Sinaloa en la Revolución Mexicana; sucesión de Cañedo y la etapa maderista

SINALOA EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA, 1909-1917

SUCESIÓN DE CAÑEDO Y LA ETAPA MADERISTA

 

A principios del siglo XX México aun era un conglomerado de regiones diversas con fuertes contrastes en lo económico, en lo social y en lo cultural; sin embargo, el régimen porfiriano había ayudado a crear ciertos rasgos comunes a las distintas regiones, como la opresión y despojo de los campesinos —en especial de los indígenas—, la explotación de los obreros, la concentración de la propiedad de la tierra, la estrecha liga del aparato productivo con el mercado extranjero, un gobierno represivo y despótico, y un lugar privilegiado para los inversionistas extranjeros. En una palabra, los desajustes sociales más conflictivos estaban presentes en todo el ámbito del territorio nacional. De aquí que, cuando estalló la crisis, en que el régimen perecería, la lucha social se manifestó casi simultáneamente en todas las regiones del país.

La coyuntura que precipitó la crisis del régimen porfiriano fue la contracción del mercado mundial en la primera década del siglo xx. En 1905 decayó el precio internacional de la plata, que era uno de los principales productos mexicanos de exportación; en 1907 y 1908 se derrumbó el precio del cobre y también el de otros productos minerales. Al abatirse el valor de las exportaciones mexicanas hubo cierre de minas y despido de trabajadores; hubo encarecimiento de los artículos de consumo básico y las clases bajas vieron decrecer el valor real del salario. Además, el gobierno estaba demasiado comprometido con los inversionistas extranjeros —con los norteamericanos en particular— y para favorecer sus intereses, no sólo permitió que se sacrificara al pueblo, sino que también lesionó los intereses de muchos empresarios y hacendados mexicanos. La crisis produjo, entonces, el deterioro de las ya precarias condiciones de vida de campesinos y obreros y una profunda fisura dentro del grupo dominante en la nación.

Hacia 1908 estaban ya presentes las condiciones para una movilización violenta de amplios sectores de la sociedad mexicana. También en Sinaloa se presentaba este fenómeno y los sinaloenses se disponían a participar en la enconada lucha por transformar la realidad de la nación

El gobernador interino de Sinaloa, licenciado Heriberto Zazueta, convocó a elecciones extraordinarias en junio de 1909 para designar a la persona que concluiría el periodo de Francisco Cañedo. Hubo varios aspirantes a candidatos, como Juan B. Rojo, Diego Redo, Mariano Ruiz, Jesús Uriarte, el gobernador interino y el periodista José Ferrel. Cuando se supo que de la ciudad de México se apoyaba a Diego Redo, los demás aspirantes, excepto Ferrel, renunciaron a la candidatura. Se inició entonces una vigorosa campana política con participación de amplios grupos de las clases medias sinaloenses en apoyo de Ferrel. Se formaron clubes políticos en Mazatlán, Guasave, Angostura, Mocorito y Villa de Sinaloa; también se hizo activa propaganda a través de los periódicos El Paladín, de El Fuerte y El Alfiler y El Correo de la Tarde de Mazatlán. La vieja aristocracia cañedista se disciplinó alrededor de Diego Redo y también impulsó activa propaganda política.

El gobierno del estado recurrió a la represión y al fraude para lograr el triunfo de Redo, proclamado el 25 de agosto. Redo era originario de Culiacán, hijo de un modesto emigrado español que hizo fortuna al amparo de las leyes de colonización y deslinde de baldíos para crear el latifundio de Eldorado. Por línea materna Redo descendía de la familia De la Vega, el antiguo grupo oligarca de Culiacán.

En mayo de 1909 se había iniciado en México el movimiento antirreeleccionista impulsado por Francisco I. Madero con miras a participar en las elecciones nacionales de 1910. En enero de este año Madero llegó a Mazatlán para organizar el antirreeleccionismo en Sinaloa y encontró favorables condiciones creadas por la reciente campaña local. Sin embargo, los más destacados ferrelistas se abstuvieron de apoyar a Madero temerosos, sin duda, de la represión gubernamental. En los pocos días que Madero permaneció en Sinaloa logró la formación de clubes antirreeleccionistas en Mazatlán, Culiacán y Angostura que se multiplicaron en otros puntos del estado. El ingeniero Manuel Bonilla encabezó a los maderistas sinaloenses, respaldado por otros decididos luchadores como Felipe Riveros, Rosendo Verdugo y Gabriel Leyva Solano.

El gobierno de Redo reprimió a los antirreeleccionistas y la primera víctima fue el profesor Gabriel Leyva Solano; aprehendido en Cabrera de Inzunza bajo el cargo de sedición (7 de junio de 1910), fue asesinado 6 días después en el mismo lugar. El fraude electoral se consumó el 11 de julio cuando los colegios electorales reunidos en Culiacán y en Mazatlán decidieron y firmaron la reelección de Porfirio Díaz y Ramón Corral. Acontecimientos semejantes ocurridos en otros lugares de la República llevaron al antirreeleccionismo a luchar con las armas en defensa de los derechos políticos conculcados por el gobierno. El 5 de octubre de 1910 Madero proclamó el Plan de San Luis en que convocaba a la rebelión.

El comerciante Amado A. Zazueta inició los preparativos para la lucha en la Villa de Sinaloa, donde hizo acopio de armas y convocó a otros decididos partidarios de Madero: al jefe de rurales Juan M. Banderas, a José María Cabañillas y a Ramón F. Iturbe. Los conspiradores fueron descubiertos y se dispersaron. Iturbe se refugió en Durango donde se sumó a las fuerzas de Domingo Arrieta e inició la lucha en enero de 1911; en mayo de este ano una sección de las fuerzas revolucionarias al mando de Iturbe bajó de las sierra para operar en Sinaloa. Gregorio Cuevas inició la rebelión en Mocorito, el zapatero Manuel Salazar hizo lo propio en Copala y Crescencio Gaxiola en Guamuchil. En el norte del estado se levantó en armas José María Ochoa y en el sur hubo otros insurrectos como Claro Molina, Justo Tirado, Ángel Flores y Juan Carrasco. Estos levantamientos ocurrieron entre enero y abril de 1911.

Las fuerzas del gobierno reprimieron con rigor a los insurrectos; el teniente coronel del ejército federal Luis G. Morelos se distinguió por la efectividad y ferocidad con que persiguió a los revolucionarios. Sin embargo, el movimiento rebelde cobró fuerza y para el mes de mayo era ya el triunfador indiscutible. Las fuerzas unidas de Iturbe, Banderas, Herculano de la Rocha, Cabañillas, Molina y otras, que sumaban más de 4 000 soldados, pusieron sitio a Culiacán y lograron tomar la plaza el 31 de mayo. Dos días más tarde cayó Mazatlán y así el régimen cañedista desapareció de Sinaloa. Mientras tanto, el 21 de mayo de 1911 se habían firmado en Ciudad Juárez, los tratados de paz entre Madero y los representantes del gobernador, y el día 25 había renunciado a la presidencia el anciano dictador.

Francisco I. Madero nombró al ingeniero Manuel Bonilla como su delegado en Sinaloa para atender los asuntos políticos de la entidad e impedir la ejecución de los jefes vencidos; así lograron salvar la vida el ex gobernador Redo y el general Higinio Aguilar, quien fuera el comandante militar de Sinaloa. Por instrucciones de Madero, el licenciado Celso Gaxiola Rojo se encargó interinamente de la gubernatura (2 de junio) hasta el 7 de agosto en que fue sustituido por el ya general Juan M. Banderas, jefe de la junta militar de Sinaloa. El 3 de septiembre se celebraron elecciones en las que triunfó José María Renteria y tomó posesión de la gubernatura el día 27 del mismo mes.

Cuando Madero asumió la presidencia de la República el 6 de noviembre de 1911 nombró a Manuel Bonilla como secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, puesto desde donde intrigó y se entrometió en los asuntos sinaloenses, en su afán por controlar los asuntos políticos del estado. La actitud conciliadora de Madero para con los vencidos y su indecisión para promover profundas reformas sociales, ocasionó descontento entre sus partidarios y muchos disturbios en todo el país —incluida Sinaloa— porque los revolucionarios se oponían al licenciamiento de sus fuerzas y promovían nuevas rebeliones. La más importante fue la del 21 de febrero de 1912, en Mocorito, donde un grupo de antiguos maderistas se pronunciaron en favor del Plan de Ayala y en apoyo a Emiliano Zapata. Las ideas agrarias de Zapata, referentes a la restitución de tierras a los pueblos despojados, tuvieron buena acogida entre los campesinos sinaloenses y por ellas lucharon. Sin embargo, el movimiento careció de unidad y fue vencido en 1913 por las fuerzas del gobierno.

El gobernador José Rentería no pudo concluir el periodo para el que fue electo, que terminaba en septiembre de 1912; las intrigas de Bonilla y las rebeliones en Sinaloa lo obligaron a renunciar al puesto (marzo 26 de 1912), que fue ocupado en lo sucesivo por varios gobernadores interinos. Las elecciones ordinarias se celebraron en Julio del mismo año y Felipe Riveros fue declarado gobernador constitucional para el cuatrienio que empezaba el 27 de septiembre de 1912.

 

 

El maderismo en Sinaloa, México
El maderismo en Sinaloa

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