra prueba de honradez y pureza revolucionaria?

 

Retrocedamos un poco. Los sucesos de la Decena Trágica encuentran a Rafael Buelna ocupando el cargo de Secretario del Colegio Nacional Rosales, al que regresó al triunfo de la Revolución maderista. Desde su retorno pidió a sus condiscípulos y demás alumnos que no le llamaran coronel, pues sentíase un miembro más de la institución colegial. «Como antes, llámenme simplemente Rafael», insiste.

No le envanece el triunfo, la fama, aunque sin decirlo, se siente orgulloso de estar de nuevo en el Colegio del que un día fue sacado, humillantemente. Al saber del asesinato del Presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, Buelna trepa a la azotea de la institución y arenga de nuevo al estudiantado para levantarse en armas, ahora contra el chacal Victoriano Huerta. Se va de nuevo al combate llevándose consigo a su hermano Miguel, al que designa miembro de su Estado Mayor.

Miguel no va de paseo, interviene en numerosos combates, resultando herido en uno de ellos por dos balas del enemigo. Triunfa el Constitucionalismo, la paz, aunque temporal, se restablece en el país. Rafael Buelna no otorga ningún grado a su hermano. Ha de caer años más tarde en Morelia para que don Venustiano Carranza, Presidente de la República, reconozca los servicios prestados por Miguel a la causa revolucionaria, confiriéndole el grado de teniente coronel.

¿Egoísmo de Rafael para con Miguel? No fue así, como se verá más adelante. Simplemente el joven guerrero buscó siempre mantener inmaculada su trayectoria revolucionaria, no practicando favoritismo, con amigos y familiares, lo que no impidió reconociera las valientes acciones de sus combatientes cuyos méritos anotó en los diarios de campana.

La honesta actitud del revolucionario se habría de confirmar en una de las asambleas de la Convención de Aguascalientes, celebrada en el Congreso de la Unión de la capital del país, el 2 de octubre de 1914. Allí Buelna, rompió la monotonía de la reunión al lanzar la siguiente denuncia:

«Veo que en las asambleas hay muchos generales cuyas águilas les han costado cinco pesos en La Internacional, pues nadie los ha visto antes en un campo de batalla». La denuncia impactó a los asambleístas, según lo narra un testigo presencial, que agrega: «Ninguno de ellos, al parecer, se preguntó como aquel joven que presumiblemente apenas podía haber presenciado algunas acciones de guerra de la División del Noroeste, a la cual pertenecía, osase hacer juicios tan radicales sobre la totalidad de los generales del Ejército Constitucionalista». Buelna propuso que se nombrara una comisión para revisar los antecedentes de los que ostentaban grado de generales sin tener méritos para ello.

Obregón se opuso al. nombramiento de esa comisión, argumentando que la cuestión de los grados era de la exclusiva competencia de la Secretaria de Guerra; el general Eduardo Hay, por su parte, opinó que la Convención tenía derecho pleno a revisar los antecedentes militares de los delegados, pero diplomáticamente propuso que «no se investigaran los actos del Primer Jefe o de la Secretaría de Guerra».

Este episodio obliga a reflexionar: ¿qué hubiese sido si Buelna otorga grados militares a recién llegados a la Revolución, aún a los que no participaron, incluyendo a familiares y amigos? hubiese tenido la fuerza y calidad moral para lanzar la candente denuncia? La respuesta es obvia: nó. Y así, el «Granito de Oro», ratificó una vez más, ahora en una asamblea nacional, su conducta revolucionaria y honesta.

 

Colijo de estos ejemplos —hay más— que Buelna fue «Granito de Oro», sí: pero de oro puro, y así lo han reconocido los gobiernos, instituciones y el pueblo, que le han colocado como prototipo de la juventud y ejemplo de las actuales y futuras generaciones.

Prueba de ello es que el gobierno del Estado, el 22 de enero de 1974, promulgó el Decreto No. 198 expedido por el H. Congreso del Estado, a través del cual se declara «Hijo predilecto de Sinaloa al General Rafael Buelna Tenorio», y ordena, en su artículo segundo, que se inscriba su nombre con letras de oro en el Salón de Sesiones del H. Congreso del Estado, acuerdos que fueron cumplidos.

Por su parte la Federación de Estudiantes Universitarios Sinaloenses, en su local oficial, colocó la placa de bronce con la frase que se cita al principio, el año de 1954.

El Colegio Civil Rosales cambió de nombre, pero no de principios. La semilla revolucionaria que fue el propio Rafael Buelna Tenorio «Granito de Oro», sigue germinando; el espíritu de lucha campea en la actual Universidad Autónoma de Sinaloa, aunque hoy no son las armas de fuego, sino las del intelecto, el arma de la crítica y de la autonomía, la movilización masiva y la lucha permanente, las que se emplean en la batalla por mejorar las condiciones del pueblo no solo en su aspecto educativo y cultural, sino también en lo social y político, como Rafael Tenorio, en la Revolución que concibió y por la cual luchó, proclamara.

Así lo reconoce la actual administración de la UAS, que en fecha reciente y por conducto de su actual rector, el Ing. Eduardo Franco, expresó: «la rebeldía de Rafael Buelna, que abandonó nuestras aulas en aras del ideal revolucionario, representa hoy día un fermento que anima los propósitos de la nueva Universidad que nos hemos propuesto como meta: la Universidad democrática, crítica y popular».

 

Culiacán, Sinaloa, México enero de 1979.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 19, páginas 16-19.

Ilustración: Mural (fragmento) del artista Alvaro Blancarte, ubicado en la Unidad Administrativa del gobierno estatal, Culiacán, Sinaloa, México.

 

 

Rafael Buelna Tenorio
Rafael Buelna Tenorio, «El Granito de Oro», gente de Sinaloa

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