San Juan de Badiraguato; pueblos y ciudades de Sinaloa México

Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa México

 

SAN JUAN DE BADIRAGUATO

 

 

Por: Pablo Lizárraga Arámburo

 

Etimología y fecha de fundación complicadas. La palabra es tahue, del dialecto tahue nombrado Comanito por algunos historiadores. La letra «d» no existe en el alfabeto mexicano y en los dialectos de Sinaloa es muy escaso. En el caso especial de los nombres geográficos tahues es rara, salvo Daoto, Tedariscato, Betacudes y Badiraguato, pero más parece error de los que escucharon y escribieron por primera vez estos nombres.

San Juan de Badiraguato, escrito así en los papeles legales de la Colonia, pero más veces se lee Badirahuato (así con»h» intercalada) y en algunas relaciones está escrito Bavirahuato (con «v» y en lugar de «d»). En un mapa misional de 1649 figuran las misiones de Conimeto y Badirauato (sin «h» ni «g»). En estas palabras tahues parece ser más correcto el uso de la «h», pues aunque el sonido está entre la «g» y la «u» se inclina más a esta última como en el caso de la palabra española huevo.

En este tipo de terminaciones de nombres geográficos tahues en huato y hueto (que tienen el mismo significado), en lo general cuando en las sílabas última y penúltima anteriores a la terminación, la consonante está entre la «i» y «a», la terminación es en huato, en otro caso es en hueto. Ejemplos:

Badira huato tahue hueto

Yaquira huato

toya hueto

Cahuina huato

Chapara hueto

 

En cuanto a algunos usos de la letra «b», hay que tener cuidado con ella. Se escribía Guachimeto, hoy decimos Bachimeto. Se escribió Huacapas, hoy decimos Bacapas. Decimos Binolo y Guinolo y también Balama, Gualama e Igualama. (Nombres indígenas de Sinaloa. Op. en prep).

Con estas consideraciones y lo que enseguida veremos, parece que la palabra Badiraguato es corrupción de su original que puede ser Coavirahuato, Cuavirahuato o Huavirahuato, pues esta última palabra también está escrita en las viejas relaciones.

En este caso Badiraguato significaría «Lu¬gar abundante en coaviras». La coavira es un arbusto de los ríos y arroyos. Al sur del Estado le nombran Romerillo; algunos en Culiacán, por su aspecto, le dicen «Pinitos»; arriba de Badiraguato «Coavira»; en la lengua Cahita «Jeco» y en algunas partes de Sonora «Jécotas». Ni que decir que en Badiraguato estos arbustos olorosos abundan en su río.

En cuanto a su fundación, tenemos datos que aportan luz al respecto. Hasta principios del siglo XVII ningún blanco había remontado el arroyo de Badiraguato, pese a que hacia 75 años que Nuño Beltrán de Guzmán había fundado la villa San Miguel de Culiacán. Ya eran muy conocidos el camino de Culiacán a Topia por el río Tamazula y los ríos Mocorito, Sinaloa y El Fuerte con sus pueblos ribereños y algunos serranos. El Obispo don Alonso de la Mota y Escobar, por el año 1602, nos dice:

«Juntamente se ha descubierto el valle de Carantapa que dista de la Villa de Culiacán hacia el norte 40 leguas, en el cual se han hallado muchas vetas y hay ya dos haciendas de agua (tahonas) en que se benefician los metales por azogue».

Hacía poco se había descubierto este valle, que es el mismo de Santa María de Tecuciapa, extraordinariamente hermoso y por donde corre el río de Sinaloa. Dicho río se alimenta en parte con las nieves del Mohinara y por profundas gargantas sale a Tecuciapa, corre por el valle y después se mete en las barrancas de Santo Tomás.

Hacia el año de 1599 se le encomendó al padre Hernando de Santarén, S.J. la evangelización de los indios de la Nación Acaxee, que comprendía todo el municipio desde la cabecera Badiraguato hasta Topia, Durango, y partes serranas del actual municipio de Culiacán. Ya antes este padre había fundado Mocorito y evangelizado Guasave y parte del municipio de Sinaloa. Antes de su muerte por los tepehuanes en Tenerapa, Durango, evangelizó ambos lados de los actuales límites del Estado, desde las sierras de Choix hasta las de Mazatlán. Fundó casi todos los pueblos de Badiraguato catequizando San Martín de Atotonilco (hoy Otatillos), San Ignacio de Bamopa, San Pedro y San Pablo de Bacapas, etc., y puso su centro misional en Tecuciapa.

Un carpintero que vivía solo al otro extremo del poblado hacía compañía al padre. Hasta la fecha a muchos campiranos les agrada vivir en forma aislada, construyen sus casitas entre el monte, alejadas de los ranchos y así son felices. Así este carpintero se remontó en Tecuciapa donde seguramente vivió muy a gusto «resbalándosele» una que otra india en forma discreta, muy diferente de un gachupín muy rico y bilioso que se asentó en la sierra y «vivía en escandaloso concubinato dando mal ejemplo a los indios»… y dio muchos hijos a las indias. Tal parece que quería desteñir la región. Este sultán de ultramar (que al fin fue sometido) tuvo dificultades con las autoridades y desde luego con los padres por su conducta deshonesta. Juró que iba a matar a todos los curas y en dos bolsas de cuero iba a remitir sus huesos a Roma, una con los de los frailes y la otra con los huesos de los padres de la compañía.

Volvamos al tema. El padre Santarén solicitó ayudantes ya que la región era muy grande para él, y así en 1602 le concedieron cuatro; uno de ellos el padre Florián de Ayerve, remontó el arroyo de Badiraguato en 1606. Es aquí en donde ha habido confusión entre los grandes historiadores por desconocimiento de nuestra complicada geografía. Muchos no mencionan siquiera la palabra Badiraguato en sus formidables obras. De ahí que el investigador sinaloense debe conocer la geografía de su Estado, su flora y su fauna, su gente, y no atenerse a mapas en los que no se puede confiar plenamente.

El padre Santarén conocía la cuenca del arroyo de Badiraguato en sus partes alejadas del centro, pero fue precisamente por la parte central por la cual penetró el padre Ayerve hasta Batacomito. Los indios de esta región ya sabían de la muerte del padre Tapia por ser colindantes con los de Mocorito, incluso le habían pedido a Santarén que les enviara un padre.

Al padre Ayerve acudieron 12 indios de la región a los que de momento no pudo ayudar «por haber estado lloviendo diciembre y enero» (fuertes equipatas), por lo que les dijo que iría hasta dentro de tres meses, pero aprovechó para catequizar a esa docena de indígenas que enseguida se fueron a esperarlo.

Leamos ahora fragmentos de la Carta Informe del padre Florián de Ayerve:

«Al mismo tiempo señalado partí allá, camino de dos días por unos montes altísimos. El río lo hallé profundísimo (el Humaya) y lo hube de pasar en una balsa de cuatro indios sobre sus cabezas nadando… hasta llegar a un llano rodeado de montes muy altos, donde había mucha gente. Allí determiné hacer iglesia y, yendo para el sitio que me pareció mejor, hallé más de 700 indios, hombres y mujeres, y niños y niñas, dispuestos en cuatro procesiones, coronados con guirnaldas de espadañas (tules) y palmas en las manos, cantando: «oneya quevava in Dios tacaca nevincame» (creo en Dios Padre Todo Poderoso).

«Me causó grande admiración oírlos y, preguntando dónde habían sido tan buenos maestros que enseñaron a todos la doctrina, de manera que al tercer día, en aquel puesto, donde hice la iglesia y ellos más de cien casas, bauticé 482 de toda la quebrada y dejé formado un pueblo de muchísima gente».

«Estuve con mis nuevos hijos algunos días, haciéndome continuas preguntas que no eran de poca sustancia. Una de ellas fue que ¿cómo me había atrevido a entrar solo a tierra tan áspera y que hasta entonces ningún cristiano había pisado, que si no había temido que me mataran y comieran?».

 

«Aquella misma noche, como a las once, estando yo en mi recia cuartana (muy enfermo de paludismo) que no me ha dejado todo el ano, oí un ruido y tropel de mucha gente que venía corriendo con grandes alaridos hacia mi choza. Me puse de pie, vestida la sotana, con un crucifijo en las manos y salí a recibirlos, esperando la muerte…» «»…pero ellos no iban sino a apagar una casilla donde había prendido fuego temiendo, como son de paja, se quemasen todas»». «De allí me volví a los pueblos de Chanmayo (posiblemente El Chivato), Batacomito, Atotonilco (Otatillos) y San José con un pueblecito que hice llamado Noriquito (Noyaquito); y hallo por mi cuenta, en el catálogo que hago, habré bautizado como mil cuatrocientos…»

Posteriormente el padre Decorme, agregó: «andando el tiempo, formose allí una buena cristiandad entre aquellos indios los más primitivos de México, sólo 16 leguas distante de Mocorito, con los pueblos de Conimeto, San Juan, Santa Cruz y Alicama».

Es algo confusa la carta del padre Ayerve, iba enfermo de paludismo, tenía poco de haber llegado a Sinaloa y penetraba a una región desconocida. Rápidamente salió de ella a fines de julio, antes de que vinieran las aguas, regresó a México y después a Europa. Nos dice el nombre que puso a la iglesia (probablemente la dedicó a San Juan, 24 de junio), tampoco menciona el poblado indiano que parece fue nuevo, porque escogió el lugar y se hicieron más de 100 chozas aprovechando el romerillo del río que los indios, más tahues que caxees, le pusieron Coavirahuato, siendo por esto que no aparece el nombre en muchos historiadores. Tanto el padre Ayerve como el padre Decorme mencionan pueblos que están cerca y en los alrededores de Badiraguato. ¿Qué pue¬blo de más de 100 chozas fundó en ese rumbo? Nos inclinamos a pensar que sea Badiraguato, pues mencionan un llano y es ahí en donde lo hay. Despues Santarén reafirmaría esas misiones.

 

Muchos pueblos y misiones del municipio de Badiraguato tuvieron decadencia. Con respecto a la cabecera, leeremos fragmentos de un documento de 1678:

«De la cabecera de San Juan de Badiraguato es ministro desde hace seis años el padre Juan José Díaz. La iglesia es pobrísima… todo es una desdicha… el pueblo tiene un sitio de ganado con 65 reses y 23 yeguas y una labor que le da 10 fanegas de maíz, 10 de frijol y 4 cargas de panocha. Tiene por visitas los pueblos de San Francisco Javier de Alicame con 11 familias y Santa Cruz con 16».

Santiago de los Caballeros por sus minerales, superó en importancia a Badiraguato, pero en la segunda mitad del siglo XVIII lo fue emparejando y al final de ese mismo siglo lo superó. He aquí un fragmento de un manuscrito de tipo legal, que tenemos a la vista:

«En el pueblo de San Juan de Badiraguato, provincia de Santiago de los Caballeros, a trece días del mes de julio de mil setecientos setenta y dos años, ante mí don Juan Ignacio de Colarte, teniente de justicia mayor y capitán de guerra de esta dicha provincia y su jurisdicción…»

Mil páginas podrían escribirse sobre este municipio, sin alcanzar a decirlo todo. Badiraguato no tiene muchas tierras de labor y las pocas con que cuenta son pobres. En cambio es dueña de muchas y hermosas sierras. El clima de Santiago de los Caballeros y el de Surutato, invitan al descanso y al estudio. Mu¬chas pinturas rupestres existen en su zona serrana y, sobre todo, muchos minerales con buena ley y tantos que se antojan inagotables. ¿Cuánta plata habrá desde San Javier de Arriba hasta el rancho de Válgame Dios? ¿y qué decir del inmenso valle de Santa María de Tecuciapa?. Con tanta agua y ganado, algún día saldrán de ahí abundantes productos lácteos cuyas proteínas harán sonreír a la niñez sinaloense.

Hacía poco tiempo se había descubierto este valle, que es el mis¬mo de Santa María de Tecuciapa, extraordinariamente hermoso y por donde corre el río de Sinaloa. Dicho río se alimenta en parte con las nieves del Mohinora y por profundas gargantas sale a Tecuciapa, corre por el valle y después se mete en las barrancas de Santo Tomás.

 

 

 

San Juan
San Juan Bautista

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