Régimen de gobierno en la cultura indígena de Sinaloa, México

Historia de México

 

APUNTES DE LA VIDA INDÍGENA EN SINALOA, MÉXICO

RÉGIMEN DE GOBIERNO

 

Por: Filiberto L. Quintero

 

De cuanto se ha relatado en lo que antecede, se desprende que bajo la influencia y determinación del régimen teocrático-militar que los españoles tenían implantado en la provincia de Sinaloa durante la época de su dominación, la sociedad indígena experimentó cambios radicales de muchos importantes detalles de su constitución y carácter, como natural efecto de la acción de las fuerzas o de los factores que intervinieron en la conquista del territorio y de su población nativa.

En dicha transformación influyeron, en forma especial y contundente, las orientaciones, luces y enseñanzas impartidas por los religiosos de la Compañía de Jesús que actuaron como misioneros, quienes, de acuerdo con su papel y objetivos, normas y conveniencias de su ministerio y reclamo confesional, imprimieron al conglomerado indígena la forma, o la semblanza al menos, de una entidad cristiana, chapeada en el tipo de la civilización occidental o europea importada por los conquistadores. Guiados, pues, los indios por sus mentores espirituales -los misioneros-, obrando sobre aquellas fuerzas morales, intelectuales y de doctrina religiosa, de un poder superior a las propias de su rudimentaria civilización, asimiláronse a una humanidad de rasgos cristianos, acabando por olvidar y abjurar de sus primitivas creencias religiosas, como eran principalmente algunas supercherías y el sabeísmo; que profesaban; y abandonaron también en gran parte los cauces de sus más antiguas y arraigadas costumbres de raza bárbara, y hasta cierto punto se degradaron al ir perdiendo paulatinamente el amor a la independencia de que gozaban sus parcialidades o naciones, pues fuerzas incontrastables e imperiosas, como eran las de la conquista, los apartaron de su trayectoria secular, anulando su soberanía y modificando radicalmente sus destinos.

Afectada, pues, la órbita de su vida de salvajes al contacto con el hombre blanco, y al quedar sujetos a la tutela de la Corona y de la Iglesia, los indígenas, compartiendo en parte las formas culturales hispánicas se avinieron a nuevas maneras consuetudinarias de existencia, pero dentro de su propia idiosincrasia. Y es de observarse que, no obstante los beneficios indiscutibles que aportó al destino o al derrotero histórico del indio la interferencia de la educación religiosa y cívica de sus dominadores, él no se emancipó de su primitivismo; no pudo evolucionar desarrollándose integralmente en el campo social que iba creándose y robusteciéndose, de españoles y mestizos, pues siguió vegetando en su estado de atraso y llevando a cuestas el cúmulo de padecimientos e infortunios que dimanan de la ignorancia, la indigencia, la esclavitud y el fanatismo, que siempre han gravitado sobre el estrecho curso de su vida.

Así es que elevado, pero empequeñecido en mayor escala por el blanco, el indígena se mantuvo estancado y como incrustado en aquel ambiente aún raquítico de la vida colonial, relegado socialmente y en completo agotamiento económico, no obstante ser en aquellas épocas el factor humano de mayor importancia numérica y, por ende, el elemento básico para la nueva nacionalidad en formación. Apenas, pues, quedó iniciado el natural en el disfrute de la civilización; porque quedó rezagado en la esfera de su vida social, aunque bien es cierto que la civilización lo extrajo de los fondos cenagosos de la barbarie, lo mismo que los hábitos que se les inculcaron con la enseñanza y el ejemplo.

Dentro del régimen teocrático-militar establecido en la provincia las congregaciones indígenas tenían su gobierno interior, constituido y administrado a semejanza del colonial de igual carácter por autoridades jerárquicas propias, o sea de los mismos nativos, sistema que hasta la fecha prevalece con mayor o menor acentuación, en las distintas vecindades del norte de Sinaloa, y sur de Sonora.

La cabeza más destacada y respetable de una comunidad indígena era antiguamente, y lo es aún, el MAESTRO, individuo que por su investidura sacerdotal que ostenta y se le reconoce es el dómine en todas las actividades religiosas que se acostumbran dentro de la congregación a su cargo. Es el MAESTRO el representante de la autoridad religiosa, o del sacerdote católico, y dada su elevada personalidad y la influencia moral que de ella se deriva, funge además de consejero de las autoridades civiles y militares indígenas en la comunidad a que pertenece.

Y en tanto que al MAESTRO le está reservado el ejercicio de poder espiritual y facultades inherentes a su dignidad, la doble función de autoridad civil y militar le compete al COBANARO (palabra de etimología cahita: COBB A, cabeza y NAARO, jefe), que es el jefe, capitán de guerra, gobernador, electo en asamblea pública entre las personas de mayor prestigio y capacidad. Es el COBANARO el líder y el orador de su tribu, por lo que sus palabras son órdenes y consejos, y además es el juez y también el representante de su pueblo ante las demás comunidades de indígenas.

Le sigue en categoría el MOOROM, que es un segundo o auxiliar del COBANARO, desempeñando propiamente el papel de vigilante o fiscal. Después sigue en rango el ALFÉREZ, que es el que lleva la bandera (insignia religiosa) en las procesiones y homenajes de carácter religioso; es, por decirlo así, el portaestandarte, como lo era en los trozos españoles el alférez real, encargado de llevar en las ceremonias, en las marchas y paradas militares, desplegado al sol y a los vientos, el pendón de Su Majestad. Y, finalmente, el TAMBORILERO, que no ejerce autoridad, pero que pertenece al grupo de mando como encargado de transmitir las órdenes superiores valiéndose de toques, sones o redobles de tambor.

Hasta hace poco todavía, el gobernador, capitán o jefe supremo que tenía una congregación importante de nativos, en el Distrito de El Fuerte se llamaba PUEBLO YOHUE o pueblo mayor. En el Yaqui, a donde las tribus son guerreras por excelencia, prevalece aún fuertemente esta organización de carácter teocrático-militar. Ahí es muy acentuada la índole militarista del régimen, a través del cual los yaquis luchan por la reivindicación de su autonomía, y se observa con todo rigor la jerarquía en las funciones de mando, que se ejercen en el terreno religioso por el MAESTRO y en el militar y político, dentro de sus grados y competencias respectivas por el pueblo yohue o pueblo mayor, pueblos, gobernadores o cobanáhuacs (cobanaros), alféreces, tamborileros, capitanes, tenientes y cabos.

 

Tomado del libro: Antología Histórica Sinaloense, Bonilla Zazueta, Marta Lilia (compiladora), Gobierno del Estado de Sinaloa, AHGES, 2008.

 

Régimen de gobierno en la vida indígena de Sinaloa, México
Régimen de gobierno en la vida indígena del Estado de Sinaloa, México

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