Sinaloa venero y forja de hombres de temple

 

Mexicanos ilustres

 

SINALOA VENERO Y FORJA DE HOMBRES DE TEMPLE

Cuatro medallas Belisario Domínguez

 

Por: Alfonso L. Paliza

 

En cuatro ocasiones, ese 7 de octubre que se repite en los años de 1966, 1972, 1973 y 1977, cuatro hijos de Sinaloa han sido distinguidos por el Senado de la República con la presea más alta con que se distingue a mexicanos de señalado patriotismo que aportaron lo mejor de sus vidas y sus ideales al servicio de la nación.

Sinaloa, crisol de distintas nacionalidades que produjo un mestizaje de excepción, ajeno a la superstición y la ignorancia, también fue laboratorio de inquietudes revolucionarias, y de sus campos labrantíos, jóvenes casi niños, dejaron la mancera para empuñar la carabina 30—30, sumándose así a las luchas libertarias.

Ninguna otra entidad ha sido distinguida con cuatro medallas «Belisario Domínguez» como Sinaloa: Ramón F. Iturbe, Ignacio Ramos Praslow, Pablo Macías Valenzuela y Juan de Dios Bátiz Paredes.

Todos ellos, de formación revolucionaria, de intachable hoja de servicios, probado valor y uno de ellos, con el honor de haber integrado el Congreso Constituyente de 1917.

Cada quién, separadamente, es un jalón de historia, ejemplo de pundonor y vergüenza, cuyas hondas raíces de nacionalidad han hecho crecer de la Revolución, el árbol cuyos frutos recogen nuestras juventudes de hoy, que disfrutan de una patria más libre y respetada.

De Belisario Domínguez, el Senador Mártir que tuvo el valor de enfrentarse al usurpador Victoriano — Huerta, ebrio de sangre y poder, se puede decir que «con él se acaba un período y principia una nueva historia que se prolonga hasta nuestros días. Es un hombre clave como lo fue el Presidente Juárez, que con pasión republicana escribió un poema de épica civil…»

 

RAMON F. ITURBE

Bajo la presidencia del senador Rafael Murillo Vidal, el 7 de octubre de 1966, el general Ramón F. Iturbe es distinguido con la codiciada presea.

Nació el divisionario el 7 de noviembre de 1889 en Mazatlán, cuna indiscutible de distinguidos hombres de la Revolución, como Ángel Flores, Juan Carrasco y otros.

 

Correspondió al senador y general J. Ricardo Marín Ramos, hacer la elegía del homenajeado y desde la tribuna del Senado, entre otros merecidos conceptos, dijo que «de aquella vieja solera sinaloense, de aquellos esforzados varones que lucharon por la Independencia, en la Reforma con el general Antonio Rosales, ilustre zacatecano radicado en Sinaloa y héroe del movimiento liberal contra las invasiones extranjeras y otros paladines que engrosaron las filas del movimiento de 1910, el señor general Ramón F. Iturbe representa una de sus figuras ejemplares, digna de todo encomio y respeto».

 

Evoca el orador que cuando don Francisco I. Madero convocaba al pueblo mexicano a defender sus libertades fundamentales, el señor general Iturbe recibe el despacho de general brigadier firmado por el Presidente Mártir. Hay un documento fechado el 6 de enero de 1912, en que el señor Madero dice del general Iturbe lo siguiente:

«Es persona honorable, que prestó valiosos servicios como general del Ejército Libertador, en la última lucha en que México conquistó sus libertades».

 

IGNACIO RAMOS PRASLOW

«…Periodista político, organizador de la clase trabajadora, pionero del maderismo, combatiente armado contra el usurpador Victoriano Huerta, diputado constituyente de 1917, gobernador de Jalisco, servidor público en otras ocasiones, militante político en todas las circunstancias, la diversidad de sus actividades pasa a segundo plano para subordinarse al denominador común que las conjura, las define y les dá sentido: el de luchador revolucionario…»

Así buriló la recia personalidad del Licenciado Ignacio Ramos Praslow el senador Vicente Fuentes Díaz, en la memorable asamblea de la Cámara Alta del 7 de octubre de 1972, presidida por el senador Salvador Gámiz Fernández, en la que estuvo presente el secretario de Gobernación, licenciado Mario Moya Palencia, quien llevó la representación presidencial.

Luego agregó el orador:

“En ninguna de sus batallas políticas conculcó sus principios; en ningún cargo público se manchó las manos con dinero mal habido; en ningún otro acto dió la espalda al pueblo ni defeccionó de sus deberes revolucionarios.

En la sesión del Constituyente del 16 de diciembre Ignacio Ramos Praslow definió su conducta y su vocación, avivada por el fuego interno de la juventud que lo hizo fundar en Guadalajara, el ahí de 1904, una organización laboral bajo la mirada hostil de la dictadura, cuando afirmó desde la alta tribuna del Congreso: «que los princi¬pios existan siempre sobre los hombres y no los hombres sobre los principios».

Tenía 80 años el licenciado Ramos Praslow cuando recibió la medalla «Belisario Domínguez».

Se le considera el precursor de la gran jornada revolucionaria de nuestro siglo, cuando se sumó al movimiento libertario de 1904.

 

PABLO MACÍAS VALENZUELA

Un muchacho campesino, nacido en Las Cabras, Municipio de El Fuerte, el 15 de noviembre de 1891, dejó la yunta y empuñando el rifle, frisando apenas los 21 años, causó alta en el Cuarto Batallón Irregular de Sonora al mando de Álvaro Obregón, quien era en 1912 presidente municipal de Huatabampo.

Se trataba de repeler la entrada a Sonora de las fuerzas de Pascual Orozco, quien al amparo del llamado Pacto de la Empacadora, firmado en Chihuahua el 12 de marzo de ese año, creó serios problemas al gobierno constitucional de la República, se levantó en armas, siendo abatido el antiguo compañero de Francisco Villa por las tropas de Victoriano Huerta.

 

José María Maytorena había solicitado permiso como gobernador de Sonora al Presidente Madero para organizar cuerpos irregulares para — combatir la infidencia de Orozco. Mal armados, sin recursos que les permitieran medir sus fuerzas con los dos del infidente, pero imbuídos en un entusiasmo grande para hacer que en México prevaleciera el régimen constitucional que el pueblo se había dado, el Cuarto Batallón se lanzó a la lucha en contra de los orozquistas.

Fué el bautizo de fuego de Pablo Macías Valenzuela, que en los encuentros se distinguió por un heroísmo indiscutible, según lo narran no solamente sus biógrafos, sino aquellos que hicieron la Crónica de la Revolución Mexicana.

Más tarde, nos dice el senador Alejandro Carrillo Marcor, a quien correspondió hacer la elegía del condecorado por el Senado de la República, Pablo Macías Valenzuela forma parte del cuerpo expedicionario del Ejército del Noroeste, y vinculado como estaba a su amigo y jefe Álvaro Obregón, comienza a recorrer el largo camino que habría de culminar con la llegada de los cuerpos irregulares de Sonora hasta las guaridas del orozquismo y destruirlo de una manera definitiva.

Muchas brillantes acciones de armas tuvo Macías Valenzuela, y dentro del Ejército Nacional, restablecida la paz interna y habiéndose institucionalizado la Revolución mereció el respeto de jefes, oficiales y tropa, porque fue justo y honrado y apreció siempre a los cuadros que tuvo bajo su mando, ora como Secretario de la Defensa Nacional, como Comandante de la Región Militar del Pacífico al término de la Segunda Guerra Mundial, como Director de Pensiones Militares, hasta su muerte. Su cuerpo descansa en la tierra de sus mayores.

Sinaloa recuerda también a su gobernante con cariño y la niñez escolar de aquel entonces y todavía la presente han encontrado albergue en las miles de aulas que construyó durante su gestión constitucional, y que le valió el honroso título de «El Sembrador de Escuelas».

La presea «Belisario Domínguez» le fué entregada en ausencia por enfermedad, en la asamblea del 7 de octubre de 1973, siendo presidente del Senado Germán Corona del Rosal, habiéndola recibido con su representación el general de división y senador Benito Bernal Miranda.

 

JUAN DE DIOS BÁTIZ PAREDES

 

Con la asistencia del Presidente de la República, licenciado José López Portillo, un numeroso grupo de sinaloenses, profesionistas egresados del Instituto Politécnico Nacional y del gobernador Alfonso G. Calderón, la mañana del 6 de octubre del ario actual, el Senado de la República otorgó la presea del patriotismo que lleva el nombre del doctor Belisario Domínguez, senador por el Estado de Chiapas, al ingeniero Juan de Dios Bátiz Paredes, hijo del poblado de Sataya, de la costa de Culiacán, quien pese al precario estado de salud que guarda, llegó puntual a la cita en compañía de su esposa y familiares.

 

Bajo la presidencia del senador Horacio Labastida Muñoz se desarrolló la asamblea de la Cámara Alta, y el momento estelar fue cuando el Jefe de la Nación colocó sobre el cuello del creador del Instituto Politécnico Nacional el listón de donde pendía la medalla del honor.

Antes, el senador Gilberto Ruiz Almada, había dicho que conocer la historia de Sinaloa es confirmar que esta entidad, noble y generosa para con la patria, ha contado con una gama de hombres ilustres con temple y tenacidad, que de acuerdo con las circunstancias que les ha tocado vivir, contribuyeron de manera importante al fortalecimiento de las instituciones del país.

Para definir la auténtica dimensión del ingeniero Juan de Dios Bátiz Paredes, fuerza es repetir una expresión, genuinamente humana, conmovedoramente real, de los alumnos de la Escuela Superior de Medicina del IPN:

«A menudo se mide a los hombres por lo que reciben; a Bátiz Paredes hay que medirlo por lo que ha dado».

Cuando correspondió agradecer la meritísima distinción, el creador del Politécnico sintetizó toda su formación, su paso por la vida pública impulsado por el deseo de servir sin macular su vocación de maestro, pero sobre todo hombre de la Revolución, con esta expresión muy reconocida por todos los sectores de la nacionalidad mexicana:

«…Sólo vale la pena vivir o morir, si se vive o se muere por la Patria. Yo no tuve el honor de morir por ella, pero he intentado servirla durante toda mi vida…»

 

 

Tomado de: Presagio, Revista de Sinaloa; número 4, páginas 17-18.

 

Sinaloa forja y venero de hombres de temple
Ramón F. Iturbe, constitucionalista sinaloense

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