Teresa Urrea, la Santa de Cábora, gente de Sinaloa

Teresa Urrea (1873-1906)

Por Daniel Gámez Enriquez

 

Nació en Ocoroni, municipio de Sinaloa, el 15 de octubre de 1873 y muy pequeña sus padres la llevaron a la hacienda de Cabora, municipio de Quiriego, distrito judicial de Navojoa, en Sonora, en los límites con Chihuahua. Desde los 12 años, sufrió de ataques epilépticos que la mantenían en estado de inconsciencia durante dos ó tres días; al recobrar el conocimiento la gente la consideró santa y empezaron a curarse con ella: con tocarlos en su parte enferma se sentían sanos. Pronto adquirió fama de milagrosa y la nombraron La Santa de Cábora o Santa Teresita de Cábora. Su fama se extendió por todas partes llegando al extranjero. Cuentan que en una ocasión llegó un grupo de campesinos de Temochic, Chih., a curarse y que cuando los dejó complacidos se fijó en José Chávez, que usaba barba larga. Se la tocó con sus manos y le dijo en forma cariñosa: ¡ah que mi Señor San José! Sus compañeros lo tomaron en serio y lo llamaron Sr. San José y se empezaron a curar con él, convirtiéndose desde ese momento en el santo y líder que más tarde encabezaría un movimiento contra la tiranía de la dictadura porfirista. Se dice que Teresita nunca estuvo de acuerdo con la explotación que hacía su padre a los fanáticos enfermos, aprovechando la aglomeración para venderles caro sus alimentos y otro tipo de mercancías, enriqueciéndose de esta manera. Ella, siendo de ideas liberales, enfadada o indignada se lanzó al campo a caballo recorriendo las rancherías circunvecinas, pregonando que no creyeran que era santa, ni que curaba tampoco: yo soy mujer como cualquier otra, les decía. Los instaba también lanzarse a la lucha para recuperar sus tierras arrebatadas por los ricos y terratenientes, exigir mejores sueldos para los trabajadores mineros y acabar con la dictadura porfirista. Llegó hasta Temochic con José Chávez (Sr. San José) a quien invitó y comisionó para seguir la lucha. A éste, que ya tenía muchos adeptos por sus curaciones, fácilmente se le unieron en la lucha social.
En 1890 dos periódicos, El Monitor Republicano, de la Ciudad de México, y El Tiempo, de Las Cruces, Nuevo México, se ocuparon de Teresita y su fama se extendió aún más. El 1o. de Diciembre de 1891 se produjo una rebelión de tarahumaras en Texochic, Chih., a causa de abusos de autoridad de algunos funcionarios porfiristas y de la amenaza del jefe de la conducta del mineral de Ocampo de aplicar la leva a vecinos que no le eran adictos.
Tales funcionarios enviaron un informe lleno de falsedades y exageraciones al gobernador de Chihuahua que temeroso de un alzamiento generalizado de tarahumaras, envió tropas que tuvieron un primer enfrentamiento con los temochitecos el 7 de diciembre de 1891. Después del primer combate, vecinos influyentes de Temochic se dirigieron a la hacienda de Cábora con el ánimo de consultar a Santa Teresa y lograr su apoyo en la lucha que se avecinaba. Los temochitecos no hallaron a Teresa, pero sí a una fracción de soldados del 11o. batallón al mando del capitán Emilio Enríquez Enríquez, quien tomó posiciones de combate en El Álamo de Palomares y atacó a los indígenas, pero fue vencido y muerto. De Torín, comisaría de Vican, municipio y distrito judicial de Guaymas, y cuartel general de la 1a zona militar, salió una nueva columna contra los tarahumaras bajo el mando del Cnel. Lorenzo Torres, produciéndose un copioso tiroteo, pero sin mayores resultados. Hubo meses de relativa paz, pero la hostilidad de la dictadura porfirista contra los temochitecos provocó el alzamiento de Juan Tebas y Miguel Torigoqui con 200 yaquis: atacaron Navojoa el 15 de mayo de 1892, lanzando vivas a la Santa de Cábora y a sus hermanos de raza de Temochic, pero fueron rechazados. En el combate murió el presidente municipal, Cipriano Rábago, mientras que los yaquis tuvieron 11 muertos. Algunos movimientos en el río Mayo y la hacienda de Cábora fueron severamente reprimidos. Abraham Bandala se hizo cargo de la situación militar y marchó con sus tropas sobre la hacienda de Cábora. Con lujo de fuerza hizo salir a Tomas Urrea y a su hija Teresa y los remitió a Cocorit.

El Gral. Tomás Rangel atacó Temochic el 2 de Septiembre de 1892 y fue derrotado quedando muertos muchos federales, otros prisioneros o heridos. Entonces el Gral. Rosendo Márquez, jefe de la zona militar, estableció su cuartel general en Ciudad Guerrero y envió una columna sobre Temochic al mando del Gral. Rangel, al mismo tiempo que el Cnel. Lorenzo Torres marchaba desde Sonora. También el ministerio de guerra envió al 9o. batallón, del que formaba parte el Teniente Heriberto Frías, que habría de escribir una novela, Temochic, episodios de la campana de Chihuahua, (1892), cuyos primeros capítulos envió al periódico El Demócrata, que los publicó en forma de folletín y que a punto estuvieron de costarle la vida, al denunciar la furiosa represión del ejército de la dictadura contra los tarahumaras. Frías, periodista de combate, fue director de El Correo de la Tarde de Mazatlán, en 1906, declarándose opositor al régimen del presidente Díaz. Sumaron los soldados un total de 1200, con un cañón. Pusieron sitio al pueblo el 20 de octubre de 1892 y emprendieron un ataque general. Los temochitecos se defendieron con denuedo y rechazaron a las columnas enemigas. Se combatió diariamente hasta el día 29, fecha en que los sitiados depusieron las armas víctimas del hambre, la sed y la falta de parque. Rangel acabó con los defensores y ocupó Tomochic tomando 43 mujeres y 71 niños prisioneros y sacando del templo a José Chávez (Sr. San José) acompañado de 6 indios a quienes fusiló inmediatamente en la puerta de la iglesia. Según el parte oficial rendido al ministerio de guerra, Rangel sólo tuvo 106 muertos y 100 heridos. No hay pruebas de que la Santa de Cábora haya alentado la sublevación indígena de Chihuahua y Sonora, pero sí hay señales de que, aparte de proclamar la justicia y libertad, la santa disponía de algunas ideas que repelían los despojos de tierras y las apropiaciones de minas cuyos legítimos dueños eran los indígenas. El gobernador de Sonora, Rafael Izábal, nació en Culiacán en 1854; ordenó a los Urrea, padre e hija, abandonar el territorio sonorense. Se refugiaron en Nogales, Arizona, donde no tardaron en llegar sus viejos clientes y amigos en busca de la salud que no habían podido dar médicos titulados.
Don Mario Gill, en La Santa de Cábora, dice que en sus últimos años Teresa Urrea se dedicó a defenderse de los cargos de incitación a la rebelión que le formuló el gobierno de la dictadura al atacar a don Porfirio en lo personal. Murió en Cliffton, Arizona, el 12 de febrero de 1906.
 

Tomado del libro; Mis Tres Sinaloas; Gámez Enríquez, Daniel, COBAES, Culiacán, Sinaloa, 1995

 

 

Teresa Urrea
Teresa Urrea, La Santa de Cábora

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