Tesoros perdidos en Sinaloa, México

 

Historia y cultura de Sinaloa, México

 

 

TESOROS PERDIDOS EN SINALOA

Ciudades perdidas en tierras del noroeste, se disuelven en el olvido

 

Por: Vicente Vila

 

México y el mundo no saben que Sinaloa es una invaluable Joya Arqueológica. Por fortuna existe un documento sin nombre de autor, que delata para la Historia y la Ciencia ese tesoro, un legado presente de nuestros antepasados, los primeros nahoas. Con ese documento, rescatado del olvido, se constituye este reportaje.

Dicha memoria científica —que el desconocido autor tituló modestamente «Memorandum»—, comprende su trabajo sobre el terreno de los hallazgos realizados por su persona, desde 1883 hasta 1941. ¡Casi sesenta años de intermitente búsqueda por lugares muchas veces inaccesibles para el individuo común! De tan valioso escrito inédito a la fecha, desconocido por los hombres de estudio y hoy recuperado para nuestra Patria a quien pertenece, son todos los datos que aquí se ofrecen públicamente a los mexicanos y al conocimiento universal.

Dice en algunas partes textualmente, con las propias palabras del sabio y admirable investigador incógnito que, de ser identificado, merece del país entero un fervoroso homenaje.

 

Lucha de los gigantes y el dios de la guerra

Municipalidad de Culiacán.— Al Noroeste de ella y, al Sur del Cerro del Tecomate, que sirve de lindero con la municipalidad de Angostura, se encuentran unas inscripciones hechas en la roca del cerro, en una extensión de 10 metros de longitud por 4 a 6 de anchura; al pie de estas inscripciones corre el pequeño arroyo del Tecomate y caminando por él hacia el Este se encuentra, a algunos centenares de metros, un baño formado por la roca, y poco más adelante, una cueva.

En los signos inscritos (en la roca) son unos noventa; tengo copia dibujada a mano y fotografías de todos ellos. Representan, a mi entender, la peregrinación de las tribus nahoas, la legendaria lucha con los gigantes, el nacimiento del Dios de la Guerra, de los mexica; los conocimientos astronómicos de éstos. Como el conjunto de datos es tan interesante, creo que debe prestársele atención especial.

Puede llegarse allá (al sitio indicado) partiendo de Estación Retes hacia el Poniente, a caballo, y aún a pie, pues sólo median de 8 a 9 kilómetros en línea recta. También se puede tomar en Culiacán el camino de Bledal hacia la costa y siguiendo por Loma Larga hacia el Norte, y de allí en muy pocos minutos se encuentra la roca mencionada antes. Todo el camino es accesible al automóvil, y la carretera se encuentra en buenas condiciones, pues cerca de Bledal está la finca El Tambor, del general Calles.

Siguiendo en dirección al Este se halla primero el Cerro de la Campana, de poca elevación, pero que por su figura es muy interesante, pues se asemeja en todo al signo jeroglífico dibujado en el cuadrante principal de la Tira del Museo y de la Tira de Singüenza, existentes en el Museo Nacional.

 

Cueva del carpintero y del volcán de aire

A corta distancia de este cerro, al Noroeste de los ranchos del Limón y Taray, existen varios signos escritos en diversas rocas, de los que tengo fotografías; no se ha encontrado allí cueva alguna hasta ahora, pero debe buscarse aunque el monte es muy intrincado y los arroyos hacen el terreno inaccesible.

Sigue hacia el Sureste el cerro llamado de la Chiva («El Dorado», según las cartas marinas de la región). En la falda Oriental de esa montana se encuentran varias cuevas, una llamada del Carpintero y otra del Volcán de Aire, por existir en la última un soplo tan fuerte que hace caer los sombreros de los visitantes. Están próximas al antiguo camino de Culiacán a Sinaloa, sic), entre Carpintero y Pochotes y entre Ranchillo y Nanche, respectivamente. Otras dos cuevas hay que son más pequeñas.

Sé también de muchos petroglifos en las cercanías, pero no he visitado estas reliquias. Más adelante, en las inmediaciones del Río Humaya, existen más petroglifos en la Quebrada Onda y en las inmediaciones de Tepuche, sin poder precisar los lugares ni la importancia de estos otros, aunque se dice que son muy numerosos, existiendo además piezas de alfarería.

Siguiendo todavía al Este, cerca de Sanalona, sé que NO hay otros jeroglíficos en las rocas de la región. Los hay, y tengo copia de ellos, frente al rancho de Jotagua en las rocas que forman el lecho del río Tamazula.

Bajando según el curso de este río hacia Culiacán, a muy corta distancia se encuentra la confluencia del arroyo Teuilole con el río. En la desembocadura del arroyo se levanta una colina basáltica a cuyo pie y algo elevado sobre el nivel de las aguas, hay un conjunto de inscripciones que por su forma recuerdan las del río Gila de los Estados Unidos. He visitado dos veces el lugar; pero no ha sido posible obtener copias que valgan la pena, de tales inscripciones, pues impide el acceso a la roca la profundidad del agua. De doscientos a trescientos metros al Poniente de los petroglifos inalcanzables, en un cerrito aislado por dos quebradas, existe otra cueva que debe explorarse.

 

¡Piedra de los sacrificios!

Saliendo de El Barrio, situado al Oriente de Culiacán, y descendiendo al Sur unos 3 kilómetros, se encuentra la famosa Cueva de las Siete Gotas, llamada así porque constantemente caen esas gotas del techo de la roca al suelo. Actualmente se recoge esa agua en una pileta artificial. La cavidad no contiene petroglifos; sus dimensiones son aproximadamente 30 metros de longitud (a lo ancho), 15 de elevación y unos diez de profundidad, de lo que resulta que parece más bien el interior de una concha.

Bajando por el arroyo que pasa por el pie de esa cue¬va, lo que ahora (1941) se dificulta por existir un cerco de alambre y abundante vegetación, se halla otro baño formado en la roca, en cuyos bordes hay taladros como para recibir postes de una enramada.

Y poco más abajo encontré, en 1914, cuando por primera vez estuve en estos sitios, una piedra que en su parte superior contiene una oquedad con una sangría, y que indica haber sido utilizada para ¡sacrificios humanos!!

Alfarería, Vestigios, «Chicomostoc» tolteca

A la margen derecha del Río Culiacán, y donde han existido las casas de El Pízar, míranse unos bordes muy altos que se creen construidos a la manera de los mounds; pero que considero fueron ocasionados por la caída de la tierra que servía de techo a las habitaciones indígenas, que quedaron destruidas al establecerse los españoles. Dentro de esos terraplenes a bordes hay piezas de alfarería indígena.

El pueblo de Culiacancito que se dice era el centro de las poblaciones de aquel valle, no contiene, que yo sepa, reliquia alguna de sus remotos pobladores. Igual cosa puedo decir de los dos sitios denominados El Tule, que están cerca del litoral en la región del Bledal y que revelan la permanencia de los Toltecas, los primeros en des¬cender del Norte hacia el centro del país, desde California.

Tampoco se tienen noticias en el puerto de Altata, donde no hay cosa sólida alguna que pudiera sustentar vestigios de los pobladores ancestrales en esa parte del Valle de Culiacán.

Según lo dicho, este valle debe haber sido uno de los «Chicomostoc», (Lugar de las Siete Cavernas) de nuestros antecesores, pues las cuevas enumeradas dentro de él cubren exactamente el número (7) tradicional de la raza.

 

El ídolo de la mitra de Obispo

En el camino de Culiacán a Cosalá, frente a los ranchos de San Antonio y de Los Arrayanes, existe, según muchas noticias que tengo de ello, una cueva espaciosa sobre el Cerro del Sombrero, llena interiormente de petroglifos. Me propongo visitar por fin estas reliquias (lo asentaba en febrero de 1941) y entre tanto, he comisionado a dos de mis amigos aborígenes para que me provean de datos más concretos acerca del camino que hay que seguir des¬de San Antonio a la cueva. Abundan también los vestigios de alfarería india y de los ídolos de barro. Parece que este grupo es tan interesante como el del Tecomate, y quizá pueda llegarse a él por la Laguna Colorada, pues no sé que haya vereda por donde pasar.

Muy probable es que en la Sierra de Tacuichamona, muy poco explorada, existen otros vestigios de la permanencia de la raza nahoa, pues ahí quedaron los pueblos de Tacuichamona, Baila y Abuya, netamente indígenas.

En el lugar llamado «Obispo» se encontraba, y aún puede existir, un ídolo de cerca de un metro de altura, al que se dio el nombre de esa dignidad eclesiástica por la forma de su cabeza. No sé si todavía se encuentra ahí.

 

Piedra del rayo y el «Resbalón del Diablo»

Municipalidad de Cosalá. —Tenemos aquí la sierra de Conitaca en la que sé existen algunas inscripciones; sólo conozco un dibujo de la llamada Mano de Tigre.

Cerca del mineral de Nuestra Señora hay una roca de renombre con inscripciones de las que tengo fotografías con signos astronómicos o históricos. Se le denomina la Piedra del Rayo.

En los alrededores de Guadalupe de los Reyes, a la vera del camino de Soquititán a Guadalupe, se halla el Cerro de la Trinidad, en cuya cumbre vi unas piedras enclavadas en el suelo, de muy poca altura, que deben haber servido, como otras que encontré en la municipalidad de San Ignacio, para defender las chozas indígenas contra la invasión del agua de lluvias.

Este sitio debe haber sido una atalaya porque domina una gran extensión de terreno.

Municipalidad de Elota.- Entre Conitaca y El Limón hay una «Labrada» de la que existe un diseño. Su significado es astronómico, siendo parecida a las de Jotagua.

Municipalidad de San Ignacio.- Hay muchas ins¬cripciones de las que juzgo más importante la llamada el «Resbalón del Diablo»; conocí esta roca en 1883; a la fecha sé que se encuentra semi-oculta desde que se destruyó el camino carretero de Coyotitán a San Ignacio. Tengo copia de esa inscripción.

 

Un «Cenote marino» y el jefe azteca «Venadito»

Siguiendo el camino mencionado hacia San Ignacio, se halla otra piedra de sacrificios, la que no he podido localizar. Por los años de 1883-1885, estuve en la región Norte de la municipalidad de San Ignacio, donde se encuentra el pueblo de Ajoya. Y los campos de Agüinea, Guiyapa y Tejoco, que estaban entonces poblados por mexicanos descendientes de los indios de la peregrinación histórica. Tenían sus costumbres muy curiosas y hablaban su idioma; pero en la actualidad están muy mezclados con la raza blanca y ya no queda uno solo que hable el mexicano.

Mencionaré aquí otra huella notable del paso de los nahoas, por esta región. Saliendo de San Juan rumbo al Cerro de los Frailes, inmortalizado por el Nigromante en una carta a Fidel, se halla el Cerro de Potrerito, en cuya cima, a mil metros de altura sobre el nivel del mar, quedan los restos no mal conservados de un grupo de construcciones indígenas.

La primera de Oeste a Este es un zacualli, de dos o tres grados, de pocos metros de superficie, que quizá fue un sitio de sacrificios, pues desde él podía arrojarse la víctima por la pendiente vertical que está inmediata.

Alrededor de la meseta hay otros indicios de habitaciones, todas muy pequeñas, como las del Cerro de la Trinidad. Dominándose desde esa cumbre un extenso territorio al Norte; ésta debe haber sido otro puesto avanzado de vigilancia.

De otros petroglifos más tengo noticia, existentes al Sur de la municipalidad de San Ignacio, al Sur del Cerro de la Silla, por la Quebrada de los Brasiles y en las márgenes del Río de Piaxtla, por la Estancia, y de algunos tengo diseños sin que se me haya precisado su ubicación.

Hay dibujos de uno en la Quebrada de la Pitaya y otro en el arroyo de la Lechuguilla.

Municipalidad de Mazatlán. – (Tierra de Venados).-De Estación Dimas, F.C. Sud Pacífico, al sur, donde existe un puente de acero, pasa el arroyo de Las Tinajas y partiendo de ese cruzamiento, por la marisma, hacia la playa se encuentra como a dos kilómetros al Sur, siguiendo la orilla del mar, un grupo de rocas que termina en el médano y en varias de ellas hay grabadas figuras diversas de las que he sacado fotografías y también hay dibujos. Llevan el nombre de «La Labrada, que se aplica a muchos otros grupos de los que vengo haciendo mención.

El sitio es notable por ser el de recalada de los troncos de árbol arrastrados por las crecientes de los ríos que desembocan allí cerca: Piaxtla, Elota y Quelite y quizá allí llegaron por el mar las canoas de algunos navegantes indígenas.

En una de las piedras está el nombre de cierto jefe azteca, «Venadito», pero también la Luna está representada por unos puntos rodeados de un eclipse y así es la figura.

Dentro de la misma municipalidad hay petroglifos por San Marcos y muy cerca de Estación Labrada hay ro¬cas con inscripciones. De las últimas tengo unas copias.

 

Fósiles gigantescos, signos de Mazatl-tlan

De paso debo mencionar que en La Noria, a orillas del pueblo, se encuentra una reliquia prehistórica, la mandíbula de un caballo gigantesco, que después de extraerla quedó depositada en la Escuela Preparatoria de Culiacán. En esta misma ocasión se halló en lo alto una roca, que se encuentra a algunos metros al Norte del primer vado en el camino de San Marcos, el esqueleto de un animal gigantesco, como elefante, ya muy deteriorado. Pareció inútil tratar de traerlo y allí debe encontrarse todavía.

Municipalidad de la Concordia.- Al Norte de la villa de este nombre el pueblo indígena de Santa Catarina, donde ya no hay indios; pero quedan sus huellas en una roca a manera de mahonera, que debe haberlo sido en efecto, según los signos que la cubren, entre los que descuellan los del vocablo Mazatl-tlan, lugar de venados. Puede asegurarse que fue lindero.

Próximos a los terrenos de Chele, entre Concordia y Rosario, hay varias rocas con inscripciones que no me son conocidas sino por vagas noticias.

 

No pido ni acepto ninguna compensación

Tal es, en sus partes más interesantes, el admirable estudio de un sabio mexicano desconocido, al menos, si todavía vive, no descubierto a la gratitud de nuestra época por sus calladas exploraciones a favor de un pasado glorioso: el de los fundadores de nuestra primera nacionalidad.

Su sorprendente, maravilloso documento llamado «Memorandum» por él, humildemente, termina con estas palabras:

«La publicación de los datos yo la puedo arreglar y su costo podrá pedirse al Departamento de Arqueología o al de Turismo; por mi parte, NO PIDO NI ACEPTO COMPENSACIÓN». ¡Grande desinterés el suyo, tras sus in-contables gastos, esforzadas aventuras y desvelos personales para rendir un servicio al orbe científico!

Y a modo de colofón, el sensacional descubridor compatriota, dice sobre el asunto:

«Hecha la recolección de los datos históricos, siquiera en su mayor parte, escribiré un comentario sobre el significado de las figuras que pueda explicar, al que ya he dado principio, teniendo la convicción de que esos toscos documentos evidenciaran la antigüedad de nuestro origen, confirmando tradiciones que se han considerado fantásticas».

Ahora, sólo México necesita responder a estas preguntas: ¿Quién es, si aún vive, o quién fue, si ya murió lamentablemente olvidado, ese hombre que revela un tesoro de siglos en Sinaloa? Dónde se hallan, para recuperarlos y hacerlos conocer, sus dibujos, y además, estudios y fotografías que menciona acerca de sus descubrimientos? ¿Cuándo un nuevo grupo de especialistas bien dotados, paleógrafos, etnólogos, eruditos en arqueología, sacarán del abandono cuanto aquí se descubre como un tesoro perdido en Sinaloa?

El interés nacional demanda las más urgidas respuestas. Que el mundo sepa lo que un hombre ya averiguó hurgando entre los restos escondidos de una montaña de centurias históricas grabadas indeleblemente en piedras eternas.

 

Tomado de: Letras de Sinaloa No. 11, abril de 1949. Culiacán, Sinaloa, México

 

Tesoros en Sinaloa, México
Tesoros perdidos en Sinala, México

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