Tino Nevares, de los anales de Cosalá, gente de Sinaloa

Gente de Sinaloa

 

TINO NEVARES

DE LOS ANALES DE COSALA

 

Por: Cipriano Obeso Camargo

 

El recuerdo de su vida violenta, la leyenda de su generosidad y el enigma de su vida o de su muerte.

Se supo por mucho tiempo, al filo de los años cincuenta, de sus correrías por el rumbo de Cosalá.

Su nombre llegó a ser tema de frecuentes comentarios, al grado que las autoridades tuvieron que ponerse alertas, obligándose a buscarle solución al problema de la intranquilidad en el bastión que el dominaba.

Pero el nombre no se dejaba ver de sus perseguidores. Por temporadas se remontaba a las alturas o se refugiaba en las reconditeces del monte, haciendo circular versiones en relación con su muerte o de su fuga arrepentida hacia un cambio de vida pacífica y tranquila.

Sin embargo, cuando menos se le esperaba y donde menos se le creía, volvía a aparecer en forma violenta, y otra vez su nombre era conjurado y su búsqueda reiniciada.

Contingentes de tropa o cuerpos de policía batían sin éxito sus supuestas guaridas en la región, en tanto que otros periodos de breve calma volvían a tranquilizar la vida en aquella zona, donde el solía señorear.

El Mineral de Nuestra Señora supo en más de una ocasión, de sus reclamos económicos, respondiendo a ellos con «generosidad», en medida de la exigencia.

Por eso, cada nueva «visita» a la factoría minera daba pábulo a nuevos alertas, considerando que con el dinero habido por aquel medio, él y su gente podrían contar con nuevas armas, con dotaciones suficientes de parque y con las vituallas necesarias para un subsistir a salto de mata, sin problemas mayores.

Pero a medida de que el tiempo iba pasando y las hazañas de su gavilla se fueron repitiendo y haciéndose más cuantiosos los botines de los asaltos, la información, los comentarios y los reclamos de los medios de difusión en la capital de Sinaloa, empezaron a poner en entredicho al gobierno, y hasta se llegó a hablar de miedo, incapacidad o disimulo oficial, en torno a sus acciones.

Estos criterios públicos dieron lugar a que después de mucho tiempo de institucionalizado su imperio en la sierra, se organizara en serio la persecución, tocándole al ejército la responsabilidad de la parte medular del plan estratégico.

A partir de esta forma de contemplar el problema de la inquietud regional, derivada de nuevos enfrentamientos a balazos entre él y su gente con la fuerza pública, afloró la verdad legendaria con que el pueblo suele darles a algunos de sus hombres más connotados la categoría de adalides.

Y se empezó a hablar de su generosidad hacia los desvalidos, afirmándose que gran parte del dinero logrado en sus asaltos a mano armada, era repartido entre la gente del medio rural más necesitada. Y se afirmaba que lo mismo acudía en ayuda de un campesino enfermo que carecía de recursos para curarse o auxiliaba a los ancianos que en su pobreza y soledad afrontaban el fantasma del hambre.

Para los menesterosos, se afirmaba, no faltaba una cobija contra el rigor del invierno o una «muda» de ropa para cubrir desnudeces o una buena ración de frijol o de maíz.

Ponía, según se decía, bajo su protección a los victimados por los abusos de los más fuertes, castigando a los victimarios.

Y cada vez que aquel hombre fuera de la ley triunfaba, burlando a sus perseguidores rompiendo los cercos de asedio, los pobres solían sonreír con malicia como satisfechos de que su «héroe» hubiera salido bien librado. «

Pero mientras el tiempo corría, las cosas se fueron agravando de tal modo, que llegó un momento que la sierra toda de Cosalá fuera peinada por fuer-zas armadas, pueblo por pueblo, aldea por aldea y vereda por vereda, pero sin poderle poner la mano encima.

La crisis en su contra empeoró en los últimos días de noviembre del año de 1956, a raíz del combate formal que sostuvo con una partida de la policía judicial que pretendió aprehenderlo, sitiándolo en un valle.

El Periódico El Sol de Sinaloa, en su edición del 1o. de diciembre de ese año, afirmaba:

«…Durante más de media hora cambiaron disparos los agentes de la policía judicial y los maleantes encabezados por Fortino Nevares «El Tino», en el lugar conocido como Río de los Barragán, correspondiente al Municipio de Cosalá, que arrojó el saldo trágico de siete personas muertas y seis heridas, entre ellas el oficial Benjamín Zamudio.»

«Al ver a su comandante herido, los judiciales contestaron el fuego, logrando abatir a dos miembros de la banda de Nevares y a otros cinco concurrentes al festejo que hicieron causa común con los forajidos y también disparaban sus armas en contra de los representantes de la autoridad…»

Pero eso no fue lo peor. Lo más grave fue que mientras las tropas federales perseguían de cerca al grupo de transgresores de «El Tino», éste solía emboscarlas dando muerte esa forma a varios hombres de línea.

Estos hechos dieron lugar a que el mismo Gral. Jesús Arias Sánchez, a la sazón comandante de la Novena Zona Militar, se hiciera personalmente cargo de la persecución, dando margen a que las correrías y asaltos cesaran en toda la sierra y a que el perseguido saliera definitivamente de la escena cosalteca.

Infundios, versiones y comentarios, hablaron en diferentes tonos de su desaparición. Por acá unos afirmaban que había muerto en un hecho de armas; por allá, otros aseguraban que al abandonar Sinaloa se había refugiado en el Estado de Sonora, dedicándose a la vida pacífica con nombre cambiado. Más allá, algunos otros afirmaban que había muerto de muerte natural en los confines de la Baja California.

 

¿Fue realmente Tino Nevares un hombre salido de los más bajos estratos económicos de la población…?

¡Qué extraños designios lo impelieron a alzarse contra el orden establecido…?

¿Por qué consideró debido cobrarle los réditos de su proscripción a la empresa minera de Nuestra Señora, principalmente…?

¿Ya murió Tino Nevares…?

¿O si vive, dónde está, y a qué se dedica…?

Estos y muchos más interrogantes giran en torno a su realidad y su leyenda, dándole tema a la tradición oral y enriqueciéndola con la letra del corrido rural que generó su nombre.

Tino Nevares y Cosalá fueron la fusión del hombre y el paisaje, que, en aquella época aciaga, marcaron el corazón geográfico humano de Sinaloa con los signos de la tragedia y la angustia.

 

 

Tino Nevares
Tino Nevares

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