San Juan de Jacobo, Concordia; pueblos y ciudades de Sinaloa

Historia de los pueblos y ciudades del Estado de Sinaloa México

 

SAN JUAN DE JACOBO, CONCORDIA

 

Por: Ismael Estrella G.

 

Pese al paso de la modernidad, algunas de las tradiciones de este lugar siguen permaneciendo vivas. La más antigua: El baño al santo patrono del lugar. Juan el Bautista, a quien los lugareños tal y como lo han hecho desde épocas de la conquista, cada 24 de junio lo sacan del pueblo para llevarlo a bañar a un arroyo cercano y les haga el milagro de la lluvia…Pero a veces les queda mal.

El día de la celebración del santo, los habitantes de esta pequeña comunidad de apenas unos 500 personas, y que todavía en el presente siglo hablaban el nahuatl, herencia de sus antepasados, siguen teniendo la fe en la imagen que tienen en la iglesia del lugar. Desde temprana hora, en cuanto amanece se lo llevan para bañarlo.

Hay que caminar unos dos kilómetros para llegar al único pozo que por el momento es de donde se surten de agua para realizar su aneja tradición.

Desde la pequeña iglesia, la misma donde hace quince años se robaron dos campanas y que paradójicamente sirvió para que San Juan de Jacobo se conociera en el ámbito estatal, pero que ahora «está pelón» saber quien se la llevó, unos cincuenta hombres salen con la imagen que tendrá unos 30 centímetros de altura y que está sobre un pedestal de 10 centímetros, para llevarlo posteriormente al pozo.

El más viejo de los habitantes, en este caso Maclovio Ramos, de 90 años de edad, es el encargado de hacer el baño, quien por espacio de quince minutos, en forma minuciosa se dedica a hacer lo que tantas veces ha realizado. Un conjunto norteño, integrado por 3 elementos del mismo pueblo se encargan de estar toque y toque las mañanitas, y no se cansan.

Al final, don Maclovio, en forma sorpresiva para muchos de los representantes se levanta y parsimoniosamente levanta la charola en la que baño la imagen y avienta el agua al aire. Es la manera de pedir al santo que se las regrese en abundancia. Pero ayer San Juan sólo nubló el cielo y las esperanzas se fueron agotando en medida que el tiempo pasaba y no llovía. Eso sí, hubo una ligera llovizna que duró unos cuantos segundos. A lo mejor lo único que hizo el santo fue regresar lo que el había aventado con la charola.

San Juan de Jacobo es un pueblo tranquilo, rumbo a la sierra, donde la violencia y el narcotráfico «a Dios gracias, no nos ha llegado», comentaría el comisario del lugar, Carlos Paredes Lizárraga, quien toda su vida se la ha pasado ahí.

Sin embargo ya tiene su fama:

El mes de septiembre de 1981, «serían la una o las dos de la mañana, no sabría decirlo con exactitud. Unos desconocidos llegaron a bordo de una camioneta sin seña alguna echando bala. El pueblo estaba temeroso pues creyeron que se trataba de bandoleros, o quizá del mismo Gobierno. El caso es que nadie salió a ver que ocurría. Eso sí nos asomamos por entre las ventanas, pero por lo oscuro no alcanzábamos a distinguir bien».

La camioneta se paró debajo del campanario (son tres palos atravesados, que detienen las dos campañas) y alguien bajó una de las dos campanas que estaban en el lugar, para llevárselas inmediatamente», nos comentarían algunos vecinos del lugar.

«Hasta que amaneció nos atrevimos a salir para averiguar qué había pasado, y fue cuando nos dimos cuenta que había desaparecido la campana…Se la habían robado los desconocidos…Claro que dimos aviso a las, autoridades, pero nunca resolvieron nada»…El cuento no acaba aquí, pues 3 ó 4 días más tarde, los mismos tipos llegaron a la misma hora y se llevaron la otra campana.

El comisario ejidal nos mencionaría que para ellos representaba un gran valor histórico, pues sabían que estaba en el pueblo desde los primeros evangelizadores… «No sé si sería de oro, pero una cosa sí es segura, sí le han de haber sacado buen provecho, pues de lo contrario no hubieran regresado por la otra».

San Juan Jacobo quizá fue un centro muy importante de los antiguos pobladores, por las características que presenta, al pie de dos arroyos, y la cerrazón que por siglos tuvieron para impedir la entrada de gentes extrañas en su forma de vida. Dicen que para evitarlo, se tuvieron que refugiar en lugares recónditos.

También se considera que para los españoles fue un punto importante, ya que aún existen los cimientos de los que hubiera sido una iglesia, que curiosamente tiene casi las mismas medidas que la iglesia de San Sebastián de Concordia, construida en el siglo 18. Las ruinas que aún están de pie, así lo demuestran, pero que para los habitantes del lugar no significan otra cosa…sólo ruinas.

Tampoco nadie sabe por qué no la terminaron, ó quizá por la constante amenaza de las hordas de indígenas.

Carlos Paredes Lizárraga, el comisario del lugar comenta que «aquí lo más importante es, ha sido, y seguirá siendo el agua. Si no llueve, no tenemos cosechas. Siempre ha sido así». En San Juan de Jacobo, los dos arroyos están secos, hombres, mujeres y niños tienen que caminar para llegar al pozo, y lo que es peor aún, hacer cola para poder llevarse a su casa dos o tres cubetas, y volver a andar la misma distancia.

«Es difícil la vida, pero nos gusta estar aquí. Comemos lo que criamos: gallinas, puercos, a veces armadillos». Por cierto que nos tocó saborear unos sabrosos tamales de… ¡no quise preguntar de lo que eran!

 

Actualmente, dice el comisario ejidal, se viven situaciones muy difíciles aquí.

 

Las cosechas que se hicieron con el apoyo del PRONASOL se siniestraron, pues no hubo la humedad suficiente. No sacamos maíz, y por lo tanto no logramos tener el dinero para pagar los créditos, sin em¬bargo, tenemos confianza en que se seguirá dando el apoyo.

 

Aunque también, mucha gente que quiere ganarse un peso, se tiene que salir del pueblo para trabajar en otros lugares, aun¬que casi siempre regresan a su terruño. Eso sí, no se olvidan de él.

«Aquí la gente no quiere cambiar; es la misma de siempre. Estamos apegados a las costumbres heredadas de nuestros antepasados, aunque desgraciadamente, por el paso del tiempo se están perdiendo las tradiciones. Sabemos que no hace muchos años aún se hablaba el dialecto; se acostumbró por mucho tiempo que el 24 de junio se reuniera el pueblo y rendían pleitesía al más viejo, se le reconocía como el sabio del pueblo, y supuestamente sería el guía del pueblo.

 

Hay otras cosas más que ahora ya no tienen, desgraciadamente.

Pero no todo es desasosiego. La modernidad, aunque muy tarde está entrando al lugar. Durante la administración del Lic. Eduardo Vizcarra Sánchez, el pueblo recibió por primera vez la introducción del sistema de agua potable. Ahora gastan en dos meses lo que antes pagaban en una semana por el petróleo que les servía para alumbrarse. El propietario del negocio del combustible ya quebró.

La modernidad ya llegó al pueblo, pues las señoras hablan de los artistas y telenovelas de moda, pero las costumbres más arraigadas y en las que tienen depositada toda su fe se siguen manteniendo vivas. El baño al santo Juan seguirá dándose mientras sigan teniendo esa convicción, aunque no haya retribución a cargo. Están seguros que si no es el 24 de junio… «Cualquier otro día el santito nos hace el milagro de la lluvia».

San Juan de Jacobo, pueblo apacible donde la gente es atenta, se esmera por atender a sus visitantes, sigue conservando aún parte de ese legado ancestral, pero desgraciadamente no les va a durar mucho.

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 80, páginas 24-29.

 

 

San Juan de Jacobo
San Juan de Jacobo, concordia, Sinaloa, México

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *