Reseña histórica de Culiacán

Historia de Sinaloa México

 

RESEÑA HISTÓRICA DE CULIACÁN

 

Por: Fernando B. Hijar

 

Las noticias que se tienen sobre la existencia de Huey Colhuacán, la ciudad india que luego fue San Miguel de Culiacán y por último Culiacán Rosales, se remontan al tec-patl, correspondiente al año 628 de nuestra era, en el que los aztecas, durante su larga peregrinación, pasaron por la zona donde hoy tiene su asiento la capital de Sinaloa.

 

Huey Colhuacán, que al decir del licenciado Sánchez Solís significa «lugar donde el agua hace una curva», según los historiadores, fue un gran señorío de más de cincuenta mil indios de una civilización nahoa no tan avanzada como la de las tribus que poblaban el interior de la República a la llegada de los conquistadores españoles.

 

Lo que pudríamos llamar capital de aquel señorío, donde residía el cacique de la tribu, no se sabe a punto cierto donde se hallaba situada, pues no quedaron ningunos vestigios que denuncien su asiento, sino que por los datos que han llegado hasta nuestros días, se supone que estuvo ubicada en las inmediaciones de lo que hoy es Culiacancito.

 

Desde el tec-patl, hasta el arribo de Nuño Beltrán de Guzmán en 1531, la historia de Huey Colhuacán se pierde en las tenebrosidades del tiempo y nada absolutamente se ha logrado investigar, ya que los antiguos pobladores nahoas no dejaron ni un monumento, sino unos cuantos jeroglíficos en unos cerros cercanos a Culiacán, que nadie ha descifrado, pero que quizá contengan datos importantísimos para la reconstrucción y conocimiento de la vida de la numerosa tribu que poblaba la región.

 

En las Relaciones y Crónicas que se escribieron acerca de la conquista del noroeste, en los documentos que se conservan en la metrópoli y Guadalajara, así como en obras posteriores en que se habla de aquellos remotos acontecimientos, aparece que el 21 de diciembre de 1529, Nuño Beltrán de Guzmán, hombre ambicioso y cruel, deseando opacar la gloria militar de Cortés, organizó un ejército de cerca de quinientos españoles y diez mil auxiliares mexicanos y tlaxcaltecas, y en compañía de sus capitanes Pedro Almídez Chirinos y Cristóbal de Oñate salió de la capital azteca con dirección al occidente dispuesto incorporara la dominación española, a los pueblos del noroeste en donde creía encontrar fantásticos yacimientos de oro y plata.

 

Tras de barrer, pudiera decirse, todo lo que encontró a su paso, la expedición llegó a Oso, en donde, según refiere el Padre Tello, fué recibida en paz por el cacique y diez mil indios que habitaban aquella región, quienes acompañaron a Nuño de Guzmán hasta Navito «cantando y danzando por el camino que tenían barrido y enrramado. Al llegar al río los indígenas obsequiaron a los conquistadores con una cacería de caimanes que flechaban y cazaban y aún se subían en ellos».

 

La mayoría de los historiadores, y los autores de Relaciones y Crónicas, están de acuerdo en que Nuño de Guzmán siguió hasta el Río Petatlán; hoy Sinaloa, «en el que la actitud de los indígenas de otros idiomas y diversos niveles de cultura, que a más de presentarles combates por doquier, le abandonaban los poblados sin resistencia, pero sin dejar en ellos ningún elemento de vida, hizo penosísimas e infructuosas las expediciones que se intentaron por distintos rumbos, obligándolo a volverse al valle del Río San Lorenzo, en cuya margen fundó, el año de 1531, la población que llevó el nombre de San Miguel de Navito, hoy Navito, la que ese mismo año fué trasladada a otro lugar, dándosele el nombre de San Miguel de Culiacán, para ser, a su vez, según parece dos años más tarde, cambiaba al lugar en que se encuentra actualmente la capital del Estado de Sinaloa».

 

Así fué como fundó la Villa de San Miguel de Culiacán el 29 de septiembre de 1531, aquel hombre cruel y sanguinario, cuya conducta contrastó con la suave y apostólica de los misioneros que llegaron después, dando motivo a que los indios simbolizaran aquella expedición que marcó su ruta con una huella dolorosa de desolación y muerte, por una víbora que cae de las nubes sobre la tierra.

 

Acompañaron en la fundación de San Miguel de Culiacán a Nuño de Guzmán, Diego de Mendoza, los Baeza, los Ibarra, Juan de Labastida, Álvarez, López Utrera, Ávila y Maldonado, Cordero y Alcaraz, fungiendo como capellán en la ceremonia religiosa, el bachiller Gutiérrez.

 

Aunque la fecha no la precisa nadie, sino únicamente en lo que respecta al mes de septiembre y año de 1531, todos los que se han dedicado a esta clase de investigaciones están perfectamente de acuerdo en que, dado el espíritu religioso de los conquistadores y su costumbre de anteponer al nombre de las ciudades que fundaban, el nombre del santo a quien estaba destinado el día en que ocurría aquel suceso, fácil es aceptar que Culiacán fue fundado el 29 de septiembre, día de San Miguel y más todavía cuando uno de los autores de los relates asegura que su fundación tuvo lugar pocos días antes de que cayeran los últimos aguaceros de la temporada, que es precisamente a fines del referido mes de septiembre.

 

Habiéndose erigido más tarde a San Miguel de Culiacán en provincia, durante los siglos XVI y XVII sirvió de base indispensable para la exploración, conquista, evangelización, colonización y desarrollo del noroeste, pasando por la villa, después de la de Nuño de Guzmán, las expediciones de los franciscanos Fray Juan de la Asunción y Fray Marcos de Niza, en 1538, la de Francisco Vázquez Coronado, Gobernador de la Nueva Galicia, en 1540, la de Francisco de Ibarra en 1564 y la del Padre Gonzalo de Tapia en 1590, encontrando todas ellas una resistencia tenaz de los indios que guardaban resabios de odio por la conducta cruel de Nuño de Guzmán y Almindez Chirinos.

 

Por tal motivo, se registraron varias rebeliones, y hubo necesidad de encomendar la conquista a los misioneros Juan de Padilla, Juan de la Cruz y Luis de Ojeda, que sin más armas que la persuación, el amor y la caridad, atrajeron a los indios resaltando por sus virtudes el célebre jesuita alemán Eusebio Kino.

 

La antigua villa conservó su nombre de San Miguel de Culiacán, según parece hasta mediados del siglo XVIII, considerándosele durante la dominación española, la población más importante de las Provincias Internas de Occidente.

 

Al dividir en 1786 el Virrey Conde de Gálvez, la Nueva España en donde intendencias, Sinaloa y Sonora constituyeron una de ellas, que más tarde, en 1804, fue considerada como comandancia militar independiente en cierto modo del virreinato, sin que Culiacán perdiera su importancia en jerarquía.

 

Consumada la independencia, por decreto ex-pedido por el Congreso Constituyente el 19 de julio de 1823, las provincias de Sinaloa y Sonora quedaron separadas, designándose como capital de la primera a la Villa de Culiacán, lo que no duró mucho, pues el siguiente año, el 31 de enero, la acta constitutiva de la Federación, volvió a reunirlas en el Estado de Occidente cuya legislatura compuesta de once miembros se reunió en la Villa del Fuerte de acuerdo con el decreto del 4 de febrero de aquel mismo año.

Culiacán dejó de ser la capital hasta el 13 de octubre de 1830, en que el Estado de Occidente fue dividido en los de Sonora y Sinaloa, dándosele a Culiacán la categoría de Ciudad.

 

Tal categoría política después fué ratificada al expedirse el 5 de febrero de 1857 la Constitución de la República, promulgada en Culiacán el 19 de abril del mismo año, y que por cierto dio margen a que el Gobernador Ramírez, le hiciera un extrañamiento al obispo Pedro Loza, por haber dirigido a los jueces y celadores una circular en que los exhortaba a que no juraran la Carta Magna.

 

La ciudad de Culiacán continuó siendo la capital de Sinaloa, categoría que conserva hasta la fecha, debiéndose hacer la observación de que en diferentes épocas, de la independencia para acá por conveniencia de los partidos políticos en pugna, los Poderes del Estado se han trasladado temporalmente a otras poblaciones con demasiada frecuencia.

Por lo que respecta a la densidad, las estadísticas conocidas arrojan que en 1803, tenía 10.800 habitantes, en 1830, 7,000, en 1849, 12,000, en 1852, 14,000, en 1855, 10,000, en 1873, 5,000, en 1882, 6,000, en 1910, 13.000, en 1921, 16.064, y en 1930, 18.202, debiéndose este sube y baja de la población, unas veces a las luchas que hacían huír a sus moradores, y otras al decaimiento de los negocios de la región.

 

Culiacán fue por muchísimos años, hasta la llegada del Ferrocarril Sur Pacífico de México, en 1907, un centro comercial de cierta importancia, pues de su mercado se abastecían los minerales de una vasta zona del Estado de Sinaloa y parte del de Durango.

 

 

Tomado de: Crónicas de Culiacán /1, colección rescate 9; varios autores, Instituto de Investigaciones de Ciencias y Humanidades, Universidad Autónoma de Sinaloa, Culiacán, Sinaloa.

 

historia reseña de Culiacán, Sinaloa, México
Culiacán, Sinaloa, México; reseña histórica

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